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ZAGUE: De LEYENDA a BASURA: El PECADO que lo DEJÓ SIN FAMILIA y en la CALLE

El partido terminó sin goles. Sague entró como suplente en lugar de Eduardo Vacas, apodado el tucumano. El entrenador que le dio la oportunidad fue Miguel el zurdo López, sin fuegos artificiales, sin goles, sin nada que presagiara al monstruo que [música] vendría. El primer gol llegó el 22 de diciembre de 1985 en el estadio Cuautemoc [música] de Puebla en la jornada 11 del mismo torneo contra el Puebla FC.

Fue el único tanto del partido. América ganó 1 a0 con gol de Sague. En ese momento nadie en las gradas podía imaginar que ese tanto, ese primero de los 188 que vendría, era el principio de una historia que definiría el club América [música] durante más de cuatro décadas. Los primeros meses fueron de adaptación, [música] suplente en un equipo de estrellas, esperando su turno.

Pero el fútbol tiene esa [música] lógica implacable. La puerta que no se abre por mérito, se abre por accidente. En la temporada 8687, una lesión del delantero titular. Ricardo Peláez abrió el hueco, Sag entró y no volvió a salir. Lo que hizo Sague en esos años en el América es difícil de explicar sin haberlo visto. Tienes que entender cómo era el fútbol mexicano de los años 80, físico, intenso, con defensas que no pedían permiso para entrar a la disputa.

Y en ese contexto apareció este zurdo de casi 2 m con una zancada que comía campo, unas diagonales hacia el área que los laterales no podían seguir y una capacidad de definición con ambas piernas que era inusual para el nivel local. Extremo izquierdo de nacimiento, zurdo letal, olfato goleador nato. Su mayor virtud era la velocidad en el desborde y la llegada en diagonal al área, que le permitía siempre encontrarse de frente al portero.

Su estatura le daba ventaja en el juego aéreo. A partir de la temporada 8687 comenzó a usar el número 17 en el dorsal y con ese número construyó una leyenda. Hay un dato sobre la psicología del joven Sague que los cronistas del fútbol mexicano han documentado y que es relevante para entender quién era este hombre más allá de los goles.

Cuando era joven jugador del América, eh después de marcar en un partido importante, tenía un ritual, darse una vuelta por un centro comercial esperando que alguien lo reconociera como el autor del tanto. No era solo vanidad, era la manifestación de una necesidad de validación que iba más allá del estadio. Los goles no bastaban si no eran confirmados por el mundo fuera de la cancha.

El aplauso del Azteca era necesario, pero no suficiente. También leía con obsesión lo que los periódicos escribían sobre él. Cada análisis postpartido, cada titular, cada mención de su nombre. El club América de la segunda mitad de los años 80 era el equipo dominante del fútbol mexicano. Campeonato tras campeonato, estrellas internacionales, el Estadio Azteca lleno semana a semana y en ese contexto Sague fue construyendo su leyenda gol a gol, temporada a temporada con una regularidad que no era suerte, era clase.

En sus dos etapas, con el club de 1985 a 1996 y de 1997 a 1998, Sague ganó dos títulos de la primera división de México, tres campeonatos de la CONCACAF y una Copa Interamericana. era la columna vertebral ofensiva del equipo más popular del país. Y dentro de esa carrera en ascenso constante llegó el momento que lo define todo, el momento que en cualquier otro país con memoria deportiva más sólida estaría tallado en bronce en la entrada del estadio.

[música] Copa de Oro de la Concacaf, año 1993, México contra [música] Martinica. Luis Roberto Alvez Sague marcó siete goles en ese partido, siete en 90 minutos. El récord de más goles anotados por un jugador en un partido de la Copa de Oro de la Concacaf existe desde ese día y sigue vigente, más de 30 años después de sin que nadie se haya acercado siquiera.

En todo el torneo, Sague terminó con 11 goles, siendo el máximo goleador de la competición. México ganó esa Copa de Oro y Sague era en ese instante el delantero más desequilibrante del continente americano. Ese mismo año, 1993, México fue subcampeón de la Copa América [música] con Hugo Sánchez y Sague, compartiendo el ataque de una selección que en esa época combinaba talento y ambición, de manera que pocas veces [música] se ha visto después.

Dos delanteros históricos del fútbol mexicano en el mismo frente de ataque, en el mismo año [música] un lujo irrepetible. Con la selección mexicana, Sague disputó 84 partidos internacionales y anotó 30 goles. Participó en la Copa de Oro, 1993, campeón con 11 goles. En la Copa América, 1993, subcampeón.

En el Mundial de Estados Unidos, 1994. O sea, en la Copa de Oro, 1997 también campeón y en la Copa US a 1997. [música] Pero hay algo que muy poca gente pone en contexto cuando habla de los mundiales de [música] Sague. No estuvo en México 86 ni en Italia 90. La razón del 86 puede atribuirse a su corta experiencia. La razón del 90 fue ajena a él por completo.

México fue suspendido 2 años de las competiciones de la FIFA a causa del escándalo de los cachirules. El caso de la selección juvenil que presentó jugadores con documentos falsificados de edad en una competición internacional. Esa sanción le robó a Sague lo que hubieran sido sus dos mundiales de mayor potencial, los de los 21 y los 24 años, cuando era el ciclón más difícil de parar del continente.

Su único mundial fue en Estados Unidos, 1994, [música] a los 27 años, cuando ya no era el mismo huracán de 5 años antes. Esa frustración silenciosa también es parte del personaje. Al retirarse como jugador, el balance de SAG con el Club América era de 468 partidos oficiales y 188 goles, 143 en fase regular, 19 en liguillas, 15 [música] en Copa México y 11 en torneos de CONCACAF.

En toda su carrera en la Liga MMX sumó 209 goles en total, convirtiéndose en el séptimo máximo anotador histórico del fútbol mexicano. Y tiene un récord que pocos mencionan. Es el máximo goleador en la historia del Estadio Azteca en Juegos Oficiales con 159 tantos en ese recinto. El mismo estadio donde su padre marcó el segundo gol de la historia del lugar en 1966.

Padre e hijo, el mismo estadio, décadas de historia cruzada. [música] La despedida de Sague del fútbol tampoco fue ordinaria. El primero de octubre de 2003, el Club América organizó un partido en el Estadio Azteca para celebrar su retiro. El rival fue el FC Barcelona de España. Las Águilas ganaron 2 a0 con goles de Hugo Norberto Castillo y Frankie Oviedo.

Sague jugó y en el minuto 54 fue sustituido. El árbitro Gilberto Hidalgo le obsequió una tarjeta roja y una amarilla de recuerdo por su paso por el fútbol. Antes de abandonar el campo, el jugador del Barcelona, Rafael Márquez, se acercó a darle un abrazo yague dio una vuelta olímpica completa por todo el Estadio Azteca. Decenas de miles de personas de pie.

El mayor goleador de la historia del club despidiéndose con el estadio entero aplaudiendo. Seguramente ese día con 36 años y el Azteca de pie, Luis Roberto Alvez sintió que era para siempre, [música] que nada podría quitarle ese lugar. Después del retiro como jugador, Sague comenzó a construir su segunda vida y esa segunda vida también tuvo sus propias turbulencias antes del gran naufragio.

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