El género de la bachata ha experimentado una revolución sin precedentes en las últimas décadas, transformándose de un ritmo regional caribeño a un fenómeno de estadios globales. En el epicentro de esta metamorfosis se encuentra un nombre que resuena con fuerza en los corazones de millones de fanáticos: Prince Royce. Detrás del brillo de los reflectores, los premios internacionales y el título indiscutible de “El Príncipe de la Bachata”, se esconde la historia de Jeffrey Roy Rojas, un joven del Bronx de ascendencia dominicana que tuvo que desafiar la pobreza, la burocracia legal de la industria de la música y severas crisis de salud para reclamar su lugar en el firmamento artístico.
Nacido el 11 de mayo de 1989 en uno de los barrios más complejos de Nueva York, Prince Royce no creció rodeado de lujos. Hijo de un taxista y una estilista, aprendió desde muy pequeño el valor del trabajo duro y la perseverancia. A pesar de las limitaciones económicas, el ADN musical de la República Dominicana corría por sus venas, impulsado por los viajes familiares a la isla caribeña y los ritmos de merengue y bachata que inundaban su hogar. Su romance con el arte comenzó en el coro de la escuela durante una Navidad, un momento clave en el que descubrió que el escenario era el único lugar donde se sentía verdaderamente cómodo y libre de temores.
A los 13 años, el joven Jeffrey ya canalizaba sus emociones a través de la poesía, escribiendo composiciones tanto en inglés como en español. Sin embargo, el camino hacia la profesionalización
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exigía recursos económicos que su familia no poseía. Lejos de rendirse, a los 18 años consiguió empleo vendiendo teléfonos celulares en una tienda local. Durante un año entero, ahorró de manera estricta cada centavo de sus comisiones con un único objetivo: pagar a los músicos y alquilar un estudio de grabación para dar vida a su primer demo musical. Aunque ese material inicial fue rechazado en múltiples ocasiones por diferentes puertas de la industria, la semilla de la disciplina ya estaba plantada. Fue en la antigua plataforma de MySpace donde decidió adoptar el seudónimo de “Prince Royce”, un nombre elegido casi como una broma adolescente que emulaba a la realeza, sin imaginar que años más tarde se convertiría en su marca de identidad global.
La primera gran oportunidad llegó con una mezcla de audacia y malentendidos. Junto a un amigo de la infancia, Royce viajó a Miami para presentarse en el legendario programa “Sábado Gigante”. Al llegar al set, descubrieron que el segmento no era un concurso de canto original, sino una competencia de imitación. Adaptándose rápidamente a las circunstancias, los jóvenes decidieron imitar al famoso dúo de reguetón Wisin & Yandel. La presentación fue un éxito rotundo de audiencia, abriéndoles las puertas del mercado de Miami, aunque el destino les depararía un trago amargo: una demanda legal por el uso no autorizado de una pista musical durante el concurso en vivo. A pesar del susto inicial para dos adolescentes inexpertos, lograron salir airosos de la situación.
El verdadero punto de inflexión en su carrera ocurrió al conocer al mánager Andrés Hidalgo, quien detectó de inmediato el potencial del joven y lo conectó con el laureado productor Sergio George. Bajo el sello discográfico Top Stop Music, Prince Royce lanzó en marzo de 2010 su álbum debut homónimo. El disco incluyó “Stand by Me”, una audaz e innovadora adaptación a la bachata del clásico interpretado por Ben E. King en 1961, y “Corazón sin cara”, un tema de su propia autoría que rompió esquemas al abordar la belleza interior y el amor propio. El impacto fue inmediato: el álbum escaló hasta la primera posición en las listas Tropical Albums y Latin Tropical Airplay de la revista Billboard, convirtiendo a Royce en el artista más joven en liderar dichos listados.
Con el ascenso meteórico de su carrera, el público y los medios de comunicación comenzaron a tejer narrativas sobre una supuesta rivalidad en la cúspide del género tropical. Mientras Romeo Santos ostentaba el título indiscutible de “El Rey de la Bachata”, Prince Royce era coronado como el “Príncipe”. La ausencia de una colaboración formal en un estudio de grabación entre ambas estrellas alimentó durante años los rumores de una guerra silenciosa por el trono. No obstante, Royce se ha encargado de desmentir categóricamente cualquier enemistad, manifestando en reiteradas ocasiones su profunda admiración por la trayectoria de Santos. Aunque han compartido escenarios de forma esporádica evidenciando un respeto mutuo, la esperada canción a dúo sigue siendo una asignatura pendiente que mantiene en vilo a los amantes de la música latina.
El éxito comercial continuó consolidándose con el lanzamiento de su segundo álbum de estudio, “Phase II”, en abril de 2012. Este trabajo discográfico, que integró una rica variedad de estilos que iban desde la bachata tradicional hasta arreglos de Mariachi, obtuvo la certificación de disco de platino en los Estados Unidos y Puerto Rico, además de una nominación a los Latin Grammys como Mejor Álbum Tropical. Ese mismo año, su atractivo físico y carisma personal lo llevaron a ser reconocido por la revista People en Español como uno de los hombres más sexis del año, desatando la euforia de una fanaticada femenina que no ha dejado de crecer.
A lo largo de sus 14 años de trayectoria, Prince Royce ha demostrado ser un artista versátil, expandiendo sus fronteras artísticas y personales. Ha colaborado con figuras de la talla de Jennifer Lopez, Pitbull, Shakira, Daddy Yankee y María Becerra, incursionando con éxito tanto en el mercado anglosajón con su álbum “Double Vision” como en la televisión participando como jurado en “La Voz Kids”. Fuera de los escenarios, Royce ha canalizado su disciplina a través del atletismo de alto rendimiento, logrando completar los exigentes maratones de Nueva York y Japón.
En el ámbito sentimental, su vida amorosa ha estado marcada por la discreción y la intensidad. Mantuvo una relación de más de una década con la actriz Emeraude Toubia, con quien contrajo matrimonio en el año 2018 en una ceremonia estrictamente privada. El anuncio de su boda sorprendió al mundo entero, pero la historia de amor llegó a su fin en 2022 con un divorcio que afectó profundamente al cantante a nivel personal. El proceso de sanación y desamor quedó plasmado de forma evidente en sus composiciones más recientes, transformando su dolor en arte conectando con un público que compartía sus mismas vivencias.
A pesar de su fortaleza física y su activa carrera, el año 2023 puso a prueba la resistencia del artista debido a serios incidentes de salud y controversias mediáticas. En abril de ese año, el mundo del entretenimiento se paralizó cuando Prince Royce compartió una serie de alarmantes fotografías desde la camilla de un hospital. El propio intérprete explicó a sus seguidores que había sufrido una severa reacción alérgica que le provocó un sarpullido doloroso y un enrojecimiento total en la espalda, obligando a una intervención médica de emergencia durante una semana que calificó como “bastante difícil”.
A la par de sus problemas de salud, la interacción con su público ha rozado límites polémicos. Durante una presentación en Miami, una fanática burló los anillos de seguridad del escenario, logrando levantar su propia camiseta de forma descarada frente al artista, un momento que se volvió viral en redes sociales y abrió un debate ético sobre el respeto y los límites de la privacidad de los artistas en vivo.
Hoy en día, con 35 años de edad, Prince Royce continúa manteniéndose vigente en las listas de popularidad mundial, demostrando que la bachata con matices contemporáneos de violines y violonchelos sigue teniendo un público fiel. Superando las alergias que amenazaron su bienestar, los divorcios mediáticos y los desafíos legales de sus inicios, el chico del Bronx sigue recorriendo el mundo, asegurando que el sonido de su bachata seguirá resonando con fuerza por mucho tiempo más.