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Paola Durante: Su Hija Creció Mientras Todo México la Llamaba Asesina. El Daño Fue Para Siempre

A las 4 de la mañana, una mujer de 62 años se levanta de la cama. Está oscuro, hace frío. Se llama Silvia Ochoa, es uruguaya. Lleva más de 30 años viviendo en México y tiene cáncer de mama que todavía no le han diagnosticado, pero ya le está creciendo por dentro. Enciende la estufa. Cocina huevos, frijoles, tortillas calientes, lo mete todo en un topper de plástico, se viste sin hacer ruido y sale a la calle de la ciudad de México con su bolsa de mandado caminando hacia el reclusorio femenil de Santa Marta a Catitla.

Esto pasa todos los días, sábados, domingos, días feriados. durante un año y medio, 490 días seguidos. Y cuando llega al penal, los custodios le quitan el toper, le abren los huevos, los baten con un palo de madera, le batidoran los frijoles, le rompen las tortillas en pedazos para asegurarse de que no esconde droga o un teléfono o lo que sea.

comida destrozada que su mamá cocinó a las 4 de la mañana es lo que recibirá su hija al mediodía. Su hija se llama Paola Durante. Tiene 24 años. Trabajaba como edcan en el programa de Paco Stanley en TV Azteca y la mitad de México la odia porque cree que ella mandó a matar al conductor más querido de la televisión mexicana.

Tú la recuerdas, tú la viste, tú estabas ahí ese día. Era el 7 de junio de 1999, lunes mediodía. Tú prendiste el televisor o encendiste la radio y escuchaste la noticia que paralizó al país. Acababan de acribillar a Paco Stanley afuera de un restaurante llamado El Charco de las ranas, en el periférico sur de la Ciudad de México.

Cuatro tiros a quemarropa dentro de su camioneta. pocas horas después de terminar la transmisión de una tras otra y a los pocos días la prensa empezó a repetir un nombre una y otra vez. Paola Durante, la Gerüera, la Edecán, la novia del cholo, la que puso a Paco. Tú la habías visto bailar en el programa. ¿Te caía bien o te caía mal? Era igual.

A partir de ese momento, ella era la asesina. Lo que tú no sabías es que esa mañana del 7 de junio, mientras mataban a Paco Stanley afuera del restaurante, Paola Durante estaba con sus compañeras e decanes dentro de una tienda de autoservicio comprando cosas para el programa siguiente. Se encontraba a varios kilómetros del charco de las ranas y ni siquiera sabía que Paco había salido a desayunar.

Una coordinadora llamada Elia contestó el celular, gritó, azotó el teléfono contra el mostrador y les dijo a lascanes, “Paco está muerto, vámonos.” Ese fue el último día normal de la vida de Paola Durante. Lo que vino después fue 27 años de infierno. Hoy vas a descubrir cuatro cosas que nunca te contaron de esta historia.

Primero, vas a entender exactamente cómo construyeron la acusación contra una mujer joven sin tener una sola prueba real, usando como testigo a un recluso que después se retractó diciendo que lo habían torturado. Segundo, vas a saber lo que su madre, doña Silvia Ochoa, hizo cada madrugada durante 18 meses para llevarle comida.

Y por qué Paola está convencida de que eso fue lo que terminó matándola 18 años más tarde. Tercero, vas a conocer la historia de la otra víctima, la que nunca aparece en las noticias, la hija pequeña de Paola, que tenía 4 años cuando arrestaron a su madre y que descubrió la verdad de la peor forma posible. Y cuarto, vas a saber lo que una mujer afirmó en enero de 2026 sobre lo que pasó realmente dentro del penal de Santa Marta Catitla, una versión que reabre todo el caso 27 años después y que pone en duda hasta la persona que protegió a

Paola en prisión. Te voy a avisar cuando llegue cada una. Pero para entender cómo fue posible que esto ocurriera, necesitas conocer el mundo que construyó a Paola Durante. Porque esta historia no empieza el 7 de junio de 1999. Empieza mucho antes y empieza con algo que tú probablemente viste en tu propia televisión.

Paola durante nació el 17 de abril de 1975 en Montevideo, Uruguay. Hija de Silvia Ochoa Vázquez y un padre del que casi no se habla. Su mamá, Silvia era una mujer joven, guapa, con dos hermanas. Una de ellas, Rosario Ochoa, también vivía en Uruguay y tenía una hija pequeña a la que ya conoces, aunque tal vez no sepas que es la prima de Paola.

Esa niña es Bárbara Mori. Las dos primas crecieron juntas en Montevideo cuando eran niñas. Después la familia se separó. Bárbara se fue por un lado hacia las telenovelas, hacia el cine, hacia Rubí. Paola se fue por otro, hacia los programas de variedades, hacia las pasarelas, hacia la televisión de Cabaret. Y ese detalle que parece anecdótico, te lo guardo para más tarde, porque cuando entiendas hasta dónde llegó el estigma sobre Paola, vas a entender también por qué su propia familia se mantuvo a distancia.

Silvia Ochoa, la madre, se mudó a México con su hija, siendo Paola muy pequeña. Buscaban una vida mejor. Buscaban estabilidad. Lo que encontraron fue lo de siempre para una mujer sola con una hija en un país que no era el suyo. Rentas baratas, trabajos mal pagados, vecinos que las miraban distinto porque hablaban con acento uruguayo.

Silvia trabajaba, Paola crecía y desde niña Paola sufría algo que en México de los 80 y 90 era casi un delito social. Era demasiado rubia. Tú sabes de lo que hablo. En esa época, ser gerera de verdad en un barrio popular de la Ciudad de México te marcaba. Te empujaban. Te molestaban en la escuela. Algunas niñas le sacaron sangre.

Paola misma contó años después en una entrevista con Jordi Rosado, que durante su infancia la golpeaban por ser tan blanca. Su mamá le compraba maquillaje para taparle el color de la piel, para que no se notara tanto, para que la dejaran en paz. A los 20 años, Paola se quedó embarazada. Ella misma lo contó en la casa de los famosos México en 2024.

El padre de la bebé era una pareja con la que sufrió violencia y a la que dejó cuando se enteró del embarazo. Se fue a vivir a casa de su mamá y ahí nació en 1995. una niña llamada Stephanie Durante Ochoa. Guarda ese nombre, lo vas a necesitar más adelante. Esa niña, Stefhanie, es la otra víctima silenciada de esta historia.

Paola tenía 20 años, una hija recién nacida, ningún ingreso fijo y una madre que la sostenía. Necesitaba trabajar. Lo único que le ofrecían era lo único que le ofrecían a una mujer joven, guapa y rubia en la ciudad de México de los 90. animadora de los tigres de béisbol, de eventos, modelo de catálogo, bailarina en algún programa de variedades.

Lo aceptó todo porque su hija comía de eso y porque su mamá ya estaba lo suficientemente cansada como para que ella se pusiera a soñar. Y aquí entra el mundo del espectáculo que tú conoces también. A finales de los 90, la televisión mexicana vivía una guerra que ya no se ve hoy.

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