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Lalo Mora: Lo Que Le Hacía a Sus Fans Era ASQUEROSO

Lalo Mora: Lo Que Le Hacía a Sus Fans Era ASQUEROSO

Lo que vas a escuchar hoy es el asqueroso secreto que vivieron sus fans. Y la parte más dura viene después de lo que él les hacía, porque cuando ellas lo contaron casi nadie las creyó. Pico Rivera, California. Otoño de 2021. Una mujer joven se forma al final del concierto. Lleva esperando casi 2 horas. Trae el teléfono en la mano, la batería al 50% y una sola idea en la cabeza.

 Una foto. Nada más que una foto con el hombre cuyas canciones la acompañaron toda la vida. llega su turno, se acerca, sonríe para la cámara y en el instante exacto en que la foto se toma, la mano de él baja y le aprieta un seno. No por accidente, a la vista de todos. La cara de ella cambia en medio segundo. Lo que había sido emoción se convierte en algo parecido al dolor.

 Le quita la mano, se queda tiesa y el desconcierto no se le borra de la cara en lo que queda del video. Él no se disculpa, no se inmuta. Sus acompañantes lo retiran de la escena como quien recoge a un niño que ya hizo un berrinche. Ese video existe, lo puedes encontrar hoy mismo. Lo difundió la prensa, lo recogió el financiero, lo comentó medio país y no es el único.

Tú conoces a este hombre, tú cantaste sus canciones. Probablemente las bailaste en una boda o las pusiste un domingo mientras hacías la comida. Se llama Eduardo Mora, pero tú lo conoces como Lalo Mora, el rey de 1000 coronas, la voz que fundó a los invasores de Nuevo León. Y hoy te voy a contar cuatro cosas que casi nadie te ha contado completas.

Primero, que lo de Pico Rivera se repitió muchas veces en distintas ciudades, en distintos países, durante años. grabado frente a multitudes que aplaudían. Segundo, te voy a decir el nombre del único hombre con poder que se atrevió a denunciarlo formalmente ante la justicia y lo que le pasó a ese hombre pocos meses después.

Tercero, vas a escuchar lo que el propio Lalo Mora respondió cuando le preguntaron con sus palabras exactas, palabras que están grabadas. Y vas a entender por qué esas palabras duelen más que los videos. Y cuarto, te voy a explicar por qué después de todo esto, hoy sigue llenando plazas, sigue recibiendo homenajes y ninguna de esas mujeres tuvo nunca justicia.

Te voy a avisar cuando llegue cada una, pero para entender cómo fue posible que esto ocurriera delante de todos durante tanto tiempo, tienes que conocer el mundo que construyó a este hombre. Porque esta historia no empieza en aquel estacionamiento de California, empieza mucho antes y empieza con algo que tú probablemente viste en tu propia televisión o escuchaste en tu propio radio.

Hay una frase que él dijo después, cuando ya no pudo seguir negándolo. Una frase corta, casi de chiste, que se volvió famosa. Ojitos sí, manitas no. Guarda esa frase, la vas a necesitar para entender el final. Para esto tienes que regresar conmigo a los años 70, a un Monterrey de fundiciones, de calor pegajoso, de calles obreras donde la música norteña salía de cada cantina como salía el humo de las fábricas.

En ese Monterrey, un muchacho del municipio de Los Ramones, Nuevo León, con una garganta que cortaba el ruido de los tractores, se ganaba la vida cantando. Eduardo Mora, hijo de tierra seca, de los que aprendían los versos de las cantinas antes que las tablas de multiplicar. Primero anduvo en un dueto.

 Lupe y Lalo le decían. Él y un cantante llamado Guadalupe Mendoza grabaron temas como Frontera Chiquita de la propia autoría del Alo. Aquello daba para comer, para sostenerse, para soñar con algo más grande. Hasta que en 1979 Lupe Mendoza decidió dejarlo todo. Se convirtió al cristianismo y se apartó de los escenarios. Lo sostuvo hasta su muerte ya en 2021.

Pero esa es otra historia. Lo que importa es lo que pasó después. En aquellos años, una estación de radio de Monterrey, la XCKTR, lanzó un concurso entre sus radioescuchas. Buscaban nombre para un grupo que apenas empezaba. La gente mandó tarjetas escritas a mano con lápiz sugiriendo títulos y el nombre que ganó, el que eligió el pueblo, fue Los Invasores de Nuevo León.

Fíjate en este detalle porque importa. Ese nombre no nació en una oficina de publicistas, nació de la gente, de las mismas personas comunes que después llenarían los salones de baile, de mujeres como las que un día harían fila para una foto. El grupo despegó rápido. A finales de los años 70 y principios de los 80, los invasores se volvieron una escuela del norteño moderno.

 Un pulso más ágil, canciones que contaban historias, esa mezcla de tragedia y baile que define al género. En 1982 llegó mi casa nueva y los puso en lo más alto de las listas regionales. Luego vinieron Aguanta Corazón, el preso de Nuevo León y sobre todas Laurita Garza. Detente un segundo en Laurita Garza porque hay una ironía en esa canción que vas a entender mejor al final.

Laurita Garza cuenta la historia de una mujer traicionada por el hombre que amaba. Una mujer a la que engañaron, a la que humillaron y que al final tomó la justicia en sus propias manos. porque nadie más se la iba a dar. Esa fue la canción que convirtió a Lalo Mora en leyenda, una canción sobre una mujer que no tuvo a nadie que la defendiera.

Recuerda eso también. Déjame ponerte en aquella época porque tú la viviste. Imagínate una tarde de los años 80. Tú llegabas cansada de trabajar o de cuidar a los niños o de la fábrica o de la casa ajena que limpiabas. Prendías el radio y ahí estaba esa voz, esa voz rasposa de hombre de campo cantándote de amores que se acababan, de cárceles, de mujeres que se iban.

 Y por un momento, mientras pelabas papas o tendías la ropa, esa voz te acompañaba como si te entendiera. Eso era Lalo Mora en tu vida, no un artista en una pantalla, una compañía. El grupo nunca fue solo de él. A su lado estuvieron desde el principio nombres que la gente del norteño todavía recuerda. Javier Ríos en el acordeón.

que venía de tocar con otro grupo grande, Eliud López, Homero de León. Entre todos armaron ese sonido ágil, bailable que cambió el norteño para siempre. Pero el que se llevaba los reflectores, el que firmaba las fotos, el que salía primero en los carteles era Lalo, siempre Lalo. La canción Mi casa nueva los disparó al estrellato y de ahí ya no bajaron en toda la década.

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