Posted in

Mariana Levy La autopsia que su familia nunca quiso hacer pública

Hay una imagen de Mariana Levi que nadie que la vio pudo olvidar jamás. No es la imagen de la mujer que bailaba con una energía que parecía imposible de contener en un cuerpo tan pequeño. No es la de la actriz que hacía reír a millones de familias mexicanas frente al televisor durante décadas. No es la de la hija orgullosa que llevaba con gracia el peso de un apellido enorme, no es la de la madre enamorada de sus tres hijos.

Esa imagen que ella misma cultivó con genuina devoción. La imagen que nadie pudo olvidar. La imagen que todavía hoy aparece en las conversaciones cuando alguien menciona su nombre. es la de una mujer tirada en el asiento trasero de un automóvil en una colonia de la Ciudad de México en una mañana de abril que comenzó como cualquier otra mañana y terminó como una pesadilla de la que su familia nunca pudo despertar del todo.

Era el 29 de abril de 2005. Mariana tenía 39 años. Y lo que pasó en ese automóvil, lo que realmente pasó desde el momento en que el asaltante se acercó hasta el momento en que el monitor del hospital dejó de registrar actividad cardíaca es algo que los médicos vieron, que los forenses documentaron con la frialdad técnica que requiere su oficio y que la familia de Mariana Levi hizo todo lo posible por enterrar junto con ella. Ese es el centro de esta historia.

Ese es el secreto que nadie ha contado completo. En este video vas a conocer exactamente cuatro cosas que casi nadie se ha atrevido a contar sobre Mariana Levi. La primera tiene que ver con la herida que cargó toda su vida. Una herida que no salió en ninguna entrevista, que no aparece en ninguna de las notas de farándula que se escribieron sobre ella durante sus años de mayor fama y que, sin embargo, explica prácticamente todos los patrones de su vida adulta.

La segunda involucra el nombre de un hombre que aparece en los márgenes de su historia y que la industria del espectáculo mexicano prefirió ignorar, porque nombrarlo implicaba hacer preguntas incómodas sobre cómo funcionan los círculos de poder dentro de las televisoras. La tercera es sobre lo que pasó en ese automóvil y en ese hospital desde el punto de vista médico, el dictamen que su familia cuestionó en privado, pero nunca en público.

Las preguntas que los especialistas que revisaron el expediente nunca pudieron responder del todo. la ventana de tiempo que pudo haber cambiado el resultado y que nadie quiso examinar con lupa. Y la razón por la que la autopsia de Mariana Leví se convirtió en un documento que circuló lo menos posible. La cuarta revelación es sobre lo que quedó después de su muerte.

los hijos, el dinero, los pleitos que se desarrollaron lejos de las cámaras, la memoria de Mariana, siendo administrada y disputada por personas que no eran ella, y un secreto que su madre, María de los Ángeles Levi, se llevó a la tumba apenas 10 años después. Si abandonas este video antes del final, si te gusta este contenido, suscríbete para no perderte ninguna historia oculta.

Te perderás la razón por la que algunos médicos que revisaron el expediente de Mariana Levi siguen haciendo preguntas que nadie ha querido responder de manera oficial. Y te perderás también la historia de lo que le pasó a su hija menor, la niña que tenía 3 años ese día y que lo vio todo. Te avisaré cuando lleguemos a cada revelación.

Mariana de los Ángeles, Levi Guizar, nació el 19 de diciembre de 1965 en la Ciudad de México. Guarda ese apellido compuesto, Levi Guisar, porque lo vas a necesitar para entender la presión específica que Mariana sintió desde que tuvo uso de razón. Una presión que no era la presión anónima que siente cualquier niño cuando sus padres depositan en él sus expectativas, sino una presión pública, documentada, visible.

la presión de cargar un linaje artístico que ya tenía historia y audiencia antes de que ella pudiera elegir si quería o no ser parte de él. El apellido Guisar venía de su abuela Chabela Guisar, una figura respetada dentro de los círculos del espectáculo mexicano. Y el apellido Levi era el apellido de su madre, María de los Ángeles Levi, conocida en el medio y entre el público como Meche Levi, una de las vedetes más reconocidas de México durante décadas, una mujer de presencia escénica devastadora de esas personalidades que llenan cualquier

habitación en la que entran con una combinación de carisma y autoridad que no deja espacio para que nadie a su alrededor ocupe el mismo aire con la misma intensidad. Nacer en esa familia era nacer dentro de un escenario, literalmente. Las luces, los aplausos, las lentejuelas, las expectativas, el ojo constante del medio artístico que evaluaba y catalogaba a los hijos de las figuras públicas antes de que esos hijos pudieran articular una identidad propia.

Todo eso estaba ahí antes de que Mariana pudiera siquiera preguntarse qué quería hacer. Su padre fue José Antonio Levi, un hombre que estuvo presente en los primeros años de la vida de Mariana, pero cuya figura nunca ocupó el centro de ninguna historia que ella contara públicamente, no porque no importara en términos de su formación, sino porque su madre importaba demasiado.

Meche Levi era una presencia tan dominante, tan definida, tan completamente ella misma en todo momento, que el espacio emocional que quedaba para que otros fueran completamente ellos mismos dentro de esa familia era considerablemente reducido. Mariana creció a la sombra de esa presencia sin que nadie le preguntara si le pesaba. Le pesaba.

En las pocas entrevistas en las que Mariana habló de su infancia con algo parecido a la honestidad, en las conversaciones donde el entrevistador de turno logró bajar un poco la guardia de esa mujer que había aprendido desde niña a dar lo que el público quería ver, siempre había una pausa antes de mencionar a su madre.

No una pausa de amor simple y ordenado, una pausa de algo más complicado que el amor, más enredado, más lleno de capas. Era la pausa de alguien que ha pasado toda su vida intentando ser suficiente para una persona que pone el listón muy alto y que en algún punto ha tenido que decidir si ese listón es algo que hay que alcanzar o algo que hay que aprender a ignorar para poder respirar.

Mariana estudió. Mariana aprendió a bailar con una disciplina que iba más allá del talento natural, porque el talento sin disciplina no sobrevive en una familia donde la exigencia es el idioma nativo. Mariana desarrolló una gracia física que era genuina y no fabricada, ese tipo de presencia corporal que no viene de los ensayos, sino de alguien que ha habitado su cuerpo con conciencia desde muy joven.

Pero también aprendió desde temprano que en su familia el talento no era suficiente si no venía acompañado de resistencia, de la capacidad de seguir aunque doliera, de presentar la versión funcional de uno mismo, aunque por dentro las cosas no estuvieran bien. Esta lección aprendida antes de los 10 años en los pasillos y camerinos del mundo del espectáculo mexicano, se convirtió en el molde con el que Mariana construyó toda su vida adulta.

La ciudad de México de los años 70, el entorno en el que Mariana pasó su infancia y su primera adolescencia, era un mundo donde las familias del espectáculo vivían en una burbuja paralela al resto de la sociedad, con sus propias reglas de lealtad y traición, con sus propias jerarquías de poder que no correspondían exactamente con ninguna jerarquía del mundo exterior, con sus propias formas de herir a los suyos, que eran más refinadas y más invisibles que las delund mundo común, precisamente porque ocurrían dentro de contextos que desde

Read More