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Verónica Castro: She raised her son alone, made him a star, and this is how he repaid her.

Aprendes a tragarte el no como quien desayuna. Hay una imagen que a mí me parece muy de ella, una chica joven sentada en una de esas sillas duras de pasillo con el [música] guion aprendido de memoria y el pelo arreglado desde las 6 de la mañana lista por si acaso, por si hoy era el día. [música] Y por delante de ella pasaban los productores, los directores, los que decidían, la saludaban, le sonreían, a veces le decían, “Qué guapa estás hoy.

” Y seguían de largo hacia la sala donde se repartían los papeles. Ella se quedaba en la silla otra vez y nadie la llamaba. Y al día siguiente volvía al mismo pasillo, a la misma silla de siempre, con el pelo arreglado desde las 6 de la mañana otra vez. A veces se llevaba un sándwich envuelto en una servilleta para no perder el sitio a la hora de comer, por si justo en ese rato salía alguien y preguntaba su nombre.

Tomando clases de canto que pagaba con lo poco que tenía, de baile, de actuación, haciendo fotonovelas, papelitos minúsculos, pruebas que no salían, audiciones que no llamaban de vuelta. [música] La mayoría se habría ido a los 5 años o a los siete o a los 10. Verónica siguió porque eso de esperar detrás de una puerta que llegara algo mejor ya lo había aprendido de niña. Lo normal habría sido rendirse.

[música] Lo raro es que siguiera volviendo, porque nadie espera 15 años si no tiene hambre de algo mucho más grande. Y mientras esperaba, apareció un hombre. Y aquí es donde su vida [música] empieza a parecerse demasiado a las telenovelas que todavía no había rodado. El hombre era uno de los cómicos más famosos y queridos de México, un hombre que todo el país conocía.

Verónica tenía 21 [música] años, él tenía 42, el doble, casi la edad que tenía su padre cuando se fue. Casualidad, quizás, quizás no. Y de repente me pregunté algo un poco incómodo. Cuántas veces, sin darnos cuenta, buscamos en una pareja a la persona que nos faltó de niños. Se conocieron en un programa donde Verónica salía al final guapísima a que le pusieran encima los créditos, decoración, básicamente.

Y él, que era la estrella del programa, se fijó en ella, empezó a mandarle flores al camerino, hacerla reír entre toma y toma y a cortejarla. Y es fácil entender por qué ella se enamoró. Era famoso, carismático, divertidísimo. De los [música] que entran en una habitación y a los 10 minutos todo el mundo se está riendo.

A una chica de 21 años que había crecido sin un padre en casa, que llevaba años esperando que alguien la mirara, que la mirara precisamente el hombre más gracioso de México. A mí tampoco me habría parecido mala idea. Te soy sincera. Ya sabes cómo es eso. El que te hace reír te desarma y si encima es famoso y te presta atención cuando llevas años siendo invisible [música] en un pasillo, pues poco hay que pensar.

El programa terminó, pero ellos siguieron viéndose y Verónica, que no había tenido a un hombre en casa desde los 8 años, se dejó querer por el primero, que la miró como si fuera la única en la habitación. [música] Y aquí viene la parte que cuesta de contar. Cuando Verónica supo que esperaba a un hijo, descubrió también que aquel hombre tenía pareja y otros hijos y que llevaba años así. Imagínate el golpe.

Tienes 21 años, crees que por fin alguien te ha elegido, vas a darle la noticia de que vais a tener un hijo y descubres que ese alguien ya tenía su vida montada en otra parte, que tú eras la otra, que nunca te eligió de verdad, un hombre que no se iba a quedar como su padre. Y aquí es donde yo me hago la pregunta, ¿fue mala suerte o hay algo dentro de una persona que sin querer la lleva una y otra vez al mismo sitio? Guárdate esa duda, porque va a volver.

Lo que hizo Verónica en ese momento dice mucho de quién era. No montó un escándalo, no fue a los medios, cerró la puerta, se llevó el embarazo sin él y siguió trabajando. Yo pasé esa página, decía, años después. Cuando algo me decepciona, lo elimino de raíz. Y esa frase la repetía cada vez que le preguntaban por aquel hombre o por cualquiera de los que se fueron.

Página pasada. [música] y a otra cosa, pero una cosa es pasar la página y otra muy distinta olvidar lo que estaba escrito [música] en ella y eso, créeme, no se le olvidó. Cristian nació en 1974 y Verónica lo crió sola desde el primer día, trabajando, actuando con el niño en la guardería del estudio, esperando el papel grande con un carrito de bebé al lado [música] del set, meciéndolo con un pie mientras repasaba el guion con las manos.

Imagínate la estampa una mujer joven [música] sola terminando una escena y en cuanto le dicen corten saliendo corriendo hacia el carrito que han dejado en una esquina del plató [música] le daba el pecho entre toma y toma. Volvía a su marca, repetía la escena y vuelta a empezar. Madre y actriz en el mismo turno, sin descanso y sin nadie que la relevara.

Y cuando ella no podía, ahí estaba su madre, doña Socorro, cuidando del niño mientras Verónica grababa como siempre, la única que no fallaba. Y aquí hay un detalle pequeño que a mí me parece de las cosas más grandes de toda su historia. Cuando registró al niño no le puso el apellido del padre, le puso el suyo. Cristian Castro, no Cristian Valdés, porque sí, te lo cuento ya, aquel cómico famosísimo, el hombre que la dejó esperando un hijo y que tenía otra familia entera era Manuel Valdés, el loco Valdés, uno de los grandes de la comedia mexicana. Y Verónica decidió que

su hijo no llevaría ese apellido. Imagínatela en el Registro Civil con el bebé en brazos dictando el nombre Cristian Castro, el suyo. La empleada anotando sin saber que esa mujer acababa de borrar a un [música] padre de una vida con dos palabras. y a la salida sola otra vez con el niño y el papel en la mano a seguir el apellido de ella, el apellido de la que se quedó.

Y es como si le hubiera dicho al niño sin decírselo con palabras, “Mira, tú no vienes de un hombre que se marchó, tú vienes de una mujer que no se rindió.” [música] Verónica decía que de eso se sentía muy orgullosa y se le notaba. Acuérdate de ese niño porque la historia más grande de la vida de Verónica no es ninguno de los hombres que se fueron.

Es él y todavía nos queda mucho para llegar ahí. Lo crió entre bambalinas. Literalmente el niño dormía en los camerinos mientras su madre grababa. Crecía entre cables, focos y maquillaje. Veía a su madre transformarse en otra persona para la cámara y volver a ser su mamá cuando se apagaba la luz roja. Y Verónica trabajaba, trabajaba y trabajaba porque era madre soltera, sí, pero también porque cada papel era una manera de no parar, de no quedarse quieta, de no sentir el silencio de una casa donde no había un compañero esperando.

una [música] mujer joven sola, con un bebé en una mano y un guion en la otra, repasando sus líneas a las 3 de la mañana, porque al día siguiente [música] había rodaje y no había nadie más para hacerlo, ni para el niño ni para el trabajo, solo ella, igual que su madre antes, exactamente igual que su madre. Y 5 años después de que naciera, apareció el papel que lo iba a cambiar todo, el que la conocería el mundo entero.

Aunque [música] mira, ni ella se imaginaba hasta dónde. 1979, Verónica tenía 27 años, un hijo de cinco que criaba sola, 15 años de esperar en aquellos pasillos y por fin una oportunidad. Y fíjate que llegó casi de rebote como llegan a veces las cosas más grandes, porque al final después de tanto no, alguien se acordó de aquella mujer que llevaba media vida esperando en una silla y le dijo que sí.

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