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El Pirulí: ¿Qué Ocultó Su Mujer La Noche de su Muerte?

El Pirulí: ¿Qué Ocultó Su Mujer La Noche de su Muerte?

Su viuda lavó la sangre antes de llamar a la policía. Mientras el pirulí agonizaba en el piso de su propia casa con seis balas en el cuerpo, su familia no llamó a emergencias. No gritó por ayuda, no intentó salvarlo. Lavó la alfombra, tiró el sillón ensangrentado a un río, movió el cuerpo y cuando finalmente llegó la policía le mintió en la cara.

¿Qué secreto protegía esa mujer que era más importante que la justicia para su esposo muerto? 30 días después, la policía cerró el caso sin culpables, sin explicaciones, sin justicia y Televisa borró su música de la radio como si nunca hubiera existido. Su nombre era Víctor Iturbe. Lo conocías como el pirulí, el cantante de boleros que enamoró a México en los 70 y 80.

El hombre que cantaba felicidad mientras escondía secretos que lo llevaron a la tumba. El apodo vino de un accidente. Trabajaba como payaso acuático en Acapulco, haciendo shows de esquí para turistas. Un día perdió el equilibrio y se aferró desesperadamente a los esquí para no ahogarse. Había un pequeño problema, no sabía nadar.

El locutor, al ver a este joven flaquísimo, con su traje de payaso aferrado a los esquís, exclamó, “¡Miren, este parece un pirulí.” Y así, de un accidente que casi lo mata, nació el nombre que lo acompañaría hasta la tumba. Años después, un accidente de columna acabó con su carrera de payaso. Se fue a recuperar a Puerto Vallarta, cuando Vallarta era apenas un pueblo de pescadores que nadie conocía.

Una noche tomó una guitarra abandonada en el bar de su hotel. Empezó a cantar. El dueño lo escuchó y le ofreció trabajo en el acto. Lo que empezó como un pequeño espectáculo se convirtió en un fenómeno. La gente reservaba habitaciones solo para escucharlo. Las noches bohemias en el hotel Posada Vallarta se volvieron legendarias.

grabó un disco que no estaba pensado para venta comercial, solo un recuerdo para los huéspedes, pero llegó a una distribuidora y empezó a venderse. Un día iba en un taxi y escuchó su canción Confidencias de amor en la radio. Estaba en los primeros lugares. Bajó del taxi temblando y llamó a Irma. Estoy sonando en la radio.

En 1969, Felicidad de Armando Manzanero lo consagró como estrella nacional. Grabó siempre con Chamín Correa, el primer requinto de América. Se convirtió en el mayor promotor turístico de Puerto Vallarta. Pero la fama no explica el dinero. José José, el príncipe de la canción, vendió millones de discos. Murió prácticamente en la ruina.

Juan Gabriel, el más grande de todos, trabajaba sin parar para mantener su nivel de vida. Y el pirulí, avioneta privada, rancho de 21 ha hectáreas, globo aerostático, caballos de carreras, algo no cuadra. Y en México lo que no cuadra mata. El pirulí no trabajaba tanto como ellos. Hacía sus presentaciones, sí, pero pasaba largas temporadas en su rancho volando, criando caballos, viviendo como si el dinero creciera en los árboles.

¿De dónde salía? Esa pregunta se la hicieron todos. Los colegas que lo veían llegar en su avioneta, los amigos que visitaban su rancho, los periodistas que hacían cuentas. Los números nunca cuadraban y nadie preguntaba en voz alta. Porque en el México de esa época preguntar demasiado era peligroso. Había ciertas cosas que era mejor no saber.

 Y lo que vas a escuchar es el crimen que el gobierno, Televisa y el narcotráfico enterraron juntos hace casi 40 años. Hoy vas a descubrir cuatro cosas que casi nadie se atreve a contar. Primero, los archivos secretos que prueban que el gobierno lo espió durante 5 años. Segundo, el documento que conecta su asesinato con el negocio de cocaína en los pasillos de Televisa.

Tercero, la mentira sobre su nacimiento que su familia mantuvo durante 80 años. Y cuarto, la conexión directa entre su ejecución y la de Paco Stanley 12 años después. El mismo patrón, la misma firma. Si te vas antes del final, te pierdes la parte que más han intentado borrar. Guarda este detalle, un sillón ensangrentado flotando en un río. Lo vas a necesitar.

Pero primero la tercera revelación, porque esta historia de mentiras empezó desde el primer día de su vida. Si buscas en Wikipedia, donde nació Víctor Manuel de Anda y Turbe, te dirá que fue el 8 de mayo de 1936 en Ciudad Valles, San Luis Potosí. Si buscas en los archivos de Televisa, encontrarás lo mismo.

 Si buscas en cualquier biografía oficial, en cualquier enciclopedia, en cualquier artículo periodístico de los últimos 50 años, encontrarás lo mismo. Ciudad Valles, San Luis Potosí. Mentira. En agosto de 2025, casi 40 años después de su muerte, un familiar directo reveló la verdad. Don Sergio y Turbe Laarraga, pariente cercano de El Pirulí, confesó lo que la familia había callado durante décadas.

 El Pirulí no nació en Ciudad Valles, nació en la ciudad de México. ¿Por qué importa esto? Porque desde el primer día de su existencia, la vida de Víctor y Turbe estuvo construida sobre mentiras, versiones contradictorias, historias que la gente quería creer, pero que nunca fueron ciertas. Si mintieron sobre algo tan simple como el lugar donde nació, algo que debería estar en un acta de nacimiento, algo que no tiene ninguna razón para ser secreto.

¿Sobre qué más mintieron? sobre el dinero, sobre los negocios, sobre las conexiones, sobre la noche en que murió. Esta era una familia que sabía guardar secretos, que sabía mantener versiones oficiales durante décadas, que sabía callar. Y cuando el pirulí murió con seis balas en el cuerpo, esa misma familia hizo lo que siempre había hecho.

 Construyó una versión y la mantuvo hasta hoy. Lo que sí es verdad es que tenía conexiones fuertes con Ciudad Valles. Su tío vivía ahí. Cuando se volvió famoso, regresaba constantemente. Llegaba en su avioneta privada. recorría a las calles en el cadilac rojo de su tío, saludando a los vecinos. Un día llevó a su padre a volar por primera vez.

 El viejo nunca había subido a un avión. Víctor lo sentó a su lado en el Cesna y juntos sobrevolaron la tierra donde creció. “Tú naciste para volar”, le dijo el padre cuando aterrizaron. Víctor nunca olvidó esas palabras. Lo persiguieron toda la vida. hasta la tumba. Pero los que nacen para volar también nacen para caer. Ahora sí, antes de explicarte cómo murió, necesitas entender algo.

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