Teníamos vocalista, o sea, éramos como un grupo instrumental y yo tocaba teclados y en un ensayo me Después pasó por el grupo Tijuana. No, pero duró poco. Los quería. Eran sus amigos, pero sintió que su camino iba por otro lado. Ellos tenían un mensaje más colectivo, más político y Julieta empezaba a buscar algo más personal.
Todavía no sabía bien qué era, pero su intuición ya le estaba jalando la manga. Más adelante hizo música para teatro, tocó en lugares pequeños y se fue abriendo camino como pudo. Llegó a la ciudad de México sin gran plan, con un teclado envuelto en una cobija y más ganas que certezas. Empezó a pegar volantes para formar una banda, a buscar músicos y a moverse entre gente que poco a poco fue notando que esa muchacha traía algo distinto.
En ese camino apareció Joselo de Cafeta Cuba, una persona que no solo fue importante en su vida personal, sino también en lo musical. Él la animó a tocar sola, a usar el acordeón y a grabar sus canciones. Y a veces eso basta para cambiar una historia, que alguien te diga, “Deja de esperar permiso y lánzate.” Y yo después me puse de novia con Joselo, o sea, fui novios 3 años y ahí como que con Joselo, como Poco a poco Julieta se fue convirtiendo en un artista completa.
Tocaba piano, tocaba acordeón, componía y cantaba de una forma que al principio no todos entendían. Pero ahí estaba el chiste, no sonaba como todos. Y en la música, cuando alguien no se parece a nadie, al principio desconcierta, pero luego se vuelve inolvidable. Después llegaron los escenarios grandes, los premios, las colaboraciones y también las críticas.
Porque cuando Julieta cambió de sonido y se acercó más al pop, hubo quienes la celebraron y hubo quienes sintieron que ya no era la misma. Pero pues así es este negocio. Si te quedas igual te dicen repetida y si cambias te dicen vendida. Ni cómo darle gusto al respetable. Como que una quiere una cosa y otra quiere otra cosa y hay como una porque me disfrutaba mucho cantar las canciones como más clásicas.
Julieta siguió su camino, se reinventó, se mudó, hizo teatro, siguió componiendo y se mantuvo vigente, sin necesidad de vivir del escándalo. Siempre fue reservada con su vida privada como quien guarda la vajilla fina para que nadie se la rompa. Pero aquí empieza lo interesante, porque un artista puede cuidar mucho lo que sale de su boca en entrevistas, pero las canciones a veces se le salen del alma sin pedir permiso.
Y cuando alguien escribe tanto sobre amor, dudas, despedidas, contradicciones y heridas tarde o temprano, la gente empieza a preguntarse lo mismo. ¿A quién le estaba cantando realmente Julieta Venegas? Pero no lo quiero, por eso me voy. Y ahora sí, ahí empieza lo sabroso. ¿Crees que Julieta Venegas siempre fue una artista discreta? ¿O piensas que sus canciones contaban más de lo que ella se atrevía a decir? Los amores que traían dedicatoria escondida.
Como diría mi abuelita, nadie canta tanto al amor si no le han movido aunque sea tantito el tapete. Y con Julieta Venegas pasa justo eso, porque ella siempre ha sido una artista reservada, tranquila, de esas que no andan poniendo su vida sentimental en charola, para que todo mundo meta la cuchara. Pero una cosa es guardar silencio y otra muy distinta es que las canciones no hablen por uno.
Julieta no es la típica famosa que sale a contar quién le rompió el corazón o quién le quedó debiendo una disculpa. Ella se queda seria, discreta, cuidando su vida privada como quien guarda la vajilla de lujo para que nadie la rompa. Pero luego suelta una canción. aparece un nombre, alguien recuerda una historia y de pronto la gente empieza a decir, “Espérate tantito, aquí hay más de lo que nos están contando.
” Y el primer nombre que prendió la velita del chisme fue José Lo Rangel, guitarrista de Cafeta Cuba. Porque antes de que Julieta fuera la artista reconocida que llenaba escenarios, ya andaba por ahí con sus canciones, su acordeón. su aire tímido y esa forma de ser que no hacía ruido, pero dejaba intriga.
Y Joselo, que ya traía colmillo en la escena del rock mexicano, no tardó en notar que esa muchacha no era cualquier cosa. Él, claro, ya era cafeta Cuba. Ellos estaban graando su segundo disco cuando yo lo conocí. Desde que la vio, algo se movió. No solo la escuchó como músico, también la miró como hombre.
Porque hay personas que no entran tumbando la puerta, pero se te quedan dando vueltas en la cabeza. Y Julieta tenía justo eso, una mezcla de misterio, talento y rareza que no cualquiera sabe cargar. Siempre tuve una imaginación muy muy viva, ¿no? Eh, desde muy chico. Lo interesante es que Joselo no se quedó en el papel de novio de escena musical.
Él también la empujó. Le dijo que dejara de buscar banda como si necesitara permiso para cantar sus propias canciones, que se animara a tocar sola, que usara el acordeón, que grabara sus temas. Y ahí, entre romance y música, Julieta empezó a tomar forma como artista solista. Como diría mi tía, hay amores que no te llevan al altar, pero te dejan parada justo donde tenías que estar.
Es una persona importante para mí en el sentido de que me ayudó mucho como a decir a concretar cosas que yo tenía. Ese amor no terminó en escándalo ni en preito de revista. se apagó con el tiempo de esos romances que cumplen su ciclo y luego cada quien agarra su camino. Pero la huella quedó porque Joselo fue de los primeros que no solo vio a Julieta, sino que la vio venir.
Pero cuando uno cree que la historia iba a seguir tranquila, llegó Álvaro Enríquez, vocalista de los tres, y ahí sí se volteó la cazuela. Álvaro traía esa pinta de músico intenso, chileno, talentoso, de esos que con una guitarra te prometen la luna y con la misma guitarra te rompen la calma.
Con Julieta hubo romance, hubo boda y hubo promesa, pero también había un problema enorme parado en medio de los dos, la distancia. Era un hombre tomando tu mano, no podría. Ella vivía en México y él en Chile. Muy bonito el amor de aeropuerto, de llamadas, de viajes y de suspiros largos. Pero como diría mi comadre, amor de lejos, felices los cuatro.
Se casaron, sí, pero cada quien siguió en su país. Nadie terminó de hacer maretas en serio, nadie puso casa común y el matrimonio empezó a aparecer más canción romántica que vida real. en su país. Y luego no fue como muchisto, fue como nos casamos y luego resolvamos el tema de dónde vamos a vivir. Y aquí viene el trancazo envuelto en papel de regalo.
Álvaro le escribió a Julieta la canción No me falles. Nada más con el título ya aparecía promesa de esas que uno guarde en cajón perfumado. Pero en el vídeo de esa canción apareció una actriz y ahí el destino hizo de las suyas. Álvaro terminó enamorándose de ella, o sea, le dedica, “No me falles a Julieta” y al final el que falla es él.
Ahí sí, como diría mi abuelita, el burro hablando de orejas y todavía con micrófono. Pero si es preciso el cuchillo. Con el tiempo esa historia puede contarse con humor, pero en su momento tuvo que doler, porque no es lo mismo que una relación se acabe por distancia, por rutina o porque cada quien jaló para su lado.

Otra cosa es que la despedida llegue envuelta en una canción que parecía juramento. Eso no fue solo una ruptura, fue una ironía con videoclip. Salió una actriz que después él se enamoró y me dejó por eso y cuando uno pensaría que Julieta ya había tenido suficiente con los músicos intensos, apareció Jorge Villamizar, el colombiano de Basilos.
y no cualquier vacilos. Estamos hablando de esa banda de pop latino formada en Miami, que por esos años traía a medio continente cantando Caral Luna, tabaco y Chanel y mi primer millón. Jorge es de esos compositores que agarran una frase sencilla, le ponen corazón y terminan haciendo que uno cante cosas que ni sabía que traía atoradas.
Con Julieta hubo una relación de aproximadamente año y medio. Y aquí la cosa no fue un romance perdido debajo de la alfombra. Había cariño, había química, había música y esa complicidad peligrosa que aparece cuando dos compositores se juntan. Porque una pareja cualquiera se manda mensajitos bonitos, pero dos músicos se pueden terminar dejando canciones y ahí sí el chisme queda grabado para siempre.
Yo nunca escuché mi canción. Y aquí es donde la tortilla se pone doradita. Jorge no solo estuvo cerca de Julieta como pareja, también le dedicó canciones. Y ahí fue donde el chisme agarró vuelo. Porque no era invento salido de la nada. Había una relación, había música de por medio y había frases que olían a historia vivida.
Una de las canciones que más marcó la carrera de Julieta fue Limón y Sal y curiosamente la escribió junto a Jorge Villamizar. La rola salió de una forma muy suya de hablar porque ella usaba esa expresión como diciendo, “Así me gusta”, con todo y sus detalles, con lo bueno, con lo malo y hasta con su saborcito extra. O bueno, limón y sal la compusimos juntos, la canta ella, pero está inspirada en ella.
A Jorge eso le causaba gracia porque decía, “Si le pones limón y sal, pues ya no viene tal cual, ya viene arregladito.” Pero ahí estaba el chiste, en esa manera tan de Julieta de ver la vida. De una frase casual, de una relación discreta y de una forma de hablar, salió una canción que terminó cantando todo mundo.
Como diría mi comadre, a veces el amor no deja anillo, pero deja una rola que no se muere. Quiero con limón y sal. Yo te quiero tal y como estás no. Pero espérense, porque después de tanta canción, tanta dedicatoria y tanto romance con músico, llegó una historia mucho más delicada.
Ahí aparece Rodrigo García, músico argentino y padre de su hija Simona. Y aquí ya no estamos hablando de si tal canción era para fulano o si tal frase venía de una conversación. Aquí el asunto se puso serio porque entraron la maternidad, la vida privada y un conflicto que terminó llegando a tribunales. Lo conocí este trabajaba en un restaurante que se llamaba Krishna.
Él Julieta siempre cuidó muchísimo esa parte de su vida. No anduvo contando detalles ni abriendo la puerta de su casa para que todo mundo opinara. Pero cuando hay una hija de por medio, el silencio no siempre alcanza. Rodrigo buscó el reconocimiento legal de su paternidad y aquello dejó de ser murmullo de pasillo para convertirse en tema público con derechos, responsabilidades y versiones encontradas.
Como diría mi tía, cuando el amor llega al juzgado, hasta las flores se marchitan. No, ¿cuál planeado? Nos desconocimos y nos embarazamos. fue cero planeado. Sí, o sea, bueno, pero después de planeado fue que para Julieta, que siempre había intentado mantener su vida lejos del reflector, ese episodio fue incómodo y pesado porque no era un chisme cualquiera, era familia, era maternidad y era una parte de su historia que claramente no estaba pensada para el espectáculo.
Pero la vida a veces no pregunta si quieres drama, simplemente se aparece con expediente bajo el brazo. Y después de tanto músico, tanta distancia, tanto aeropuerto, tanta canción y tanto asunto complicado, Julieta pareció cambiar el libreto. Más adelante apareció Pablo Brown, empresario argentino, ligado a su vida en Argentina y a una etapa mucho más tranquila.
Ya no era el romance de banda ni el amor con guitarra al hombro. Era una Julieta más adulta, más de casa, teatro, hija, gatos y calma. Me despido de ti. Después de tanto corazón desacomodado, parecía que Julieta buscaba un espacio donde el amor no tuviera que convertirse en portada ni en canción dolida. Porque también llega un momento en que una se cansa de los huracanes y quiere no más una tarde tranquila, un café decente y que nadie le revuelva la existencia.
Y tal vez por eso su vida amorosa intriga tanto. Julieta nunca ha sido una mujer de andar armando circo con sus relaciones. No es de las que salen a llorar frente a cámara ni a contar su desgracia con música de fondo. Ella guarda, se calla y se mueve despacio. Pero luego aparecen las canciones, los rumores, las entrevistas y los nombres.
Y uno entiende que detrás de esa calma había más historia que en sobremesa familiar. Julieta quiso mantener su vida privada lejos del refector, pero sus amores se fueron asomando de una forma u otra. Primero como un empujón artístico, luego como una promesa rota. Después como una duda convertida en canción, más tarde como un conflicto familiar y finalmente como una etapa donde parecía buscar paz lejos del ruido.
Como diría mi abuelita, por más que uno cierre la puerta, si hay viento fuerte, la cortina se mueve. La sombra que pasa, la luz que me abraza, tus ojos mirándome. Y eso es lo que vuelve tan interesante su historia. No estamos hablando de un artista que haya usado sus romances para vender discos, al contrario, parecía querer esconderlos.
Pero cuando una persona canta tanto sobre amor, despedidas, contradicciones y heridas, el público termina haciendo lo que mejor sabe hacer, escuchar entre líneas y sacar sus propias conclusiones. Porque una cosa es no decir nombres y otra muy distinta es que la gente no escuche las canciones y empiece a hacer cuentas.
¿Crees que los amores de Julieta Venegas fueron inspiración real para sus canciones? ¿O piensas que el público le ha puesto demasiado chisme a sus letras? Cuando los zorroqueros le sacaron la silla y cuando Julieta empezó a levantar vuelo, no crean que todo fue aplauso, ramo de flores y gente diciendo, “Qué bonita canta la muchacha, ¿no, señor?” Porque si algo tiene el mundo de la música es que a veces los mismos que te aplauden cuando eres diferente te dan la espalda cuando empiezas a sonar en todos lados.
Julieta venía de una onda más alternativa, más oscura, más de piano, acordeón, letras extrañas y ese estilo medio despeinado que no parecía fabricado por ninguna disquera. Yo sabía que algo andaba mal. No era la artista de vestido brillante y sonrisa de catálogo. Su imagen era más sencilla, más descuidada para algunos, más de muchacha que parecía salir al escenario como era, sin tanta producción encima.
Y justamente eso era parte de su encanto, pero también fue lo que algunos no entendían. Porque al principio en el mundo del rock esa rareza le daba puntos. Era distinta, era difícil de acomodar y eso a muchos les parecía interesante, pero ya saben cómo es la raza. Mientras algo es de poquitos, lo cuidan como tesoro escondido.



Pero cuando empieza a gustarle a todo mundo, entonces salen los guardianes del buen gusto a decir, “Ay, no, ya se vendió.” Y ahí fue donde empezó el ruido. Grité con todas mis fuerzas. Julieta comenzó a moverse hacia canciones más directas, más luminosas, más pop, menos enredadas. Ya no era solamente la artista alternativa que unos cuantos presumían haber descubierto antes que los demás.
Ahora la empezaban a escuchar en la radio, en la tele, en los premios, en los carros, en las fiestas, en todos lados. Y eso para cierta parte de sus seguidores fue como si les hubieran cambiado el chile de la salsa sin avisar. Nada fue un error. Nada de esto fue un error. De pronto empezaron los comentarios que ya no era la misma, que antes sí era auténtica, que ahora sonaba más comercial, que se había ablandado, que se había ido por el caminito fácil.
Como diría mi tía, cuando el mole empieza a alcanzar para todos, siempre sale alguien diciendo que antes sabía mejor. Pero lo interesante es que Julieta no parecía estar traicionando nada. Más bien estaba buscando una forma nueva de decir lo que quería decir. Ella venía de hacer música más complicada, más tensa, más difícil de llevar al público masivo y en algún punto empezó a buscar canciones más claras, más cantables, más cercanas, no porque ya no tuviera profundidad, sino porque quería que la emoción
llegara sin tener que ponerle manual de instrucciones. Fue un error. Y ahí apareció Coty, un compositor argentino con quien encontró otra forma de escribir. Menos enredo, más melodía directa, más canción que se te mete en la cabeza. De esa etapa salieron temas que cambiaron su carrera y que hicieron que Julieta dejara de ser solo una figura respetada en ciertos círculos para convertirse en un artista enorme.
Y claro, mientras el público general la abrazaba, algunos roqueros se pusieron como si les hubieran rayado el disco favorito.End la diferencia entre el juego y Pero espérense porque la cosa todavía se puso más sabrosa cuando Julieta terminó colaborando en Nada fue un error junto a Cotty y Paulina Rubio.
Ahí sí más de uno se quiso desmayar con todo y botas porque una cosa era que Julieta se acercara al pop y otra muy distinta a verla cantando junto a la chica dorada. Y sin embargo, esa colaboración le dio otro aire. la acercó a un público mucho más amplio y demostró que Julieta podía moverse en otros terrenos sin desaparecer.
Como diría mi comadre, el que sabe cocinar cocina en cazuela de barro o en sartén prestado. Y Julieta, aunque algunos la querían encasillar, ya estaba demostrando que podía sonar en distintos mundos sin dejar de ser ella. Claro que eso no evitó las críticas. Hubo quienes la empezaron a mirar con desconfianza, como si el éxito fuera pecado y como si cantar algo más pegajoso borrara todo lo que había hecho antes.
Pero ahí está el detalle, porque muchas veces el público se encariña con una versión de un artista y luego se enoja cuando esa persona cambia, crece o simplemente se cansa de usar el mismo traje. Julieta no se quedó ahí. Con el tiempo siguió moviéndose, colaborando, experimentando y abriendo puertas. Las colaboraciones le funcionaron muy bien, no solo porque la ponían frente a otros públicos, sino porque mostraban que su música podía entrar en distintos ritmos sin perder ese sello medio melancólico, medio dulce, medio filoso que siempre la
ha acompañado. Y luego vino otro cambio, ya no solamente musical, sino de discurso. Julieta empezó a mostrar con más claridad su postura en temas sociales, especialmente en la defensa de las mujeres. Su canción Mujeres se volvió parte de esa etapa más comprometida, más directa, más de alzar la voz sin dejar de cantar.
Ya no se trataba solo de hablar de amores que se rompen o relaciones que no caminan. También se trataba de poner sobre la mesa heridas mucho más grandes, esas que no se arreglan con una canción romántica ni con una disculpa bonita. Y ahí también hubo división, porque cuando un artista habla de feminismo, de maltrato contra las mujeres o de causas sociales, el aplauso nunca viene solo.
También llega la crítica, el comentario malintencionado, el que dice que mejor se dedique a cantar, el que se incomoda porque una mujer con micrófono ya no quiere quedarse callada. Como decía mi abuelita, al que le queda el saco hasta el le aprieta. Entonces Julieta empezó a cargar con varias etiquetas. Para unos era la artista sensible que había sabido evolucionar, para otros era la roquera que se volvió pop, para otros más la feminista que ya se metía demasiado en temas sociales y para los de siempre, los que nada les
gusta, simplemente era motivo para criticar cualquier cosa que hiciera. Entre más la cuestionaban, más claro quedaba que Julieta nunca fue un artista fácil de encerrar. No era completamente roquera, no era completamente popera, no era una diva de escándalo, no era una figura fría ni una cantante de molde. Era una mujer que iba cambiando de piel, a veces para gustar más, a veces para incomodar más, pero siempre moviéndose.
Y eso, aunque a algunos les arda, también es parte de su fuerza. ¿Crees que Julieta Venegas traicionó sus raíces al acercarse al pop? ¿O piensas que simplemente tuvo el valor de cambiar cuando muchos querían dejarla congelada en el pasado? La canción que le volteó el aplauso. Pero si algo causó revuelo en la carrera reciente de Julieta Venegas, fue la famosa polémica de la niña futbolista.
Y es que para ese momento Julieta ya no tenía nada que demostrar. Era una artista querida, respetada, con premios, trayectoria y un público que la seguía desde hacía años. Pero como decía mi abuelita, no hay santo que aguante una pedrada en redes sociales. Y cuando esa canción salió ligada al ambiente del mundial 2026, se armó el safarrancho digital.
Le gusta cantar, le gusta brincar y jugar fútbol es muy normal. Para algunos la idea, al menos en el papel, sonaba bonita. Julieta tomó una canción que ya existía, La niña futbolista, original de Ignacio Silva y Patita de Perro, y la llevó a su estilo para hablar de niñas que sueñan con jugar fútbol, de igualdad y de abrir espacios.
Pero como diría mi tía, una cosa es la intención y otra muy distinta cómo cae el guiso cuando llega a la mesa. Pero una cosa es la intención y otra cómo lo recibe la gente. Una niña no puede jugar fútbol. Eso dicen los niños del salón. Porque apenas empezó a circular la canción, muchos usuarios se fueron encima que no sonaba mundialista, que no tenía fuerza, que parecía canción escolar, que no representaba la emoción de una Copa del Mundo, que para un evento tan grande se esperaba algo más prendido, más fuerte, más de estadio y
menos de festival de primaria con lonche de jamón. Y ahí fue donde el comal se calentó. De pronto, Julieta, que casi nunca protagoniza escándalos, quedó en medio de una discusión enorme. Unos la defendían diciendo que el mensaje era noble, que la canción estaba pensada para inspirar a niñas futbolistas y que la crítica se estaba pasando de rosca.
Pero otros no perdonaban porque sentían que el tema no conectaba con la vibra mundialista y que se había vendido como algo mucho más grande de lo que realmente era. Acaban de lanzar la peor canción de la historia del Mundial de fútbol, el rechazo. Y como suele pasar en internet, la crítica no se quedó tranquilita tomando café, se fue directo a comentarios y burlas.
El asunto creció tanto que terminaron desactivando comentarios en el video oficial y cuando ya no pudieron comentar ahí, algunos usuarios se fueron a otros videos de Julieta para seguir tirando su veneno. Como diría mi tía, cuando la gente trae ganas de pelear, hasta una maceta le estorba. Lo más curioso es que el problema no fue solamente la canción, fue todo lo que la rodeó, porque muchos pensaron que era el himno oficial del mundial y ahí la vara se puso altísima.
La gente la comparó con canciones mundialistas mucho más explosivas, esas que suenan a estadio, grito, bandera y cerveza derramada en la sala. Fue tanto el revuelo que la propia presidenta Claudia Shainbaum aclaró que aquello no era el himno oficial del mundial 2026, sino una canción dedicada a niñas y jóvenes futbolistas.
O sea, la canción traía otro propósito, pero para cuando se aclaró, el chisme ya iba corriendo como delantero sin marca. La canción de Julieta Venegas nunca pretendió ser la canción oficial del mundial. Y ahí también se prendió otra sospecha, porque al estar presentada en un contexto cercano al gobierno y con una figura tan pública como Shain metida en la conversación, muchos empezaron a leer la canción no solo como un tema musical, sino como parte de un mensaje político y feminista.
Y ya saben, cuando se juntan fútbol, política, redes sociales y música, eso no es caldo, eso ya es posole ir hirviendo. Julieta intentó defender el sentido de la canción hablando de esa niña que sueña con jugar fútbol y a la que alguien le dice que no puede. Desde ese lado el mensaje era claro, inspirar, abrir camino, hacer visible a las niñas en un deporte que durante mucho tiempo se miró como territorio de hombres.
Pero el internet no siempre escucha explicaciones, a veces no más quiere sentencia. Y ahí está la ironía. Julieta, que durante años fue vista como una artista tranquila, sensible y alejada del escándalo barato, terminó convertida en blanco de burlas por una canción que ni siquiera era el himno oficial.
Como diría mi comadre, le cayó la tormenta por una sombrilla que ni era suya. Al final esta polémica mostró algo muy claro. Julieta puede tener una carrera enorme, una voz reconocida y una historia respetada, pero en tiempos de redes nadie está blindado. Ni los premios, ni los años, ni las canciones queridas te salvan cuando la gente decide agarrarte de piñata digital.
Y lo más interesante es que esta controversia conecta con todo lo que ya venía pasando con ella. Primero la criticaron por cambiar de sonido, luego por acercarse al pop, después por tomar posturas feministas y sociales y ahora por una canción que muchos sintieron fuera de lugar. Julieta siempre ha incomodado de una forma u otra, aunque lo haga con voz suave y cara de no romper un plato, porque a veces el escándalo no llega gritando, a veces llega cantando bajito.
Y eso fue lo que pasó con la niña futbolista, una canción que nació con intención de inspirar, pero terminó convertida en una de las polémicas más comentadas de Julieta Venegas en los últimos años. ¿Crees que la gente fue demasiado dura con Julieta Venegas? ¿O consideras que la crítica a la niña futbolista sí estaba justificada? A sus 55 años, Julieta Venegas sigue Seiten respetada, querida, criticada y comentada.
Una mujer que ha sabido mantenerse vigente sin vivir del escándalo, pero que tampoco ha podido escapar de él cuando la vida, el amor o sus propias decisiones la han puesto en la boca de todos. Porque al final Julieta no ha sido una artista plana. Ha sido romántica, polémica, discreta, cambiante, feminista, reservada y a veces difícil de descifrar.
Como diría mi abuelita, no cualquiera camina tantos años sin levantar polvo y Julieta levantó polvo, pero también dejó canciones. Eres canciones que unos cantaron enamorados, otros despechados y otros no más porque les pegó donde ni sabían que dolía. ¿Crees que la polémica de la canción del mundial fue una crítica justa para Julieta Venegas? ¿O piensas que la gente se le fue encima más por el relajo de las redes que por la canción en sí? Déjame tu opinión en los comentarios porque ya sabes que aquí leemos todo.
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