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La Canción Más Personal De Julio Iglesias… Donde Revela Quién Es

La Canción Más Personal De Julio Iglesias… Donde Revela Quién Es

¿Qué harías si alguien te preguntara, “Cuéntame quién eres, no tu nombre, no a qué te dedicas, no dónde vives, sino quién eres de verdad en el fondo, cuando estás solo, cuando nadie te juzga.” Es una pregunta difícil, ¿verdad? Porque somos muchas cosas a la vez. Somos contradictorios, somos complejos, a veces soñadores, a veces realistas, a veces valientes, a veces asustados.

Y tratar de resumir todo eso en palabras es casi imposible, pero imagina que tienes que hacerlo, que tienes que escribir quién eres, negro sobre blanco, para que el mundo lo lea, para que el mundo lo escuche. Julio Iglesias lo hizo en 1982, en uno de los momentos más difíciles de su vida y escribió la canción más personal de su carrera.

 Una canción donde se desnudó emocionalmente, donde confesó sus miedos, sus sueños, sus contradicciones, donde dijo, “Así soy yo, sin filtros.” Esta es su historia. Para entender esta canción, tienes que entender primero quién era Julio Iglesias en 1982. Tenía 39 años. Estaba en la cumbre absoluta de su carrera.

 Acababa de llegar al número uno en Inglaterra con una canción en español, algo que nadie había logrado antes. Había vendido millones de discos en todo el mundo. Era una estrella global. tenía todo lo que cualquier artista podría soñar, pero por dentro Julio estaba en plena búsqueda porque el éxito profesional no siempre llena los vacíos personales.

 Y Julio tenía vacíos grandes, profundos. Hacía 4 años que se había divorciado de Isabel Presisler, 4 años desde que su matrimonio de ensueño se había roto. Y cuando digo de ensueño, lo digo literalmente, porque Julio e Isabel eran la pareja perfecta para los medios, el cantante español más famoso del mundo y la socialit filipina más elegante de Madrid.

 Se casaron en 1971, cuando Julio apenas empezaba su carrera internacional. Isabel tenía 20 años, Julio 28, y juntos formaron una familia que parecía sacada de una revista, Tres Hijos Hermosos. Chabeli, nacida en 1971. Julio José en 1973, Enrique en 1975. Todo parecía perfecto desde fuera. Las fotos en las revistas, las sonrisas, los eventos sociales, la casa hermosa, los viajes, la vida de ensueño, pero por dentro el matrimonio se estaba desmoronando poco a poco y la razón principal era el precio del éxito, porque Julio no paraba de trabajar, no

paraba de girar, no paraba de viajar, pasaba meses fuera de casa. meses sin ver a sus hijos, meses donde Isabel estaba sola en Madrid criando a tres niños pequeños mientras Julio conquistaba el mundo. Y Isabel lo soportaba al principio porque entendía que era la carrera de julio, que era importante, que tenían que aprovechar el momento, pero con el tiempo la soledad se volvió insoportable y luego estaban los rumores, los constantes rumores de infidelidades.

Las revistas publicaban fotos de Julio con otras mujeres. Siempre había una explicación, siempre era solo una amiga, siempre era trabajo, pero los rumores no paraban. Y Isabel, que leía las revistas como todos, empezó a dudar, empezó a cansarse, empezó a preguntarse si valía la pena seguir esperando a un hombre que nunca estaba en casa y en algún momento decidió que no.

 En julio de 1978, el periódico Arriba y la revista Hola publicaron la noticia. Julio Iglesias e Isabel Presisler se separaban. Fue una bomba. Nadie lo esperaba. La pareja perfecta se rompía y todos querían saber por qué. Los medios especulaban. Hablaban de infidelidades, hablaban de incompatibilidad, hablaban de todo.

 Y Julio e Isabel trataban de mantener la dignidad, de proteger a sus hijos, de no convertir su ruptura en un circo mediático, pero era inevitable. Eran demasiado famosos, demasiado públicos. Su divorcio era noticia y Julio sufrió, aunque no lo mostrara públicamente, aunque siguiera sonriendo en los conciertos, aunque siguiera cantando canciones de amor, por dentro estaba roto.

 Había fracasado en su matrimonio, había perdido a la mujer que amaba, había roto su familia y eso dolía. dolía profundamente porque Julio no era solo el galán seductor que todos veían. También era un hombre que quería tener una familia, un hogar, estabilidad y acababa de perder todo eso. Y entonces, en diciembre de 1981 pasó algo que cambió todo.

 Su padre, el Dr. Julio Iglesias Puga, fue secuestrado por ETA. Fue el 29 de diciembre, dos días antes de fin de año. La familia estaba preparándose para las celebraciones y de repente la noticia. Su padre había sido secuestrado. La banda terrorista lo había tomado y no sabían dónde estaba. No sabían si estaba vivo. No sabían qué querían a cambio.

Solo sabían que lo tenían. Julio estaba en Miami cuando recibió la llamada, a miles de kilómetros de distancia, sin poder hacer nada, sin poder volar a España, porque eso podría poner en peligro la vida de su padre, sin poder hablar con la prensa, porque eso podría empeorar las cosas. Solo podía esperar y confiar en la policía y rezar.

22 días de infierno. Días donde cada llamada telefónica podía ser la peor noticia. Días donde cada silencio era agonizante. Días donde Julio se preguntaba si volvería a ver a su padre con vida y pensaba en su padre, en todo lo que había hecho por él. El doctor Iglesias Puga había sido su mayor apoyo después del accidente de 1962.

Cuando Julio era un joven futbolista prometedor y un accidente de coche, lo dejó paralizado de cintura para abajo. Los médicos dijeron que nunca volvería a caminar, pero su padre no se rindió. Lo apoyó, lo animó. Estuvo ahí durante los meses de rehabilitación y Julio volvió a caminar contra todo pronóstico y su padre fue parte fundamental de esa recuperación.

 Y ahora su padre estaba en manos de terroristas y Julio no podía hacer nada. La impotencia era devastadora. Aquí estaba uno de los hombres más famosos del mundo con todo el dinero y los recursos imaginables. Y no podía salvar a su propio padre. No podía hacer nada excepto esperar. Y esperar es lo más difícil del mundo cuando la vida de alguien que amas está en juego.

Finalmente, el 19 de enero de 1982, llegó la noticia. La Guardia Civil había encontrado a su padre. Estaba vivo. Lo habían tenido retenido en un pueblo de Zaragoza, en Trasmóz. 22 días en cautiverio. 22 días que marcaron a toda la familia para siempre. Su padre estaba a salvo, pero nada volvería a ser igual.

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