Según algunas [música] fuentes, obtuvo un doctorado en relaciones internacionales. Era una mujer educada, preparada, [música] inteligente, pero nada de eso importó, porque cuando se casó, su vida dejó de ser suya. La historia de cómo conoció a Gustavo Díaz Ordaz es sencilla. O Gustavo [música] era un estudiante de leyes en Puebla que no tenía un peso.
Se hizo amigo de Guillermo Borja, el hermano [música] de Guadalupe. Iba a la casa de los Borja a pedir libros prestados porque no podía comprarlos. Y [música] ahí, en esas visitas, conoció a la hija del abogado. Guadalupe se [música] sintió atraída por la seriedad y la formalidad de aquel joven que estudiaba con hambre, [música] que trabajaba mientras estudiaba, que tenía ambición, pero no fortuna.
Se casaron [música] en 1937 en la parroquia de San Cristóbal, en la ciudad de Puebla. Ella tenía 22 [música] años, él 26. Empezaron su vida juntos en un departamento pequeño en Puebla. Y a partir de ese día, Guadalupe [música] abandonó sus estudios, abandonó su carrera y dedicó [música] su vida entera a ser la esposa de Gustavo Díaz Ordaz.
Tuvieron [música] tres hijos, Gustavo, María Guadalupe y Alfredo. Y [música] mientras ella los criaba, mientras ella mantenía la casa, mientras ella hacía lo que todas las esposas de su generación hacían, [música] su marido escalaba. presidente de la Junta de Conciliación y Arbitraje, Magistrado [música] del Tribunal de Justicia de Puebla, secretario general de gobierno, [música] diputado federal, senador, secretario de Gobernación.
Y finalmente, [música] en 1964, presidente de México. Guadalupe Borja entró [música] a Los Pinos como primera dama a los 49 años. Ya no era [música] la joven de Puebla. Era una mujer que había pasado casi 30 años sosteniendo la carrera de un hombre desde la sombra. Se hizo cargo del Instituto Nacional de Protección a la Infancia.
[música] Se dedicó a las escuelas, a los hospitales, a las guarderías. Hizo [música] lo que se esperaba de ella, siempre lo que se esperaba, [música] nunca lo que ella quería. Y quizá tú reconoces esa historia, quizá tú también [música] dejaste tus estudios, tu carrera, tus sueños para dedicarte a la familia.
Quizá tú también [música] pasaste años sosteniendo a alguien desde atrás sin que nadie lo reconociera. Quizá tú también [música] sabes lo que se siente ser la que siempre está, pero nunca aparece en la foto. Ahora [música] necesitas conocer a la otra mujer, a la que sí aparecía en las fotos, [música] a la que sí tenía voz, a la que el mundo entero miraba.
Irma Consuelo, cielo serrano. Castro nació el 9 de diciembre de 1933 [música] en Comitán de Domínguez en el estado de Chiapas. Su nombre completo ya era una declaración de intenciones. [música] Cielo, consuelo, como si su destino fuera estar entre [música] lo celestial y lo terrenal. Su padre era Santiago Serrano [música] Ruiz, apodado El Chanti, un hombre que era periodista, impresor, escritor [música] y poeta. Huo todo a la vez.
Su madre, María Castro Domínguez [música] era una mujer rica. propietaria de varias haciendas cafetaleras y cañeras en la región de Comitán. Irma era la menor de tres hermanos detrás de Mario y Yolanda [música] y tenía una prima que el mundo conocería después [música] como una de las escritoras más importantes de México.
Rosario Castellanos. Guarda ese nombre, Rosario Castellanos, porque va a aparecer más adelante [música] y va a significar algo que nadie esperaba. Irma creció escuchando a su padre recitar poemas. [música] Pasaba horas con él practicando canto, afinando esa voz que ya desde niña sonaba diferente.
Una voz ronca, potente, [carraspeo] con una rabia contenida [música] que la distinguía de todas las demás. Su padre veía en ella un talento que Comitán no podía contener. A los 14 años, [música] Irma dejó Chiapas o se fue a la ciudad de México a vivir con su prima Rosario Castellanos. Y aquí [música] empieza lo que nadie cuenta en las biografías oficiales.
Rosario Castellanos [música] era escritora, intelectual, una mujer del mundo de las letras y las ideas. A través de [música] ella, la adolescente Irma entró en un mundo que no tenía nada que ver con las haciendas de Comitán. Conoció [música] artistas, conoció políticos, conoció hombres poderosos y uno de esos hombres [música] le presentó al muralista más famoso de México, Diego Rivera.
A los 15 o 16 años, [música] Irma Serrano posó desnuda para Diego Rivera en su estudio de Altavista [música] en el barrio de San Ángel, el mismo estudio que Rivera compartía con Frida Calo. Rivera la [música] pintó dos veces, dos cuadros de gran formato, desnudos [música] completos. Uno de ellos, según la propia Irma, se [música] llamaba Mujer en llamas.
O piensa en eso, una niña de 15 años, [música] recién llegada de Chiapas, posando desnuda para el pintor más famoso del país. Eso no era arte para ella, [música] era una puerta, la primera de muchas puertas que Irma Serrano abriría en su vida usando [música] lo único que tenía, su cuerpo, su voz y una audacia que nadie en ese México conservador podía entender.
Según ella misma declaró años después a la revista Proceso, Rivera nunca le pagó por posar. Rivera era amigo de un político llamado Fernando Casas Alemán, un hombre poderoso que era cercano a Irma. Y ahí, en ese cruce entre el arte, el poder político y una adolescente de Chiapas, se sembró la semilla de todo [música] lo que vendría después.
Porque Irma Serrano aprendió muy joven [música] una lección que la acompañaría toda su vida. En el México de aquella época el poder y la belleza eran la misma moneda y ella tenía las dos cosas. A los 17 años, según múltiples fuentes, [música] Irma ya era la amante de Fernando Casas Alemán, un hombre mayor, un político con poder real.
[música] era el primero, no sería el último. En 1962, Irma firmó su primer contrato discográfico con Columbia Records. Grabó canciones que se volvieron éxitos instantáneos. [música] Canción de un preso prisionero de tus brazos, [música] El amor de la paloma. Nada gano con quererte. Su voz no se parecía a nada [música] de lo que había en la radio mexicana.
Era una voz que tenía dentro la rabia [música] de una mujer que había crecido sin el amor de su madre, que había salido de su pueblo a los 14 años, que había aprendido a sobrevivir [música] en un mundo de hombres usando las armas que ese mismo mundo le había dado. Tú escuchaste esas canciones. Quizá no te acuerdas del título, pero [música] si te pongo la melodía, te viene a la cabeza.

Sonaba en la radio, sonaba en las fiestas, [música] sonaba en el tocadiscos de tu mamá o de tu tía. [música] Irma Serrano era una voz que estaba en todas partes. En [música] 1963 la llenaron de premios. El trofeo Revelación Folclórica, el premio Maquilso Chitle como [música] cancionista revelación, el trofeo Musa de Radiolandia.
Al año siguiente, otro trofeo Musa de Radiolandia [música] y el trofeo del concurso nacional de televisión. Irma Serrano no era solo una cantante, [música] era un fenómeno. Y entonces llegó el cine. Santo contra los zombies en 1962 [música] fue su debut. Después vinieron los gavilanes negros, El hijo del los amores de Juan Charrasqueado y más tarde [música] las películas que la convirtieron en leyenda.
La Martina [música] en 1972, que fue un éxito arrollador. La tigresa [música] en 1973, la película que le dio el apodo que la acompañaría [música] hasta la tumba. Noches de cabaret. Lola, la trailera. [música] Y en algún punto de la segunda mitad de los años 60, esa mujer que lo tenía todo, la voz, la belleza, la fama, la audacia, se cruzó en el camino del hombre más poderoso de México.
Pero esa mujer [música] no era Guadalupe Borja. Guadalupe Borja ya estaba ahí. Llevaba ahí desde 1937, [música] 30 años antes de que Irma Serrano existiera para Día Zordaz. 30 años de matrimonio, [música] tres hijos, una vida entera dedicada a un hombre que ahora era presidente. [música] Y nadie le preguntó a Guadalupe qué sentía.
Nadie le preguntó si [música] estaba de acuerdo. Nadie le preguntó si podía soportarlo, porque [música] en el sistema del poder presidencial mexicano lo que sentía la esposa [música] no importaba. Lo que importaba era que sonriera, lo que importaba era que callara, lo que importaba era que la institución no se manchara. Ella cayó y el silencio la mató.
Pero lo que nadie sabía era que Guadalupe Borja [música] no se quedó inmóvil. Lo que nadie sabía era que la mujer que todos creían su misa hizo [música] algo que nadie esperaba, algo que cambió la carrera de Irma Serrano para siempre y algo que reveló el mecanismo más brutal del poder presidencial mexicano. El mecanismo por el cual una sola llamada [música] telefónica desde Los Pinos podía borrar a cualquier persona del mapa [música] del espectáculo nacional.
Eso es exactamente lo primero que te prometí y viene ahora. Aquí viene lo primero que te prometí. Para entender lo que hizo Guadalupe Borja, primero tienes que entender [música] cómo funcionaba el poder en el México de los años [música] 60. El presidente de la República no era simplemente el jefe del gobierno, era el amo absoluto del país.
Su palabra [música] era ley, su voluntad era destino. Si el [música] presidente quería que alguien existiera, existía. Si quería que [música] alguien desapareciera, desaparecía. Y eso no solo aplicaba a la política, [música] aplicaba a todo, a la televisión, a la radio, al cine, [música] a la música, a la prensa. Todo pasaba por Los Pinos.
La televisión mexicana [música] dependía de concesiones del gobierno. Las disqueras necesitaban permisos y favores oficiales. Las películas [música] necesitaban aprobación de censura. Los periódicos vivían de la publicidad oficial y los artistas, todos ellos, desde el [música] más grande hasta el más pequeño, sabían una regla que nadie escribió, [música] pero todos obedecían.
No te metas con el presidente. No hables [música] mal del gobierno. No incomodes al poder, porque el mismo teléfono que te daba un contrato de exclusividad era el teléfono que podía quitarte de la pantalla [música] para siempre. Ese era el sistema. Y dentro de ese sistema, [música] el hombre que operaba las llamadas telefónicas, el hombre que decidía quién aparecía y quién desaparecía de la vida pública, [música] tenía un nombre.
Se llamaba Luis Echeverría Álvarez. [música] era el secretario de Gobernación, el número dos del gobierno, el hombre que manejaba la relación con los medios, con la prensa, con la televisión y era, [música] según múltiples fuentes, el hombre que recibió la orden más inusual de toda su carrera. anota ese nombre, Luis Echeverría, porque no solo era el secretario de Gobernación, después sería presidente de México, pero antes de eso fue el instrumento que Guadalupe Borja usó para destruir la carrera de Irma Serrano.
[música] Según lo documentado por la socióloga e historiadora Sara Sefchovic [música] en su libro La suerte de la consorte, publicado en 1999, [música] la cadena de eventos fue así. A mediados de 1969, casi un año después de la matanza de Tlatelolco, corrieron los rumores sobre la relación entre el presidente Día Zordaz e Irma [música] Serrano.
No eran rumores vagos, eran rumores con detalles. [música] Se sabía que él la visitaba en una casa en jardines del Pedregal que él mismo le había regalado. Se sabía que la llevaba a Los Pinos. Se sabía que le hacía regalos [música] que iban más allá de lo que cualquier amante recibía. ¿Cómo [música] se enteró Guadalupe? Como se enteran siempre las esposas, no porque alguien le dijera la verdad, sino porque la verdad [música] era tan grande que ya no cabía en ningún secreto.
Todo México lo sabía. [música] Los funcionarios lo sabían, la prensa lo sabía. Los artistas [música] lo sabían. Y Guadalupe Borja, que vivía en la misma casa que el presidente, que dormía en la misma cama, que [música] compartía la mesa cada noche, fue la última en saberlo o la última en aceptarlo.
lo que los medios de la época nunca publicaron y lo que el libro de Sefchovic documentó años después es que Guadalupe no lloró, no hizo una escena, no confrontó a su marido con gritos, hizo algo mucho más calculado, algo que solo podía hacer la esposa de un presidente en un sistema donde el poder se ejercía a través [música] de intermediarios.
Guadalupe Borja se dirigió a Luis Echeverría, el secretario de Gobernación, y le pidió o le exigió, según [música] quien cuente la historia, que usara su influencia para bloquear todos los proyectos profesionales [música] de Irma Serrano. Todos los cinematográficos, los discográficos, las apariciones en televisión, los contratos, todo.
Y Echeverría obedeció. Piensa en lo que acabo de decir. [música] La esposa del presidente usó al segundo hombre más poderoso del gobierno [música] para destruir la carrera de la amante de su marido. No confrontó al [música] marido, no le pidió que dejara a la otra, no amenazó con irse, no [música] atacó a la otra mujer.
que en ese sistema atacar al presidente era imposible, pero atacar a un artista que dependía del sistema para existir era tan fácil como hacer una llamada. De pronto, las puertas [música] que habían estado abiertas para ir más serrano empezaron a cerrarse. Proyectos que estaban avanzados [música] se cancelaban sin explicación.
Contratos que estaban firmados se rompían. Invitaciones a programas de televisión dejaban de llegar. [música] La tigresa, que había sido una de las artistas más solicitadas de México, o empezaba a encontrarse [música] con muros invisibles por todas partes y ella sabía exactamente de dónde venían esos muros. Sabía [música] que no era mala suerte, sabía que no era el mercado.
Sabía que era la primera dama [música] usando el aparato del estado, castigándola por algo que el presidente había iniciado. Y aquí [música] está lo que nadie dice, pero que tú ya entiendes perfectamente. [música] Las dos mujeres eran víctimas del mismo hombre. Guadalupe [música] era víctima porque su marido la engañaba públicamente y ella no podía decir una palabra.
Irma era víctima porque el sistema que la había elevado [música] era el mismo sistema que ahora la aplastaba. El [música] hombre que causó todo, el presidente de la República seguía en su oficina gobernando el país [música] sin que nadie le pidiera cuentas por nada. [música] Esto que te acabo de decir parece un detalle menor. No lo es.
Bueno, [música] porque el mecanismo que usó Guadalupe Borja para vetar a Irma Serrano no fue un acto [música] de venganza personal, fue la demostración perfecta de cómo funcionaba el poder presidencial mexicano del siglo XX. Un poder [música] que no necesitaba leyes para castigar, no necesitaba juicios, no necesitaba pruebas.
[música] Solo necesitaba una llamada telefónica y esa llamada podía venir de cualquier lado, del presidente, de su esposa, de su secretario, de cualquiera que tuviera acceso al [música] teléfono correcto. Quizá tú conoces a alguien que perdió su trabajo, no porque lo hiciera mal, sino porque le cayó mal a alguien con poder.
Quizá tú misma viviste algo así, una puerta [música] que se cierra sin explicación, un proyecto que se cancela, una [música] oportunidad que desaparece y nadie te dice por qué, pero tú sabes, tú siempre sabes. Irma Serrano [música] también sabía y a diferencia de Guadalupe Borja, Irma [música] Serrano no era una mujer que callara.
La tigresa no aceptó el veto, siguió trabajando [música] donde podía. El cine y la televisión se le cerraban, [música] pero el teatro no dependía directamente del gobierno de la misma manera. En 1972 [música] o 1973, Irma compró un teatro en la calle de Doneles [música] número 24 en el centro histórico de la Ciudad de México.
Se llamaba [música] Teatro Virginia Fábregas. Irma lo remodeló, lo transformó y le cambió el [música] nombre. Lo llamó Teatro Frufru. Y en ese teatro, Irma Serrano hizo exactamente lo que el sistema no [música] quería. que hiciera. Produjo y protagonizó obras que escandalizaban [música] al México conservador. Nana, la adaptación de la novela de Emilezola.
Oh, Calcuta. Obras con desnudos, con temas [música] sexuales o con una libertad que en aquella época era casi revolucionaria. Ese teatro se mantuvo en cartelera [música] durante 7 años con Naná. 7 años fue [música] un éxito que nadie pudo detener porque la gente quería verla y mientras el gobierno podía bloquearla de la televisión, no podía bloquear la taquilla de un teatro que era suyo.
Pero eso [música] no era suficiente para Irma, porque lo que la primera dama le había [música] hecho no era solo un daño profesional, era una humillación. Y la tigresa no era una mujer que perdonara humillaciones. [música] Durante este tiempo se dice que el gobierno mexicano [música] la espió.
Las obras del teatro Frufru fueron señaladas por funcionarios como promotoras de la pornografía y el vicio. Se buscaba cualquier pretexto para cerrarle el teatro, para callarla, para hacerla desaparecer. Pero la tigresa no desaparecía. La tigresa rugía más fuerte. Y y entonces, en algún momento entre 1969 y 1974, según lo que la propia Irma narró después en su libro, llegó la noche que cambió todo, la noche de la serenata, la noche en que Irma Serrano cometió el acto más audaz, [música] más loco, más peligroso que una mujer haya cometido contra el poder
presidencial mexicano [música] en todo el siglo XX. Pero antes de contarte esa noche, necesitas [música] saber algo más. Necesitas saber qué le regaló Gustavo Díaz a Irma Serrano [música] mientras Guadalupe Borja estaba sentada en Los Pinos esperando. Porque la escala de esos regalos no es [música] un detalle de chisme de revista, es la prueba de cómo el poder presidencial mexicano [música] trataba los recursos de la nación como si fueran propiedad personal [música] del hombre que gobernaba.
Aquí viene lo segundo [música] que te prometí. Según lo que Irma Serrano reveló en su libro autobiográfico A Calzón amarrado, publicado en 1978 [música] y según lo documentado por Sara Seevchovic en la suerte de la consorte [música] y por Francisco Martín Moreno en su novela histórica Arrebatos carnales, [música] Gustavo Díaz Ordaz fue extraordinariamente generoso con su amante. Lo [música] primero fue la casa.
Día Zordaz le regaló a Irma una casa en jardines del Pedregal, uno de los barrios más exclusivos de la Ciudad de México. Esa casa [música] no era un departamento discreto, era una propiedad de lujo en la zona más cara de la capital [música] y era el lugar donde se encontraban. Los encuentros también ocurrían en otra casa [música] que Irma tenía en las lomas de Chapultepec.
E incluso, según la propia Irma, Díaz Zordaz la llevó a Los Pinos, a la residencia oficial del presidente de México, a a la casa donde vivía Guadalupe Borja con sus hijos. Imagínate eso. La amante [música] entrando a la casa de la esposa con el esposo que era el presidente de México. Eso no es un romance clandestino, eso es una [música] humillación institucionalizada.
Pero eso no fue todo. Díaz [música] le regaló a Irma Serrano una cama que, según ella declaró, había pertenecido a la emperatriz Carlota, la [música] esposa de Maximiliano de Absburgo. Una cama dorada [música] con adornos en forma de cisne. Un objeto histórico que pertenecía al patrimonio cultural de México.
Cama, [música] según las investigaciones posteriores, hoy forma parte de la exhibición del castillo [música] de Chapultepec dedicada al siglo XIX. También le regaló un comedor que, según Irma, [música] perteneció al emperador Maximiliano. Mobiliario imperial, [música] piezas de museo, objetos que pertenecían a la historia del país, regalados por el presidente [música] a su amante como si fueran baratijas.
¿Te das [música] cuenta de lo que estoy diciendo? El presidente de México regalaba piezas del patrimonio histórico nacional a una mujer que le gustaba y nadie decía nada. Nadie podía decir nada porque decirlo era enfrentar [música] al poder absoluto. Y en el México de Díaz Zordaz enfrentar [música] al poder absoluto tenía consecuencias.
Irma acumulaba joyas, antigüedades, propiedades. Según las descripciones de quienes visitaron sus casas en las lomas y en el Pedregal, eran verdaderos museos de objetos lujosos y extravagantes. [música] Y todo eso venía del hombre, que al mismo tiempo presidía un [música] país donde millones de personas vivían en la pobreza.
Mientras tanto, Guadalupe Borja seguía en Los Pinos. con su ropa discreta, con su labor social, con sus visitas a hospitales [música] y guarderías o presidiendo el Instituto Nacional de Protección a la Infancia, [música] haciendo lo que se esperaba de ella, sin joyas imperiales, sin casas regaladas, [música] sin nada que no fuera su deber y su silencio.
Y aquí hay algo que necesito que [música] entiendas. No estoy diciendo que Irma Serrano era la culpable. No estoy diciendo que Guadalupe Borja era [música] una santa. Estoy diciendo que el sistema estaba diseñado para que el hombre tuviera todo y las [música] dos mujeres pagaran el precio.
Una con su dignidad, la otra con su salud mental y las dos con [música] su vida. Pero la historia no termina ahí. La historia apenas está empezando porque lo que pasó después es [música] tan impactante que cuando lo escuches no vas a poder creer que ocurrió de verdad. Y sin [música] embargo, la propia Irma Serrano lo puso por escrito con nombres, [música] con fechas, con detalles que solo alguien que estuvo ahí podría conocer.
Si esta historia te está atrapando, [música] si sientes que necesitas saber qué pasó después, entonces te pido algo. Suscríbete [música] a este canal, no porque yo te lo pida, sino porque estas historias necesitan ser contadas, porque detrás de [música] cada artista que tú admiraste hay una verdad que las revistas nunca publicaron y alguien tiene que contarla.
Si tú te suscribes, estás diciendo que estas historias importan, que estas mujeres importan, que la verdad [música] importa. Volvamos a la historia porque ahora viene la noche que todo México debería conocer. Aquí viene lo tercero que te prometí, la noche [música] de la serenata en Los Pinos. Para este momento, la relación entre Díaz Zordaz e Irma Serrano llevaba años.
[música] Irma lo conoció según sus propias palabras publicadas en A calzón amarrado [música] en una reunión de políticos. Lo describió así y cito sus palabras textuales [música] del libro. Lo llamó el gusano mayor que llegó a regir los destinos del [música] país durante 6 años. dijo que era más atractivo de lo que imaginaba, no por su físico, del cual [música] han hecho tantas bromas, sino por su intelecto.
Hay que detenerse aquí un momento, porque Gustavo [música] Díaz Orda era un hombre del que todo México se burlaba por su aspecto físico. [música] Las caricaturas lo dibujaban con una cara desproporcionada, con unos ojos [música] saltones, con una apariencia que no correspondía a ningún galán de cine.
Y sin embargo, este hombre, que no era guapo por ningún estándar, [música] tuvo durante años a la mujer más deseada del espectáculo mexicano como su amante. Eso te dice todo lo que necesitas saber sobre lo que el poder hace con las personas. [música] Cuando tienes el poder absoluto, no necesitas ser guapo, no necesitas ser encantador, no necesitas ser nada, solo necesitas el poder.
Y el poder atrae, el poder seduce, el poder consume. [carraspeo] Quizá tú conoces a un hombre así, [música] un hombre que no era guapo, que no era amable, que a veces ni siquiera era buena persona, pero [música] que tenía algo, una posición, un cargo, un dinero que lo hacía irresistible para ciertas mujeres. [música] Y quizá tú también viste como ese hombre destruyó a las mujeres que se le acercaron a todas.
La relación entre Díaz Ordaz e Irma se confinó a cuatro paredes [música] según la propia Serrano. Él era un hombre casado, era el presidente, [música] había que guardar las apariencias. Los encuentros eran en las casas de ella, la del Pedregal [música] y la de las lomas. Pero Guadalupe Borja siempre conoció los detalles, los regalos, las joyas, [música] las tierras, los encuentros.
todo. [música] Y entonces, o cuando Guadalupe activó el mecanismo del veto a través de Echeverría, cuando los proyectos de Irma empezaron a caer uno por uno, cuando la tigresa sintió que le estaban arrancando lo que ella había construido con años de trabajo, algo dentro de ella se rompió. No se rompió hacia adentro, como le pasó a Guadalupe, [música] se rompió hacia afuera.
Porque Irma Serrano y Guadalupe Borja eran polos opuestos. Guadalupe [música] procesaba el dolor en silencio, encerrada en su casa, con delirios que nadie quería ver. Irma procesaba el dolor en público con la furia de una mujer [música] que no le tenía miedo a nada, ni siquiera al presidente de la República.
Según lo que Irma narró en su libro y según lo documentado por Sara Seevchovic e interpretado [música] por Francisco Martín Moreno, la escena ocurrió así. Irma Serrano se [música] puso un vestido folclórico con listones de colores. Alquiló un grupo de mariachis y se [música] dirigió a la residencia oficial de Los Pinos, a la casa del presidente de México, a la [música] casa donde vivía Guadalupe Borja.
Era el cumpleaños de la primera dama. Escucha bien lo que acabo de decir. La amante del presidente se presentó en la puerta de [música] Los Pinos. El día del cumpleaños de la esposa del presidente con mariachis. Irma llegó a la entrada de la residencia oficial. Les dijo a los guardias del Estado Mayor Presidencial [música] que venía a dar una serenata.
Y los guardias, por alguna razón, [música] que solo se puede explicar por la audacia de la tigresa o por la confusión del momento, la dejaron pasar. En sus propias palabras, [música] según el libro. Firme, Irma, firme”, se dijo a sí misma para recuperar el valor que se le andaba [música] queriendo huir.
Irma calculó cuál era la ventana de la recámara de Guadalupe Borja se plantó debajo y los [música] mariachis empezaron a tocar. La tigresa cantó. Cantó [música] estrofas que ella misma había escrito para esa noche. Cantó mirando hacia la ventana de la esposa del [música] hombre que la había amado y después la había abandonado al capricho [música] de su mujer legítima.
Y entonces salió Gustavo Díaz Ordaz. El presidente de México, [música] bajó personalmente a confrontar la serenata. se le acercó a Irma y según la versión de la tigresa le dijo algo así como, “Muchas gracias, señora. [música] Era una despedida. Era un punto final. El presidente estaba terminando la relación ahí en ese momento [música] delante de los mariachis, delante de los guardias, delante de la noche entera.
Y entonces [música] Irma Serrano, la niña de Comitán, que había posado desnuda para Diego Rivera a los 15 años, la cantante que había llenado estadios, la actriz que había desafiado a la censura [música] y la mujer que no le tenía miedo a nada hizo lo impensable. le soltó una bofetada al presidente de la República.
Los lentes le volaron, los mariachis callaron, los rifles del Estado Mayor presidencial se levantaron, los soldados cortaron cartucho, [música] apuntaron a Irma Serrano y Gustavo Díaz Ordaz, el hombre que había ordenado la matanza [música] de cientos de estudiantes en Tlatelolco el 2 de octubre de 1968. El hombre que no dudó en usar la fuerza militar contra jóvenes desarmados miró a sus soldados y les dijo que bajaran las armas. la dejó irse.
Según las versiones de múltiples fuentes, [música] el golpe fue tan fuerte que le provocó un desprendimiento de retina al presidente. Al presidente de México. La amante le desprendió la retina de un [música] bofetón y él la dejó irse caminando con sus mariachis, [música] con su vestido de colores, ni con su furia intacta, sin que nadie la tocara.
¿Sabes [música] por qué la dejó irse? Porque detenerla habría sido admitir públicamente [música] lo que todo mundo ya sabía. Habría sido convertir el escándalo en noticia oficial. Habría sido darle a Irma Serrano [música] la plataforma que ella buscaba. El poder absoluto tiene una debilidad. No puede reconocer lo [música] que todo el mundo ve.
Ella cayó y el silencio la mató. Esa frase que aplica a Guadalupe Borja [música] tiene un espejo exacto. Irma Serrano nunca cayó y hablar tampoco la salvó porque el precio de hablar fue otro tipo de destrucción, más lenta, [música] más pública, pero igualmente devastadora. La relación terminó [música] esa noche. Todo había terminado.
Irma Serrano salió de Los Pinos y salió de la vida amorosa de Día Zordaz. Pero lo [música] que vino después fue peor que el veto, fue peor que la bofetada. A fue la humillación pública [música] más cruel que un expresidente le haya infligido a una mujer [música] en la historia de México. Años después, cuando Día [música] Zordaz dejó la presidencia, fue nombrado embajador de México en España en abril de [música] 1977.
Era la primera vez que México restablecía relaciones diplomáticas con España después de [música] 38 años de ruptura por el régimen franquista. El nombramiento fue polémico por sí solo, porque el mundo no había olvidado Tlatelolco. Pero lo que hizo Díaz Zordaz en la conferencia de prensa fue algo que nada tenía que [música] ver con la diplomacia.
Un periodista le preguntó por su relación con Irma Serrano y Díaz Orda. El expresidente de México, respondió públicamente que su relación con Irma Serrano [música] había sido como tener una experiencia con una totonaca. Totonaca. [música] un insulto racial, un desprecio étnico, una palabra que reducía a Irma Serrano, la mujer que él había amado, a la que le había regalado casas y joyas y muebles de emperatriz a un estereotipo racial despectivo.
La [música] estaba llamando indígena como insulto delante de la prensa internacional, delante de las cámaras, delante del mundo. ¿Te imaginas lo que sintió Irma Serrano al escuchar eso? ¿Te imaginas lo que es haber dado años de tu vida a un hombre, [música] haber arriesgado tu carrera, haber recibido la venganza de su esposa, haber ido con mariachis a su [música] casa, haberlo abofeteado, haber vivido todo eso y [música] que al final él te reduzca a un insulto racial en una conferencia de prensa.
Esa fue la gota que derramó el vaso y esa fue la razón por la que Irma Serrano hizo lo que hizo después. La razón por la que escribió [música] los libros que incendiaron México. Oh, la razón por la que reveló todo, cada detalle, cada nombre, [música] cada regalo, cada noche. Pero eso es lo cuarto que te prometí y viene más adelante.
Antes [música] necesitas saber qué pasó con Guadalupe Borja, porque lo que le pasó a Guadalupe es [música] la parte de esta historia que nadie cuenta y es la parte que más va a dolerte. Mientras Irma Serrano abofeteaba al presidente [música] y cantaba con mariachis y desafiaba al sistema con su teatro y sus desnudos y su audacia, Guadalupe Borja se desmoronaba [música] en silencio.
El 2 de octubre de 1968 marcó el punto de quiebre. [música] Esa noche, en la plaza de las tres culturas en Tlatelolco, el ejército mexicano disparó contra miles de [música] estudiantes que se manifestaban pacíficamente. Murieron cientos de personas. El número [música] exacto nunca se conocerá. La orden vino del presidente [música] Día Zordaz o del mismo hombre que dormía al lado de Guadalupe Borja.
Según lo documentado por Sefchovic, lo sucedido en 1968 [música] destruyó a Guadalupe no solo [música] por lo que su marido había hecho, sino por las amenazas que empezaron a llegar, por el odio que el país sentía hacia el presidente, por la presión que significaba ser la esposa del hombre más odiado de México.
En la ceremonia del grito de independencia después de Tlatelolco, a Guadalupe se le veía temblorosa e inestable [música] cuando salió al balcón central del Palacio Nacional. no pudo resistirlo. A partir de [música] ese momento, su hija María Guadalupe empezó a acompañar al presidente a los actos oficiales. Se [música] convirtió en lo que algunas fuentes llaman la primera dama sustituta.
Piensa [música] en eso. esposa del presidente, reemplazada por su propia hija en los actos oficiales, aborrada de la vida pública mientras seguía viviendo en Los Pinos como [música] un fantasma en su propia casa. Y fue en ese momento, según la cronología que reconstruye Sefchovic, cuando [música] Díaz Orda aprovechó el repliegue de su esposa para iniciar la relación con Irma Serrano.
[música] Mientras Guadalupe se aislaba de su marido porque no podía soportar las presiones [música] de Tlatelolco, él encontró refugio en los brazos de la tigresa. Es decir, el mismo hombre que ordenó la matanza de estudiantes, [música] cuya esposa se derrumbaba emocionalmente por las consecuencias de esa matanza, usó el derrumbe de su esposa como oportunidad para tener una amante.
No sé si existe una forma más cruel de describir lo que le hizo a Guadalupe Borja. La masacre que él ordenó la destruyó a ella y él usó esa destrucción para irse con otra. Cuando Díaz Orda dejó la presidencia en 1970, [música] él y Guadalupe viajaron a Europa. Se pensó [música] que el viaje la ayudaría a recuperarse, pero ocurrió lo contrario.
Cuando [música] visitaron la catedral de Shartres en Francia, Guadalupe empezó a tener alucinaciones. La crisis fue tan grave que tuvieron que [música] regresar a México inmediatamente. Guadalupe Borja jamás se recuperó. Pasó [música] los últimos 4 años de su vida encerrada en la casa de la calle Risco, en el Pedregal [música] de San Ángel, en la ciudad de México.
Sufría delirios de persecución. Creía que la vigilaban. Creía que querían hacerle daño. No salía, no recibía visitas. vivía aislada del mundo, prisionera de su propia mente, en una casa que debía de sentirse como una celda de lujo. Y el 19 de julio de 1974, [música] a los 59 años, una bronconeumonía le provocó un paro cardíaco y [música] Guadalupe Borja Osorno murió.
Tenía 59 años. 59. [música] Eso no es morir de vieja, eso es morir de dolor. Quizá tú conoces a una mujer que se consumió por dentro, una mujer que aguantó tanto que su cuerpo dijo basta, una mujer que [música] cayó tantos años que cuando quiso hablar ya no sabía cómo. Una mujer que dio todo por un hombre [música] que no le dio nada a cambio, excepto el derecho a llevar su apellido.
Si conoces a una mujer [música] así, entonces ya conoces a Guadalupe Borja, aunque nunca hayas escuchado su nombre. Ella cayó y el silencio la mató. Mientras Guadalupe [música] moría encerrada en su casa del Pedregal, Irma Serrano seguía viva, viva y furiosa. Porque tr años después de la muerte de Guadalupe, en 1977, [música] Díaz Ordaz pronunció la palabra que lo cambió todo, Utonaca.
[música] Y entonces Irma Serrano decidió que si el expresidente iba a humillarla en público, ella iba a desnudarlo en privado ante todo el país, [música] con nombres, con fechas, con detalles que solo una mujer que había estado en su cama podía conocer. [música] Aquí viene lo cuarto que te prometí. En 1978, un año después del insulto de la totonaca, Irma Serrano [música] publicó A Calzón Amarrado, un libro que no era una novela, [música] no era ficción, era su vida, contada por ella misma con la ayuda de la escritora Elisa Robledo, sin filtros, sin
eufemismos, [música] sin el miedo que había definido a generaciones de mujeres mexicanas. El libro fue una bomba, una bomba que cayó sobre la sociedad mexicana de los 70 [música] con la fuerza de un terremoto. Irma lo contó todo. Contó [música] cómo conoció a Día Zordaz. Contó lo que él le decía en la intimidad o contó los regalos, [música] la casa del pedregal, las joyas, los muebles imperiales, las visitas a los pinos.
contó la serenata, [música] la bofetada, los mariachis, todo con nombres, con fechas, con detalles que [música] nadie podía inventar. Pero el libro era mucho más que la historia de un romance con un presidente. Era el testimonio de una mujer que había tenido acceso a [música] las más altas esferas del poder en México y que decidió abrir las puertas que ese poder [música] había cerrado con llave.
Era la historia secreta de un país contada por la mujer que durmió con el hombre que lo gobernaba. El impacto fue descomunal. [música] A calzón amarrado se convirtió en un éxito de ventas instantáneo. Las librerías no daban abasto. El libro generó debates en todos los medios de comunicación, en la [carraspeo] sociedad mexicana, en las mesas de todas las familias.
Algunos lo elogiaron como un acto de valentía, como una defensa de [música] la liberación de la mujer, como un libro que rompía con todos los tabúes [música] de una sociedad que se negaba a hablar de sexo, de poder y de las mentiras que sostenían las apariencias del [música] sistema político. Otros lo atacaron como un escándalo, como pornografía, [música] como una traición a la discreción que se esperaba de una mujer que había estado cerca del poder.
Y sabes qué fue lo más irónico de todo? Que si Día Zordaz no la hubiera llamado Totonaka, en esa conferencia de prensa, Irma probablemente [música] nunca habría publicado nada. Ella misma lo dijo después. Gustavo nunca le prohibió hablar de él. Durante años la relación fue un secreto a voces que todos conocían, pero nadie ponía por escrito. Fue el [música] insulto, la humillación pública, el desprecio racial a lo que convirtió [música] a la amante en escritora y al secreto en libro.
Irma no se detuvo ahí. Publicó [música] también sin pelos en la lengua y más tarde una loca en la polaca. Tres libros que formaron el retrato más íntimo y más peligroso del poder presidencial mexicano [música] que se había escrito hasta ese momento. Tres libros que convirtieron a la tigresa [música] en algo más que una cantante y una actriz la convirtieron [música] en un símbolo.
El símbolo de la mujer que se atrevió a hablar [música] cuando todas las demás callaban. Y mientras el libro recorría las librerías de México, [música] mientras todo el país leía los detalles del romance entre la artista y el presidente, [música] mientras Irma Serrano se convertía en la mujer más comentada del país, Gustavo Díaz Orda [música] estaba muriendo.
El expresidente renunció a su cargo de embajador en España [música] a los pocos meses de ser nombrado. críticas por Tlatelolco lo perseguían en todas partes, en México [música] y en España. Su salud se deterioraba, padecía cáncer de colon, padecía asma. Y el 15 de julio de 1979, a los 68 años, Gustavo Díaz Ordaz murió en la Ciudad de México [música] 5 años después de Guadalupe.
Ella murió a los 59, él a los 68 y sus restos, junto con los [música] de su esposa y los de su hijo Alfredo, que moriría en 1993, [música] reposan juntos en el panteón jardín de la Ciudad de México, juntos en la muerte, [música] como si en la vida hubieran sido una pareja, como si nada hubiera pasado. Eso es lo que hace el sistema.
Borra la historia real. [música] y la reemplaza con la historia oficial. En la historia oficial, Gustavo Díaz Ordaz y Guadalupe Borja fueron un matrimonio. En la historia real, él la destruyó. Pero la historia no termina con la muerte de Díaz Zordaz, porque Irma Serrano siguió viva y lo que hizo con el resto de su vida [música] es la prueba de que la misma mujer que desafió al presidente podía ser muchas [música] cosas más.
En 1994, Irma Serrano incursionó en la política. Fue elegida senadora por [música] el estado de Chiapas, su tierra natal. Primero con el PRI. El mismo partido de Díaz Zordaz, el partido que había gobernado México durante décadas. [música] Después se pasó al PRD, el Partido de la Revolución Democrática, y finalmente [música] operó como independiente.
Estuvo en el Senado de México desde 1994 [música] hasta el año 2000. 6 años en la política y ahí en el Senado hizo exactamente lo que había hecho toda su vida. [música] habló, denunció, señaló el machismo, confrontó a sus colegas. Se recuerda que en los pasillos del Senado la describían como alguien que sabía discutir con argumentos [música] y valentía, como toda una dama.
Un contraste que solo [música] tiene sentido en un país donde una mujer que habla con firmeza sigue siendo una excepción. Pero vuelve a Guadalupe porque lo que necesitas entender [música] es lo que significó su historia en un contexto más amplio, lo que significó para las mujeres de su generación [música] y lo que sigue significando hoy.
Guadalupe Borja no fue un caso aislado, fue el caso más visible de algo que les pasaba a [música] millones de mujeres en México. Mujeres que dejaron sus carreras para ser esposas, [música] mujeres que callaron infidelidades para mantener a la familia unida. Mujeres que sonrieron en público mientras lloraban en privado.
Mujeres que se enfermaron de tanto guardar lo que no podían decir. El sistema que destruyó a Guadalupe no era solo el sistema del poder presidencial, era el sistema social que le decía a una mujer que su valor dependía de su matrimonio, que una mujer separada era una mujer fracasada, que una mujer que denunciaba a su marido [música] era una mujer problemática, que una mujer que hablaba de sus heridas era una mujer [música] escandalosa.
Guadalupe Borja tenía estudios, tenía una carrera comercial, según algunas fuentes tenía un doctorado. Era una mujer preparada, [música] inteligente, capaz, pero el sistema le dijo que nada de eso importaba. Lo único [música] que importaba era ser la esposa de Gustavo Díaz Ordaz. Y cuando ser la esposa de [música] Gustavo Díaz Ordaz se convirtió en una tortura, ella no tenía a dónde ir porque toda su identidad estaba construida sobre un matrimonio que [música] la estaba matando.
O y eso no pasó hace 200 años. Eso pasó en tu época, en la [música] época de tu mamá, en la [carraspeo] época de tus tías, en la época de tus hermanas, quizá en tu propia vida. ¿Cuántas mujeres conoces que callaron por años [música] para no destruir un matrimonio? ¿Cuántas mujeres conoces que se enfermaron de [música] tanto guardar? ¿Cuántas mujeres conoces que murieron sin haber dicho lo que tenían que decir? [música] Guadalupe Borja fue todas esas mujeres, pero nadie escribió un libro sobre ella.
Nadie [música] cantó sus canciones, nadie la convirtió en símbolo. Porque las mujeres que callan no se convierten en leyenda, se convierten [música] en fantasmas. Ella cayó y el silencio la mató. Ahora necesitas [música] saber cómo terminó la historia de la tigresa, porque el final de Irma Serrano tiene una ironía tan brutal que si fuera ficción, nadie la creería.
Después de dejar el Senado en el año 2000, mi Irma siguió siendo Irma. Tuvo apariciones esporádicas [música] en televisión. Participó en la telenovela La Madrastra en 2005, que fue su última telenovela. [música] Tuvo romances que llenaron páginas de revistas con Patricio Zambrano, un hombre mucho más joven que ella, [música] exparticipante del reality Big Brother en 2002.
Se le relacionó también con Poncho [música] de Nigris, otro hombre del espectáculo. A los 70 años intentó embarazarse por inseminación [música] artificial con Esperma, que según ella declaró había guardado de uno de sus amantes [música] de la década de los 70, el empresario Alejo Peralta. Irma Serrano nunca [música] se casó, nunca tuvo hijos.
dicho por ella misma, nunca contrajo matrimonio porque nadie se lo propuso, pero siempre fue, según sus palabras, fiel y [música] tranquila en el amor. Y entonces llegó la enfermedad. En algún punto de la década [música] de 2010, la familia de Irma empezó a notar los síntomas: pérdida de memoria, confusión, desorientación.
[música] Los médicos diagnosticaron demencias enil. La tigresa, [música] la mujer que había memorizado cientos de canciones, que había protagonizado decenas de películas, que había escrito libros revelando los secretos del poder presidencial mexicano, que recordaba cada detalle de [música] cada noche que pasó con Gustavo Díaz Ordaz, estaba perdiendo la memoria.
Su sobrino nieto, Luis Felipe García, [música] que fue quien la cuidó en sus últimos años. explicó después que Irma no se alejó del ojo público por gusto, se alejó por enfermedad. Uno de los deseos de Irma era que la gente la viera bien, de salud y lúcida. Y cuando la demencia avanzó, su familia la protegió. La llevaron de vuelta a Chiapas, a Tuxla Gutiérrez [música] y la capital del estado donde nació.
Y ahí, en una casa del fraccionamiento Buenos Aires, al surponiente de Tuxla, [música] Irma Serrano pasó los últimos 13 años de su vida lejos de los [música] escenarios, lejos de las cámaras, lejos de los mariachis y los reflectores [música] y las revistas y los senadores y los presidentes, pintando, inventando poemas y frases, [música] comiendo paletas heladas de fresa y zarzamora, que eran su debilidad.
meciéndose en una hamaca. Su sobrino dijo después que ella y su hamaca [música] eran uno mismo. ¿Entiendes la ironía? La mujer que lo recordaba todo, que escribió [música] libros para que el país no olvidara, que reveló los secretos que el poder [música] quería enterrar. Terminó sin poder recordar nada de lo que vivió.
La demencia [música] hizo lo que ni Guadalupe Borja, ni Luis Echeverría, ni el Beto, ni los rifles del Estado Mayor pudieron hacer. Silenció [música] a la tigresa y aquí es donde las dos historias se encuentran, porque el destino de Guadalupe Borja y el [música] destino de Irma Serrano terminaron siendo espejos el uno del otro.
Guadalupe perdió la razón primero. [música] Delirios de persecución. Alucinaciones. Encerrada en una casa del Pedregal, [música] muerta a los 59 años. Irma perdió la razón después. [música] Demencia senil, pérdida de memoria, encerrada en una casa de Chiapas, muerta a los 89 [música] años. Las dos mujeres que se enfrentaron por el mismo hombre terminaron de la misma manera, sin memoria, [música] sin poder contar su historia, sin la capacidad de recordar lo que vivieron.
Una cayó y el silencio [música] la destruyó por dentro. La otra habló y la enfermedad la silenció por fuera. Pero el resultado [música] fue el mismo. Las dos pagaron el precio y el hombre que causó todo murió [música] entre las dos de 1979, 5 años después que Guadalupe y 44 años antes que Irma. murió rico, murió con honores de expresidente y [música] en su tumba, en el panteón jardín, su nombre aparece al lado del de su esposa, como si hubiera sido un buen marido, como si nada hubiera pasado.
Eso es lo que hace el poder. Destruye a las personas [música] y después reescribe la historia para que nadie se acuerde de lo que hizo. El primero de marzo de 2023 a la 1 de la madrugada [música] en un hospital privado de Tuxla Gutiérrez, Chiapas. Irma Consuelo, [música] cielo Serrano. Castro murió de un infarto fulminante.
Tenía 89 años. Su sobrino, Luis Felipe García, dijo que ese día se había sentido un poco [música] mal del estómago, que la llevaron al hospital, que no le encontraban la vena, que la pasaron a otro hospital [música] más completo y que ahí en su cuarto con oxígeno le [música] dio el infarto. No tenía achaques graves, dijo su sobrino.
tenía colesterol alto, ni triglicéridos fuera de lo normal, ni ácido úrico, solo la demencia senil [música] que venía arrastrando. Pero por lo demás era muy sana. Su debilidad eran las paletas de fresa, [música] de zarzamora, los frutos rojos. Se las comía cuando quería. La Asociación Nacional de Inérpretes [música] confirmó su muerte esa mañana.
Su cuerpo fue cremado, [música] sus cenizas fueron llevadas a la casa familiar donde vivió sus últimos años. Y la familia [música] esperaba rendirle un homenaje en el teatro Fru Fru, ese teatro de [música] la calle de Doncceles que ella compró con su propio dinero, que fue su trinchera cuando el sistema le cerró todas las demás [música] puertas.
Ese teatro que hoy está inactivo y abandonado, como tantas cosas que Irma construyó. Su sobrino la definió con tres palabras. [música] Una mujer libre. Libre ante todo, ante todos, ante la crítica, [música] ante la sociedad. Una mujer libre de pensamiento, de acción. No creo que se repitan muchas Irmas Serrano.
[música] Y tuvo razón, no se repiten porque el precio de ser Irma Serrano fue demasiado alto. Pero hay algo que todavía no te he contado sobre Guadalupe, algo que las crónicas de la época [música] apenas mencionan y que las biografías oficiales de Día Zordaz [música] ni siquiera incluyen. Y es lo que pasó con sus hijos.
Guadalupe y Gustavo tuvieron tres hijos. [música] Gustavo el mayor, María Guadalupe, la del medio [música] y Alfredo el menor, al que dicen que era el consentido de la familia. Cuando Guadalupe empezó a derrumbarse, fue su hija María Guadalupe la que asumió el papel de [música] primera dama sustituta. una joven que tuvo que ponerse al frente de las obligaciones protocolarias de su madre, porque su madre ya no podía, porque la madre que la había criado, que la había llevado a la escuela, que la había vestido [música] para las fiestas, que la había preparado para la vida, esa
madre ahora temblaba en los actos oficiales y veía [música] fantasmas donde no lo sabía. Imagínate ser esa hija. [música] Imagínate tener que acompañar a tu padre a los eventos oficiales [música] mientras tu madre se queda en casa porque no puede salir. Imagínate saber que tu padre [música] tiene una amante que todo el país conoce.
Imagínate vivir en Los Pinos, en la casa más vigilada de México, y sentir que tu familia se [música] está desmoronando por dentro, mientras por fuera todo es protocolo y sonrisas. [música] María Guadalupe se mantuvo alejada de la vida pública el resto de su vida. Murió en 2007. Alfredo, amo, el hermano menor, murió [música] antes, en 1993.
del mayor Gustavo se sabe poco. Los hijos de Guadalupe Borja crecieron a la sombra de un padre [música] que hizo historia por las peores razones y de una madre que fue borrada [música] de la historia por las razones más injustas. Y hay otro detalle que necesitas saber. Después [música] de dejar la presidencia, cuando Guadalupe ya estaba sumida en sus delirios, cuando ya no salía de la casa, cuando ya no reconocía el mundo [música] que la rodeaba, día Zordaz la llevó a Europa.
Se pensó [música] que el viaje la ayudaría, que cambiar de aire, ver otros paisajes, alejarse de México, [música] le haría bien. visitaron Francia y fue en la catedral de Shartres, una de las catedrales góticas más impresionantes del mundo, donde Guadalupe tuvo una crisis de [música] alucinaciones tan grave que tuvieron que regresar inmediatamente a México.
Piensa en la imagen una mujer que fue primera dama de México parada dentro de una catedral en Francia gritando cosas que [música] nadie entiende, viendo cosas que no existen, mientras su esposo, el expresidente, trata de calmarla [música] y después la llevan de regreso al avión y después [música] a la casa y después a la habitación y después se cierra la puerta [música] y no se vuelve a abrir.
Guadalupe Borja nunca más salió de esa casa. Vivió ahí en la calle Risco, en el pedregal [música][carraspeo] de San Ángel, hasta que murió. 4 años encerrada, 4 años sin ver el sol, 4 años creyendo que la perseguían. Y los que la rodeaban solo podían hacer una cosa, cuidarla y esperar. [música] Hay quienes dicen que los delirios de persecución de Guadalupe no eran tan delirantes.
Hay quienes [música] dicen que después de Tlatelolco después de que su marido se convirtió en el hombre más odiado de México, las amenazas eran reales. Que la gente de verdad [música] quería hacerle daño a la familia del presidente, que los fantasmas que Guadalupe veía tenían rostros reales. Según este punto de vista, [música] su locura no era solo una enfermedad mental, era la respuesta lógica de una mente que había sido sometida a una presión que ningún ser humano debería soportar.
[música] Esto es una interpretación del narrador, no un hecho documentado, pero tiene una lógica que es difícil [música] de ignorar, porque no es normal que una mujer de 50 y pocos años, sin antecedentes psiquiátricos conocidos, sin historial [música] de enfermedad mental, se derrumbe de esa manera en tan pocos años.
Algo la rompió y ese algo tiene nombre, tiene fecha, tiene domicilio, se llama [música] Atlatelolco, se llama Irma Serrano se llama [música] Gustavo Díaz Ordaz, se llama Poder Presidencial Mexicano. Y ahora hablemos de lo que pasó con el teatro Frufru, [música] porque la historia de ese teatro es en miniatura la historia de Irma Serrano entera.
Irma compró el teatro [música] entre 1972 y 1973. Era el antiguo teatro Virginia Fábregas, un edificio con [música] historia en la calle de Donceles número 24, en pleno centro histórico de la Ciudad de México. Lo remodeló, [música] lo transformó, le puso su sello, lo llenó de obras que escandalizaban a la sociedad bien pensante.
Naná duró 7 años en cartelera. O Calcuta provocó manifestaciones de grupos conservadores. El gobierno la espió. Los funcionarios la señalaron de promover la pornografía y el vicio, pero la taquilla no mentía. La gente quería ver a la tigresa y la tigresa les daba exactamente lo que querían. Según algunas versiones, [música] el teatro Frufru fue un regalo de Día Zordaz.
Otras versiones dicen que Irma lo compró con su propio dinero, con lo que había ganado con su carrera musical y [música] cinematográfica. La verdad probablemente esté en algún punto intermedio, pero lo que nadie discute [música] es que ese teatro se convirtió en el símbolo de la independencia de Irma Serrano.
Cuando le cerraron las puertas de [música] la televisión, ella tenía su propio teatro. Cuando la [música] vetaron del cine, ella producía sus propias obras. Cuando el sistema quiso silenciarla, ella tenía [música] un escenario que era suyo, pero el teatro también fue fuente de problemas. En [música] 2009, Irma fue arrestada por agentes policiales de la Ciudad de México [música] en Tuxla, Gutiérrez.
La acusación era por robo y despojo, una demanda [música] presentada por una mujer llamada María de los Ángeles Gaitán Márquez, relacionada con un presunto incumplimiento [música] de contrato en el arrendamiento del teatro Fru Fru. Irma fue trasladada por avión [música] a la Ciudad de México. Tuvo que pagar una fianza de 20,000 pesos para ser liberada.
Después, [música] su propia sobrina, Pilar de León, intentó despojarla del teatro, [música] además de quitarle dinero y joyas. Un juez le devolvió el inmueble a Irma, pero el desgaste fue enorme. [música] La mujer que había peleado contra el presidente de México, ahora tenía que pelear contra su propia familia por lo único que le quedaba.
¿Sabes [música] cuántas mujeres mayores pasan por esto? construyen algo con su vida entera, con [música] sus manos, con su esfuerzo. Y cuando se hacen viejas, cuando ya [música] no pueden defenderse como antes, llega alguien, a veces de su propia sangre a quitarles lo que es suyo. Eso le pasó a Irma Serrano y eso le pasa a miles de mujeres [música] que no tienen quien las defienda.
Hoy el teatro Frufru está inactivo, abandonado. En la calle [música] de Donceles, en el centro histórico, el edificio sigue ahí, pero las luces están apagadas, las puertas [música] están cerradas y si pasas por la calle, nada te dice que ahí dentro, hace décadas, [música] una mujer que se había enfrentado al presidente de México, montaba obras que escandalizaban [música] al país entero.
es otro tipo de silencio. El silencio de los edificios que nadie cuida, el silencio [música] de las historias que nadie cuenta, el silencio de las mujeres que nadie recuerda. Y ese es al final el [música] tema de esta historia, el silencio. El silencio de Guadalupe Borja que cayó y se consumió por dentro.
El silencio que le impusieron a Irma Serrano cuando le vetaron [música] la carrera. El silencio de la demencia que le borró la memoria a la tigresa en sus últimos años. El silencio de un teatro [música] abandonado en el centro histórico. El silencio de un sistema que [música] destruye a las mujeres y después finge que no pasó nada.
Irma Serrano rompió muchos silencios en su vida, pero el último silencio, el de la enfermedad, no pudo [música] romperlo. Guadalupe Borja nunca rompió ninguno y por eso su historia duele [música] más, porque el silencio elegido es triste, pero el silencio impuesto es una [música] condena. Y tú que estás escuchando esto, acabas de romper ese silencio porque ahora sabes, ahora conoces el nombre de Guadalupe Borja Osorno.
Una vez que conoces el nombre de alguien, [música] esa persona deja de ser un fantasma. Ahora déjame hacer la pregunta que nadie hizo mientras estas [música] dos mujeres vivían y que nadie ha hecho después de que murieron. ¿Cambió algo? El sistema que destruyó a Guadalupe Borja y que [música] intentó destruir a Irma Serrano sigue funcionando.
El mecanismo por el cual un hombre con poder puede humillar a su esposa públicamente, [música] tener una amante a la vista de todos, usar los recursos del Estado [música] para sus asuntos personales y salir impune, ¿sigue existiendo? [música] La respuesta la conoces tú mejor que nadie. Porque tú [música] has vivido lo suficiente para ver cómo las mismas historias se repiten con diferentes nombres, en diferentes exenios, [música] en diferentes épocas.
Los nombres cambian, los puestos cambian, [música] pero el mecanismo sigue igual. El poder protege al poderoso y las mujeres que se cruzan en su camino pagan el precio. [música] Si callan, las destruye el silencio. Si hablan, las destruye [música] el sistema. Guadalupe Borja eligió callar y murió [música] a los 59 años con delirios de persecución al encerrada en una casa del Pedregal, sin que nadie escribiera su historia, [música] sin que nadie dijera su nombre en voz alta, sin que nadie se preguntara qué sentía la esposa del presidente,
[música] mientras todo México hablaba de la amante del presidente. [música] Serrano eligió hablar y vivió 89 años, pero pagó con el veto de su carrera, con la persecución del gobierno, con el desprecio [música] público de un expresidente que la llamó Totonaca. Y al final, con una enfermedad que le borró la memoria y la dejó sin poder recordar ni una sola de las batallas que había peleado.
Las dos pagaron. [música] El hombre no pagó nada. Díaz murió de cáncer a los 68 [música] años, pero murió como expresidente con todos los honores que el sistema le daba a los que habían ocupado la silla. Su nombre sigue en los libros de [música] historia como el presidente que organizó los Juegos Olímpicos de 1968 y el mundial [música] de 1970.
Claro, también como el presidente de Tlatelolco, pero hasta [música] eso ha sido matizado por el sistema a lo largo de las décadas. Se habla de los hechos de octubre del [música] 68, no de la masacre de octubre del 68. Se habla de responsabilidad institucional, no de la orden directa de un hombre que mandó [música] disparar contra estudiantes desarmados.
y de lo que le hizo a su esposa, de lo que le hizo a su amante, [música] de cómo usó el poder presidencial para sus asuntos íntimos, de cómo destruyó a las dos mujeres de su vida, de eso no se habla, [música] porque en México el poder no solo te permite hacer lo que quieras, te permite [música] borrar lo que hiciste.
Pero aquí estamos nosotros, aquí [música] estás tú escuchando esta historia. recordando a estas dos mujeres, diciendo sus nombres en voz alta, Guadalupe Borja Osorno, Irma [música] Consuelo, Cielo Serrano Castro, dos mujeres que el sistema quiso borrar y [música] que hoy, gracias a que tú estás aquí, siguen existiendo. Hay algo más que necesito decirte antes de [música] cerrar, algo sobre Rosario Castellanos, la prima de Irma, la escritora con la que Irma vivió cuando llegó a la Ciudad de México a los 14 años.
Rosario Castellanos [música] fue una de las escritoras más importantes de México, feminista [música] antes de que el feminismo tuviera nombre en este país. Escribió sobre los derechos de las mujeres, sobre la opresión, sobre el silencio al que eran condenadas. Y en 1974, [música] el mismo año en que murió Guadalupe Borja, Rosario Castellanos murió en Israel, donde era embajadora de México.
Murió a los 49 años en un accidente doméstico. Dos mujeres murieron en 1974. la prima de Irma, que escribió sobre la liberación de las mujeres, y la [música] esposa de Día Zordaz, que fue todo lo contrario de una mujer liberada. Dos destinos opuestos unidos por el mismo [música] año, como si 1974 hubiera sido el año en que México enterró dos versiones de lo que significaba ser [música] mujer.
Y en el centro de todo, Irma Serrano, la sobreviviente, la que no era ni intelectual como Rosario, [música] ni silenciosa como Guadalupe, la que forjó su propio camino a golpes de audacia, de [música] escándalo, de talento y de furia, la que posó desnuda para Diego Rivera a los 15, que abofeteó al presidente a [música] los 30 y tantos, que escribió libros a los 40 o que fue senadora a los 60 [música] y que murió a los 89 sin recordar nada de lo que hizo.
[música] La ironía final es tan perfecta que duele. La mujer que lo recordaba todo terminó sin recuerdos. [música] La mujer que habló cuando nadie hablaba terminó sin palabras. La mujer que escribió los secretos del poder [música] terminó sin poder escribir ni su propio nombre. Y la mujer que cayó, Guadalupe Borja, terminó [música] exactamente igual, sin razón, sin voz, sin recuerdos, en una casa cerrada con cortinas que no se abrían, creyendo que alguien la perseguía.
Las dos terminaron en el mismo lugar. Un lugar sin [música] memoria, un lugar sin voz, un lugar donde los secretos del poder ya no [música] pueden ser contados porque ya no hay nadie que los recuerde. Eso es lo que el [música] poder le hace a las mujeres que se cruzan en su camino, las consume, [música] las usa y cuando termina con ellas [música] las borra calles o hables.
Te borra. Regresemos al principio. Es [música] el 19 de julio de 1974. Son las primeras horas de la mañana en una casa [música] del Pedregal de San Ángel, sobre la calle Risco. Las cortinas están cerradas. Dentro [música] hay una mujer de 59 años que lleva meses sin salir. Se llama Guadalupe Borja Osorno.
Fue primera dama de México. Fue esposa de un presidente. [música] Fue madre de tres hijos. Dejó su carrera por un hombre. Cayó cuando ese hombre la traicionó. [música] Sonrió cuando todos sabían la verdad. Se derrumbó cuando el peso fue demasiado y ahora está ahí en esa casa. sola con sus fantasmas, [música] esperando un final que llegará en forma de bronconeumonía y paro cardíaco.
Nadie va a escribir un libro sobre ella. [música] Nadie va a cantar sus canciones. Nadie va a llevarle serenata. Nadie va a recordar su nombre, excepto tú. Ahora, en este momento, ella cayó y el silencio la mató. [música] Pero tú no callaste. Tú te quedaste hasta el final de esta historia y eso significa que Guadalupe Borja hoy por primera vez en 50 años tiene alguien que la escucha, [música] aunque sea tarde, aunque ella ya no pueda saberlo.
Alguien la escuchó. Mi gente, gracias por estar aquí. Gracias a ti que me escuchas desde México, desde [música] Estados Unidos, desde Colombia, desde Argentina, desde donde sea que estés. Esta [música] historia la conté para ti, porque tú creciste viendo a Irma Serrano en tu televisión y mereces [música] saber la verdad completa.
Y porque Guadalupe Borja merecía que alguien dijera su nombre. Ahora [música] te pido algo. Déjame en los comentarios cuál fue tu primer recuerdo de Irma Serrano. ¿Qué canción [música] escuchaste primero? ¿En qué película la viste? Tu mamá hablaba de ella, tu abuela. Cuéntame tu historia, porque tu historia [música] también es parte de esta historia.
Y si conociste a una mujer como Guadalupe Borja, una mujer [música] que cayó toda su vida, cuéntame también sin nombres si no quieres. Pero cuéntame, porque cada vez que alguien cuenta la historia de una mujer que cayó, [música] ese silencio se rompe un poco. Nos vemos en el próximo vídeo porque la historia que viene [música] es de una mujer que el espectáculo mexicano adoró en público y destruyó en privado.
Y cuando sepas quién es, [música] no vas a poder creer que nadie haya contado esto antes. Ella cayó y el silencio la mató. Pero hoy [música] la que habla eres tú. Hay algo más sobre la relación entre Irma y Día Zordaz que las [música] revistas de la época nunca publicaron y que los programas de chismes de hoy repiten sin [música] entender.
La relación no fue solo un capricho de un hombre poderoso con una mujer hermosa. Fue un pacto [música] entre dos personas que se reconocieron en algo. Irma lo dijo en su libro. dijo que Díaz Zordaz tenía una personalidad un tanto especial, que era simpático, duro a veces, determinante [música] y necio igual que ella.
Necio igual que ella. Esas tres palabras [música] dicen más que cualquier análisis. Eran dos personas tercas, orgullosas, incapaces de ceder, [carraspeo] incapaces de pedir perdón, incapaces de dar un paso atrás. Y cuando dos personas [música] así chocan, el resultado no es un romance, es un incendio. Y los incendios no destruyen solo a los que están adentro, destruyen [música] también a los que están cerca.
Guadalupe Borja estaba cerca, [música] demasiado cerca, y el fuego la alcanzó. Quizá tú también estuviste [música] cerca de un incendio así. Quizá no fue el tuyo. Quizá fue el de tu hermana. el de [música] tu mamá, el de tu vecina, el de tu amiga. Dos personas que se consumían la una a la otra [música] y que arrastraban a todos los que tenían alrededor.
Y tú, viéndolo todo, sin poder hacer nada, porque nadie puede apagar un incendio que los dos quieren seguir alimentando. Día Zordaz nunca le prohibió a Irma hablar de él. Eso es algo que ella misma dijo en entrevistas posteriores. [música] Nunca le dijo que callara, nunca le hizo firmar un acuerdo de silencio. Nunca la amenazó consecuencias si [música] contaba lo que había pasado entre ellos.
Y eso dice algo muy revelador sobre la arrogancia del poder presidencial mexicano. [música] Díaz no necesitaba amenazarla porque en su mente, en la mente de un hombre que había gobernado un país de 60 millones de personas con puño de hierro, lo [música] que pensara o dijera una actriz de rancheras no tenía ninguna importancia.
[música] Él era el presidente, ella era la amante y en la jerarquía del poder mexicano, [música] la amante no existía. Era un accesorio, un capricho, algo que se usa y se deja cuando ya no sirve. [música] Pero se equivocó porque Irma Serrano no era un accesorio. Irma Serrano era una granada.
Y cuando él la llamó Totonaca [música] delante de la prensa, le quitó el seguro. El libro A calzón amarrado no fue solo un acto de venganza [música] personal, fue un acto político. Fue la primera vez que una mujer en México [música] usó su propia historia íntima como arma contra el poder. Antes de [música] Irma, los secretos del presidente se morían con las personas que los conocían.
Después [música] de Irma, el país entero supo que el emperador estaba desnudo, que el hombre que se sentaba en la silla presidencial era tan vulnerable, tan débil, tan humano como cualquier otro, que sus [música] decisiones no venían solo de la razón de estado, venían también de las hormonas, [música] de los celos, del orgullo herido, de la necesidad de sentirse deseado.
Y eso es lo que hizo tan peligroso ese libro. No fue el escándalo sexual, [música] no fueron los detalles íntimos. Lo peligroso fue que una mujer demostró que el presidente de México [música] era un hombre común y corriente y en un sistema donde el presidente era casi un dios, demostrar [música] que era humano era el acto más subversivo posible.
Irma pagó el precio de esa subversión [música] durante el resto de su vida, pero también cosechó algo que nadie le pudo quitar, [música] la verdad, su verdad, contada con sus palabras, en sus libros, con su nombre en la portada. Y eso [música] es algo que Guadalupe Borja nunca tuvo.
Guadalupe no dejó libros, no dejó entrevistas, no dejó testimonios, no dejó nada a solo un nombre en [música] una tumba del panteón jardín al lado del hombre que la destruyó, [música] como si en la muerte todavía le perteneciera. M.
Disclaimer : This content may be created by AI for entertainment purposes. Any resemblance to real persons, events, or places is coincidental.