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Así es la LUJOSA VIDA de Christiane Martel – Elegancia y un mundo muy alejado del ojo publico

Así es la LUJOSA VIDA de Christiane Martel – Elegancia y un mundo muy alejado del ojo publico

Hoy vas a descubrir cómo vive una de las mujeres más elegantes, más secretas y más ricas que ha pisado el mundo del espectáculo latinoamericano. Hoy vas a descubrir cuánto dinero acumuló Chistiane Martel, la única Miss Universo francesa de la historia, la mujer que conquistó México, que se casó con el hijo de un presidente y que construyó en silencio un patrimonio que ninguna revista del corazón se ha atrevido a calcular en su totalidad.

 ¿Cuánto vale realmente la fortuna de Cristiane Martel hoy? ¿Cómo es la mansión donde vive a sus 90 y 2 años en una de las colonias más exclusivas de la Ciudad de México? ¿Cuáles son las propiedades, los ranchos, los vehículos y las inversiones que acumuló durante décadas como primera dama de Veracruz, como actriz de la época dorada del cine mexicano y como matriarca de una de las familias más poderosas de la política y los negocios en México.

 ¿Y qué hay detrás de esa sonrisa perfecta que nunca ha envejecido? ¿Qué secretos guarda una mujer que conoció a Pedro Infante, que conectó a Luis Miguel con Frank Sinatra, que navegó décadas de poder político sin una sola caída pública? Porque Cristiane Martel no es solo una reina de belleza retirada, es una mujer que aprendió antes que nadie que la belleza abre puertas, pero que la inteligencia es la que decide que hay detrás de esas puertas y lo que hay detrás de las suyas va a sorprenderte.

 Acompáñanos en este recorrido extraordinario. Primero vamos a descubrir cómo una niña de un pequeño pueblo del noreste de Francia llegó a convertirse en la mujer más codiciada del México de los años 50. ¿Y cómo usó esa posición para construir un patrimonio que hoy supera los 300 millones de pesos mexicanos? Segundo, vamos a entrar a sus propiedades.

 Porque Cristiane Martel no solo vive en una residencia de lujo en la Ciudad de México, es dueña de tierras, de ranchos, de obras de arte y de una colección de vehículos que reflejan décadas de vida entre la crema y nata de la sociedad mexicana y mundial. Y tercero, vamos a hablar de los conflictos, del romance que nadie se atrevió a contar en su momento, de la tensión con la familia política más poderosa de México, de los secretos que una mujer que vivió 9 y2 años guarda con la misma elegancia con la que usó la corona de Miss Universo

hace más de siete décadas. Al terminar este video entenderás por qué Cristiane Martel es mucho más que una leyenda de belleza. Es una leyenda de poder. Comencemos. Para entender la fortuna de Cristiane Martel, hay que viajar hasta un rincón del noreste de Francia que la mayoría de los mexicanos nunca han oído nombrar.

 Hay que ir hasta Plany, un pequeño pueblo del departamento de Aube, en la región de lo que hoy se conoce como Grand Est, donde el 11 de marzo de 1935 nació Modesta Cristiane Magnani. No nació en París, no nació en la Riviera Francesa, no nació en el tipo de familia que tiene acceso garantizado a las mejores escuelas y a los mejores contactos.

 Nació en una familia italiana de clase trabajadora que había emigrado al norte de Francia, como muchas otras familias del sur de Europa en las primeras décadas del siglo XX, buscando oportunidades que su tierra natal no podía ofrecerles. Su padre era un hombre de trabajo, su madre una mujer de una belleza natural que no necesitaba adornos para llamar la atención.

 Y en casa, además de Chistianee, había una hermana mayor llamada Georgette Magnani, quien décadas después tendría su propio capítulo extraordinario al casarse en febrero de 1950 y cuatro con el legendario director de cine estadounidense Vincente Minneyi, el creador de un americano en París y el padre de Lisa Minneyi.

 Aunque ese matrimonio terminaría en divorcio 3 años después, pero eso es la hermana. La historia de Cristiane es diferente, es más larga, es más rica y llega mucho más lejos. Desde pequeña, Cristiane mostraba una combinación poco común de cualidades que en una niña de los años 40, en un pueblo pequeño de Francia, no encontraba fácilmente cómo expresarse.

 Una inteligencia aguda, una presencia física imposible de ignorar y una ambición tranquila, sin alaraca, del tipo que no necesita gritar porque sabe exactamente hacia dónde va. La familia se mudó cuando Chistiane tenía 4 años a Lodun en el departamento de Bienne en el centro oeste de Francia.

 Fue ahí donde pasó su infancia y adolescencia en una ciudad más grande, con más oportunidades, con acceso a una educación que en el pueblo de origen no existía. Y fue ahí donde Magnani empezó a convertirse en Christiane Martel. No de inmediato, no de golpe, sino con la paciencia de quien construye algo sólido. El mundo de los concursos de belleza en la Francia de posguerra era un universo peculiar en un país que todavía lamía las heridas de la ocupación alemana, que reconstruía sus ciudades y su autoestima al mismo tiempo. Los certámenes de belleza eran

una válvula de escape colectiva, una manera de celebrar algo, una manera de decir que la vida seguía, que había motivos para sonreír, que la elegancia francesa no había sido destruida por los tanques. Y Christiane Magnani a los 16 años entró a ese mundo por una puerta lateral. No fue por vanidad, no fue porque su madre la empujara, fue porque alguien la vio trabajando como modelo para una casa de moda en la región de Chateauro Oouakses y le dijo que tenía lo que se necesitaba para competir.

 Ella escuchó y entonces ganó, primero Miss Chatel, luego Miss Centro, luego un título que nadie esperaba, pero que en retrospectiva era inevitable. La italiana más bella de Francia. Tres títulos, tres victorias, tres señales que apuntaban todas hacia la misma dirección. Fue en ese momento cuando tomó la decisión que definiría su vida entera de Jáchar Chate Auroxes y mudarse a París, no como turista, no como provinciana deslumbrada por las luces de la capital, como alguien que tiene un plan. y en París eligió también su nuevo

nombre. Dejó Modesta Magnani en el tren que la trajo desde el centro de Francia y llegó a la ciudad como Chistiane Martel, el apellido en homenaje a Carlos Martel, el líder histórico de los francos que detuvo el avance árabe en la batalla de Poitiers en el año 732. Un nombre que sonaba a victoria, a fortaleza, a historia, no fue un accidente.

 Nada de lo que hacía Chistiane era un accidente. En enero de 1953, el certamen de Miss Universo tenía un problema. La Miss Francia del año anterior, Silviane Carpentier, que había ganado el título en 1952, estaba a punto de casarse y declinó participar en el certamen internacional de ese año. Francia, una de las delegaciones más prestigiosas de la competencia, necesitaba una representante de emergencia.

 Miraron hacia Paris y encontraron a Christiane Martel, quien había ganado recientemente el título de Miss Cinemondde, un reconocimiento otorgado por la influyente revista cinematográfica francesa del mismo nombre, elegida por directores y actores de la industria del cine, era perfecta. El 18 de julio de 1953, en el auditorio municipal de Long Beach, California, Cristiane Martel caminó al centro del escenario del segundo certamen de Miss Universo de la historia ante las cámaras de televisión norteamericanas y la mirada del mundo

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