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YURI: Por ESTO Fue Usada Como Mercancía. Lo Que Le Hicieron Por Dentro Casi La Mata

YURI: Por ESTO Fue Usada Como Mercancía. Lo Que Le Hicieron Por Dentro Casi La Mata

1995, una mansión en la ciudad de México.  Yuri tiene 31 años, lleva 7 meses sin poder hablar. Su voz, esa voz  que durante una década llenó estadios desde Madrid hasta Buenos Aires, está apagada.  Los médicos le encontraron tumores en las cuerdas vocales y dos noches antes otro doctor en otro  consultorio le dio un segundo diagnóstico.

Papiloma cervicouterino, casi cáncer, casi muerte. La frase exacta que ella usaría años después fue esta: “Casi me  mata.” Yuri está parada frente a un balcón, mira hacia abajo y entiende de golpe lo que llevaba años sin querer ver, que su cuerpo  le estaba pasando una factura, que cada hombre con el que se acostó en la cima de su carrera dejó algo dentro de ella, que la canción que la había consagrado  en 1984, esa que repetía en el estribillo,  “Siempre vendrán tiempos mejores”, la había escrito el hombre que

años después destrozaría a Gloria Trevi y que esos tiempos mejores nunca llegaron. Llegó esto, un balcón, un diagnóstico y una mujer  de 31 años que ya no sabe quién es. Esta es la historia que Yuri tardó  35 años en contar y todavía hoy cuando la cuenta  no lo hace completa. Hoy vas a descubrir cuatro cosas que nunca te contaron sobre la mujer que te acompañó toda tu juventud  cantando  primavera en cada radio de México.

Primero vas a escuchar la cita exacta donde Yuri reconoce con sus propias palabras que se acostó con mucha gente  en pleno auge de su carrera y vas a saber qué le pasó al cuerpo de esa mujer cuando la industria  terminó con ella. Segundo, ¿vas a entender el pacto silencioso que firmó Yuri con Sergio Andrade en 1984?  ¿Y por qué un milímetro la separó de terminar como Gloria Trev?  Tercero, vas a conocer lo que le pasó a Yuri a los 7 años  en el consultorio de su propio padre, una herida que ella misma reconoció décadas

después  como el origen de todo. Y cuarto, vas a saber la verdad detrás de su conversión religiosa, una conversión que tuvo poco de iluminación espiritual  y mucho de mecanismo de supervivencia. Yuri necesitaba dejar de morirse y la iglesia fue la herramienta concreta que tenía a mano. Te voy a avisar cuando llegue cada una, pero antes,  para entender cómo fue posible que esto le pasara a una niña que a los 11 años había ganado una beca para el balet Bolsoy de Rusia, necesitas conocer el

mundo que la fabricó. Porque esta historia no empieza en 1995,  frente a ese balcón. Empieza muchos años antes. Empieza con algo que tú probablemente viste en tu propia televisión, en tu propia sala, sin saber  lo que estaba pasando detrás de cámaras. Veracruz, principios de los 70. Los años  en los que tu mamá te ponía una telenovela a las 9 de la noche y tú te quedabas hasta las 10 si te dejaban.

Los años en los que la radio sonaba todo el día. Los años en los que cualquier niña con voz bonita  podía soñar con ser cantante. Aquellos eran tiempos donde una familia mexicana podía pasar la tarde entera frente a un radirabador  y donde una niña en Veracruz podía estudiar ballet por las mañanas y cantar por las tardes  sin que nadie pensara que eso era extraño.

La niña se llamaba Yuridia Valenzuela  Cansecoo. Nació el 6 de enero de 1964. Era hija del Dr. Carlos Humberto Valenzuela Priego, médico general originario de Tabasco y de Dulce Can Seco, una mujer veracruzana que tenía una idea muy clara de lo que su hija debía ser. Tenía dos hermanos, Carlos,  que también sería médico como el padre, y Yamili, que también cantaría.

Pero  la del talento más grande, la que llamaba la atención desde chiquita, era Yuridia.  Veracruz en los años 70 era un puerto vivo, una ciudad de marineros, de músicos, de carnavales.  La música corría por las calles como el río Tonalá. Aquellas  tardes, cualquier niño que asomaba la cabeza a la calle escuchaba sones jarochos, danzones,  boleros, canciones venezolanas, cumbias colombianas.

La radio de Veracruz era distinta a la radio de Ciudad de México, más tropical, más caliente, más atrevida. Y en esa Veracruz, en una casa de clase media, donde el padre era médico y la  madre se había quedado en casa para criar a tres hijos, vivía Yuridia. La casa  de los Valenzuela Canseco era una casa cristiana protestante, concretamente adventista del  séptimo día, una denominación que en México tiene fuerte presencia, sobre todo en el sureste.

Los adventistas  guardan el sábado como día de reposo, no comen carne de cerdo, visten con modestia y crían a sus hijos con valores estrictos. Yuri creció en ese ambiente  y eso explica algo importante, algo que pocos entienden cuando hablan de su trayectoria. La conversión religiosa de los años 90 fue en realidad un regreso a la fe en la que se había criado de niña después de haber pasado por el catolicismo de su primer marido  y por los años secularizados de su carrera pop.

A los 9 años, según algunas fuentes,  o a los 11 según otras, la niña ganó una beca, no una beca cualquiera, una beca para el valle Bolsoy de Rusia,  una de las academias de danza más prestigiosas del planeta, la que formaba a las bailarinas más importantes  del mundo.

Imagínate lo que es para una niña de Veracruz en los años 70  ganar una beca para Rusia. Imagínate lo que significaba para esa familia. Una niña que iba a cruzar el mundo, una niña con la posibilidad de convertirse en  ballerina internacional y los padres dijeron que no. La razón oficial fue la familia que se separaba el núcleo, que  era muy lejos, que era muy chica.

Pero hay otra  versión, una que la propia Yuri ha repetido a lo largo de los años, donde su madre dulce ya tenía otros planes para ella.  La madre dulce había decidido que su hija iba a ser cantante. La idea del ballet le quedaba  lejos. Le interesaba algo más rentable, algo más visible, algo que pudiera explotar comercialmente desde Veracruz.

Y armó alrededor de esa decisión todo un proyecto. Le formó un grupo musical en Veracruz. lo llamó la manzana eléctrica. La metió a clases de canto, la empezó  a presentar en eventos locales y cuando el grupo creció le cambió el  nombre. La manzana eléctrica pasó a ser Yuri y la manzana eléctrica.

La marca  había nacido y la marca se llamaba como la niña. Recuerda ese nombre, dulce can seco, porque todo lo que le pasó a Yuri  después, lo bueno y lo malo, empieza en las decisiones de esa mujer. Pero antes  de seguir con la madre, hay algo que tienes que saber. Algo que Yuri tardó casi 50 años en contar en público, algo que pasó cuando ella tenía 7 años.

en el consultorio de su propio padre. Aquí va la primera víctima nombrada de esta  historia y es la propia Yuri, la Yuridia niña de 7 años, la que todavía no era nadie, la que jugaba en el consultorio mientras su  padre, el doctor Valenzuela, atendía a sus pacientes en Veracruz. Yuri lo contó en el programa Ventaneando en febrero de 2021.

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