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LADY DI: Por ESTO Sabían Lo Que Iba a Pasarle y Nadie Hizo Nada

LADY DI: Por ESTO Sabían Lo Que Iba a Pasarle y Nadie Hizo Nada

Son las 12:23 de la madrugada del 31 de agosto  de 1997. Un Mercedes negro sale a toda velocidad por la puerta trasera del hotel Ritz de París. Adentro van cuatro  personas. El conductor tiene tres veces más alcohol en la sangre de lo que  permite la ley. No lleva cinturón. Ninguno de los cuatro lo lleva.

 Afuera, seis motocicletas con fotógrafos los persiguen como lobos detrás de una  presa. El Mercedes entra al túnel del Pon del Alma a 105 km porh. La curva aparece.  El conductor no frena. El auto se estrella contra el pilar número 13. El impacto  es tan violento que el motor se incrusta en el habitáculo.

Dos  hombres mueren en el acto. El tercero queda destrozado pero vivo. Y la  mujer que va en el asiento trasero derecho, la mujer más famosa del  planeta o la mujer que tú viste casarse en tu televisión. Un 29 de julio  de 1981 con un vestido de cola de 8 m.  Mientras 750 millones de personas contenían la respiración, esa  mujer está atrapada en un amijo de hierros con el corazón desplazado de su sitio, el pericardio desgarrado y la arteria pulmonar rota.

 Y lo primero que llega al lugar del accidente no es una ambulancia, son los paparazzi. Y en lugar de llamar a emergencias, sacan sus cámaras y la fotografían muriendo. Diana Frances Spencer  tenía 36 años. 36. La edad  que tiene hoy. Una mujer joven que apenas está empezando  a vivir. No llegó a los 40.

 No vio a sus hijos graduarse.  No vio a Guillermo casarse. No conoció a sus nietos. y la mujer  por la que su marido la cambió. La mujer que estuvo ahí desde el primer día,  desde antes de la boda, desde antes del noviazgo,  desde antes de que Diana supiera siquiera que existía un príncipe Carlos, esa mujer hoy lleva corona, hoy es reina, se  llama Camilla y está sentada en el mismo trono que a Diana le prometieron y nunca le dieron.

Pero esta no es la historia de cómo murió Diana. Esta es la historia de lo que le hicieron mientras estaba viva. Y es mucho peor. Hoy vas a descubrir cuatro cosas que nunca te contaron sobre esta  historia. Primero, cómo la familia real británica eligió deliberadamente a una joven de 19  años para casarla con un hombre que llevaba una década enamorado de otra mujer y por qué la eligieron exactamente a ella.

 Segundo, lo que pasó la noche antes de la boda más vista de la historia,  cuando tres personas lloraron por razones muy distintas y una de  ellas lloró porque sabía que estaba entrando a una trampa de la que no iba a poder salir. Tercero, las palabras exactas que Diana dijo una noche de noviembre de 1995, mirando directamente a una cámara  escondida.

Las palabras que destruyeron mil años de silencio  monárquico y que hicieron temblar los cimientos del palacio de Buckingham. Y cuarto,  ¿qué pasó con la otra mujer? La que siempre estuvo ahí, la que Carlos nunca dejó de amar.  ¿Y dónde está hoy en este momento, mientras tú escuchas esta historia? Te voy a avisar cuando llegue  cada una, pero para entender cómo fue posible que todo esto ocurriera,  necesitas conocer el mundo que lo hizo posible.

Porque esta historia no empieza  en un túnel de París, empieza mucho antes. Empieza con un sistema que lleva siglos funcionando igual, un  sistema que usa a las mujeres como piezas de un tablero que ellas nunca eligieron jugar. Y empieza con una frase, una frase que Diana dijo aquella noche de noviembre  y que cambió para siempre la forma en que el mundo entero miró a la monarquía británica.

 La frase  era esta: “Éramos tres en este matrimonio, así que estaba un poco lleno.” Recuerda esa frase, “La vas  a necesitar para entender el final. Si tú viviste los años 80,  si tú encendías tu televisión y veías las noticias del mundo, tú conoces esta imagen. Una joven  rubia, altísima, de ojos azules como el agua, con la cabeza ligeramente inclinada hacia abajo y una sonrisa tímida  que hacía que pareciera que estaba pidiendo perdón por existir.

 Esa imagen te la vendieron  como un cuento de hadas. La prensa la llamaba Shai Di, la  tímida Diana, la maestra de guardería que conquistó al príncipe más codiciado del planeta, la cenicienta  de verdad. Tú la viste casarse, tú viste esa boda.  750 millones de personas la vieron. Fue el 29 de julio de 1981, la catedral de San Pablo en Londres.

Ella tenía 20 años. recién cumplidos. Llevaba un vestido con una cola de 7 m  con 60 cm de largo, la cola más larga en la historia  de las bodas reales. Y cuando subió por el pasillo del brazo de su padre, el mundo entero contuvo  la respiración porque creyó que estaba viendo el inicio de la historia de amor más hermosa del siglo.

Lo que el  mundo no sabía era que estaba viendo el inicio de la tragedia más documentada  de la realeza moderna. Para entender lo que le hicieron a Diana Spencer, hay que entender primero cómo funciona  la monarquía británica cuando necesita una esposa para el heredero. Esto no es un cuento de hadas, esto es un mecanismo  de estado.

 La corona británica no busca a una mujer enamorada, busca una  matriz. Busca un útero aristocrático que produzca herederos legítimos. Busca una imagen pública  que proteja la línea de sucesión y busca por encima de todo silencio,  obediencia, una mujer que sepa callar, que sonría para las cámaras,  que cumpla su función, que no haga preguntas, que no alce la voz, que no contradiga al heredero, que no tenga pasado, que no tenga  opiniones, que no tenga voluntad propia. Ese era el

requisito. Ese era el perfil que la familia real  buscaba para la futura princesa de Gales. y Diana  Frances Spencer como una joven de 19 años sin título universitario, sin  experiencia profesional, más allá de ser asistente en una guardería,  sin ningún novio público anterior, cumplía cada uno de esos requisitos  con una precisión que parecía diseñada en un laboratorio, porque en cierto sentido  lo era.

 Diana nació el primero de julio de 1961 en Parkuse, una  propiedad dentro de la finca de Sandringham que pertenecía a la mismísima reina Isabel  I. Creció literalmente al lado de la familia real. Jugaba  con los príncipes Andrés y Eduardo cuando eran niños. Llamaba a  la reina tía Lilibet. No era una desconocida, era una pieza que siempre estuvo ahí esperando su turno en el tablero.

Pero antes  de hablar de Diana, necesitas conocer a la primera mujer que este sistema  destruyó en su familia. Se llamaba Frances Shandide,  a de soltera Frances Roch. Era la madre de Diana y lo que le pasó a ella es una señal de lo que le pasaría a su hija décadas después.

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