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FRIDA SOFÍA REVELA el HORROR de la Dinastía Pinal… y lo que Enrique Guzmán confesó 50 años después.

Hay una pregunta que nadie se hace cuando ve el árbol genealógico de la familia más famosa del espectáculo mexicano. No se preguntan por los éxitos,  no se preguntan por las portadas de revista, ni por los premios, ni por los nombres en marquesinas. La pregunta que nadie se hace es esta. ¿Cuántas veces puede seguir en pie una familia  después de que la tragedia la golpea una y otra vez y otra vez?  ¿Cuánto puede absorber una matriarca antes de quebrarse?  ¿Cuánto dolor puede transmitirse de

generación en generación antes de que alguien diga basta y  lo nombre? La familia Pinal. Cuatro generaciones.  Cuatro generaciones de talento real, de fama genuina, de mujeres que llenaron escenarios y pantallas y portadas de revistas. Y cuatro generaciones de un dolor  que nadie eligió, pero que todos heredaron como si viniera incluido en el ADN junto con las voces y  las caras perfectas para la cámara.

Un dolor que se repite  con una precisión que resulta casi imposible de creer, que se transforma de una generación a la siguiente, pero que sigue siendo reconocible. El padre  ausente, la violencia que no se nombra, el hijo que muere  antes de tiempo, el abuso que duerme en silencio durante décadas y un día explota en las  portadas de todos los periódicos.

Hoy vamos a contar esta historia desde el  principio, no desde donde los homenajes quieren empezar, desde donde  la historia realmente empieza, desde antes de que existiera Silvia Pinal,  desde una muchacha de 15 años en Ciudad de México en 1931.  Esa muchacha se llama Luisa Hidalgo.

Tiene  15 años y está embarazada. El padre del bebé  es un hombre conocido, con dinero y con nombre. Director de orquesta  se llama Moisés Pasquel y ha tomado una decisión. Ese bebé  que viene en camino no existe para él. Esa muchacha de 15 años  en cinta y sin recursos no es problema suyo.

Él tiene una reputación  que proteger. Él tiene una carrera,  él tiene una vida que ese bebé no va a interrumpir. El 16 de septiembre  de 1931 nace una niña, hija ilegítima  de un padre que eligió no estar. con una madre  de 15 años que va a tener que criarse sola mientras cría a esa bebé.

La niña se llama Silvia y va a crecer sin conocer a su padre  biológico hasta que ella tenga 11 años. 11 años esperando a un hombre  que estaba vivo, que vivía en la misma ciudad, que sabía perfectamente que ella existía  y que todos los días eligió no ir a verla.  Eso no desaparece.

Un padre ausente que pudo haber estado no es lo mismo que un padre que murió. La muerte no es una elección. El abandono sí. Y una niña que crece sabiendo que su padre eligió no conocer la carga  esa información en algún lugar del cuerpo, aunque aprenda a vivir con ella,  aunque la convierta en combustible.

Aunque se haga  actriz y conquiste al mundo entero y ponga su nombre en todos los festivales de cine,  la información sigue ahí. La madre de Silvia se casó con un militar llamado Luis Pinal, un hombre que le dio su apellido  a la niña, un apellido prestado, un gesto  que en el papel sonaba generoso y que en la práctica vino con condiciones.

Luis  Pinal no quería que Silvia fuera actriz. le exigió que aprendiera mecanografía  como condición para dejarla intentarlo en el teatro. Un oficio respetable,  según él, un plan de contingencia para cuando el sueño se derrumbara. Silvia Pinal  estudió mecanografía y nunca la usó porque  el sueño no se derrumbó.

Todo lo contrario. En 1947,  con 16 años, Silvia se casó con Rafael Banquels,  actor y director de teatro, un hombre mayor. El primer  matrimonio. En 1949 nació Silvia Pasquel, su primera hija. Y en 1952,  cuando Silvia tenía 3 años, ese matrimonio ya había terminado. Divorcio.

Primera hija, primer padre  que se va. El patrón empezaba a dibujarse, aunque en ese  momento nadie pudiera verlo, porque para ver un patrón  necesitas distancia. Y cuando estás dentro de la historia, viviendo cada capítulo en tiempo real, no hay distancia posible. A lo largo de los años  50, Silvia Pinal construyó una carrera en el cine mexicano  que la puso en el centro del universo del espectáculo,  película tras película, con esa presencia suya que hacía que una

cámara no pudiera apartarse de su cara aunque  quisiera. Y mientras la carrera crecía, el mundo de los hombres poderosos de México desfilaba  por su vida. tuvo una relación con Emilio Azcárraga Milmo,  el heredero de Televisa, el hombre que durante décadas controlaría la televisión mexicana.

4  años juntos terminó. Y hay un dato en la historia de  los romances de Silvia Pinal que muchos no conocen. También tuvo una relación  conrad Nicholson Hilton. Nick Hilton,  el tío abuelo de Paris Hilton, la actriz mexicana  más importante de su generación y el heredero de una de las fortunas hoteleras más grandes del mundo.

México y Hollywood en el mismo romance. también terminó porque Silvia Pinal  era de las personas que nunca podían estar solas completamente, pero que tampoco podían quedarse  en un lugar que no funcionaba. Tenía una regla muy clara que ella misma  explicó.

Podía perdonar muchas cosas, pero no la infidelidad  y no la violencia. Cuando una o las dos aparecían, Silvia Pinal se iba, aunque  tardara, aunque el proceso doliera. Y entonces apareció  Gustavo a la triste. Lo conoció en casa de Ernesto Alonso. Así lo contó ella misma en su libro con ese lujo de detalle que tienen los recuerdos  que importan de verdad.

Lo notó desde el primer  momento, pero estaba casado y Silvia Pinal tenía su regla.  Con casados nada. Así que lo  ignoró hasta que el destino se metió donde no lo llamaron. La esposa  de Alace viajó a Italia y desde Italia  le fue infiel. Y a la triste se enteró. Y cuando a la triste se enteró, ya no  había obstáculo.

Se casaron en 1961.  Y esos años fueron algo que Silvia Pinal  describió el resto de su vida con una nostalgia que nunca desapareció del todo.  Porque Gustavo a la triste no era solo un esposo, era un productor visionario. Era el hombre que entendía lo que Silvia  podía ser más allá de lo que ya era.

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