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“La grabadora siguió captando sus pasos… 3 días después de desaparecer” (TAMBOPATA, 2022)”

Pero la grabadora sí recordaba. 4 horas de pasos continuos. y el silvido siempre a la misma distancia, como si algo lo estuviera guiando o llevando. Para entender lo que esa grabadora capturó, primero necesitas conocer a Renato Vieira y por qué su desaparición no debería haber sido posible. Renato Augusto Vieira Cardoso, 38 años, biólogo especializado en primatología amazónica, doctor por la Universidad de Sao Paulo, 15 años estudiando comportamiento nocturno de primates en la cuenca amazónica. Si hay alguien en Brasil que

sabe estar solo en la selva sin cometer errores, ese era Renato. Conocía cada sonido, cada trampa, cada error que mata a un investigador inexperto. No bebas agua sin purificar. No camines de noche sin GPS. No respondas sonidos que no reconoces. Renato había repetido esas reglas en decenas de talleres de campo.

Las enseñaba a sus estudiantes antes de cada expedición. En noviembre de 2022, Renato obtuvo financiamiento del CNPQ, el Consejo Nacional de Desarrollo Científico de Brasil, para un proyecto de monitoreo acústico nocturno en la reserva nacional de Tambopata, Madre de Dios, Perú. El objetivo era documentar los patrones de vocalización del mono aullador negro Alowata Palliata entre medianoche y el amanecer.

 Un comportamiento poco estudiado porque casi ningún investigador quiere quedarse solo en la Amazonia a esas horas. Para eso llevaba cuatro grabadoras autónomas Wildlife Acoustic Song Meter SM4. Son los equipos estándar de la industria para monitoreo bioacústico en campo remoto, carcasa completamente impermeable, dos micrófonos integrados de alta sensibilidad, cada una alimentada por cuatro pilas de que dan hasta 650 horas de operación.

 Memoria de hasta 1 TB en dos ranuras de tarjeta SD. Lo más importante para el trabajo de Renato, las Song Meeter tienen un sistema de programación por horario. Él las configuró con el preset nocturno estándar para investigación de primates. Grabación automática de las 10 de la noche a las 6 de la mañana cada noche sin intervención humana.

 Durante el día, el equipo entra en modo de ahorro de energía. De noche despierta solo y graba. Además de las cuatro grabadoras fijas, Renato llevaba consigo una grabadora portátil Zoom H5, un equipo compacto de mano [música] que usaba para registrar observaciones personales, tomar notas de audio en campo y capturar cualquier sonido que quisiera documentar en el momento.

 Con dos pilas AA alcalinas, la HT5 tiene una autonomía máxima de 15 horas de grabación continua. Renato también llevaba GPS satelital, radio de emergencia de largo alcance, botiquín completo y provisiones para 20 días. Renato era por encima de todo meticuloso. Pero hay algo que Renato también era escéptico. Llevaba 15 años en comunidades ribereñas de la Amazonia.

 Había escuchado cada historia, cada advertencia, cada leyenda local. El mapinguari, la cobra grande, la maido río y el tunche. Siempre respondía lo mismo. La selva genera folklore, es normal. El miedo crea figuras donde no las hay. Dos semanas antes de partir hacia Tambopata, Renato cenó con su colega peruano, el antropólogo Marco Quispe en Lima.

Marco conoce la Amazonia peruana desde hace 20 años. Ha documentado más de 300 relatos sobre el tunche de comunidades ribereñas entre Madre de Dios y Loreto. Renato, en Tambopata, no salgas a investigar si escuchas el silvido de noche. Da igual lo que sea, no salgas. Renato se rió. Marco, llevo 15 años durmiendo en la selva. No me va a pasar nada.

Eso dicen los que todavía no escucharon nada”, respondió Marco. Renato cambió de tema, pero Marco me dijo algo más cuando lo contacté para este video. Cuando Renato se fue esa noche, noté algo. Cuando mencioné el tunche por un segundo, su cara cambió como si reconociera el nombre de una manera diferente, no con curiosidad científica, con algo más.

ya lo hubiera escuchado. Ábites, para entender lo que pasó después, necesitas entender dónde estaba Renato. La Reserva Nacional de Tambopata tiene 274,690 haáreas de selva virgen en el departamento de Madre de Dios al sureste del Perú. Es una de las regiones con mayor biodiversidad documentada del planeta. Solo en aves tiene más especies registradas que en toda Europa.

Pero tambopata tiene otro récord, uno que no aparece en los folletos turísticos. Entre 2010 y 2022, 21 personas desaparecieron en la reserva sin que sus cuerpos fueran encontrados. No aventureros sin experiencia, no turistas perdidos, investigadores, guardaparques, guías ribereños que conocían esa selva desde niños.

 El CERNP, el Servicio Nacional de Áreas Naturales Protegidas del Perú, tiene un protocolo específico para desapariciones en Tambopata que no existe en ninguna otra reserva del país. El protocolo incluye una instrucción que ningún manual oficial debería contener. Si el equipo de búsqueda escucha silvidos nocturnos con patrón irregular, debe detener la búsqueda inmediatamente y esperar al amanecer.

Cuando pregunté al CER Nampe por qué existía esa instrucción, la respuesta oficial fue medida de seguridad ante posibles confusiones acústicas en condiciones de baja visibilidad. Los guardaparques locales tienen otra explicación. Pedro Quispe Mamani, sin relación con el antropólogo Marco Quispe, lleva 12 años como guardaparque en el sector sur de Tambopata.

 Conoce cada sendero, cada aguajal, cada animal que habita esa parte de la reserva. Le pregunté sobre el protocolo de silvidos. Mire, yo soy un hombre práctico. No creo en fantasmas, pero en 12 años he escuchado ese silvido siete veces. Tres notas cortas, pausa, dos largas. Y las siete veces que lo escuché, al día siguiente faltaba alguien.

¿Qué cree que es? No sé qué es, pero sé que cuando lo escuchas te dan ganas de caminar hacia él. Una gana muy fuerte, como si alguien te jalara desde adentro del pecho. Y si caminas, ya no vuelves igual. ¿Usted caminó alguna vez? Pedro se levantó de la silla y terminó la conversación. Renato llegó a Puerto Maldonado el 3 de diciembre de 2022.

 Se registró en la oficina del CERN P. Presentó sus permisos de investigación. Recibió el briefing de seguridad estándar. El técnico que hizo el briefing le mencionó el protocolo de silvidos nocturnos. Renato anotó en su cuaderno protocolo acústico nocturno. Posible fenómeno de ventriloquismo ambiental o eco en cañones. Investigar.

 Entró a la reserva el 5 de diciembre, acompañado por un guía ribeiriño, Julio Mamani. Hasta su campamento base en el sector RP7, a 22 km del puesto de control más cercano, Julio lo dejó instalado, le recordó los protocolos y le dijo una última cosa antes de irse. Ingeniero, si escucha el silvido, no responda.

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