Cada papa tuvo un capricho más caro de lo que el Vaticano admitió en público. Y en silencio, sin escándalos en los periódicos ni cifras oficiales, alguien tuvo que pagar la cuenta. Estamos hablando de los hombres más austeros del planeta, en teoría, los que predicaban pobreza desde el balcón de San Pedro, pero que en privado tenían lujos que cuestan más que la casa de cualquier persona común.
Hoy te voy a revelar el capricho más caro de cada papa del último siglo y medio. Lo que costó realmente y por qué el Vaticano nunca quiso que esos números salieran a la luz. Empezamos. Número uno, Benedicto XV. Empezamos con uno de los escándalos de lujo más comentados del siglo XXI. Benedicto XV. El teólogo alemán de mirada seria y voz suave, fue conocido durante años por sus zapatos rojos hechos a mano y esos zapatos dispararon el famoso escándalo mediático conocido como Papa Prada en el año 2018, cuando varios diarios internacionales acusaron
al pontífice de usar calzado de lujo de la marca italiana. La realidad, según se supo después, era distinta. Los zapatos no eran Prada, eran obra de Adriano Stefanelli, un zapatero artesanal italiano de Novara, el mismo que también hizo zapatos para el presidente Barack Obama. Pero el daño a la imagen ya estaba hecho y la lista de caprichos de Benedicto X no se limitaba al calzado.
Tenía también un piano Bossendorfer privado para sucesiones de Mozart, un instrumento austríaco cuyos modelos arrancan en 100,000 € y por si fuera poco, usaba gafas de sol serenguetti de diseñador. El papa más teólogo y académico del siglo era también paradójicamente el más fashionista de la época moderna.
El Vaticano nunca confirmó cuánto se gastó en total en su vestuario personal, pero los estimados extraoficiales hablan de cifras enormes acumuladas a lo largo de su pontificado. Número dos, el Papa Francisco. El segundo papa de la lista representa probablemente la paradoja más imposible de explicar en la historia reciente del Vaticano.
Francisco, el llamado Papa de los pobres, el que predicaba austeridad desde el primer día de su pontificado y vivía en la sencilla Casa Santa Marta en lugar de los apartamentos papales tradicionales, aceptó en el año 2017 un regalo absolutamente impensable, un Lamborghini huracán blanco y dorado, fabricado especialmente para él por la marca italiana, con los colores oficiales del Vaticano pintados en la carrocería.
La marca se lo entregó en una ceremonia pública dentro del propio Vaticano y el Papa lo bendijo personalmente frente a las cámaras del mundo entero. Para defenderse de las críticas inmediatas, Francisco anunció que el vehículo sería subastado y el dinero iría completamente a obras de caridad y cumplió. Meses después, el Lamborghini fue rematado por aproximadamente 950,000 € una cifra millonaria que se destinó a proyectos humanitarios.
Pero la foto del papa de los pobres, bendiciendo un Lamborghini de lujo, quedó grabada para siempre en la memoria colectiva y muchos críticos consideraron que aceptar el regalo, aunque fuera para subastarlo, ya era un mensaje contradictorio que jamás debería haber salido del Vaticano. Número tres, Juan Pablo Segi tercer Papa tuvo varios caprichos costosos, pero uno de ellos generó un escándalo interno tan grande que casi llega a la prensa internacional.
Juan Pablo Segi, el Papa Polaco, deportista de juventud y montañista apasionado toda su vida, mandó construir en el año 1980 una piscina climatizada completa dentro del Palacio Papal de Castel Gandolfo, la residencia de verano de los pontífices a las afueras de Roma. La obra fue de gran envergadura con sistemas modernos de calentamiento, filtración y aislamiento térmico.

Lo que disparó la crisis interna no fue la piscina en sí, sino la forma como se financió. Documentos filtrados después indicaron que parte significativa del dinero usado para construirla provino de fondos destinados oficialmente a mantenimiento general de los edificios vaticanos. En otras palabras, hubo un desvío contable que algunos consideraron irregular y la piscina no fue su único lujo deportivo.
Juan Pablo Segi tenía esquíes personalizados hechos a medida para su estatura, equipos deportivos de alta gama renovados constantemente y una colección creciente de relojes carísimos regalados por líderes mundiales que lo visitaban en el Vaticano. Nunca los devolvió. quedaron guardados en su despacho personal y después en el archivo papal privado.
Número cuatro, el Papa Pío X. El cuarto papa de la lista protagonizó probablemente el capricho más controvertido políticamente de toda esta historia por el contexto histórico en el que se hizo. Pío X. El Papa que gobernó la Iglesia durante toda la Segunda Guerra Mundial, ordenó una reforma completa y monumental de los apartamentos papales dentro del palacio apostólico en plena guerra.
Hablamos de mármoles italianos importados especialmente desde canteras de carrara, frescos del renacimiento, restaurados por los mejores expertos de la época, candelabros nuevos de bronce dorado y un sistema eléctrico privado e independiente para garantizar suministro constante incluso durante los bombardeos aliados sobre Roma, mientras la población italiana pasaba hambre, mientras las familias romanas hacían fila por un pedazo de pan, mientras los hospitales se llenaban de heridos por los ataques aéreos, El palacio apostólico estaba siendo renovado por
dentro como un museo de lujo. Sumado a eso, Bí tenía un automóvil personal Mercedes-Benz blindado con interiores de cuero finísimo, regalo directo de la fábrica alemana en plena guerra. El gasto total de estas reformas fue tan delicado políticamente que los registros contables nunca se publicaron oficialmente.
Quedaron archivados bajo sello de la Secretaría de Estado y todavía hoy son uno de los expedientes más reservados del Archivo Vaticano. Número cinco, Pío 9. El quinto papa de la lista representa la cima absoluta del lujo papal antes de la era moderna. Pío 9. El último papa rey de la historia gobernó la iglesia durante 32 años en pleno siglo XIX y vivió exactamente como un monarca de la vieja Europa.
Su capricho más documentado y más espectacular fueron sus carruajes oficiales, vehículos enormes tirados por caballos blancos seleccionados especialmente con interiores forrados completamente en seda fina bordada a mano, detalles de oro macizo en las manijas, en los serrajes, en los símbolos pontificios tallados en las puertas.
tenía varios carruajes diferentes para distintas ocasiones, todos al mismo nivel de lujo desmedido. Sumado a esto, Pio 9 poseía una colección personal de joyas finas que hoy estaría evaluada en muchos millones de dólares en el mercado internacional. Anillos con piedras preciosas, cruces pectorales con esmeraldas y rubíes, tiaras ceremoniales con diamantes.
La parte irónica de esta historia es que Pío I mantuvo este nivel de vida lujoso incluso después de perder los estados pontificios en 1870, cuando el reino de Italia anexó Roma y el Papa quedó reducido al territorio del Vaticano. Aún así, hasta su último día, vivió como el monarca absoluto que se consideraba ser.
