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Bukele gana el debate contra Abinader con esta estrategia.

Bukele humilla a Abinader tras su ataque en vivo. ¿Qué pasa cuando un presidente intenta humillar a otro, pero acaba siendo el que queda en ridículo? Luis Abinader, presidente de la República Dominicana, lanzó una dura acusación. Presidente Bukele está destruyendo la democracia. Confiado, creía haber dado el golpe perfecto, pero en el momento esperado, Bukele levantó la mirada y todo cambió.

 Lo que ocurrió no fue un simple debate, fue una demolición precisa, un golpe directo y devastador que dejó a Abinader sin palabras, sin defensa. El presidente dominicano quedó paralizado, atrapado en su propio silencio. Nadie esperaba lo que Bukele estaba a punto de revelar, algo que no solo cuestionaría su acusación, sino que pondría en duda su propia imagen frente a la audiencia mundial.

 Tres días antes, en Santo Domingo, Abinader había convocado una cumbre sobre la defensa de la democracia en el Caribe, cuyo mensaje no podía ser más claro. Nayib Bukele representaba un peligro para las instituciones. Su guerra contra las pandillas, sus reformas judiciales, su inmensa popularidad, todo lo que hacía le era señalado como autoritarismo disfrazado.

 Pero la verdad es que Abinader necesitaba legitimidad, algo que su gobierno ya había perdido frente a los escándalos de corrupción, la crisis energética y las protestas sociales. Atacar a Bukele no era un acto ideológico, era una estrategia para desviar la atención y presentarse como el defensor de los valores democráticos ante el mundo.

 El problema fue que Bukele aceptó la invitación, algo que Abinader no esperaba. De hecho, lo había invitado por protocolo, confiado en que Bukele rechazaría asistir. Ahora lo enfrentaba cara a cara en vivo ante toda la región. El evento tenía lugar en el Palacio Nacional Dominicano, un auditorio repleto de presidentes, ministros, embajadores y periodistas de 15 países.

 Las cámaras de CNN, Telemundo y otros medios locales transmitían en directo. Abinader subió al estrado primero, su discurso cuidadosamente calculado, lleno de referencias a las instituciones y los pesos y contrapesos del poder. Luego, sin nombrarlo directamente, pero con una intención clara, lanzó su ataque. Hay líderes en nuestra región que confunden popularidad con legitimidad, que creen que el aplauso de las masas les da derecho a ignorar las leyes.

 El público murmuró. Algunos aplaudieron, pero Bukele, sentado en primera fila, no movió un músculo. Su rostro no mostró emoción, solo observaba esperando su turno. Y cuando llegó ese momento, lo que siguió fue un golpe letal. Bukele caminó con calma hacia el micrófono. Su estilo relajado, con su gorra y chaqueta casual, contrastaba con los trajes formales de los demás.

 Algo que algunos interpretaron como una falta de respeto, pero que para él era una marca de cercanía con su pueblo, un rechazo al protocolo vacío. Miró fijamente a Abinider y comenzó, “Presidente Abinader, le agradezco la invitación porque es importante que estemos aquí frente a frente hablando de democracia.” Pausó un silencio total.

 Luego, con una tranquilidad casi desconcertante lanzó la primera pregunta. Usted mencionó que la democracia no se mide en encuestas. Estoy de acuerdo, pero permítame preguntarle algo. Fue el comienzo de una trampa perfecta. Si la democracia no se mide en encuestas, ¿por qué su gobierno tiene un 32% de aprobación? ¿Por qué el 68% de los dominicanos dice que su país va en la dirección equivocada? El auditorio se estremeció.

 Abinader apretó los labios, incapaz de reaccionar, pero Bukele no había terminado. Usted habla de instituciones sólidas. Perfecto, hablemos de instituciones. Porque su fiscal general renunció hace 3 meses denunciando presiones políticas. ¿Por qué cuatro de sus ministros están siendo investigados por corrupción? La cámara enfocó el rostro de Abinader.

 Su color había desaparecido y aunque trató de mantener la compostura, sus manos temblaban ligeramente. Lo que Bukele había hecho no fue solo ganar un debate, fue exponer la verdad de una manera que lo dejó sin defensa y al público con la sensación de que el ataque había caído sobre quien menos lo esperaba.

 Bukele, implacable, continuó. ¿Sabe lo que es más fascinante, presidente Abinader? Que mientras me acusa de autoritarismo, su gobierno acaba de aprobar una ley que limita la libertad de prensa. Una ley que criminaliza la crítica al gobierno bajo el pretexto de combatir la desinformación. La sala quedó en un silencio absoluto. Nadie se atrevió a mover un solo dedo.

Bukele, con un tono casi didáctico, añadió, “Déjeme entender su lógica. Yo soy autoritario porque tengo un 90% de aprobación, porque reduje el crimen en un 95%. Porque las familias salvadoreñas pueden salir a la calle sin miedo por primera vez en 30 años. Pero usted es demócrata. ¿Por qué lo dice? El golpe fue letal.

Abinader intentó responder, pero las palabras no salieron. La trampa estaba cerrada, pero lo que Bukele reveló a continuación dejó a todos atónitos. no solo se estaba defendiendo, sino desnudando algo mucho más grande. Presidente Abinader, continuó Bukele, usted organizó esta cumbre de defensa democrática con fondos de tres ONGs internacionales.

 Curiosamente, esas mismas ONGs financian campañas de desprestigio contra mi gobierno. En ese momento sacó un documento de su chaqueta y lo levantó para que las cámaras lo captaran. Aquí tengo los contratos. 2,3 millones de dólares transferidos a su fundación personal en los últimos 8 meses. Dinero que supuestamente es para promover la democracia, pero que termina en eventos como este, diseñados no para defenderla, sino para atacar a gobiernos que no se alinean con ciertos intereses.

El auditorio estalló en murmullos. Los periodistas tecleaban frenéticamente. Los diplomáticos se miraban preocupados. Abinader, visiblemente alterado, se levantó de su asiento. Eso es una acusación grave y sin fundamento. Bukele, sin inmutarse, lo interrumpió. Presidente, todo está documentado. Los depósitos, las fechas, los beneficiarios.

 Puedo enviárselo por correo o mejor aún, lo publico ahora mismo en redes sociales para que todo el pueblo dominicano vea cómo se usa el dinero que debería ser para defender sus derechos. Fue Cau. Fue entonces cuando ocurrió el momento que todos recordarían. Luis Abinader, el hombre que había convocado la cumbre para humillar a Bukele, se quedó completamente paralizado.

 Sin palabras, sin defensa, solo un vacío de silencio. “Suscríbete ahora y activa la campanita”, dijo Bukele con calma, porque lo que viene es aún más impactante y con la misma serenidad con la que comenzó, dio el golpe final. Mire, presidente Abinader, entiendo su posición. Usted gobierna un país hermoso, con gente maravillosa, pero con problemas serios, corrupción, inseguridad, desigualdad y en lugar de resolverlos, prefiere organizar eventos como este para distraer a su pueblo.

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