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¡México no se somete! La poderosa respuesta de Sheinbaum a las acusaciones de EE.UU.

Lo que está pasando ahora mismo entre México y Estados Unidos no es un simple desacuerdo diplomático, es algo mucho más profundo, mucho más estructural y si no lo entiendes bien, te van a vender una versión que no tiene nada que ver con la realidad, porque hay dos narrativas en juego. la que te da Washington y la que está viviendo un país de 130 millones de personas que lleva siglos diciéndole al mundo que su soberanía no está en venta.

Y lo que Claudia Shimbaum acaba de decir, con esa claridad que muy pocos líderes del mundo se atreven a usar frente a Estados Unidos, es exactamente el tipo de respuesta que cambia las reglas del juego geopolítico en esta parte del continente. Shane Bound fijó una postura contundente y dejó claro que México actuará únicamente bajo su propio marco legal, declarando que bajo ningún motivo se permitirá la intromisión o injerencia de un gobierno extranjero en las decisiones que le competen exclusivamente al pueblo mexicano. Esto no es un discurso vacío.

Esto es una declaración de principios en un momento donde el poder de Washington está acostumbrado a que nadie le responda así. Siéntate porque esto va a cambiar. ¿Cómo entiendes el mundo? Hay que entender el contexto, porque para comprender por qué esta respuesta de Shain Boa es tan significativa, primero tenemos que hablar de lo que llevó a este punto.

Y lo que llevó a este punto es una acumulación de presiones, de movimientos geopolíticos, de tensiones que vienen construyéndose desde que Donald Trump regresó a la Casa Blanca en enero del 2025. Desde ese momento, la relación entre México y Estados Unidos ha sido una danza complicada entre la cooperación y la confrontación.

Por un lado, los dos países comparten más de 3,000 km de frontera, una interdependencia económica enorme, un tratado comercial que están renegociando y décadas de historia entrelazada. Por otro lado, Washington ha estado empujando, probando, presionando para ver hasta dónde puede llegar antes de que México diga basta. Y el primer gran golpe llegó en abril de 2026 en las montañas de Chihuahua.

La muerte de dos agentes de la CIA en las remotas sierras de ese estado en un accidente automovilístico desató una fuerte tensión entre el gobierno de Shane Baum y el Estado de Chihuahua, gobernado por la opositora María Eugenia Campos, con repercusiones directas en la relación con Estados Unidos. Ahora bien, fíjense en lo que está pasando aquí, porque si uno se queda con la versión superficial, esto fue un accidente trágico.

Durante un operativo antidrogas, dos agentes estadounidenses murieron mientras ayudaban a México a desmantelar laboratorios de drogas sintéticas. Tragedia, cooperación, lamentable fin de la historia. Pero no, eso no es todo lo que está pasando. Lo que está pasando es mucho más complicado. La presidenta Shainbaum aseguró en su conferencia matutina que su gobierno no estaba enterado de la presencia de agentes estadounidenses en el operativo.

destacó que la presencia de agentes de la CIA es un tema delicado porque estas acciones están expresamente prohibidas en la Constitución mexicana, donde se establece que estos asuntos son un tema de soberanía y seguridad nacional. Piensen en eso un momento, agentes de la CIA, operando en territorio mexicano sin que el gobierno federal mexicano lo supiera, sin coordinación, sin autorización, entrando a un país soberano como si fuera su propio patio trasero.

Y aquí hay algo que la gente en este país, en Estados Unidos, necesita entender. Eso no es cooperación, eso es penetración, eso es exactamente el tipo de comportamiento imperial que ha caracterizado la política exterior de Washington durante más de 100 años en América Latina. Ahora bien, yo no digo esto para defender a nadie en particular.

No soy portavoz de ningún gobierno, pero sí soy alguien que lleva décadas estudiando cómo funcionan las estructuras de poder, cómo el capitalismo usa al Estado como instrumento para proyectar sus intereses hacia afuera y cómo los países más poderosos del mundo sistemáticamente erosionan la soberanía de los más débiles bajo el pretexto del bien común.

Y lo que está pasando en México ahora mismo es un ejemplo de manual de ese proceso. El gobierno federal mexicano insistió en distintos momentos en que cualquier colaboración internacional debe respetar la soberanía mexicana y mantenerse bajo supervisión de autoridades federales. La posibilidad de que agentes estadounidenses hayan participado en actividades de campo sin notificación oficial provocó cuestionamientos dentro del gobierno mexicano y abrió dudas sobre si se siguieron los procedimientos legales correspondientes. ¿Y qué hizo

Washington? La Casa Blanca, a través de su vocera Caroline Livit reclamó más empatía a la presidenta Shainbom para con los agentes caídos. Es decir, en lugar de reconocer que sus propios agentes estaban operando ilegalmente en territorio mexicano, la respuesta fue exigirle a México más sentimientos, más compasión.

¿Pueden creerlo? Es la lógica del poderoso. Cuando te atrapan haciendo algo que no debías, en lugar de disculparte, atacas emocionalmente al que te señaló. Y Shainbaum no cedió, mantuvo la posición, envió una nota diplomática, exigió explicaciones y eso en el mundo de la política internacional es una declaración de que México no va a agachar la cabeza simplemente porque Washington levante la voz, pero ahí no termina la presión porque justo cuando la crisis de Chihuahua estaba desarrollándose, Washington lanzó otra bomba y esta fue más grande. Las

acusaciones por narcotráfico contra 10 políticos mexicanos, incluido el gobernador de Sinaloa, Rubén Rocha Moya, presentadas por el Departamento de Justicia de Estados Unidos, representan el más fuerte golpe contra la supuesta narcopolítica mexicana del que se tenga registro en los últimos años. 10 funcionarios.

El gobernador de un estado entero, un senador de la República, el alcalde de Culiacán, todos del partido gobernante Morena, todos acusados de conspirar con el cártel de Sinaloa para traficar drogas a Estados Unidos. Las acusaciones formales fueron presentadas el 29 de abril por el fiscal general del distrito Sur de Nueva York, J.

Clayton, y el administrador de la DEA, Terence C. Col, el distrito sur de Nueva York, el mismo tribunal federal que procesó a El Chapo, el mismo sistema judicial que le gusta proyectar su autoridad más allá de sus fronteras, como si las leyes de Estados Unidos aplican en todo el planeta.

Y fíjense en el momento en que esto sucede. No fue aleatorio. Nada en la política internacional es aleatorio. 7 días antes de que se publicaran los cargos, el embajador estadounidense visitó Sinaloa en el marco de una inversión millonaria de una empresa fabricante de metanol y aprovechó para dar un fuerte discurso sobre la epidemia de corrupción gubernamental en México, relacionando el tema con la renegociación del Tratado de Libre Comercio que México negocia con Estados Unidos. ¿Lo ven? Ahí está el patrón.

Visita diplomática con mensaje de advertencia, luego acusaciones formales, luego presión para extraditar. Y todo esto en el contexto de una renegociación comercial donde México necesita que Estados Unidos no le cierre las puertas económicas. Es una táctica que Marx habría reconocido inmediatamente, el poder económico y el poder político, actuando en coordinación perfecta para disciplinar a un Estado que no obedece con suficiente rapidez, porque eso es lo que estamos viendo.

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