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Linda Ronstadt ya Tiene 79 Años y Cómo Vive Hoy es Triste

Linda Ronstad ya tiene 79 años y cómo vive hoy es triste. Linda Ronstad no perdió la fama, perdió algo mucho más cruel, la voz que la había convertido en una de las cantantes más poderosas de Estados Unidos. A los 79 años, su vida ya no se parece a los escenarios donde podía pasar del rock al country, del pop al mariachi, como si ningún género pudiera tocarle el techo.

Hoy la mujer, que una vez llenó auditorios con una sola nota, vive rodeada de un silencio que pesa más que cualquier derrota. Muchos creen que Linda se retiró porque envejeció, porque se cansó o porque eligió desaparecer, pero la verdad es más dura. Una enfermedad neurológica empezó a desconectar su cerebro de su cuerpo hasta quitarle lo único que nadie podía cantar por ella.

Y ahí empieza la parte más triste. Linda Ronstad sigue viva, pero la voz que el mundo amó ya no puede volver. Para entender por qué la vida actual de Linda Ronstad resulta tan triste, primero hay que entender lo enorme que fue su voz. Linda no fue una cantante común, ni una estrella encerrada en una sola etiqueta. No pertenecía solamente al rock, ni al country, ni al pop, ni a la música mexicana.

Fue una de esas artistas raras que podían cruzar fronteras musicales como si las fronteras no existieran. Y por eso la ironía duele más. Una mujer que pudo cantar casi cualquier cosa terminó perdiendo precisamente lo único que hacía posible esa libertad. En los años 70, Linda no necesitaba escándalos para dominar. Su voz era el titular. En 1975, you’re No good llegó al número uno en Estados Unidos y confirmó que no era solo una intérprete bonita con buena técnica, era una fuerza comercial y artística.

Después vinieron canciones como When Will I be Loved, Blue by You y It’s So Easy, temas que la convirtieron en una figura constante en la radio estadounidense. Pero lo más impresionante no era solo que vendiera discos, era que parecía no tener techo. Linda ganó 11 premios Grammy a lo largo de su carrera y según múltiples recuentos de su legado, fue la primera mujer en lograr cinco álbumes consecutivos certificados platino.

Ese dato importa porque demuestra algo esencial. No estamos hablando de una artista respetada solo por nostalgia. Estamos hablando de una cantante que en su momento movía la industria. Su voz no era un recuerdo bonito, era poder económico, cultural y emocional. Pero su verdadero peligro para la industria era otro. No se dejaba encerrar.

Cuando cantaba rock no parecía una invitada. Cuando entraba al country no sonaba como una turista. Cuando se acercaba al popo no parecía fabricada. y cuando decidió grabar música tradicional mexicana, muchos pudieron pensar que era un riesgo absurdo. Pero en 1987 lanzó canciones de mi padre, un álbum de mariachi y ranchera dedicado a sus raíces familiares. El resultado fue histórico.

Se convirtió en el álbum en idioma no inglés más vendido en la historia de Estados Unidos. Ese fue el golpe maestro. Linda no cantó música mexicana como una estrategia de mercado. La cantó como memoria, como sangre, como casa, como una forma de regresar a Tucon, a su familia, a los sonidos que habían vivido dentro de ella mucho antes de que la industria intentara convertirla en una simple estrella pop.

Por eso su carrera no se puede resumir en una sola frase. Otros artistas construyen una marca para no confundirse. Linda construyó una carrera entera sobre el derecho a no repetirse. Y ahí aparece la parte más triste del título. Linda Ronstad ya tiene 79 años y cómo vive hoy es triste, no porque haya envejecido. Todos envejecen.

Es triste porque una enfermedad neurológica llamada Progressive Supranuclear Palsy o PSP terminó quitándole la conexión entre su mente y los músculos que hacían posible cantar. Ella todavía sabe que es una nota, todavía entiende la música, todavía recuerda el poder de una frase bien cantada, pero su cuerpo ya no responde igual.

Linda dio su último concierto en 2009, aunque en ese momento el público todavía no entendía que estaba viendo el cierre de una era. Más tarde se habló primero de Parkinson y después de PCP, una enfermedad que afecta movimiento, equilibrio y control muscular. El golpe no fue solo profesional, fue existencial, porque para Linda cantar no era un trabajo, era el idioma con el que había cruzado Rock.

Country, Pop, Broadway y Mariachi, sin pedir permiso. Hoy el público puede volver a escuchar sus discos, ver sus viejas presentaciones y decir que Linda Ronstad fue una de las grandes voces de Estados Unidos, pero ella no puede entrar en esas canciones como antes. Ese es el contraste que duele. El mundo todavía tiene acceso a la linda de los escenarios, pero Linda vive separada de esa parte de sí misma.

Y cuanto más grande fue su voz, más profundo se siente el silencio que dejó atrás. El error más grande que la industria pudo cometer con Linda Ronstad fue creer que podía definirla. Cada vez que parecía haber encontrado un territorio seguro, ella se movía y no se movía cuando estaba fracasando, se movía cuando estaba ganando.

Esa fue una de las claves de su poder. Linda no cambiaba de estilo para salvar una carrera en crisis. cambiaba porque repetirse le quedaba demasiado pequeño. En 1975, Your No llegó al número uno en Estados Unidos y la convirtió en una estrella masiva. La lógica comercial era simple: repetir la fórmula, grabar más canciones parecidas, mantener el mismo sonido, vender la misma imagen.

Pero Linda ya estaba construyendo algo más grande que una fórmula. En esa década se convirtió en la primera mujer en la historia de la música popular estadounidense en lograr tres álbumes consecutivos certificados platino y después su racha crecería hasta varios álbumes platino seguidos. No era una cantante de moda, era una fuerza que movía el mercado.

Aún así, Linda parecía desconfiar del trono cuando el trono se volvía demasiado cómodo. Podía cantar It’s so easy y sonar como radio de carretera. podía cantar When Will I be Loved y transformar el desamor en energía pura. Podía tomar Blue by You, una canción asociada a Roy Orbison y convertirla en una escena de nostalgia tan poderosa que mucha gente terminó recordándola en su voz.

No solo interpretaba canciones, las ocupaba. Su historia familiar explica por qué esa libertad no era pose. Linda nació en Tucon, Arizona, en una familia donde la música no era decoración, sino herencia. Su abuelo, Federico José María Ronstad, fue una figura clave en esa memoria familiar, un hombre ligado a la tradición mexicana y a una historia fronteriza donde la identidad no cabía en una sola bandera.

Desde niña, Linda escuchó canciones mexicanas en casa. Esos sonidos no llegaron tarde a su carrera. Estaban allí antes de la fama, antes de los Gramies, antes de que la industria intentara venderla como una estrella estadounidense fácil de clasificar. Por eso, cuando en 1987 lanzó canciones de mi padre, no estaba haciendo un gesto exótico para llamar la atención.

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