Imagina que tu hermana sale de casa un lunes por la mañana y simplemente no regresa. Intentas llamarle, le mandas mensajes, visitas los lugares donde solía estar. Nada. Desesperada, vas a la vivienda del hombre con quien ella tenía una relación. La puerta está sin seguro. Entras y lo que encuentras no es a tu hermana viva, sino señales de que en ese cuarto ocurrió algo terrible.
Marcas en el piso, objetos fuera de lugar, el rastro inconfundible de una violencia que ya no puedes ignorar. Llamas al 911, después a Locatel, te dan una descripción que coincide con la de ella y entonces un funcionario te dice que hay una mujer sin vida en la Fiscalía de Toluca encontrada dentro de la cajuela de un automóvil que chocó contra un poste en Paseo Toyocan.
24 horas después de que tu hermana desapareciera, la estás identificando en la morgue. Eso fue exactamente lo que vivió Yesenia el 12 de mayo de 2026. Su hermana era Wendy Saray Pavón Torres, de 32 años, madre de dos hijos, vecina de Exochimilco y la persona señalada de haberla asesinado era el albañil que ella misma había contratado meses atrás para construir su casa.
Wendy Saray Pavón Torres nació y creció en la alcaldía Sochimilco, en la Ciudad de México, una de las zonas más pobladas del sur de la capital, conocida por sus canales, sus chinampas y su identidad comunitaria profunda. Tenía 32 años al momento de su muerte. Era madre de dos hijos menores de edad y vivía en la colonia Pueblo San Luis Flaxialtalco, un barrio ubicado en la zona serrana de Sochimilco, donde los cerros se mezclan con los barrios obreros y las casas en construcción.
Como muchas mujeres de su generación, Wendy buscaba la manera de mejorar su situación económica y la de sus hijos. A principios de 2026 tomó la decisión de ampliar o mejorar su vivienda. Para eso necesitaba un albañil que se ajustara a su presupuesto. Fue así como a finales de enero llegó a su vida Mario Hernández Vega, un hombre de 43 años originario del municipio de Exilitla en la región de la Auasteca Potosina en San Luis Potosí.
Mario fue contratado para trabajar en la construcción de la casa. Como es habitual en este tipo de contrataciones, la familia de Wendy le solicitó una identificación para documentar quién entraba a su domicilio. El hombre presentó su credencial de lector, la fotografiaron y fue admitido al entorno familiar.

Sin embargo, con el paso de las semanas, los familiares notaron en Mario actitudes que describieron como soberbias, cierta prepotencia, frialdad. No era alguien que inspirara confianza plena. Hubo roces, tensiones menores, pero la obra continuaba. Lo que la familia de Wendy no sabía en ese momento y que saldría a la luz solo después de la tragedia era que Mario Hernández Vega tenía antecedentes penales por delitos graves, violación y robo en años anteriores.
Un hombre con registros carcelarios, con historial de violencia, al que una mujer sola con dos hijos había dejado entrar a su casa de buena fe, contratándolo para construir un futuro mejor. La relación entre Wendy y Mario evolucionó de lo laboral a algo más personal. Distintos reportes lo describen como su pareja sentimental o expareja sentimental, aunque la naturaleza exacta del vínculo y el momento en que se convirtió en una relación afectiva no ha sido precisado oficialmente.
Lo que sí quedó claro a medida que avanzaron las investigaciones es que entre ellos existía una dinámica que terminó en tragedia. El lunes 11 de mayo de 2026 fue el último día en que Wendy Saray fue vista con vida. Salió de su domicilio en la colonia Pueblo San Luis Traxialtemalco en la alcaldía Sochimilco y no regresó.
Su familia esperó. Intentó comunicarse con ella. Nada. Con el paso de las horas, la preocupación se convirtió en alarma. Sus seres queridos comenzaron a hacer lo que miles de familias hacen en México cuando desaparece un ser amado. Difundir su imagen, buscar en hospitales, recorrer los lugares que ella frecuentaba.
La ficha de búsqueda emitida por la Fiscalía General de Justicia de la Ciudad de México describía a Wendy con sus características físicas. Tenía tatuajes en la mano derecha y una perforación nasal. Al momento de su desaparición, vestía un mayón negro, una blusa ligera y una chamarra de vinipiel negra.
La última vez que fue vista fue precisamente en la colonia donde vivía, en Sochimilco. Mientras la familia difundía la ficha de búsqueda, algunos de sus allegados tomaron la decisión de buscarla en el lugar más obvio, la vivienda de Mario Hernández Vega. Cuando llegaron, la puerta estaba sin seguro. Entraron y lo que encontraron adentro los paralizó.
La hermana de Wendy Yesenia declaró a los medios lo que vio con sus propios ojos. Encontramos una escena de violencia. Había muchos indicios de que mi hermana había sido lastimada. Marcas en el interior del inmueble que apuntaban de manera inequívoca a que en ese lugar había ocurrido una agresión física. La familia llamó al 911 de inmediato, luego marcó a Locatel.
Al proporcionar las características de Wendy, los operadores les informaron que había una coincidencia con el reporte de una mujer hallada en la Fiscalía de Toluca, Estado de México. El corazón de Yesenia se detuvo. Horas después, la confirmación llegó. La mujer encontrada dentro de la cajuela de un Chevrolet Chevy color guinda, accidentado en Paseo Toyocán, era su hermana.
De acuerdo con las investigaciones y reportes del periodista Carlos Jiménez, especializado en seguridad pública y seguidor del caso desde el inicio, el feminicidio habría ocurrido precisamente dentro de esa vivienda en la zona serrana de Sochimilco. Después de asesinarla, el presunto responsable colocó el cuerpo de Wendy en la cajuela del automóvil Chevell Chevy, con placas de la Ciudad de México y emprendió la huida con rumbo desconocido hacia el Estado de México.
Los peritos forenses estimaron que al momento de ser hallada, la víctima llevaba entre 4 y 5 horas sin vida, lo que ubica la hora de la muerte en la madrugada o primeras horas de la mañana del martes 12 de mayo. A las 8 horas aproximadamente de ese martes, el Chevrolet Chevi color vino circulaba por los carriles centrales de Paseo Toyocán, una de las vialidades más transitadas del Valle de Toluca, a la altura del cruce con el Boulevar Aeropuerto, frente a las instalaciones de la empresa Barcel. Fue ahí donde el vehículo perdió
el control y se impactó con fuerza contra un poste de concreto ubicado sobre los carriles. El golpe fue lo suficientemente violento como para inmovilizar el automóvil. El conductor, sin embargo, reaccionó de inmediato. Abrió la puerta, descendió del vehículo y escapó corriendo del lugar antes de que llegaran los primeros testigos.
Cuando los policías municipales y los paramédicos llegaron al sitio del accidente en Paseo, Toyocán, lo que encontraron a primera vista era un accidente vial más. Un automóvil estrellado contra un poste, el conductor desaparecido. Los testigos que pasaban por el lugar pensaron lo mismo. Creímos que era solo un choque, declararon algunos de ellos posteriormente al medio diario. Basta.
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No había nada que de manera inmediata sugiriera algo diferente hasta que el personal de seguridad comenzó la revisión rutinaria del vehículo. Al abrir la cajuela del Chevrolet Chevy, los policías encontraron el cuerpo de una mujer. El hallazgo provocó una movilización inmediata de autoridades estatales. que acordonó la zona.
Se llamó a peritos ministeriales de la Fiscalía General de Justicia del Estado de México, FGM, y se inició el levantamiento del cuerpo con todo el protocolo correspondiente. De acuerdo con los primeros dictámenes de medicina forense y criminalística, el cuerpo presentaba diversas lesiones visibles, incluyendo aparentes marcas de golpes en distintas partes del cuerpo.
La investigación fue iniciada de inmediato bajo el protocolo de feminicidio. La identidad de la víctima no fue confirmada de manera inmediata. Pasaron 3 días hasta el 15 de mayo antes de que los peritos de la Fiscalía Mexiquense confirmaran oficialmente que se trataba de Wendy Saray Pavón Torres, quien contaba con ficha de búsqueda activa emitida por la Fiscalía capitalina.
La coincidencia entre las características físicas, los tatuajes y la ropa que vestía al momento de su desaparición permitió realizar la identificación. Las cámaras de videovigilancia instaladas en la zona de Paseo Toyocan se convirtieron en uno de los elementos más importantes de la investigación. Las grabaciones captaron imágenes del conductor manejando el vehículo momentos antes del choque y de manera más importante también captaron al hombre descender del automóvil y huir del lugar corriendo, alejándose de la escena antes de que llegaran las
autoridades. Esas imágenes, junto con la documentación personal que la familia de Wendy había resguardado desde la contratación del albañil, la fotografía de la credencial de lector de Mario Hernández Vega, permitieron identificar al sospechoso con relativa rapidez. Los agentes ministeriales comenzaron el análisis de las cámaras de vigilancia de toda la zona para intentar reconstruir la ruta completa del vehículo desde el punto en que salió de Exo Chimilco hasta el momento del choque en Lerma.
Esa reconstrucción es fundamental para entender no solo lo que ocurrió la noche del 11 de mayo, sino también para establecer la ruta de escape de Mario Hernández Vega y posibles lugares de refugio. En la vivienda de Sochimilco, donde la hermana Yesenia había encontrado la escena de violencia, la policía de investigación realizó diligencias periciales para documentar los indicios encontrados.
Las marcas en el interior del inmueble apuntaban a una agresión física de considerable intensidad. Toda esa evidencia fue incorporada a la carpeta de investigación abierta bajo el protocolo de feminicidio que se instruye conjuntamente entre la Fiscalía capitalina y la Fiscalía del Estado de México, dada la naturaleza transjurisdiccional del caso.
Desde el primer momento, la investigación del caso Wendy Saray implicó la coordinación entre dos instituciones de Procuración de Justicia, la Fiscalía General de Justicia de la Ciudad de México, EGGSDM Exes, que tenía registrado el reporte de desaparición desde el 11 de mayo y la Fiscalía General de Justicia del Estado de México, FGGM, que abrió la carpeta de feminicidio al localizar el cuerpo en su territorio el 12 de mayo.
La FGM fue la primera en activar los mecanismos formales de investigación, dado que el hallazgo ocurrió en su jurisdicción, se abrió una carpeta de investigación por feminicidio y se activaron las diligencias para localizar al sospechoso. El periodista Carlos Jiménez del portal Q4 Noticias fue uno de los primeros en difundir la ficha de búsqueda de Mario Hernández Vega a través de sus redes sociales con la leyenda Se busca.
Es Mario HD Vega, exreo. Es el tipo acusado de desaparecer. Matar y abandonar el cuerpo de Wendy Saray en Toluca. La publicación fue ampliamente compartida en redes sociales y contribuyó a mantener el caso en la agenda pública. Mario Hernández Vega, de 43 años, fue identificado como originario del municipio de Exilitla, San Luis Potosí, en la región de la Auasteca Potosina.
Las autoridades potosinas también se sumaron a los operativos de búsqueda en esa región, dado que se especulaba que el sospechoso podría haberse refugiado en su lugar de origen o en algún punto del corredor entre el Estado de México y San Luis Potosí. Las autoridades confirmaron que Mario Hernández Vega contaba con antecedentes penales y registros de ingreso a prisión por delitos previos.
Reportes periodísticos complementarios, incluyendo los de TV Azteca, precisaron que esos antecedentes incluían delitos de violación y robo. La familia de Wendy declaró públicamente su dolor y su rabia al conocer este dato. Habían contratado a un hombre con historial carcelario por violación sin saberlo, confiándole el acceso a su hogar.
Metimos al delincuente a casa. Fue la expresión que circuló en los medios para resumir el sentimiento de la familia. Al cierre de esta investigación, Mario Hernández Vega permanece prófugo. No se han emitido detalles oficiales sobre órdenes de aprensión giradas ni sobre avances concretos en su localización. La coordinación entre la EGGM, la FGGSDMX y las autoridades de San Luis Potosí continúa activa, pero sin resultados públicamente confirmados.
Las fiscalías no han establecido oficialmente cuál era el destino final del conductor al momento del accidente en Paseo Toyocán, aunque las investigaciones apuntan a que intentaba salir del área metropolitana de la Ciudad de México con el cuerpo para deshacerse de él en algún punto del Estado de México o más allá.
El funeral de Wendy Sará Pavón Torres se realizó en su domicilio de Sochimilco después de que las autoridades entregaran el cuerpo a sus familiares. De acuerdo con reportes locales, la despedida estuvo acompañada por músicos y por los seres más cercanos a ella, amigos, vecinos, familiares que la conocieron desde niña.
Dicen quienes estuvieron presentes que en ese barrio de la zona serrana de Sochimilco el dolor fue colectivo. Dos hijos quedaron sin madre. Una hermana quedó con la imagen de aquella escena de violencia grabada en la memoria. El caso de Wendy Saray no ocurrió en el vacío. Sucedió en un país que entre enero y marzo de 2026 registró 148 feminicidios según el secretariado ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública.
De esos casos, el 46.6 6 signo de porcentaje se concentró en seis estados, Sinaloa con 15, Chiapas con 13 y la Ciudad de México y el Estado de México empatados en el tercer lugar con 11 casos cada uno. El Estado de México, donde fue hallado el cuerpo de Wendy, ocupa además el primer lugar nacional en víctimas de lesiones dolosas entre mujeres y comparte con Guanajuato el 44% de los casi 20,000 casos registrados en el país durante ese mismo periodo.
Toluca, el municipio donde fue hallado el cuerpo, aparece entre los 20 municipios con mayor incidencia de feminicidio a nivel nacional. En ese contexto, la historia de Wendy Saray resulta representativa de un patrón que se repite con alarmante frecuencia en México. Una mujer que intenta construir algo, que necesita ayuda para lograrlo, que confía en alguien de su entorno cercano y que paga con su vida esa confianza.
No fue una extraña quien la agredió, fue alguien a quien ella misma contrató, alguien que conocía su casa, a sus hijos, su rutina. Los familiares de Wendy exigieron justicia desde el primer momento. Su hermana Yesenia fue la cara pública de ese dolor. La voz que habló ante los medios cuando las palabras apenas alcanzaban para describir lo que habían vivido.
A diferencia de muchos casos de feminicidio en México, donde la identidad del sospechoso tarda semanas en establecerse, en este caso la familia contaba con la fotografía de la credencial de Mario Hernández Vega, tomada meses atrás como medida de seguridad al permitirle el acceso a la vivienda. Esa precaución elemental fue paradójicamente la principal herramienta que permitió identificarlo como sospechoso en cuestión de días.
Que un hombre con antecedentes por violación pueda circular libremente, conseguir empleo, tener acceso a hogares y a mujeres vulnerables sin que ninguna institución lo haya detectado, revela una grieta estructural en los sistemas de prevención del país. No existe en México un mecanismo accesible y confiable que permita a una ciudadana verificar si la persona que contrata tiene historial de violencia de género o delitos sexuales.
No hay una alerta, no hay una base de datos pública, no hay un protocolo que proteja a las mujeres de este tipo de riesgo invisible. En el plano legislativo, el caso llegó en un momento en que México debatía una nueva ley general para prevenir, investigar, sancionar y reparar el daño por el delito de feminicidio.

Impulsada por la presidenta Claudia Shane Bown y aprobada por unanimidad en la Cámara de Diputados en las semanas previas. La ley busca unificar la tipificación del delito en todo el país y establece penas de entre 40 y 70 años de prisión, además de obligar a las fiscalías a investigar cualquier muerte violenta de mujer bajo perspectiva de género desde el primer momento.
Es un avance normativo importante, pero la historia de Wendy Saray demuestra que las leyes son insuficientes si quienes tienen antecedentes por delitos sexuales siguen teniendo acceso irrestricto a mujeres y hogares sin consecuencia alguna. Mario Hernández Vega sigue prófugo mientras este video se publica. Las fiscalías de la Ciudad de México, del Estado de México y de San Luis Potosí mantienen activas las investigaciones.
Los hijos de Wendy Saray quedaron sin su madre. Su hermana Yesenia sigue esperando que las instituciones den la cara y rindan cuentas. Y en las calles de Sochimilco, en ese barrio serrano donde ella vivió y fue vista por última vez el 11 de mayo de 2026, su nombre se suma a una lista que no debería seguir creciendo.
Wendy Saray Pavón Torres tenía 32 años, tenía hijos, tenía una casa en construcción, tenía planes. Eso es lo que le quitaron. Yeah.