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🇲🇽🚨PUEBLA EN CAOS TOTAL: EJÉRCITO DESCUBRE CONVOY DEL CJNG CAMUFLADO COMO MUDANZA: 87 SICARIOS

 Además de los 87 combatientes, los camiones llevaban cargamento. Los espacios que no estaban ocupados por las bancas donde se sentaban los sicarios estaban llenos de cajas. Cajas que por fuera decían frágil, cocina o recámara principal o sala con plumón negro, como las cajas de cualquier mudanza, pero que por dentro contenían rifles, pistolas, municiones, granadas, chalecos antibalas, radios de comunicación, provisiones de comida, garrafones de agua y lo que los peritos después identificarían como componentes para instalar un campamento de operaciones

semipermanente en la sierra. Era una invasión, un ejército en movimiento y viajaba en camiones que decían mudanzas García hermanos con la Virgen de Guadalupe en el Parabrisas. El ejército los detuvo en un retén improvisado a las 3:15 de la mañana en un tramo recto de la carretera federal que conecta el Valle de Puebla con la Sierra Norte.

Los soldados que montaron el retén habían recibido información de inteligencia sobre un movimiento sospechoso de vehículos de carga en esa ruta durante la madrugada. No sabían exactamente qué buscaban, no sabían que eran camiones de mudanza. No sabían cuántas personas había dentro. Solo sabían que algo se movía por esa carretera que no debería moverse a esa hora.

 Cuando el primer camión llegó al retén y el soldado le hizo la señal de alto con la linterna, el chóer frenó. El soldado se acercó a la ventanilla. El chóer bajó el vidrio. Buenas noches. ¿A dónde se dirigen? El chóer respondió con calma. Llevamos una mudanza a Zacatlán. Sale temprano el cliente y quiere todo listo al amanecer. El soldado miró el letrero del camión.

Miró al chóer con su uniforme, miró la calcomanía de la Virgen. Todo cuadraba, una mudanza nocturna. Pasa todo el tiempo. Los clientes que se mudan a otra ciudad piden que el camión llegue temprano para empezar a descargar con la luz del día. El soldado estaba a punto de dejar pasar el camión. Ya tenía la linterna bajada.

 Ya estaba dando un paso hacia atrás para hacerle la señal de que siguiera, pero algo lo detuvo. Un detalle que su mente procesó un segundo después de que sus ojos lo captaron. Las llantas traseras del camión estaban demasiado hundidas. La carga que llevaba era más pesada de lo que una mudanza normal justificaría. Un camión de 3 toneladas cargado de muebles tiene las llantas traseras ligeramente comprimidas por el peso.

Este camión tenía las llantas casi aplastadas contra el asfalto. Llevaba mucho más de 3 toneladas. El soldado no era ingeniero mecánico, no calculó el peso por la deformación de los neumáticos. Lo sintió, lo intuyó. Algo en su experiencia de años revisando camiones, le dijo que esas llantas cargaban más de lo normal.

 Y eso, sumado a la hora, sumado a la ruta, sumado al aviso que habían recibido sobre movimiento sospechoso de vehículos, fue suficiente para que no bajara la linterna. Pero el soldado pidió ver la caja del camión. Rutina. En los retenes nocturnos se revisan las cajas de los camiones de carga. El chóer tituó. Un segundo, medio segundo, una fracción de segundo donde sus ojos se movieron hacia el espejo retrovisor, hacia la caja que tenía detrás, donde 22 hombres armados estaban sentados en silencio escuchando la conversación. Ese titubeo fue

suficiente. El soldado dio un paso atrás y llamó a su superior por radio. Se activó el protocolo de inspección reforzada. Más soldados se acercaron al camión. Le pidieron al chóer que apagara el motor y bajara del vehículo. El chóer obedeció. El copiloto también. Y cuando los soldados se dirigieron a la parte trasera del camión para abrir la caja, escucharon algo que no se escucha en una mudanza. Metal contra metal.

 El sonido de un rifle siendo amartillado. Lo que siguió fueron los 20 minutos más tensos que los soldados de ese retén han vivido. No hubo tiroteo y eso, considerando que había 87 personas armadas dentro de cuatro camiones, es casi un milagro. El oficial al mando tomó una decisión que probablemente salvó docenas de vidas.

 En lugar de abrir la caja del primer camión por la fuerza, se posicionó frente al camión con un megáfono y dio la orden de rendición. Identificó a las fuerzas armadas. Dijo que el camión estaba rodeado. Dijo que había helicópteros en camino y dijo que cualquier intento de resistencia iba a terminar mal para todos.

 Adentro del camión hubo un silencio que duró una eternidad. 30 segundos que parecieron 30 minutos. Los soldados afuera con los rifles apuntando a la caja del camión esperando los sicarios adentro en la oscuridad decidiendo. Un soldado que estaba en el retén describió esos 30 segundos como los más largos de su vida. Estábamos apuntando a una pared de lámina.

 No sabíamos cuántos había adentro. No sabíamos qué armas tenían. No sabíamos si iban a abrir fuego a través de la lámina o si iban a rendirse. Lo único que podíamos hacer era esperar con el dedo en el gatillo, con la respiración contenida, con el sudor bajándome por la espalda a pesar del frío de la madrugada. Los soldados del retén eran 12, 12 contra los 22 del primer camión.

 Si los sicarios hubieran decidido abrir fuego a través de las paredes de lámina del camión, la primera ráfaga habría impactado a los soldados que estaban parados frente a la caja. La lámina de un camión de mudanza no detiene balas. Las balas de un rifle de asalto atraviesan la lámina como si fuera papel.

 12 soldados al descubierto frente a una pared de lámina detrás de la cual hay 22 hombres con rifles automáticos. La aritmética favorecía a los de adentro, pero los de adentro tenían órdenes y las órdenes decían, “No combatir con el ejército, ríndanse.” Y luego la puerta trasera del camión se abrió desde dentro y empezaron a salir uno por uno con las manos arriba, dejando los rifles en el piso de la caja, bajando del camión como quien baja de un autobús.

 22 hombres con las manos en alto parpadeando bajo la luz de las linternas de los soldados, entregándose sin disparar un solo tiro. Los otros tres camiones, que se habían detenido detrás del primero al ver el retén siguieron el mismo patrón. El oficial repitió la orden de rendición para cada camión y en los tres casos los ocupantes se rindieron sin combatir.

65 personas más salieron de los tres camiones restantes con las manos arriba. En total, 87 detenidos en un retén carretero a las 3 de la mañana sin un solo disparo. ¿Por qué se rindieron? Porque 87 personas armadas con rifles de asalto, granadas y suficiente munición para sostener un combate de horas decidieron entregarse sin pelear.

 La respuesta, según los interrogatorios, es que tenían órdenes de no combatir con el ejército. El CJNG les había dado instrucciones claras. Si los detienen las fuerzas armadas, ríndanse, no disparen, no resistan, entréguense. Esa orden parece contradictoria para un cártel que se ha enfrentado al ejército en múltiples ocasiones, pero tiene una lógica que revela algo importante sobre la estrategia del CJNG en este momento específico.

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