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Chespirito Destruyó a Su Esposa con 5 Palabras para Quedarse con Florinda

Y para que entiendas lo que eso significaba en la vida real o no en la teoría, piénsalo así, imagínate que trabajas en una fábrica, pero no es cualquier fábrica, [música] es la única fábrica del pueblo, no hay otra. Si la fábrica te despide, no hay dónde más ir, no hay otra opción, no hay otro empleo. Te quedas en la calle y dentro de esa fábrica, el que decide quién se queda y quién se [música] va, no es un departamento de recursos humanos, es un solo hombre.

[música] Si ese hombre te sonríe, tienes trabajo. Si ese hombre se molesta contigo, pierdes todo. Eso era Televisa para los actores mexicanos. en los años 70. Eso era el sistema [música] y dentro de ese sistema, el programa de Roberto Gómez Bolaños era una fábrica [música] dentro de la fábrica con sus propias reglas, su propio jefe absoluto y sin ningún mecanismo externo que controlara [música] lo que pasaba adentro.

Los actores no tenían sindicato [música] real que los protegiera o no tenían contratos con cláusulas de protección, no [música] tenían alternativas, tenían a Roberto y Roberto era todo. Y dentro de Televisa, [música] si eras parte del equipo de un creador como Roberto Gómez Bolaños, tu vida entera dependía de que ese hombre quisiera seguir trabajando contigo.

[música] Guarda ese dato. es el mecanismo que explica todo lo que viene. Roberto Gómez Bolaños no era solo un comediante, [música] era el creador, el guionista, el director, el protagonista y el dueño creativo de todo lo que [música] producía. Él escribía cada línea, él decidía cada personaje, él elegía a cada actor.

Ningún otro programa de la televisión mexicana concentraba tanto poder en [música] una sola persona. Y ese poder no era solo artístico, era económico, era personal, [música] era absoluto. Si Roberto te quería en el programa, tenías trabajo, tenías fama, [música] tenías ingresos. Si Roberto no te quería o desaparecías, pregúntale a Carlos Villagrán que se fue del [música] programa y tardó años en volver a tener la misma relevancia.

Pregúntale a Ramón Valdés, don Ramón, [música] que salió del elenco y nunca recuperó lo que tenía dentro de él. Tú veías ese programa [música] todas las noches. Tú conocías a esos personajes como si fueran tu familia, el Chavo, Kiko, [música] Don Ramón. La Chilindrina, doña Florinda, eran parte [música] de tu casa, pero lo que no veías era lo que pasaba cuando se apagaban [música] las cámaras.

Y en esa estructura había otro elemento que nadie menciona, la exclusividad. Los actores de Chespirito [música] no podían trabajar en otros programas sin su autorización. No podían hacer comerciales por su cuenta, no podían aparecer en televisión con otro productor. Su imagen pública estaba ligada a los personajes que Roberto les asignaba.

Cuando la gente los veía por la calle, [música] no los llamaban por su nombre real, los llamaban Kiko, don Ramón, [música] la Chilindrina, doña Florinda. Sus identidades artísticas pertenecían a Roberto. Y si te ibas del programa, te ibas sin tu personaje, te ibas sin el nombre que el público conocía, te ibas [música] literalmente sin tu propia cara pública.

Eso es un poder que va más allá de lo laboral. [música] Eso es un poder sobre la identidad. Y quien controla la identidad de alguien, controla a esa persona de una manera que ningún contrato puede describir. Y aquí es donde entra ella, Florinda Meza García [música] nació el 8 de febrero de 1949 en Juchipila, Zacatecas.

[música] un pueblo de menos de 10,000 habitantes donde el nombre viene del nawatl [música] y significa lugar de flores nobles y hermosas. Pero la infancia de Florinda no tuvo nada [música] de noble ni de hermoso, o sus padres se separaron cuando ella era niña. Quedó al cuidado de sus abuelos que le inculcaron el amor por el arte, [música] la cultura y la política.

les daba largas charlas a ella y a sus hermanos sobre [música] esos temas, según cuentan las biografías. Pero esos abuelos también murieron y Florinda, siendo todavía una adolescente, se quedó prácticamente [música] sola en el mundo. Recuerda ese detalle. Una niña [música] que se queda sola, que tiene que aprender a sobrevivir sin nadie que la proteja, que forja un carácter duro porque no le queda otra opción.

Ese dato no justifica nada de lo que viene después, pero explica mucho. Trabajó como secretaria para pagarse los [música] estudios. Trabajó como modelo de comerciales para televisión. Estudió [música] arte dramático en la Asociación Nacional de Actores, La era donde se formaban los actores de la televisión mexicana en esa época. y [música] durante 20 años de su vida estudió canto.

No cualquier [música] canto, soprano coloratura especializada en Belcanto, una técnica [música] operística italiana que requiere un dominio técnico que pocos alcanzan. Esa mujer que el público conocería como [música] la escandalosa doña Florinda o la disparatada Chimoltrufia era en la vida real una artista con una formación musical más [música] sólida que la mayoría de las cantantes profesionales de su generación.

En 1969, [música] Roberto Gómez Bolaños la vio actuar en unos sketches cómicos [música] y la invitó a unirse a su equipo. Ella tenía 20 años, él tenía 40, [música] él ya estaba casado. Tenía seis hijos y su esposa se llamaba Graciela Fernández. Quizá tú la recuerdas como doña Florinda, [música] como la popis, como la chimoltrufia.

A quizá te reías con ella todas las tardes, sin saber que detrás de cada [música] personaje había una mujer que había llegado sola al mundo y que estaba a punto de entrar [música] en una historia que la convertiría en la mujer más amada [música] y después en la más odiada de la televisión mexicana. Pero antes de hablar de lo que hizo Florinda, necesitas conocer [música] a la mujer que ya estaba ahí, la que estuvo primero, la que nadie recuerda, la que durante [música] décadas fue borrada de la historia oficial de

Chespirito, como si nunca [música] hubiera existido. Graciela Fernández conoció a Roberto Gómez Bolaños en una fiesta. Él tocaba las maracas en un grupo [música] musical llamado Los Aracuanes. Un primo de ella la llevó. Roberto la sacó a bailar. Ella [música] casi se desmaya. En sus propias palabras o según lo contó en un documental biográfico de Bio Channel años después.

[música] Lo conocí en una fiesta que me llevó un primo mío de los aracuanes. Él era el que tocaba las maracas en el son de los aracuanes [música] y me dijo, “¿Quieres bailar?” Casi me [música] desmayo. Me estaba sacando a bailar Roberto Gómez. [música] Se casaron cuando él tenía 22 años y ella 15. 15 años. Era una niña.

[música] En esa época eso era normal. Hoy lo miras y se te hiela la sangre. Pero era lo que se hacía. [música] Y esa niña de 15 años se convirtió en la mujer que sostuvo a Roberto Gómez Bolaños [música] durante las décadas más difíciles de su carrera, antes del Chavo, antes [música] de Chespirito, antes de que existiera nada, cuando él era un escritor que luchaba por colocar un guion, cuando no había dinero, cuando no había fama, Graciela [música] estaba ahí. Le dio seis hijos.

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