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Paco Stanley: Su Propio Hijo Acaba de Confesar la Asquerosa Verdad

Paco Stanley: Su Propio Hijo Acaba de Confesar la Asquerosa Verdad

Paco Stanley fue asesinado a tiros con una bolsa de cocaína dentro del bolsillo y su hijo Paul Stanley lleva 25 años apuntando hacia un hombre que nunca se ha atrevido a pronunciar delante de una cámara mexicana. El 7 de junio del 99, dos sicarios mataron al cómico dentro del estacionamiento del charco de las ranas con más de 30 disparos de AK47.

Mario Besares y Paola Durante pasaron 11 meses encerrados acusados sin pruebas, libres en el 2000. Y el verdadero asesino jamás apareció dentro del expediente que cerró el procurador Samuel del Villar. 25 años después, lo que Paul Stanley dejó asomar dentro del documental El show de Amazon Prime en marzo del año pasado fue una verdad cortada por la mitad.

 Su hermano mayor, Mario Stanley, dio una versión paralela que tampoco cerró el caso. Y las dos versiones cruzadas apuntan hacia un sector específico que la prensa mexicana del 99 dejó de mencionar después de las primeras amenazas recibidas en redacción. Un sector cuyo nombre completo, el círculo cercano al cómico, lleva un cuarto de siglo cuidando con vida. Quédate hasta el final.

 Lo que vas a saber durante los próximos 40 minutos hará que se te revuelva el estómago. Vas a entender qué circuito recorría Paco Stanley los viernes por la tarde durante los 6 años anteriores al asesinato. Vas a entender por qué Samuel del Villar enterró voluntariamente la hipótesis del narco dentro de las primeras 48 horas del expediente y vas a entender que se están callando los dos hijos del cómico desde hace 25 años.

 sin terminar la frase delante de nadie. Pero lo más asqueroso de todo es esto. El nombre que Paul Stanley protege con su silencio sigue apareciendo cada semana dentro de la televisión mexicana actual. La hipótesis del narco que Samuel del Villar enterró en 1999 es la única que sostiene una explicación coherente del crimen 26 años después.

 Y la única razón por la que ese nombre aparece sobre la mesa en este video durante los próximos 40 minutos es porque hoy hay material documentado disponible. material que en 1999 estaba enterrado dentro de un expediente que la Procuraduría capitalina nunca terminó de abrir. Pero antes de poder explicar qué nombre se están callando los dos hijos de Paco Stanley desde hace 25 años, hay que retroceder 16 años antes del asesinato dentro del estacionamiento del charco de las ranas hasta una madrugada concreta de octubre

de 1983. dentro de un bar privado del barrio de Polanco de la Ciudad de México que se llamaba El cerebro. Paco Stanley tenía 41 años aquella madrugada. Estaba casado, padre de tres hijos pequeños y trabajaba como presentador titular del programa Anabel del canal 13 de Inevisión. Su salario mensual fijo apenas superaba los 30,000 pesos mexicanos del momento y según contó años después, una de las personas que lo acompañó al cerebro.

 Era la primera vez que el cómico entraba en aquel local. El cerebro funcionaba como punto de encuentro privado de tres tipos de clientela: empresarios mexicanos de alto poder adquisitivo del Distrito Federal, políticos del Partido Revolucionario Institucional durante los primeros años del sexenio de Miguel de la Madrid e intermediarios financieros vinculados al lavado de dinero del narcotráfico colombiano, que durante los primeros años 80 operaba dentro del territorio mexicano antes de la consolidación de los cárteles propios.

El local ocupaba la planta baja y la planta superior de un edificio particular dentro de la calle Masaric del barrio de Polanco. La entrada principal carecía de letrero comercial y los empleados habían recibido instrucciones expresas desde la apertura en 1981 de no permitir nunca la entrada de prensa ni de cuerpos de seguridad estatales mexicanos.

Lo que Paco Stanley hizo  dentro de aquel local durante las tres horas siguientes a su entrada. Es lo que marca el inicio del circuito que el cómico iba a recorrer durante los siguientes 16 años de su vida. Hasta la tarde del 7 de junio de 1999. Paco Stanley llegó al cerebro a las 2:30 de la madrugada del 28 de octubre de 1983.

Iba acompañado de un compañero del programa Anabel. Llevaba puesto un traje gris de tres piezas. pidió una mesa apartada al fondo del salón y durante la primera hora bebió dos whiskys escoceses con hielo sin tocar la comida que le habían servido encima de la mesa. A la 1:30 de aquella madrugada, según relató esa misma persona, un hombre de aproximadamente 50 años vestido con traje azul oscuro y reloj de oro, se acercó a la mesa de Paco Stanley desde el otro extremo del salón.

 saludó al cómico llamándolo por su nombre completo. Se sentó a la mesa durante aproximadamente 40 minutos y antes de levantarse le propuso al cómico subir a una de las salas privadas de la planta superior del local para hablar de un asunto profesional concreto. El hombre que se sentó a la mesa de Paco Stanley aquella madrugada era un empresario del entorno textil del Distrito Federal cuyo apellido figuraba dentro de las listas oficiales de las 100 fortunas más grandes de México, publicadas por la revista Expansión durante los años 80 y

un empresario cuya familia, según versiones que circularon dentro del medio cultural mexicano durante los años siguientes al asesinato, mantenía relaciones comerciales sostenidas con varios intermediarios financieros de la organización de Pablo Escobar Gaviria, que operaban dentro del territorio mexicano durante aquellos años.

 Lo que ocurrió dentro de aquella sala privada de la planta superior del cerebro durante los siguientes 80 minutos es lo que la familia Stanley ha mantenido en privado durante los siguientes 42 años de la historia del cómico. Paco Stanley subió a la sala privada a las 2:20 de la madrugada. Le acompañaba el empresario textil, le acompañaba el compañero del programa, Anabel, y un cuarto hombre, cuyo nombre, el testigo, entrevistado años después, dijo no recordar con precisión.

 Dentro de la sala privada había una mesa de madera circular con cuatro sillas, una lámpara de bronce colgando del techo y una botella de whisky escocés sin abrir colocada sobre la mesa. Junto a la botella, dentro de una bandejita pequeña de cristal tallado, había aproximadamente 4 g de cocaína blanca refinada distribuida en cuatro rayas paralelas.

 La cocaína que Paco Stanley consumió aquella madrugada era cocaína refinada de máxima pureza procedente directamente de la organización de Pablo Escobar Gaviria. Importada a la Ciudad de México durante el verano de 1983 dentro de una operación específica que la Procuraduría capitalina del momento nunca llegó a investigar oficialmente.

Paco Stanley consumió la primera raya a las 2:40, la segunda a las 3:10 y la tercera a las 4 men 20. Entre la primera y la tercera raya, el cómico no pronunció más de 20 palabras durante las 3 horas que duró la reunión, pero dentro de aquella sala privada de la planta superior del cerebro. Durante los 80 minutos que Paco Stanley pasó con el empresario textil, ocurrió algo más que el consumo de las tres rayas de cocaína.

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