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HUGO SANCHEZ: Finalmente REVELO la PERTUBADORA VERDAD

HUGO SANCHEZ: Finalmente REVELO la PERTUBADORA VERDAD

Madrugada del 8 de noviembre de 2014, un departamento en Polanco. Hugo Sánchez abre la puerta y lo que encuentra ahí cambiará todo. Su hijo sin vida y alguien más también sin vida al lado de él. Y ahí, en ese momento, Hugo Sánchez entiende algo que nunca quiso ver. No es solo la desgarradora muerte de un hijo, [música] es su secreto más íntimo, un secreto que su hijo guardó hasta el último día.

 Hugo Sánchez Márquez, el pentapichichi, cinco veces máximo goleador de España. Bota de oro, leyenda del Real Madrid, el mejor futbolista mexicano de todos los tiempos. y esa madrugada descubrió algo que lo destrozó por completo. Lo que nadie te contó es como el hombre que lo tuvo todo en las canchas de Europa perdió lo único que realmente importaba y lo que su hijo le ocultó durante años hasta que fue demasiado tarde.

 En los próximos minutos vas a conocer cinco verdades que jamás te contaron. Primera revelación, la ruptura total con la selección mexicana. No solo lo de 1994 en el banquillo contra Bulgaria, sino algo mucho más oscuro. El día que Emilio Azcárraga, dueño de Televisa, le dijo al técnico que le cortara la cabeza a Hugo y lo que realmente pasó esa noche en Nueva York.

Segunda revelación: las peleas brutales con compañeros de equipo, los gritos en el vestuario del Real Madrid, los insultos, las amenazas. El día que Leo Benaker lo echó del equipo y Hugo juró venganza y lo que realmente pasó en el vestidor del América. Tercera revelación, la separación de Emma Portugal, su primera esposa, la madre de sus hijos.

 Las infidelidades, las humillaciones, las grabaciones secretas, lo terrible que Hugo le hizo cuando el éxito se le subió a la cabeza y como eso destruyó para siempre a su familia. Cuarta revelación. La muerte de Hugo Sánchez Portugal. el hijo que nunca pudo ser el mismo. Los rumores sobre su orientación sexual que todos susurraban, pero nadie confirmaba.

 La versión que dice que murió acompañado, que su padre entró y lo vio todo y que ese secreto lo persigue hasta hoy. Y la quinta revelación, el fracaso como director técnico hundido en la depresión. Después de perder a su hijo, Hugo ya no era el mismo. La federación lo usó para tres elecciones a la vez. Lo hicieron fracasar y cuando cayó nadie lo levantó porque Hugo se había peleado con todos.

Te voy a avisar cuando llegue [música] cada una. Si te vas antes del final, te pierdes lo más importante, la respuesta a por qué un hombre que hizo llorar al Santiago Bernabéu con chilenas imposibles nunca pudo hacer feliz a su propia familia. ¿Y por qué cuando finalmente quiso acercarse a su hijo ya era tard? 11 de julio de 1958, Ciudad de México.

 Nació Hugo Sánchez Márquez. hijo de Héctor Sánchez. Y aquí hay algo importante que debe saber, algo que marcó toda la vida de Hugo. Su padre no era un amateur cualquiera. Héctor Sánchez había sido futbolista profesional. Jugó con el Atlante durante su juventud. No fue estrella, no fue figura, [música] pero pisó primera división.

 Conoció lo que era ser profesional, las concentraciones, los partidos, la presión. Y cuando se retiró joven por lesiones, se juró que su hijo llegaría donde él no llegó, que su hijo sería el futbolista que él nunca pudo ser. Desde los 3 años, Héctor le puso el balón a Hugo en los pies todos los días, mañana y tarde.

 Le enseñó a patear, a controlar, a rematar, pero sobre todo le enseñó algo más peligroso. Le enseñó hambre, ambición, esa necesidad enfermiza de ser el mejor, [música] de no conformarse nunca, de ver el fútbol no como un juego, sino como una guerra donde o ganas o mueres. 1976, Hugo Sánchez debutó con el [música] primer equipo de Pumas. Tenía 18 años.

Primera división mexicana y en su primera temporada pasó algo histórico. Pumas ganó el campeonato, el primero en la historia [música] del club. Hugo anotó goles importantes. No fue el máximo goleador, pero fue clave. Y ahí nació su firma, la maroma, la voltereta hacia delante cada vez que metía gol. ¿De dónde salió? Su hermana Nora Sánchez había sido gimnasta olímpica.

 Representó a México en Montreal, 1976. Ella le enseñó la voltereta perfecta y Hugo la convirtió en su identidad, en [música] su marca, en lo que todo el mundo recordaría. Cada gol, cada celebración, la maroma perfecta, limpia, espectacular. Los hinchas enloquecían, los niños lo imitaban. Hugo se convirtió en ídolo en Pumas, pero no era suficiente.

 Nunca era suficiente para Hugo. Quería más, siempre más. Temporada 1978. [música] Hugo explotó 26 goles, campeón de goleo compartido con el brasileño Cabino. Pero Hugo tenía 21 años, era mexicano, era [música] joven y Europa empezaba a mirarlo. Los ojeadores llegaban a verlo jugar. Había rumores de ofertas, de contratos.

 Hugo esperaba la llamada, la oportunidad, el momento de [música] irse a conquistar el mundo, porque México ya se le había quedado chico. En 1980 ganó la Copa de Campeones de la CONCACAF con Pumas. En 1981 [música] ganó otra Liga, su segundo título. Y después de la final contra Cruz Azul, 4 de agosto de 1981, Hugo anotó un gol en la victoria 4 a1.

Levantó el trofeo, hizo su maroma y anunció que se iba. Atlético de [música] Madrid, España. Primera división, el salto a Europa. Todo México lo despidió como héroe. El muchacho que iba a conquistar el viejo continente, el que iba a poner en alto el nombre de México. Cinco temporadas en Pumas, 104 goles. Y a los 23 años, Hugo Sánchez se subió a un avión rumbo a Madrid con una maleta, una sonrisa y un hambre que lo devoraba por dentro.

 1981, Madrid, España. Hugo Sánchez llegó al Atlético de Madrid, un club grande, con historia, con hinchas apasionados, pero con un problema. Hugo era mexicano, era desconocido, era bajito para el fútbol europeo, 1.75. Los defensores españoles lo sacaban por lo menos 10 cm. Hugo parecía un niño jugando contra hombres y los primeros meses fueron durísimos.

 El estilo de juego en España era diferente. En México, Hugo estaba acostumbrado a más tiempo, más espacio. En España todo era más rápido, más físico, más táctico. Hugo sufría, no metía goles. Los hinchas empezaban a impacientarse. ¿Quién es este mexicano? ¿Para qué lo trajeron? Y entonces estaba el racismo, algo de lo que nadie hablaba entonces, pero que existía.

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