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Sasha Montenegro: Confesó por qué la familia del presidente quería Destruirla

Sasha Montenegro: Confesó por qué la familia del presidente quería Destruirla

Sasha Montenegro cuidó 9 años a un expresidente enfermo. Sus hijos la acusaron de golpearlo  en televisión nacional. Una carta escrita a mano con la letra temblorosa. 9 años sin sueldo. Una mansión de 12 hectáreas con una sola recámara y una frase publicada en los periódicos de todo México.

Soy un viejo enamorado. Existe una entrevista que Sasha dio un año después de viuda. Le preguntaron  qué sentía y respondió con siete palabras que cambiaron para siempre la forma en que México vio esta  historia. Hoy vas a descubrir tres cosas. Primero, el artículo de periódico donde una periodista puso en duda que los hijos de Sasha fueran de López Portillo y lo que eso le hizo a una adolescente llamada Nabila.

Segundo, la carta que un expresidente de 82 años escribió contra sus propios hijos para defender a Sasha. Y tercero, lo que Sasha dijo en esa entrevista y que revela algo que nadie sospechaba sobre los 30 años que pasó al lado de López Portillo. Esta es la historia que nadie quiso contar completa hasta hoy y el principio no está en México. Bari, Italia.

20 de enero de 1946. Europa todavía huele a pólvora y a ceniza. En un hospital del sur de Italia nace una niña. Sus padres, Ciboyin Hachimovic y Silvia Popovic son refugiados yugoslavos. Los Achimovic pertenecían a la aristocracia de Montenegro, esa región montañosa de los Balcanes. Pero la guerra les arrancó todo.

Parte de la familia fue asesinada en un campo de concentración nazi. No quedaron ni tierras, ni títulos, ni una sola fotografía. Los que sobrevivieron huyeron a Italia con la ropa que llevaban puesta y el terror grabado en los ojos. La niña fue bautizada como Alexandra. A Sasha  le decían de cariño. Y Montenegro, el nombre que décadas después iluminaría las marquesinas de los cines de México, no era un capricho artístico, era el nombre de la tierra de su madre, el lugar que los nazis le robaron a su sangre.

Meses después cruzaron el Atlántico, Argentina, la provincia de Mendoza, viñedos interminables y la cordillera de los Andes al fondo, pero la desgracia los seguía como una sombra que no se puede pisar. El padre de Sasha, Ciboyin,  murió cuando ella era muy pequeña. La niña apenas guardaría un recuerdo borroso de él.

Su madre, Silvia, quedó viuda con una hija en un país que no era el suyo, hablando un idioma que todavía no dominaba. tuvo que rehacerse desde cero. Se casó con un empresario argentino  y la familia se mudó a Buenos Aires. Ahí nacieron los hermanos menores de Sasha, Andrea y Claudio. Y ahí o entre los teatros de la calle Corrientes y las avenidas amplias, la niña refugiada se transformó en algo que nadie podía ignorar.

creció alta, de piernas largas, con unos ojos negros tan profundos que parecían  tener fondo falso, y una belleza que detenía conversaciones  a mitad de frase. A los 23 años, en 1969, recibió una oferta de trabajo en el cine mexicano. No lo pensó dos veces. metió todo lo que tenía en una maleta, tomó un avión rumbo a Ciudad de México.

No volvió a vivir en Argentina jamás. 30 años después, esa misma mujer estaría en un juzgado de la Ciudad de México, escuchando como tres hijastros juraban ante un  juez que era una golpeadora de ancianos. Pero antes de llegar a ese juzgado, tuvo que convertirse en la reina de algo que México nunca había visto.

Ciudad de México, 1969. O la joven Alexandra Achimovic Popovic aterriza en un país que no conoce, sin contactos, sin familia, con un nombre que nadie puede pronunciar y un acento argentino que en México suena extraterrestre. Empieza desde el fondo absoluto. Fotonovelas baratas, de esas que se vendían en los puestos de periódicos por unos centavos.

sesiones de modelaje en estudios calientes  y mal iluminados, pero hay algo en ella que la cámara detecta antes que cualquier productor. Una presencia animal, una forma de mirar al lente como si el lente le debiera algo. En 1972 llega su primer protagónico, Un sueño de amor, junto a un joven José José.

Todavía no era leyenda, pero ya tenía esa voz que partía el alma y poco después se corona como la reina absoluta del cine de ficheras o ese género de comedia sensual que escandalizaba a medio México y llenaba las alas del otro medio. Bellas de noche, muñecas  de medianoche, La Golfa del Barrio, Pedro Navaja, Playa Prohibida, Blanca Nieves y sus siete amantes.

69 películas en total. Trabajó con el Santo en Santo contra la magia negra. Ganó un premio Ariel, el máximo reconocimiento del cine mexicano, por su trabajo con Emilio el indio Fernández. Apareció en una escena de desnudo de 30 segundos que paralizó al país en una época en que eso no se hacía. tenía su estrella en el paseo de las luminarias, no le pedía permiso a nadie y México la adoraba.

Por eso, era libre, era dueña de sí misma, era intocable, pero eso estaba a punto de cambiar para siempre. Esta era Sasha Montenegro en 1983. pelo negro sobre los hombros, ojos oscuros, parada en un set de filmación rodeada de humo y luces calientes, dueña de sí misma. Esa mujer estaba a punto de cruzarse con el hombre que se lo quitaría todo.

Y ese hombre ya tenía una esposa, una amante y un país destrozado. José López Portillo llegó a la presidencia en 1976. apostó la economía al petróleo, prometió administrar la abundancia y cuando los precios  se desplomaron, lo perdió todo. Juró defender el peso como un perro. El peso se devaluó de 22 a más de 100 por dólar.

lloró en televisión nacional en su último informe de gobierno y mientras el país se hundía, construía cuatro mansiones en un terreno de 12 haáreas con dinero  público. El pueblo lo bautizó como la colina del perro. Cada mansión estaba destinada a uno de sus tres hijos con Carmen, José Ramón, Carmen Beatriz y Paulina. Esos tres nombres son los mismos que años después intentarían  destruir a Sasha.

Era el hombre más odiado de México y era el hombre del que Sasha se enamoró. Estaba casado con Carmen Romano desde 1951. Pero el matrimonio era una farsa. Carmen era pianista, extravagante, viajaba con su piano de cola a las giras internacionales, se movía con 11 coches de escolta. Pero lo que importa para esta historia no es Carmen, es la familia que creó.

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