Atención, atención. Harfuch le dio piso a el huesos que sicario del cártel Jalisco Nueva Generación en Colima. Cargaba una ametralladora militar con capacidad de disparar 1000 rondas por minuto. Se lo echaron en un motel de paso en Colima a la 1:09 de la madrugada. Omar García Harf cerró el cerco esta semana en Colima y lo que encontraron al final de esa persecución va a cambiar la forma en que entiendes cómo opera el CJNG.
en el occidente de México. Pero detente un segundo aquí porque lo que sigue es peor. El nombre de huesos no estaba en ninguna lista de objetivos de Harfuch. No había expediente judicial completo, no había operativo diseñado para él. Esa noche él venía a ejecutar, no a ser ejecutado. Y sin embargo murió al pie de un árbol en una calle oscura de Colima con el arma más cara y más letal que el CJNG ha sacado a las calles de esa ciudad en años trabada entre sus manos.
¿Cómo destruyes a un objetivo que no estabas buscando? Esa pregunta tiene nombre en los archivos de Harfch. Pero hay algo que los noticieros no te van a contar. Para entender lo que pasó esa madrugada, necesitas entender quién era Huesos dentro de la estructura del cártel Jalisco Nueva Generación en la región Colima, Jalisco.
No era un sicario de nivel medio, no era un halcón, era el hombre al que llamaban cuando algo importante tenía que salir bien, cuando había un evento especial, una ejecución de alto perfil, una demostración de fuerza, un mensaje que el cártel necesitaba enviar con precisión quirúrgica. Huesos tenía que acudir, huesos tenía que comandar.
Esas son las palabras exactas que usaron las autoridades en conferencia, no las mías, las de ellos. Operaba en el corredor entre Colima y Jalisco, una franja de territorio donde dos lógicas criminales se superponen, donde las rutas de distribución del Pacífico se cruzan con los corredores de extorsión del Bajío, donde el que controla los accesos controla la economía de la violencia.
Huesos conocía ese territorio mejor que nadie. Lo había trabajado durante años. La temperatura en Colima esa madrugada era de 24 ºC, húmeda como siempre, las calles del centro casi vacías a esa hora. Los únicos vehículos de movimiento eran los que no querían ser vistos. Y aquí es donde la historia cambia de dirección completamente, porque Huesos cometió un error de cálculo que los generadores de violencia de su nivel casi nunca cometen.
Confundió la rutina con la invisibilidad. Creyó que una operación más en una noche más en una ciudad que ya conocía de memoria. Era una noche en la que nadie lo estaba mirando. No era la primera vez que salía al campo, pero iba a ser la última. Y entonces llegó el dato que lo cambió todo. El día anterior, apenas 18 horas antes de que Huesos entrara a ese motel, las mismas autoridades habían capturado a José Luis, alias Billy Boy, identificado como posible jefe de sicarios del grupo Los mezcales, también ligado al CJNG en Colima. Parte de la
misma red, parte del mismo tejido criminal que Huesos comandaba en campo. La operación Goya ya estaba diezmando la estructura. huesos lo sabía y aún así esa noche salió. Hay una pregunta que el thriller de seguridad nunca responde bien. ¿Cómo llega un hombre de ese nivel a morir en una calle secundaria de Colima a la 1 de la madrugada? La respuesta no está en el operativo, está en las tres semanas anteriores, porque Huesos no fue casado esa noche.
Huesos se casó solo y lo hizo con tres decisiones que en su momento parecieron completamente razonables. El primer error lo cometió tres semanas antes. Huesos decidió mantener los mismos dos vehículos para múltiples operaciones dentro de la ciudad. El Volkswagen Passat Blanco y el Ford Econ. La lógica era sólida, o eso creyó.
Eran carros civiles, corrientes, sin modificaciones visibles, nada que los relacionara con el CJNG. En una ciudad donde todos conocen los trocones y las camionetas blindadas, dos sedanes compactos eran invisibles. Lo que Huesos no sabía era que el nuevo sistema C4 de Colima, el mismo que el gobierno estatal había presumido en inauguración apenas semanas antes, ya tenía ambas placas registradas como vehículos de interés, cuatro colonias distintas, cuatro horarios nocturnos distintos, un analista los había marcado en el sistema. No como objetivos,
todavía no, pero estaban en el radar. Ese fue el primero, o el segundo error lo cometió la noche anterior. Para coordinar el operativo de esa madrugada huesos, recibió instrucciones directas. La orden vino de arriba del hombre que los archivos de inteligencia conocen como el padrino, el jefe que nunca sale al campo, pero que esa noche necesitaba un mensaje enviado con precisión.
Huesos hizo lo que siempre hacía. Coordinó tres llamadas en menos de 40 minutos a los otros cinco integrantes de la célula. usó un número de prepago nuevo, un chip comprado esa misma tarde en una tienda de conveniencia en la colonia Las Víboras creyó que un número nuevo era un número limpio.
Lo que Huesos no sabía era que dos de los números a los que llamó ya estaban identificados por el sistema de monitoreo de la Secretaría de Marina como pertenecientes a la red CJNG local. Tres llamadas en 40 minutos desde la misma torre de telefonía en la colonia Jardines de Colima. Números marcados.
No sabían que era huesos, pero sabían que algo se estaba activando. Eso explica el error. Lo que sigue explica la magnitud. El tercer error lo cometió esa misma madrugada a las 12:47 de la mañana cuando la célula se preparó para salir sos. Tenía dos vehículos disponibles, el Passad y el Icon. El Passat tenía un problema menor desde una operación anterior.
La tapa del tanque de gasolina había quedado dañada y nunca fue reemplazada. Era un detalle sin importancia. Nadie revisa la tapa del tanque de un vehículo en una persecución nocturna. Era solo un rato. Huesos eligió el Passat como vehículo de comando. Lo que Huesos no sabía era que cuando los dos vehículos huyeron en direcciones opuestas, en la oscuridad de las calles de Colima, los agentes perdieron visualmente a Licón en el primer cruce, pero el pasat era imposible de perder.
En la oscuridad, cada vez que un reflector o un faro lo alcanzaba, la apertura sin tapa del tanque era un punto de referencia visible. Los agentes lo siguieron. El Passat se salió del camino y Huesos descendió disparando. Ese tercer error fue lo último que calculó mal, porque esa madrugada Harfuch ya tenía todo lo que necesitaba.
1:9 de la madrugada, Ciudad de Colima. Alguien marcó el número de emergencias, una voz sin nombre, sin identificación. sin más contexto que el necesario, reportó hombres armados en un motel de la capital del estado. La llamada duró menos de 30 segundos. Lo que ocurrió en el siguiente minuto con 10 segundos es lo que separa un operativo exitoso de una nota de periódico con un muerto diferente.
El plan cuadrante, el nuevo esquema operativo implementado por la SSPS estatal con las patrullas entregadas recientemente por el gobierno de Colima, respondió Sin Sirenas. Sin luces de emergencia encendidas a cuatro calles de distancia. La unidad más cercana a ese cuadrante ya estaba en posición porque ese es el diseño del sistema, no reaccionar desde una central, sino estar ya en el territorio.
Un minuto con 10 segundos. Ese es el tiempo que tardó la primera unidad en llegar al motel. Para ponerlo en perspectiva, el tiempo promedio de respuesta de una corporación policial en una ciudad de tamaño similar en México es de entre 8 y 12 minutos. Esa noche la diferencia entre 8 minutos y 70 segundos fue la diferencia entre un homicidio consumado y dos sicarios abatidos.
Pero hay algo que los noticieros no te van a contar, porque la unidad cuadrante no llegó sola y no llegó improvisando. Elementos de infantería de Marina ya estaban coordinados en el área esa noche, no como respuesta a la llamada, sino como parte del despliegue permanente que la operación Goya había establecido en los corredores críticos de Colima desde semanas antes.
Cuando la llamada entró al sistema, la coordinación entre policía estatal y marina no tardó minutos en activarse. Ya estaba activa. Un dron de vigilancia llevaba aproximadamente 22 minutos sobrevolando el cuadrante cuando la llamada entró. Sus cámaras de visión térmica ya habían registrado la presencia de dos vehículos, un Passat blanco y un compacto oscuro, estacionados en el acceso posterior del motel con los motores encendidos.
Vehículos con motor encendido y sin movimiento estacionados en zona de baja actividad comercial pasada la medianoche. Eso es una señal de alerta en cualquier protocolo de vigilancia aérea urbana. Lo que el dron no podía saber era quién estaba adentro de esos vehículos. Eso lo confirmó la llamada ciudadana.
Cuando los elementos de la policía estatal llegaron al motel a las 1:09 de la mañana, el cerco ya estaba en proceso de cierre, no completamente cerrado. Eso tomaría los siguientes minutos, pero el marco operativo ya estaba activo. Huesos y su célula estaban dentro de una geometría que se achicaba y él todavía no lo sabía. La célula llevaba aproximadamente 18 minutos en el motel cuando vio llegar las primeras luces.
No las luces de emergencia, las luces de los faros de una patrulla que se detenía despacio en el acceso principal, sin escándalo, sin grito de advertencia. En ese momento, en esos primeros 2 segundos en que los ojos de huesos procesaron lo que estaban viendo, había exactamente dos decisiones posibles, quedarse y entregarse o salir disparando y correr.
Huesos eligió lo que siempre elegía. Afuera todo parecía normal. Adentro. Ya era demasiado tarde. 1:9. Los primeros disparos rompieron el silencio de Colima. Los primeros 4 minutos fueron de caos controlado. La célula salió del motel en movimiento simultáneo. Dos vehículos, dos direcciones opuestas. Era el protocolo de dispersión que cualquier célula bien entrenada ejecuta cuando el cerco se detecta antes de cerrarse.
Si se dividen, las fuerzas de seguridad tienen que elegir a cuál seguir. Es una apuesta y esa noche era la única apuesta que le quedaba a huesos. El Volkswagen Passat Blanco arrancó hacia el norte el Ford y con tomó el sur, ambos con los ocupantes disparando desde las ventanas mientras aceleraban.
Los agentes de la policía estatal repelieron la agresión y pidieron refuerzos de inmediato. Las comunicaciones encriptadas entre las unidades cuadrante y los elementos de marina se activaron en simultáneo. En menos de 90 segundos había tres unidades adicionales en movimiento convergiendo hacia los dos vectores de huida. El icon desapareció en el primer cruce.
Los agentes que lo seguían lo perdieron en una calle sin alumbrado en la colonia Centro. Cuatro integrantes de la célula se evaporaron en la oscuridad de Colima esa madrugada. Eso es un problema que Harfou todavía no ha resuelto públicamente, pero el Passat no pudo desaparecer. Los siguientes 6 minutos fueron de persecución y física.
La apertura sin tapa del tanque de gasolina. Ese detalle que Huesos consideró irrelevante a las 12:47 de la mañana se convirtió en el ancla que lo unió a sus perseguidores en la oscuridad. Cada vez que un faro lo alcanzaba era visible. Los agentes lo mantuvieron en rango visual durante toda la persecución a través de al menos cuatro calles de la ciudad.
El Passat aceleró, los agentes mantuvieron la distancia, el vehículo tomó una curva demasiado rápido, o el conductor calculó mal el ángulo, o el pavimento húmedo de la madrugada colimense hizo lo que el pavimento húmedo siempre hace. Y el Volkswagen Passat Blanco se salió del camino y se impactó contra un conjunto de árboles en el costado de la vía.
El vehículo quedó inmovilizado. Eso no detuvo a los ocupantes. Dos hombres descendieron del Passat, todavía disparando, todavía en movimiento. Uno de ellos cargaba un fusil AK47 calibre 7,62 por 39 mm. El arma estándar de cualquier célula criminal de nivel medio en México. El otro cargaba algo que los agentes no esperaban ver en las calles de Colima esa noche.
D like si llegaste hasta aquí porque esto apenas comienza. Los últimos 3 minutos fueron de supresión y colapso. El segundo hombre levantó la FN Minimi, una ametralladora de uso exclusivo de las fuerzas armadas. Calibre 5,56. Capacidad de fuego. Entre 800 y 1000 rondas por minuto. En manos de un operador entrenado, ese arma puede suprimir a una unidad completa en segundos.
El hombre que la cargaba no era un operador entrenado para ese sistema. La FN Mini tiene un mecanismo de abastecimiento de munición que requiere pericia específica para operar bajo presión. El tipo de caja que lleva como abastecedor no es intuitivo. En un campo de entrenamiento con tiempo y calma, cualquier soldado puede aprenderlo.
En una calle de Colima, a la 1 de la madrugada, con adrenalina, con agentes respondiendo el fuego, con el vehículo de huida inmovilizado contra un árbol, el arma se trabó. En el momento en que la FN Mini dejó de disparar, la dinámica del enfrentamiento colapsó en favor de las fuerzas de seguridad. Los agentes avanzaron. El intercambio continuó brevemente desde el fusil AK47, pero la ventaja táctica ya no existía.
En los segundos que siguieron al trabamiento del arma, los elementos de la policía estatal y de la infantería de Marina suprimieron la posición y neutralizaron a ambos ocupantes del Passat. Uno de los cuerpos fue identificado en el sitio mediante los protocolos de reconocimiento que la inteligencia ya tenía preparados.
Fotografías, registros de tatuajes, descripción física obtenida de testimonios previos. El resultado de esa identificación cambió el peso del operativo completo. El hombre tendido al pie de los árboles con la FN Mini Mi trabada a sus pies y el Passat sin tapa de gasolina detrás de él era huesos. El generador de violencia más activo del CJNG en el corredor Colima, Jalisco.
El hombre que comandaba cuando los eventos eran especiales, el ejecutor que esa noche había salido para matar y que en cambio encontró el único cerco que no calculó. El parte operativo llegó a las 1:26 de la mañana. Alto al fuego, amenazan neutralizada, cero bajas federales. 17 minutos desde la llamada ciudadana hasta el parte de cierre.
17 minutos que terminaron con el objetivo más letal de la noche en el suelo y con cuatro miembros de su célula desaparecidos en la oscuridad de Colima. Cuando el parte operativo se cerró a la 1:26 de la madrugada, comenzó la segunda fase del trabajo, el inventario. Porque lo que encontraron en ese Volkswagen Passat Blanco inmovilizado contra los árboles y en el segundo vehículo localizado abandonado minutos después en una calle paralela, no era el inventario de una célula que salió a hacer un trabajo rutinario. Era el inventario de
una célula que salió a hacer un trabajo importante. El primer objeto que los peritos registraron fue el AK47 calibre 7,62 por 39 mm. Un fusil que en el mercado negro del occidente de México tiene un valor de entre 40 y 60,000 pes. No es un arma cara para el CJNG, es el arma estándar.
Lo que eso significa es que incluso el armamento de base que esta célula cargaba esa noche representaba una inversión que la mayoría de las familias colimenses no puede hacer en un año. Eso es lo que la cifra no te dice si solo la lees como dato. El inventario continuó y cada objeto contó una historia diferente. El segundo objeto fue la FN Mini calibre 5,56.
Capacidad de fuego de entre 800 y 1,000 rondas por minuto. Arma de uso exclusivo de las fuerzas armadas mexicanas. Valor estimado en mercado negro internacional entre 180 y 220,000 pes. Probablemente más considerando los canales de tráfico necesarios para sacar ese armamento de un depósito militar y colocarlo en manos de una célula criminal en Colima.
Detente un segundo aquí porque lo que sigue es peor. Esa arma no se compra en una ferretería. No se importa por los mismos canales que un AK47. Una FN minimi que aparece en manos de un sicario del CJ en Colima tiene una historia previa que implica corrupción institucional en algún punto de la cadena.
Alguien en algún lugar de la estructura de abastecimiento militar tomó una decisión y esa decisión terminó en una calle de Colima a la 1 de la madrugada. Las autoridades no han respondido públicamente esa pregunta. Harf la tiene en sus archivos. En el segundo vehículo localizado abandonado E, el Ford Econó en el primer cruce. Los peritos encontraron casquillos percutidos y una tercera arma de fuego corta sin identificación visible en el registro preliminar tres armas para seis hombres.
Eso sugiere que al menos tres integrantes de la célula no iban armados con fuego, iban armados con otra cosa, con información, con contactos, con el conocimiento de quién estaba dentro de ese motel y cómo sacarlo. El ojo del inventario continuó hacia los objetos menores y entonces llegó el dato que lo cambió todo. Entre los objetos recuperados en el perímetro del impacto del Passat, los peritos documentaron algo que no apareció en el comunicado oficial de la SSPC, algo que ningún noticiero mencionó en su cobertura de la madrugada. Junto a los casquillos
percutidos del fusil y los fragmentos del vehículo, había una tapa de plástico negro, pequeña, circular, del tamaño de la palma de una mano. La tapa del tanque de gasolina del Volkswagen Passat no estaba atornillada al vehículo cuando Huesos lo eligió esa noche. No estaba atornillada porque nadie se había molestado en reemplazarla después de que se dañó en una operación anterior.
Un detalle sin importancia, un objeto de 3 pesos que cualquier mecánico reemplaza en 2 minutos. Ese objeto pequeño e insignificante, esa tapa de plástico negro tirada en el asfalto junto al cuerpo de uno de los sicarios más letales del CJNG en Colima es la imagen más honesta de cómo termina realmente la violencia organizada.
No con una batalla épica, no con tecnología de punta, con un descuido de 3 segundos que nadie corrigió. Pero lo más valioso no brillaba porque entre todo el metal, los casquillos y el armamento militar, lo que los elementos de inteligencia extrajeron con mayor cuidado esa madrugada no fue ninguna de las armas. fue lo que encontraron en el interior del Passat antes del impacto dos teléfonos celulares, uno de ellos con las últimas tres llamadas realizadas todavía visibles en el registro.
Números que los analistas de la Secretaría de Marina reconocieron de inmediato en sus bases de datos. Esos dos teléfonos contienen más información operativa sobre la estructura TJNG en el corredor Colima, Jalisco, que cualquier arma decomizada esa noche y Harfuch lo sabe. Lo que esos teléfonos dicen sobre el hombre que ordenó la operación esa madrugada, el hombre que los archivos llaman el padrino es la pregunta que abre el siguiente capítulo de esta historia.
A las horas siguientes del operativo, el secretario de Seguridad y Protección Ciudadana, Fabián Ricardo Gómez Calcanio, se presentó ante los medios. Pero las palabras que importan, las que no fueron pronunciadas en Colima, sino en Ciudad de México, en el contexto de la estrategia nacional que Harfuch coordina desde la SSPC Federal, llegaron con el peso específico que tienen las declaraciones, que parecen administrativas, pero funcionan como mensajes.
Harf no improvisa sus comunicados. Cada palabra es una decisión. La declaración fue esta. Jamás dudaremos en hacer uso de la fuerza en favor de los colimenses. La estrategia continuará enfocada en objetivos prioritarios y células generadoras de violencia en la región. Seis de ocho objetivos de la operación Goya han sido detenidos o neutralizados.
El trabajo no ha terminado. Cuatro oraciones sin adjetivos, sin dramatismo. Analízalas. Lo que encontraron después no estaba en ningún reporte previo. Jamás dudaremos en hacer uso de la fuerza. Esa frase no está dirigida a la prensa, está dirigida a los dos objetivos que todavía quedan activos en la operación Goya.
Es una declaración de voluntad institucional que en el lenguaje del crimen organizado se lee de una sola forma. No hay negociación posible. No hay zona de sombra donde esconderse. El Estado va a seguir llegando. Células generadoras de violencia. Esa categorización es deliberada. No dice delincuentes, no dice criminales, dice generadores de violencia.
Esa distinción importa porque en la taxonomía operativa de Harfouh, un generador de violencia es un objetivo de neutralización, no de procesamiento judicial. Es el lenguaje que precede a los operativos, no a las detenciones. Seis de ocho objetivos neutralizados. Este es el número más importante de la declaración y el que menos análisis recibió en la cobertura mediática.
6 de o 75% de la operación Goya completado, pero Huesos no estaba en esa lista, lo que significa que el número real de objetivos eliminados esa semana en Colima es mayor que el que aparece en el comunicado oficial. La operación Goya tiene ocho nombres. Los operativos de esa semana eliminaron más. El trabajo no ha terminado.
Esa última oración es el mensaje codificado. No para la prensa, no para los colimenses, para el padrino, para el hombre que ordenó la operación esa madrugada y que vio por las noticias como su mejor ejecutor no regresó. Harfus le está diciendo algo muy específico con esas cuatro palabras. Sabemos que existes, sabemos lo que hiciste y vamos por ti.
Esta historia no empieza ni termina en un motel de Colima a la 1:09 de la madrugada. Para entender el peso real de lo que ocurrió esta semana, hay que conectar dos puntos que los noticieros presentaron como noticias separadas porque llegaron en días separados. El 13 de mayo, 18 horas antes del abatimiento de huesos, las autoridades capturaron a José Luis, alias Billy Boy, identificado como posible jefe de sicarios del grupo Los mezcales, estructura criminal ligada al CJNG, que opera en el mismo corredor Colima, Jalisco, detenido mediante
labores de inteligencia y trabajo de campo, mandato judicial vigente por homicidio puesto a disposición de la FGE de Colima. Dos operativos, dos días consecutivos, dos golpes al mismo tejido criminal. Eso no es coincidencia, eso es el patrón que la operación Goya estaba diseñada para ejecutar golpes consecutivos que no dan tiempo de reorganización.
Cuando una célula pierde a su jefe de sicarios un martes y a su ejecutor de alto perfil un miércoles, el miércoles en la noche nadie en esa estructura sabe quién da las órdenes, quién tiene la información comprometida, quién ya habló. Pero la pregunta que nadie está respondiendo es esta. La operación Goya tiene ocho objetivos, seis neutralizados, dos siguen activos.
Las autoridades no han publicado esos dos nombres. No es un descuido administrativo, es una decisión táctica. Cuando un objetivo sabe que está en una lista, cambia de teléfono, cambia de territorio, cambia de rutina. El silencio sobre esos dos nombres es parte del operativo. Lo que este operativo confirma y lo que el caso de Huesos ilustra mejor que cualquier análisis es que la mayor vulnerabilidad del crimen organizado en México en este momento no es el armamento, no es el financiamiento, es la inteligencia de
señales. Dos teléfonos celulares recuperados en un Passat accidentado en Colima pueden contener más información operativa sobre una red criminal que años de seguimiento físico. Huesos lo sabía, por eso usó un prepago nuevo esa noche, pero los números a los que llamó ya estaban marcados. Un analista de seguridad consultado sobre el patrón de estos operativos señaló que la coordinación entre policía estatal, marina y las estructuras de inteligencia federales representa un cambio cualitativo en la capacidad operativa de
Colima, un estado que históricamente había sido señalado como territorio de alta permeabilidad institucional. El dato incómodo es este. Cuatro miembros de la célula de huesos escaparon esa noche. Conocen el nombre de la víctima que iban a ejecutar. Conocen el nombre de quién dio la orden en algún lugar de Colima o Jalisco.
En este momento están decidiendo si hablar o desaparecer. Pero la pregunta que nadie está respondiendo es esta, ¿dónde están esos cuatro hombres ahora? Hay un nombre que no apareció en ningún comunicado oficial de esta semana. No está en el parque operativo de la 1:26 de la mañana, no está en la conferencia de prensa de Gómez Calcáneo, no está en los registros públicos de la operación Goya y sin embargo, ese nombre es el centro gravitacional de todo lo que ocurrió en Colima en estas 48 horas.
Es el hombre que marcó el teléfono de huesos y le dio la dirección del motel. El hombre que necesitaba un mensaje enviado con precisión esa madrugada. El hombre para quien Huesos fungía como escolta y ejecutor en los eventos que importaban. Los archivos de inteligencia de Harfush lo conocen con un identificador de una sola palabra.
El padrino, el padrino vio las noticias del miércoles por la mañana, vio la conferencia de prensa, vio el comunicado con las imágenes del Passat, inmovilizado contra los árboles y supo dos cosas simultáneamente. Que su mejor ejecutor no iba a regresar y que los teléfonos que Huesos llevaba esa noche están ahora en manos de los analistas de la Secretaría de Marina.
Eso explica el error. Lo que sigue explica la magnitud. Lo que Harfush tiene ahora es considerable. El cuerpo de huesos identificado, dos teléfonos con registros de llamadas activos, el segundo vehículo localizado con evidencia balística y los testimonios que la inteligencia había acumulado sobre la estructura de mando de la célula.
Con eso, los analistas pueden reconstruir al menos tres niveles de la jerarquía operativa CJNG en el corredor Colima, Jalisco. Lo que Harfavía no tiene de forma pública es el nombre completo del padrino. No tiene su localización actual, no tiene la identidad de la víctima que iba a ser ejecutada esa madrugada. La persona cuya muerte fue la razón por la que Hueso salió al campo y no tiene a los cuatro fugitivos.
Pero tiene algo más valioso que cualquiera de esas cosas por separado. Tiene los teléfonos. Y en el nicho de inteligencia de señales, dos teléfonos con el historial de llamadas de las últimas 72 horas de un ejecutor de alto perfil es el equivalente a un mapa. No un mapa de calles, un mapa de relaciones, de jerarquías, de quién llama a quién, desde dónde, con qué frecuencia, en qué horario.

El padrino sabe que Harfuch tiene ese mapa y esa es exactamente la presión que los operativos consecutivos de la operación Goya están diseñados para generar no solo eliminar objetivos, sino crear la paranoia que hace que los objetivos que quedan cometan errores, como los que cometió huesos. En el próximo video vamos a rastrear el hilo que esos teléfonos abren, la identidad de la víctima que sobrevivió sin saberlo esa noche en ese motel, el movimiento de los cuatro fugitivos en las 72 horas posteriores al operativo y el nombre que
los archivos de la marina tienen registrado bajo el identificador, el padrino. Hay una fecha que las autoridades no han mencionado públicamente. 22 de mayo hay una localización en el corredor entre Zapotlán, el Grande y Colima, que los drones de vigilancia ya tienen en su ruta de monitoreo y hay un número de teléfono que apareció tres veces en el registro de uno de esos celulares recuperados, un número con clave de área de Guadalajara que los analistas todavía están procesando.
Esa pregunta tiene nombre en los archivos de Harf. regresa al inicio de este video. Una ametralladora militar con capacidad de disparar 1000 rondas por minuto, un motel de paso en Colima a la 1:09 de la madrugada y un sicario que esa noche no venía a morir, venía a matar. Eso fue lo que viste en el primer minuto. Ahora sabes lo que realmente pasó.
Huesos no fue casado por inteligencia satelital. No fue el resultado de meses de seguimiento encubierto. No fue una operación diseñada específicamente para él. Fue casado por una llamada de un ciudadano anónimo que marcó el número de emergencias antes de la 1:09 de la madrugada por un sistema cuadrante que respondió en 70 segundos por dos teléfonos que llamaron a números ya marcados desde la misma torre de telefonía. Ah.