Posted in

EL CASO EN BARCELONA QUE HORRORIZÓ A ESPAÑA: Un Fraude Matrimonial Termina En Tragedia

EL CASO EN BARCELONA QUE HORRORIZÓ A ESPAÑA: Un Fraude Matrimonial Termina En Tragedia

Barcelona tiene una manera particular de recibir a quienes ya no esperan nada del amor. No los busca, no los convence, simplemente los deja existir entre sus calles estrechas y sus terrazas de tarde hasta que algo o alguien aparece sin aviso y lo cambia todo. Ramón Castels tenía 52 años cuando eso le ocurrió.

Era propietario de Granulum. Una pequeña torrefacción de café artesanal ubicada en el barrio de Gratia, a dos cuadras de la plaza del diamant. Un local sin pretensiones grandes, fachada de madera oscura, tres mesas en la acera para los días de sol y adentro el olor constante a grano tostado que los vecinos del barrio reconocían como una señal de que el día había comenzado bien.

 Ramón lo había abierto a los 38 años con los ahorros de una década, trabajando como técnico de maquinaria industrial. No fue un sueño romántico, fue una decisión práctica de un hombre que amaba el café más que cualquier oficina y que creyó con razón que lo honesto también podía ser rentable. Durante 14 años, el local creció de la única manera en que crecen las cosas buenas.

 Despacio, sin publicidad, de cliente que vuelve porque el café es diferente. Ramón conocía a sus habituales por nombre, por pedido y por historia. Sabía quién tomaba el cortado sin azúcar porque tenía diabetes, quién pedía el café de Colombia los viernes porque era el día que se permitía un gusto. Y quién entraba corriendo los lunes con cara de no haber dormido y necesitaba el doble de cafeína.

 sin que nadie se lo preguntara. Ese era Ramón, un hombre que prestaba atención a las personas con la misma precisión con que controlaba las temperaturas del tueste. Enviudó a los 46. Marta, su esposa de 19 años, murió en el otoño de 2017 tras una enfermedad que duró 18 meses y que Ramón acompañó sin apartarse un solo día. Los que lo conocieron en ese periodo dijeron que nunca lo vieron derrumbarse en público, pero que había algo en sus ojos después del funeral que no volvió a ser exactamente lo mismo.

No era tristeza visible, era más bien la expresión de alguien que ha cerrado una puerta por dentro y no está seguro de si volverá a abrirla. Durante 6 años, Ramón vivió solo en el piso de la calle Verdi, donde había vivido con Marta. Siguió abriendo Gránulum a las 7 de la mañana.

 Siguió comprando los granos directamente a productores de Etiopía, Colombia y Guatemala. Siguió siendo el mismo hombre serio, puntual [música] y de trato justo que el barrio conocía, pero no salía, no buscaba, no esperaba. Yasmín entró por la puerta de Granulum un martes de marzo de 2022. Tenía 31 años. era originaria de Tetuán en el norte de Marruecos y llevaba 4 años viviendo en Barcelona con permiso de residencia temporal.

 Trabajaba como intérprete freelance para una agencia de servicios legales de Leixample y hablaba español, árabe, francés y un catalán funcional que había aprendido sola con una aplicación y muchas horas de series televisivas. Era delgada, de cabello oscuro, recogido, con una manera de pedir las cosas que Ramón describió después en declaraciones judiciales como directa, sin ser brusca.

 Le pidió un café de Etiopía con leche fría, preguntó de qué región era el grano y escuchó la respuesta con interés real. Volvió el jueves y el lunes siguiente y el miércoles después. El noviazgo comenzó sin que ninguno de los dos lo nombrara demasiado pronto. Ramón no era un hombre de gestos apresurados.

 Yasmín tampoco parecía tener prisa. Durante los primeros meses se tomaban el café juntos cuando el horario lo permitía. Ella le contaba casos de los procesos de inmigración que traducía sin revelar nombres, con la precisión clínica de alguien acostumbrado a manejar información delicada. Él le hablaba de los orígenes del grano, de los mercados de productores, de las razones por las que el café de altura sabe diferente.

 Era una complicidad pequeña y cotidiana, del tipo que no genera fuegos artificiales, pero que construye algo sólido debajo. Los amigos de Ramón, los pocos que tenía y que lo conocían bien, vieron el cambio antes de que él lo admitiera. algo en su postura, en la manera de hablar de la semana siguiente, como si hubiera algo que esperar.

Su hermana Laya, que vivía en Sabadel y que había pasado los últimos 6 años preocupada por él en silencio, dijo en una conversación familiar que Ramón había vuelto a tener ojos de estar presente. Se comprometieron en enero de 2023. La propuesta fue sencilla, en el mismo local después del cierre con una botella de cava que Ramón había guardado sin saber para qué.

 Yasmín dijo que sí, con una calma que a él le pareció la forma más sincera de aceptar algo importante, sin gritos, sin lágrimas, con una sonrisa que llenó el local vacío. Se casaron civilmente el 3 de abril de 2023 en el Registro Civil de Barcelona. La ceremonia fue breve y sin florituras con Laya y el padre de Ramón, Mikel, de 78 años, como únicos testigos del lado de él, y una amiga de Yasmín como testigo del lado de ella.

 Firmaron los documentos, salieron a la calle, comieron en un restaurante del Born y brindaron con vino blanco catalán bajo el sol de primavera que Barcelona regala en abril como si fuera una promesa. Ramón tenía 52 años, una torrefacción que olía a lo mejor del mundo y por primera vez en 6 años la sensación de que había vuelto a abrir aquella puerta interior.

Lo que no sabía era que alguien más llevaba tiempo estudiando el plano de esa casa. Dris Benali llegó a Granulum tres semanas después de la boda. Tenía 29 años, complexión delgada, manos que no conocían el trabajo con maquinaria ni con granos. Llegó un lunes por la mañana con una mochila al hombro y una sonrisa que sabía cuándo aparecer.

Yasmín lo presentó en el mostrador [música] frente a Ramón. con la naturalidad de quien introduce algo que ya pertenece al lugar, aunque nadie lo haya decidido todavía. Era su primo. Dijo, “Había llegado a Barcelona hacía dos meses desde Nador, en el norte de Marruecos. Tenía permiso de estancia temporal, ganas de trabajar y disposición para aprender lo que fuera necesario.

” Y lo dijo mirando a Ramón con esa calma suya que él había aprendido a leer como sinceridad. necesita una oportunidad. Tú sabes lo que es empezar desde abajo. Ramón lo consideró por un momento. No era la primera vez que alguien le pedía trabajo así, de manera directa, sin currículum ni trámite formal.

Read More