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El fin de la impunidad en Matamoros: Así cayó el zar de las aduanas que operó 18 años bajo la sombra del crimen

Era jueves 11 de junio de 2026. El reloj marcaba exactamente las 2:40 de la tarde en el Puente Internacional Puerta México, ubicado en Matamoros, Tamaulipas. Este paso fronterizo, mundialmente conocido por ser uno de los puntos geográficos más críticos y calientes del país para el trasiego de narcóticos, armas y dinero en efectivo, fue el escenario de un suceso extraordinario. Diariamente, miles de personas, vehículos particulares y pesados camiones de carga atraviesan este puente en medio del caos habitual de una frontera viva. Sin embargo, ese jueves el flujo rutinario fue interrumpido por la entrega de un paquete muy distinto a los habituales.

Un hombre esposado, custodiado fuertemente por autoridades estadounidenses, fue entregado mano a mano a agentes federales mexicanos. Estos agentes no estaban allí por casualidad ni cubriendo una guardia de rutina; habían sido enviados directamente por el gabinete de seguridad que dirige Omar García Harfuch. El hombre que cruzaba la frontera con la mirada baja, vistiendo un pantalón de mezclilla azul y las manos atadas, era Carlos Eugenio Benítez Horta. Hasta ese fatídico momento, él ostentaba un cargo de poder incalculable y profundamente arraigado en el sistema: supervisor de verificadores de la aduana de Matamoros. Irónicamente, fue entregado como prisionero en las mismas instalaciones que controló con mano de hierro durante años. Su acusación no era un simple cargo administrativo, se enfrentaba a la justicia por delincuencia organizada. Esta operación de alto impacto, coordinada milimétricamente por Harfuch, culminó

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