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D.RODMAN: Confesó Lo Que Hizo

D.RODMAN: Confesó Lo Que Hizo

La verdad salió a la luz cinco campeonatos de la NBA, dos con Detroit, tres con Chicago junto a Michael Jordan, siete veces líder de rebotes, defensor del año dos veces, salón de la fama y un hombre vestido de novia en Las Vegas casándose consigo mismo frente a las cámaras. Un hombre en Corea del Norte sentado junto a Kim Jongun cantando feliz cumpleaños al dictador más peligroso del planeta.

 Un hombre con el pelo verde, rosa, rojo, azul, tatuajes por todo el cuerpo, piercings en la cara. Denise Rodman, el hombre que fue el mejor reboteador de la historia del baloncesto y el hombre que todo el mundo cree que está loco, pero nadie pregunta por qué. En los próximos 70 minutos vas a conocer cuatro cosas que nunca te contaron sobre Dennis Rodman.

 Primera, los 42 días que pasó durmiendo en su camioneta en el estacionamiento de un gimnasio, sin dinero, sin familia, sin nadie. A los 21 años, cuando ya debería haber estado en laes universidad. Segunda, la noche del 93 en Detroit, cuando la policía lo encontró con una escopeta cargada en el estacionamiento del Palace, lo que iba a hacer, ¿por qué no lo hizo? Tercera, la conversación real que tuvo con Kim Jong Un en Corea del Norte. Las palabras exactas.

¿Por qué nadie en Estados Unidos quiso escuchar lo que Rodman trajo de vuelta? Y la cuarta, ¿por qué Dennis Rodman necesita que lo odien? ¿Por qué construyó toda su vida alrededor del rechazo? El secreto psicológico que explica cada decisión que tomó. Te voy a avisar cuando llegue cada una. Si te vas antes del final, te pierdes lo más importante.

La respuesta a por el mejor reboteador de la historia terminó siendo el payaso de la NBA. 1961, Trenton, Nueva Jersey. Una casa que no era una casa, más bien un apartamento de dos habitaciones en un edificio donde las paredes tenían agujeros y las cucarachas salían de noche. Allí nació Denise Kate Rodman, mayor de tres hermanos, pero no por mucho.

 Tenía dos hermanas, Alexis y Kim, pero su padre, Finander Rodman, no estaba para verlas crecer. Finlander era jugador de baloncesto Amateur. Bueno, no lo suficientemente bueno para la NBA, pero bueno para ligas menores. Después de que nacieron los tres niños, se fue a Filipinas. dijo que iba a jugar allá, que iba a mandar dinero. Nunca mandó un dó mi padre me abandonó, dijo Denise años después en una entrevista.

No sé si alguna vez pensó en mí. Probablemente no. Finlander tuvo otros 29 hijos en Filipinas. 29. Con diferentes mujeres. Denise no fue el único que abandonó. Fue uno de 33. Su madre Shirley trabajaba dos turnos, uno en una fábrica, otro limpiando oficinas. Llegaba a casa a las 11 de la noche, se iba a las 5 de la mañana.

 Los niños crecieron solos. Denise tenía 6 años cuando su madre le dijo algo que nunca olvidó. Tú no eres como tus hermanas. Ellas son bonitas. Ellas van a conseguir lo que quieran. Tú eres feo, vas a tener que trabajar el doble. Graba eso. Tú eres feo. Un niño de 6 años escuchando eso de su madre. Denise era tímido, callado.

 No hablaba en la escuela, no tenía amigos, se sentaba al fondo del salón y miraba por la ventana. Sus hermanas, Alexis y Kim, eran diferentes. Atléticas, altas. Jugaban baloncesto en la secundaria. Las dos fueron reclutadas por universidades. Las dos tuvieron carreras profesionales después. Denise las veía jugar desde las gradas, siempre desde las gradas.

Mis hermanas eran las estrellas, confesó años después. Yo era invisible. A los 18 años Denise medía 1,68. 1,68. Demasiado bajo para el baloncesto, demasiado flaco para el fútbol americano, demasiado lento para cualquier cosa. Se graduó de la secundaria sin premios, sin ofertas de universidades, sin planes. Trabajó en el aeropuerto de Dallas limpiando baños, recogiendo basura.

Ganaba $ la hora y entonces robó. 1981. Dallas, Texas. Denise tenía 20 años. Entró a una tienda de relojes en el aeropuerto. Agarró 50 relojes, los metió en una mochila. Salió caminando. Lo atraparon en menos de 5 minutos. La policía lo arrestó. Lo metieron en una celda, lo acusaron de robo. Podría haber ido a la cárcel.

 ¿Por qué lo hiciste?, le preguntó el juez. Porque necesitaba dinero. ¿Para qué? Para comer. El juez vio su historial sin antecedentes, sin violencia. Solo un niño pobre que robó para comer. Lo dejó ir con libertad condicional, sin cárcel, pero con una advertencia. La próxima vez no vas a tener tanta suerte. Denise salió de la corte.

 Caminó por Dallas sin dinero, sin trabajo, sin casa. Su madre no quería saber de él. Eres un ladrón, no te quiero en mi casa. Y entonces Denise hizo algo que nadie esperaba. Dejó de crecer hacia arriba y empezó a crecer hacia adentro. Esta es la primera revelación que te prometí al principio. Los 42 días durmiendo en su camioneta.

    Denise tenía 21 años, medía 1,91. Había crecido 23 cm en un año. 23. Los doctores no saben por qué pasó. Crecimiento tardío, dijeron. Genética, hormonas. Nadie tiene una explicación real. Pero Denise creció y con ese crecimiento llegó una oportunidad. Un amigo lo invitó a jugar baloncesto en un gimnasio comunitario en Dallas.

 Solo por diversión, sin competencia, sin presión. Denise jugó y algo pasó. Era bueno, muy bueno. No tenía técnica, no sabía tirar, no sabía driblar, pero tenía algo que nadie más tenía. Hambre. Cada rebote era suyo, cada balón suelto era suyo. Peleaba por todo como si su vida dependiera de ello, porque dependía.

 Un entrenador local lo vio jugar. ¿Quién es ese tipo? Se llama Denise. Acaba de salir de la nada. Dile que venga mañana. Tengo un equipo que necesita un reboteador. Denise llegó al día siguiente y al siguiente y al siguiente. Dormía en su camioneta en el estacionamiento del gimnasio. Una Ford vieja que apenas arrancaba sin aire acondicionado, sin calefacción.

42 noches. 42. Se bañaba en el baño del gimnasio. Comía lo que le daban. A veces nada. ¿Por qué no te vas a casa? Le preguntó otro jugador. No tengo casa. El entrenador, un tipo llamado James Richwine, vio algo en Denise, algo que nadie más veía. No era talento. Denise no tenía talento natural, no tenía gracia, no tenía elegancia, pero tenía desesperación.

Y en el baloncesto la desesperación es más valiosa que el talento. Rich Wine le consiguió un lugar en Cook County Junior College, una universidad pequeña en el norte de Texas, sin prestigio, sin historia, pero con un equipo de baloncesto. Denise no tenía dinero para la matrícula. Richiney pagó de su bolsillo.

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