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Un Chico de la Calle Cantaba una Canción de Juan Gabriel Cuando, de REPENTE, el Propio DIVO Apareció

Jaz de Bael estaba cantando Querida en la esquina de la avenida Reforma y Florencia en la zona rosa, cuando vio a un hombre de traje brillante bajarse de un Mercedes negro y caminar directamente hacia él. Llevaba 3 horas ahí parado con su guitarra prestada cantando canciones de Juan Gabriel para los turistas que salían de los restaurantes caros.

 Había juntado apenas 80 pesos en monedas que la gente le tiraba [música] en el estuche abierto a sus pies. El hombre del traje se detuvo a 5 m de distancia, se cruzó de brazos y se quedó ahí escuchando sin decir nada mientras JZ terminaba la canción. Cuando la última nota se desvaneció en el aire nocturno, el hombre se quitó los lentes oscuros y sintió que las piernas le dejaban de funcionar porque acababa de reconocer quién era.

 Era el 22 de agosto de 1985 en la Ciudad de México y lo que Juan Gabriel hizo en los siguientes 20 minutos cambió la vida de un muchacho español que estaba a punto de rendirse y regresar a España derrotado. Gas de Bael había llegado a México desde Barcelona 6 meses antes con la idea romántica de que Latinoamérica estaba hambrienta de nuevos talentos europeos, que su acento español sería una ventaja exótica, que la industria musical mexicana lo recibiría con los brazos abiertos.

Aprendió brutal y rápidamente que estaba completamente equivocado, que la industria mexicana en 1985 era un circuito cerrado donde los artistas extranjeros, sin visa de trabajo ni conexiones locales, simplemente no existían, que su acento no era exótico, sino una barrera que hacía que los productores lo descartaran antes de escucharlo.

 Había tocado puertas en todas las disqueras, había intentado conseguir audiciones, había mandado demos a estaciones de radio y la respuesta había sido siempre la misma. Necesitas permiso de trabajo. No tenemos presupuesto para artistas internacionales. Tu estilo no funciona aquí. El dinero que trajo de España se acabó en el segundo mes, pagando un cuarto en una pensión de la colonia Juárez.

 Y cuando ya no pudo pagar, ni eso comenzó a dormir en estaciones del metro y a cantar en las calles para comer. Lo que Jas no entendía sobre la industria musical es que funciona como un sistema de castas donde tu punto de entrada determina casi todo tu futuro. Si entras por arriba con respaldo de una disquera internacional y visa de artista, te tratan como talento valioso.

Pero si entras por abajo como músico callejero sin papeles, te vuelves invisible sin importar qué [música] también cantes. México en los años 80 tenía leyes migratorias estrictas que hacían casi imposible para extranjeros trabajar legalmente como artistas sin patrocinio de una empresa mexicana. Y ninguna empresa quería patrocinar a alguien sin historial probado, creando un círculo vicioso donde los que más necesitaban oportunidades eran exactamente los que no podían conseguirlas.

 Has había caído en ese círculo y cada día que pasaba cantando en las calles lo hundía más profundo porque los músicos callejeros eran vistos como mendigos disfrazados, no como artistas legítimos. Y una vez que cargas esa etiqueta, es casi imposible quitártela. Llevaba 6 meses sobreviviendo con entre 50 y 100 pesos diarios que juntaba cantando, dinero que apenas le alcanzaba para tacos y un lugar donde dormir.

 Esa noche específica, Ja había elegido la zona rosa porque era jueves y los restaurantes estarían llenos de gente con dinero, dispuesta a tirar monedas a músicos callejeros. Había llegado temprano para conseguir una buena esquina antes de que llegaran los otros músicos que también competían por atención.

 decidió cantar solo canciones de Juan Gabriel porque había notado que la gente respondía mejor a esas canciones que a [música] cualquier otra cosa, que cuando cantaba Amor eterno o querida, la gente se detenía a escuchar en lugar de pasar de largo. Lo que Jazz no sabía es que Juan Gabriel vivía en un penouse a solo tres cuadras de esa esquina, que frecuentemente salía a caminar por la zona rosa después de cenar para escapar del encierro de la fama y que esa noche específicamente había salido porque necesitaba aire fresco después de pasar todo el día en

el estudio grabando. Juan escuchó su propia voz siendo cantada por alguien más, pero no la versión de radio, sino una versión cruda cantada en vivo por alguien que claramente entendía las canciones más allá de las notas. Juan Gabriel se acercó despacio, manteniéndose en las sombras para que Jazz no lo viera y se pusiera nervioso, [música] y escuchó tres canciones completas antes de decidir que este muchacho no era simplemente otro músico callejero copiando canciones populares para sobrevivir. Había algo en su

interpretación [música] que mostraba comprensión real de lo que las canciones intentaban comunicar. [música] cantaba quida, no como una balada romántica genérica, sino como una súplica desesperada de alguien que realmente había perdido algo importante. Y esa diferencia entre cantar notas y transmitir emoción es algo que Juan Gabriel valoraba por encima de todo, porque él mismo construyó su carrera sobre esa capacidad.

[música] Cuando jaz terminó querida y la gente que se había detenido a escuchar comenzó a tirar monedas en el estuche, Juan Gabriel decidió que había visto suficiente. Caminó directamente hacia él y cuando Jaz lo reconoció y casi deja caer la guitarra del shock, Juan Gabriel sonrió y le hizo una pregunta simple que cambiaría todo.

 ¿Desde cuándo estás en México? ¿Y por qué estás cantando mis canciones en la calle en lugar de estar en un escenario? Yaz intentó responder, pero las palabras le 127 atascaron en la garganta. Finalmente logró balbucear algo sobre haber llegado de España buscando oportunidades, sobre cómo todo había salido mal, sobre cómo cantar en la calle era lo único que le quedaba para no morirse de hambre.

 Juan Gabriel escuchó sin interrumpir y mientras Jas hablaba, comenzó a ver en este muchacho español exactamente lo que él mismo había sido 20 años antes. Alguien con talento real atrapado en circunstancias que hacían imposible que ese talento fuera reconocido por el sistema. La diferencia era que Juan Gabriel había tenido la suerte de encontrar a Lola Beltrán, que abrió la primera puerta crucial.

 Pero este muchacho no había encontrado a nadie. Y si Juan no hacía algo ahora mismo, Jaz probablemente terminaría regresando a España convencido de que no era suficientemente bueno, cuando la realidad era simplemente [música] que el sistema estaba diseñado para rechazar a gente como él. Juan Gabriel tomó una decisión en ese momento que era tanto práctica como simbólica.

 Práctica porque realmente creía que Yas tenía talento y simbólica porque era su oportunidad de pagar hacia adelante lo que Lola había hecho por él. ¿Dónde estás viviendo ahorita? Preguntó Juan Gabriel. Y cuando Jas admitió avergonzado que estaba durmiendo en estaciones del metro porque no tenía dinero para pagar cuarto, Juan Gabriel negó con la cabeza y dijo algo que Jas pensó que había escuchado mal.

 Recoge tus cosas esta noche. Duermes en mi casa y mañana hablamos sobre tu carrera. Has creyó que era una broma cruel, que en cualquier momento Juan Gabriel se reiría y se iría. Pero Juan Gabriel llamó a su chóer que estaba esperando en el Mercedes. Le dijo que llevara a Jas y su guitarra a su casa en las lomas y le dio instrucciones al personal de que le prepararan un cuarto y le dieran de cenar.

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