Posted in

El Primer Show de Juan Gabriel tras Salir de Prisión — Lo que Hizo Aquella Noche Emocionó a Todos

Lo que cantas esta noche es lo que va a definirte para siempre.” Juan Gabriel la miraba con ojos que todavía llevaban sombras de prisión, con expresión de alguien que había visto cosas que nadie debería ver a los 20 años. “¿Y si no puedo hacerlo? Queta, había preguntado con voz apenas audible. ¿Y si subo ahí y me paralizo? Si me acuerdo de las celdas, de los gritos en la noche, de sentir que iba a morir ahí adentro, la prieta linda lo abrazó fuerte contra su pecho.

Entonces vas a respirar profundo y vas a recordar todas las noches cuando componías canciones en tu cabeza porque no te dejaban tener papel ni lápiz cuando la música era lo único que te mantenía con vida. En Maramé, el bar comenzó a llenarse alrededor de las 9 de la noche con gente que venía principalmente a escuchar a la Prieta Linda, quien iba a cantar en la segunda parte del show.

Pocos sabían quién era Juan Gabriel o por qué su nombre aparecía en el cartel de esa noche junto al de una estrella establecida. El dueño del bar, don Ernesto, un hombre mayor que había visto tiempos mejores, subió al escenario para hacer la presentación. Buenas noches, señoras y señores. Esta noche tenemos un talento especial.

Un muchacho que viene recomendado por nuestra querida Prieta Linda dijo tratando de sonar entusiasta. Por favor, reciban con respeto a Juan Gabriel. Los aplausos fueron educados, pero sin entusiasmo real. El tipo de aplauso que se da por cortesía más que por interés genuino. Juan Gabriel subió al escenario con pasos lentos, colocó la guitarra sobre su regazo, miró al público que seguía conversando sin prestarle mucha atención y sintió que las lágrimas comenzaban a brotar sin que pudiera controlarlas. Perdónenme”, dijo al

micrófono mientras las lágrimas corrían por su rostro delgado, marcado por el sufrimiento reciente. El público dejó de hablar inmediatamente, sorprendido por ver a alguien llorar así en un escenario antes siquiera de comenzar a cantar. “Yo sé que ustedes vinieron aquí a pasar una noche agradable, a tomar sus bebidas y escuchar buena música.

Y aquí estoy yo llorando como niño. Su voz temblaba, pero continuó hablando. Hace tres semanas salí de la cárcel de Lecumberry, donde pasé 18 meses acusado de robar cosas que nunca robé. Hubo murmullos entre el público, algunos de incomodidad, otros de curiosidad creciente. No les estoy contando esto para que sientan lástima por mí.

Se los cuento porque las canciones que voy a cantarles esta noche las escribí ahí adentro en una celda fría donde lo único que tenía era mi voz y la esperanza de que algún día alguien las escucharía. Se limpió las lágrimas con el dorso de la mano. Pochini. Esta primera canción la escribí una noche cuando pensaba en mi madre, que no vino a visitarme ni una sola vez en todo ese tiempo, y en todas las veces que amamos a alguien, pero no tenemos nada material que ofrecerles, excepto nuestro corazón.

Juan Gabriel comenzó a tocar los primeros acordes de No tengo dinero y su voz salió quebrada al principio, cargada con todo el dolor de los 18 meses en Lecumberry. Cantaba sobre no tener dinero para ofrecer a la persona amada, sobre dar solo corazón cuando las manos están vacías y cada palabra parecía arrancada directamente de su experiencia vivida en prisión, donde literalmente no tenía nada, excepto sus canciones.

El público observaba en silencio total. Ya nadie conversaba, nadie pedía bebidas. Todos los ojos estaban fijos en este muchacho que cantaba como si estuviera sangrando emocionalmente frente a ellos. En la tercera fila, una mujer mayor comenzó a llorar abiertamente, limpiándose las lágrimas con servilleta de papel.

En la barra, el bartender había dejado de servir y observaba con expresión absorta. La prieta linda que estaba de pie junto a la entrada del bar también tenía lágrimas corriendo por su rostro mientras veía a su protegido transformar su dolor en algo hermoso. Cuando terminó la primera canción, hubo silencio de 3 segundos que se sintió eterno.

Y entonces el bar explotó en aplausos que duraron casi un minuto completo. Varias personas se pusieron de pie, algo inusual en un bar pequeño donde la gente generalmente permanecía sentada durante todo el show. Juan Gabriel miraba al público sin poder creer la reacción. Había esperado rechazo o indiferencia, pero nunca este nivel de conexión emocional.

Gracias”, logró decir con voz todavía temblorosa. “Muchas gracias por escucharme.” Don Ernesto, que estaba en la parte trasera del bar, miraba la escena con expresión de asombro, porque en 30 años de negocio nunca había visto reacción así después de una sola canción. Juan Gabriel respiró profundo tratando de controlar las lágrimas que seguían amenazando con desbordarse.

La siguiente canción se llama Me he quedado solo y la escribí en mi segunda semana en Lecumberry cuando entendí que nadie iba a venir por mí, que estaba completamente solo en ese lugar. cantó la segunda canción con aún más emoción que la primera, su voz quebrándose en partes, pero nunca deteniéndose, siempre empujando hacia delante, porque había esperado 18 meses por esta oportunidad de ser escuchado.

La letra hablaba sobre abandono, sobre estar solo en medio de multitudes, sobre llamar a alguien que no responde. Y cada verso resonaba con verdad porque había vivido exactamente eso. El público estaba completamente absorto. Algunas personas cerraban los ojos para concentrarse solo en la voz y las palabras.

Otras miraban fijamente a Juan Gabriel como si estuvieran viendo a alguien atravesar su propia curación en tiempo real. Cuando terminó esta segunda canción, los aplausos fueron aún más fuertes que los primeros y esta vez más gente se puso de pie. Un hombre en la primera fila gritó. Eres grande, muchacho. Y otros se unieron con expresiones similares de apoyo.

Juan Gabriel se limpió las lágrimas nuevamente, sintiendo que algo estaba cambiando dentro de él con cada canción que cantaba. “Quiero contarles algo sobre Lecumberry”, dijo Juan Gabriel después de que los aplausos finalmente cesaron. El público volvió a guardar silencio esperando sus palabras. Cuando entré ahí, pensé que mi vida había terminado, que nunca volvería a cantar, que moriría en esa celda acusado de algo que no hice.

Su voz era más firme ahora, como si el acto de cantar lo estuviera fortaleciendo. Pero entonces empecé a componer canciones en mi cabeza durante las noches, cuando no podía dormir porque tenía miedo, cuando escuchaba gritos de otros presos, cuando sentía que me estaba volviendo loco. Hizo pausa para controlar la emoción.

La música fue lo que me salvó. Fue mi escape cuando no había ningún otro escape posible. Varias personas en el público asentían con lágrimas en los ojos. Y ahora estoy aquí frente a ustedes cantando esas canciones  y ustedes las están escuchando con sus corazones abiertos y eso significa más para mí de lo que puedo expresar con palabras.

Read More