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La Triste Historia de Sebastian Rully | Sus secretos al descubierto

La Triste Historia de Sebastian Rully | Sus secretos al descubierto

He sido infiel, conozco la infidelidad, la he sufrido. Queda claro que no es no es un estilo de vida que a mí me interese. Y en esa época terminamos porque él vio a su exnovia. Sí, Sebas, sí, me puso el cuerno. Ya me acordé eso. Ya no sé qué qué es lo que lo que quiere. Estoy aquí porque estoy demandada, no porque yo busqué demandar.

¿Qué tal, amigos? Bienvenidos sean a un nuevo video de Tutoriales Herberí. Agárrense bien, porque hoy vamos a meternos en la vida de Sebastián Ruly, el galán argentino que Televisa nos vendió durante años como el hombre perfecto. Sonrisa de comercial, cuerpo de gimnasio, mirada de novela y una imagen tan pulida que parecía imposible encontrarle una mancha.

 Pero ya saben cómo es esto, amigos. Mientras más impecable se ve a alguien frente a la cámara, más ganas dan de revisar qué se esconde detrás del reflector. Porque la historia de Sebastián Ruly no es solamente la de un actor guapo que llegó a México, conquistó telenovelas y terminó convertido en pareja dorada junto a Angelique Boer.

 No, señores, aquí también hay privilegios, romances convenientes, mujeres famosas, supuestas infidelidades, divorcios amargos, pleitos legales, celos. egos heridos y una larga lista de escándalos que la televisión prefiere dejar bien escondiditos debajo de la alfombra por haber ido conmigo hoy en la noche, por preocuparte por mí y por cuidarme ahorita.

 Hoy vamos a hablar del muchacho que abrió puertas por su cara bonita, del galán que rompió corazones dentro y fuera de los foros, del marido que terminó en guerra con Cecilia Gallano, del novio que se metió en el territorio complicado de Aracel Arámbula y Luis Miguel y del hombre que hoy presume estabilidad con Angelique, aunque los rumores nunca han dejado de rondarle la casa.

 Así que no se confíen con la sonrisa perfecta ni con los músculos de acero, porque detrás del galán romántico también hay historias incómodas, versiones cruzadas, mujeres heridas, exes furiosas y capítulos que no salen en las entrevistas bonitas. Y ahora sí, sin más preámbulo, vámonos a lo que te truje, Chencha. Y amigos, empecemos por el origen de este galán, porque la historia de Sebastián Ruly no arranca precisamente como la del muchacho humilde que tuvo que picar piedra durante 20 años esperando que alguien le diera una oportunidad. No, señores. Sebastián Ócar

Ruly nació en Buenos Aires, Argentina, en 1975 y desde muy joven entendió que tenía una carta poderosa, la apariencia. Alto, rubio, de ojos claros, cuerpo trabajado y cara de catálogo. Ruly empezó como modelo en Europa, donde aprendió muy rápido que una buena imagen puede abrir puertas que para otros permanecen cerradas con doble candado.

 Y no nos hagamos, amigos. En el mundo del espectáculo el talento importa, sí, pero la belleza también empuja. Y en el caso de Rully empujó bastante. Tomé el siguiente vuelo a México, le llamé a Antonio y él me mandó a recoger con el chófer de su esposa. El verdadero capítulo sabroso comienza cuando llega a México a finales de los 90 buscando hacer carrera en la televisión.

 México era la gran fábrica de telenovelas. Televisa era el monstruo que fabricaba galanes para exportación y Ruly llegó en el momento perfecto, extranjero, guapo, conteo y con ese tipo de físico que a los productores les brillaba en los ojos, aunque todavía no supieran si actuaba o no. Entonces llegó a las puertas del centro de educación artística, el famoso SEA de Televisa.

 Y aquí es donde la cosa empieza a oler a privilegio del bueno. Mientras miles de jóvenes hacían filas, casting, pruebas, nervios, rechazo y vueltas bajo el sol, con la esperanza de que alguien les dijera, “Tal vez a Sebastián Ruly” dejaron entrar y lo aprobaron sin pasar por el mismo filtro pesado que los demás.

 La razón, pues digámoslo claro, era un rubio alto y guapo y para Televisa en aquellos años eso ya era medio contrato firmado. De repente de estar viajando por el mundo, siendo yo el dueño de mi tiempo, que me digan, tienes que hacer esto como escuelita. Porque en esa época la empresa tenía una obsesión tremenda con fabricar galanes de exportación.

 No importaba tanto si el muchacho venía verde, si le faltaba técnica o si apenas estaba aprendiendo a sostener una escena. Primero lo metían, lo peinaban, lo gronceaban, le ponían camisa abierta y después ya veían cómo lo enseñaban a actuar. Y Rully entró así con la puerta abierta por la cara bonita. Pero aquí viene lo más descarado.

 ¿Cómo agradeció esa oportunidad que a otros les habría costado años? Renunció al segundo día. Así como lo oyen, el hombre apenas empezó las clases y decidió que aquello no era para él, que le daba flojera, que no quería estar encerrado, que ese ritmo de formación no le acomodaba. Imagínense la escena.

 Cientos de aspirantes soñando con entrar al CEA, llorando por una oportunidad, y Sebastián, que había pasado casi directo por la alfombra roja, diciendo prácticamente, “Qué aburrido, ahí se ven.” Y eso habla de algo que mucha gente no quiere aceptar. Hay personas que llegan tan acostumbradas a que la imagen les resuelva la vida que no miden el valor de una oportunidad porque no tuvieron que pelearla como los demás.

Objetivo de entrar a Televisa y entré al Sea, fui dos días, no me gustó, me salí, estuve se meses fuera. Pero el descaro no terminó ahí. Meses después, Rully regresó como si nada, como quien dice, “Ya se me pasó la flojera, ahora sí quiero.” Y uno pensaría que Televisa le habría dicho, “No, joven, aquí las oportunidades no se tiran así.

” Pero no, los productores lo recibieron otra vez con los brazos abiertos. ¿Por qué? Porque seguía siendo alto, rubio y guapo. Así de simple. Y así de brutal. Y aquí no se trata de decir que Sebastián no trabajó después, porque claro que trabajó y claro que construyó una carrera, pero su entrada al medio fue un ejemplo clarito de cómo funciona la televisión.

 A unos les piden talento, lágrimas y paciencia. A otros les basta con llegar bien peinados, medir más de 180 y verse bien en cámara. Ruly entendió desde temprano que su físico era su llave y Televisa entendió que esa llave podía vender novelas, suspiros y portadas. Pues no no no le no le hallé. Aparte que tampoco me encontraba mucho en México, tenía que estabilizarme.

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