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¿Puedo Dormir Aquí Solo Esta Noche?

Y aun así, el dolor seguía sentado a su mesa cada mañana.

El reloj marcó las nueve de la noche cuando el sonido de un automóvil irrumpió en el silencio.

Ethan levantó la mirada.

No esperaba visitas.

Mucho menos en medio de aquella tormenta.

Miró por la ventana y vio las luces de una camioneta negra detenerse frente a la casa.

La puerta del vehículo se abrió de golpe.

Una mujer salió corriendo bajo la lluvia.

Parecía joven.

Muy joven.

La muchacha llegó hasta el porche y golpeó la puerta desesperadamente.

—¡Por favor! ¡Ayúdeme!

Ethan abrió con cautela.

La joven estaba empapada.

Tenía el cabello oscuro pegado al rostro y los ojos llenos de miedo.

—¿Qué ocurre?

Ella miró detrás de sí como si alguien la estuviera persiguiendo.

—¿Puedo dormir aquí solo esta noche?

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