Shakira Isabel Mebarak Ripoll es, sin lugar a dudas, una de las figuras más emblemáticas y poderosas que ha dado la industria musical a nivel mundial. Desde su nacimiento en Barranquilla, Colombia, el 2 de febrero de 1977, su vida parecía destinada a la grandeza. Hoy, a sus 46 años, con millones de discos vendidos, innumerables premios y un estatus de ícono intocable, el mundo la ve como el epítome del éxito y la resiliencia. Sin embargo, detrás del brillo ensordecedor de los escenarios, las caderas hipnóticas y las canciones que se han convertido en himnos generacionales, existe un lado oscuro y polémico que pocas veces sale a la luz con todos sus matices.
La vida de Shakira no siempre ha sido “miel sobre hojuelas”. Detrás de la fachada de perfección y empoderamiento, se esconde una biografía plagada de secretos familiares, acusaciones legales severas, rumores escalofriantes de pactos ocultos, actitudes despóticas y una serie de venganzas amorosas que demuestran que, como toda gran estrella, su luz proyecta una sombra igualmente gigantesca. Esta es la crónica del lado más oscuro y fascinante de la loba que aprendió a aullar a pesar de las adversidades.
Un Origen Turbio y el Dolor del Rechazo
La narrativa oficial siempre nos ha vendido la imagen de un padre amoroso y fundamental en el desarrollo artístico de Shakira. William Mebarak, un hombre de ascendencia libanesa, ha sido el pilar de su inspiración. Sin embargo, los verdaderos inicios de la vida de Shakira están marcados por la clandestinidad. Cuando Shakira nació, su existencia fue mantenida en secreto durante un tiempo. Su padre estaba sólidamente casado con una mujer de su misma colonia sirio-libanesa, con la cual ya tenía ocho hijos. Shakira es el fruto de una relación extramatrimonial con Nidia del Carmen Ripoll Torrado.
En sus primeros años, la pequeña Shakira y su madre vivieron en la discreción de un pequeño hotel en el centro de Bogotá, donde William las visitaba apenas cada seis meses. Esta fractura inicial, este sentimiento de ser un secreto, forjó en ella una determinación inquebrantable. Pero los golpes no solo venían de su estructura familiar. En la escuela, Shakira experimentó el rechazo de la manera más cruda para alguien con aspiraciones musicales: le fue negado el ingreso al coro escolar. El director y sus propios compañeros de clase se burlaban de ella con crueldad, afirmando que su manera de cantar sonaba “como una cabra” debido a lo rápido de su vibrato. Ese vibrato que fue motivo de burlas infantiles se convertiría, irónicamente, en su sello distintivo mundial.
La Sombra Implacable del Plagio
Con el éxito internacional llegó también la voraz sombra de las demandas. Shakira ha sido señalada en múltiples ocasiones por presuntamente apropiarse del trabajo de otros artistas. Uno de los casos más sonados ocurrió con el gigantesco éxito “La Bicicleta”, interpretado junto a su compatriota Carlos Vives. El cantante cubano Liván Rafael Castellano demandó a las estrellas alegando que el tema era un plagio de su canción original “Yo te quiero tanto”, apuntando a una similitud exacta en el ritmo y las frases. Shakira fue llevada hasta los tribunales de Madrid, donde tuvo que cantar a capela frente a los jueces para demostrar las variaciones de tono. Finalmente, la justicia falló a su favor.
Pero ese no fue un incidente aislado. En 2010, el himno del mundial de Sudáfrica, “Waka Waka”, desató la polémica cuando el músico dominicano Wilfrido Vargas notó que el estribillo de Shakira era idéntico a su tema “El negro no puede”, interpretado por Las Chicas del Can. Aunque la prensa especuló sobre una demanda de 11 millones de dólares, la controversia se disipó cuando se aclaró que el coro provenía originalmente de un canto tradicional camerunés del grupo Golden Sounds.
Las acusaciones no pararon ahí. Su éxito “Loca” fue señalado por su similitud con el tema de El Cata, a lo que ella argumentó haber comprado los derechos de las frases. El salsero Jerry Rivera también alzó la voz, indicando que el famoso inicio de trompetas de “Hips Don’t Lie” era una copia idéntica a su canción “Amores como el nuestro”. Incluso su reciente megaéxito de venganza, la “BZRP Music Sessions #53”, fue objeto de escrutinio cuando la cantante venezolana Briella señaló enormes similitudes melódicas con su propia canción “Solo tú”, aunque luego reculó ante el ataque masivo de los fanáticos de la barranquillera. La línea entre la inspiración, el sampleo y el plagio ha sido una constante cuerda floja en la carrera de Shakira.
¿Mitos Urbanos o Pactos con la Oscuridad?
Uno de los aspectos más escabrosos y perturbadores que rodean a Shakira son las persistentes teorías de que su vertiginoso salto a la fama internacional fue producto de un pacto con fuerzas oscuras. Desde la publicación de “Pies Descalzos”, los oyentes más conservadores se alarmaron con canciones como “Se quiere, se mata”, que abordaba abiertamente la interrupción del embarazo. Además, la canción principal del disco contenía referencias desafiantes a temas bíblicos, con estrofas como: “Tú mordiste la manzana, renunciaste al paraíso y condenaste a una serpiente siendo tú el que así lo quiso”.
Con la llegada del disco “Dónde están los ladrones?”, la paranoia creció. Varias páginas de internet de la época afirmaban haber descubierto mensajes ocultos mediante la técnica del “backmasking” (reproducir la canción al revés). Se rumoraba que en el exitoso tema “Inevitable” se podía escuchar la escalofriante frase: “Le doy gracias a Asmodeo”, un demonio descrito en textos antiguos como el encargado de los placeres impuros.
El álbum “Octavo Día” también fue tachado de blasfemo por letras que cuestionaban la presencia divina en un mundo caótico: “Pobre de Dios que no sale en revistas, no es modelo ni artista o de familia real”. Años más tarde, los videntes echaron más leña al fuego. En 2017, el clarividente Rodrigo Rodríguez aseguró tener pruebas de un pacto satánico que la cantante habría realizado. Para avivar este mito urbano, circuló el impactante video de una mujer en una iglesia evangélica que, aparentemente en trance de posesión demoníaca, comenzó a cantar y bailar al ritmo del “Waka Waka” de Shakira mientras el pastor intentaba exorcizarla. Para muchos, sus movimientos de cadera hipnóticos no son solo danza árabe, sino una especie de tributo a fuerzas que el ojo humano no puede comprender.
Fraude Fiscal y Demandas Millonarias
Más allá de lo místico, los problemas legales de Shakira en el plano terrenal son sumamente graves. En los últimos años, la intérprete ha enfrentado una feroz cacería por parte de la Hacienda pública de España. Las autoridades la acusan de seis delitos de fraude fiscal cometidos entre 2012 y 2014, reclamando una evasión de impuestos que asciende a los impresionantes 14,5 millones de euros.
La fiscalía española argumenta que Shakira pasó más de 183 días al año en el país, lo que la convertía automáticamente en residente fiscal con la obligación de tributar allí por la totalidad de su renta mundial. Por su parte, la cantante y sus abogados han denunciado una campaña de acoso, afirmando que sus derechos a la intimidad fueron vulnerados para utilizarla con “fines ejemplarizantes”. La loba se ha visto acorralada y obligada a preparar una defensa monumental para evitar consecuencias penales severas.
Pero esta no fue su primera gran batalla legal de carácter financiero. Tras poner fin a su relación de diez años con Antonio de la Rúa en 2010, el argentino no se fue en silencio. Actuando con un despecho disfrazado de reclamo empresarial, de la Rúa, quien también fungía como su mánager, demandó a la colombiana por la exorbitante suma de 78 millones de euros, argumentando que gracias a su labor ella había alcanzado jugosos contratos. Afortunadamente para la barranquillera, un tribunal en Ginebra falló a su favor, bloqueando el intento de su expareja por congelar y acceder a sus cuentas bancarias.
De la Eterna Novia a la Loba Vengativa
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