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15 Lugares del Vaticano donde NADIE puede entrar

Millones de personas visitan el Vaticano cada año. Caminan por la plaza de San Pedro, levantan la vista hacia la capilla Sixtina. Hacen cola durante horas para ver las colecciones de los museos vaticanos. Creen que lo han visto todo. No han visto nada porque debajo de sus pies, detrás de puertas sin nombre y dentro de muros que no aparecen en ningún mapa turístico, existe otro Vaticano.

 Uno que la Santa Sede protege con el mismo celo con que custodia los sacramentos. Un Vaticano de pasadizos sellados, archivos que nunca se abrirán y búnkeres que oficialmente no existen. Hoy vamos a entrar al menos tan adentro como nos dejan llegar. Y si los secretos del Papa te fascinan, dale al botón de suscribirse.

 Lo que viene te va a sorprender. Estos son los 15 lugares más restringidos y secretos de la ciudad del Vaticano. Número uno, la tumba de San Pedro. Todo en el Vaticano apunta hacia un solo punto, el altar mayor de la Basílica de San Pedro. Y directamente debajo de ese altar, a varios metros bajo tierra, hay una tumba.

 En los años 40, el Papa Pío XI autorizó excavaciones secretas debajo de la basílica. Lo que encontraron cambió todo. Entre los restos de una necrópolis romana, los arqueólogos hallaron huesos humanos envueltos en tela de púrpura y oro. Y en la pared una inscripción apenas legible. Petrus Eni. Pedro está aquí. En 1968 el Papa Pablo VI declaró públicamente que los indicios de autenticidad eran sólidos.

 No dijo confirmado, dijo sólidos. En el lenguaje Vaticano eso es casi una certeza. El Vaticano construyó la Basílica entera encima para no mover esa tumba ni un centímetro. Hoy el acceso está reservado para el Papa y un puñado de personas que probablemente nunca conocerás. Número dos, la farmacia Vaticana.

 Lleva operando desde 1874, más de 150 años de historia ininterrumpida y en todo ese tiempo su catálogo exacto de medicamentos nunca ha sido divulgado públicamente. La farmacia vaticana importa fármacos directamente de fabricantes internacionales sin las restricciones de la Unión Europea. Eso significa que hay medicamentos disponibles aquí que no se consiguen en ninguna farmacia italiana ni en ninguna farmacia europea.

 ¿Cuáles son exactamente? Nadie fuera del Vaticano lo sabe con certeza. Atiende al Papa, a los cardenales, a los guardias suizos y a las familias que residen dentro de los muros. Para entrar necesita ser residente del Vaticano o tener autorización especial. Para el resto del mundo, esa puerta simplemente no existe. Número tres, la necrópolis bajo la basílica.

 Debajo de la tumba de Pedro hay algo más, una ciudad entera de muertos. La necrópolis vaticana tiene 2,000 años. Era un cementerio romano activo cuando el emperador Constantino decidió en el siglo IV enterrarla bajo millones de toneladas de tierra para construir la primera basílica cristiana encima. La tapó completamente y allí quedó intacta durante más de 1000 años.

Fue redescubierta en 1939 durante excavaciones para enterrar al Papa Pío X. Lo que encontraron dejó sin palabras a los arqueólogos. 22 mausoleos romanos perfectamente conservados con frescos de colores vivos, mosaicos intrincados y epitafios que nadie había leído en siglos. Hoy solo 200 personas pueden descender por día en grupos de no más de 12. La reserva tarda meses.

Fotografiar está estrictamente prohibido. Si alguna vez logras entrar, habrás visto algo que la inmensa mayoría de los seres humanos jamás verá. Número cuatro, El Paseto de Borgo. En 1527, un ejército de mercenarios al servicio del emperador Carlos V saqueó Roma. El Papa Clemente VI estaba atrapado en el Vaticano mientras sus soldados caían uno a uno.

 Tenía minutos para escapar o morir. Caminó 800 m. 800 m por un pasadizo secreto elevado sobre los tejados de Roma, construido en el siglo XIV precisamente para ese momento. El Paseto di Borgo, el pasadizo de la fuga papal. Al otro lado lo esperaba el castillo Santangelo convertido en fortaleza sobrevivió. Hoy ese pasadizo está completamente cerrado al público y patrullado.

 No hay tours, no hay excepciones. Lo que queda de él es visible desde fuera, pero entrar es prácticamente imposible. Es uno de los corredores de emergencia más dramáticos de la historia y el Vaticano prefiere mantenerlo así, en silencio. Número cinco, la sala de las lágrimas. Hay una habitación pequeña, casi invisible, contigua a la capilla Sixtina.

 Los turistas pasan a metros de ella sin saberlo. No tiene señal, no aparece en los planos. Se llama la sala de las lágrimas. Aquí, en los minutos que siguen al jabemus papam, el nuevo papa entra en completo silencio. Se quita la ropa que llevaba puesta. Se viste por primera vez con las vestiduras blancas pontificias.

 Y en ese instante muchos han llorado, no de alegría, de peso. Solo el nuevo Papa y el maestro de ceremonias están presentes. Ninguna cámara ha capturado jamás lo que sucede dentro. Ninguna. En un mundo donde todo se filma, ese cuarto permanece oscuro, silencioso y completamente fuera del alcance. Número seis, la capilla Sixtina fuera de horario.

 Cuando los turistas ya se van, la capilla Sixtina se convierte en otro lugar. Durante el día es el espacio más observado del mundo. Millones de ojos fijos en el techo. Por la noche y durante los periodos de cónclave se convierte en el más secreto de todos. Antes de que los cardenales entren a elegir al nuevo papa, la capilla es sometida a un barrido electrónico exhaustivo.

 Técnicos especializados la recorren centímetro a centímetro buscando micrófonos, cámaras o cualquier dispositivo de escucha. Una vez que los cardenales están dentro, las puertas se sellan con cera. El aislamiento es total. Ningún periodista, ningún fotógrafo, ningún visitante tiene acceso durante el proceso.

 El silencio que desciende sobre esa capilla es de otro mundo. Número siete, los jardines vaticanos. Detrás de la basílica de San Pedro, ocultas del mundo, se extienden 23 haáreas de jardines privados. Son más grandes que muchos parques urbanos europeos, casi nadie los ve. Los Jardines Vaticanos contienen una réplica exacta de la gruta de Lourdes, construida en 1902.

 Tienen estructuras medievales y renacentistas que no son visibles desde ningún edificio colindante, porque la vegetación fue diseñada específicamente para bloquear cualquier vista exterior. El Papa los usa para caminar, orar y recibir visitantes de altísimo nivel político o religioso. El acceso requiere permisos especiales extremadamente limitados.

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