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¡HARFUCH ABATE a “EL HUESOS” DEL CJNG en TIROTEO en MOTEL de COLIMA; CRUEL SICAR10 REVENTADO!

Atención, atención. Harfuch le dio piso a el huesos que sicario del cártel Jalisco Nueva Generación en Colima. Cargaba una ametralladora militar con capacidad de disparar 1000 rondas por minuto. Se lo echaron en un motel de paso en Colima a la 1:09 de la madrugada. Omar García Harf cerró el cerco esta semana en Colima y lo que encontraron al final de esa persecución va a cambiar la forma en que entiendes cómo opera el CJNG.

en el occidente de México. Pero detente un segundo aquí porque lo que sigue es peor. El nombre de huesos no estaba en ninguna lista de objetivos de Harfuch. No había expediente judicial completo, no había operativo diseñado para él. Esa noche él venía a ejecutar, no a ser ejecutado. Y sin embargo murió al pie de un árbol en una calle oscura de Colima con el arma más cara y más letal que el CJNG ha sacado a las calles de esa ciudad en años trabada entre sus manos.

¿Cómo destruyes a un objetivo que no estabas buscando? Esa pregunta tiene nombre en los archivos de Harfch. Pero hay algo que los noticieros no te van a contar. Para entender lo que pasó esa madrugada, necesitas entender quién era Huesos dentro de la estructura del cártel Jalisco Nueva Generación en la región Colima, Jalisco.

No era un sicario de nivel medio, no era un halcón, era el hombre al que llamaban cuando algo importante tenía que salir bien, cuando había un evento especial, una ejecución de alto perfil, una demostración de fuerza, un mensaje que el cártel necesitaba enviar con precisión quirúrgica. Huesos tenía que acudir, huesos tenía que comandar.

Esas son las palabras exactas que usaron las autoridades en conferencia, no las mías, las de ellos. Operaba en el corredor entre Colima y Jalisco, una franja de territorio donde dos lógicas criminales se superponen, donde las rutas de distribución del Pacífico se cruzan con los corredores de extorsión del Bajío, donde el que controla los accesos controla la economía de la violencia.

Huesos conocía ese territorio mejor que nadie. Lo había trabajado durante años. La temperatura en Colima esa madrugada era de 24 ºC, húmeda como siempre, las calles del centro casi vacías a esa hora. Los únicos vehículos de movimiento eran los que no querían ser vistos. Y aquí es donde la historia cambia de dirección completamente, porque Huesos cometió un error de cálculo que los generadores de violencia de su nivel casi nunca cometen.

Confundió la rutina con la invisibilidad. Creyó que una operación más en una noche más en una ciudad que ya conocía de memoria. Era una noche en la que nadie lo estaba mirando. No era la primera vez que salía al campo, pero iba a ser la última. Y entonces llegó el dato que lo cambió todo. El día anterior, apenas 18 horas antes de que Huesos entrara a ese motel, las mismas autoridades habían capturado a José Luis, alias Billy Boy, identificado como posible jefe de sicarios del grupo Los mezcales, también ligado al CJNG en Colima. Parte de la

misma red, parte del mismo tejido criminal que Huesos comandaba en campo. La operación Goya ya estaba diezmando la estructura. huesos lo sabía y aún así esa noche salió. Hay una pregunta que el thriller de seguridad nunca responde bien. ¿Cómo llega un hombre de ese nivel a morir en una calle secundaria de Colima a la 1 de la madrugada? La respuesta no está en el operativo, está en las tres semanas anteriores, porque Huesos no fue casado esa noche.

Huesos se casó solo y lo hizo con tres decisiones que en su momento parecieron completamente razonables. El primer error lo cometió tres semanas antes. Huesos decidió mantener los mismos dos vehículos para múltiples operaciones dentro de la ciudad. El Volkswagen Passat Blanco y el Ford Econ. La lógica era sólida, o eso creyó.

Eran carros civiles, corrientes, sin modificaciones visibles, nada que los relacionara con el CJNG. En una ciudad donde todos conocen los trocones y las camionetas blindadas, dos sedanes compactos eran invisibles. Lo que Huesos no sabía era que el nuevo sistema C4 de Colima, el mismo que el gobierno estatal había presumido en inauguración apenas semanas antes, ya tenía ambas placas registradas como vehículos de interés, cuatro colonias distintas, cuatro horarios nocturnos distintos, un analista los había marcado en el sistema. No como objetivos,

todavía no, pero estaban en el radar. Ese fue el primero, o el segundo error lo cometió la noche anterior. Para coordinar el operativo de esa madrugada huesos, recibió instrucciones directas. La orden vino de arriba del hombre que los archivos de inteligencia conocen como el padrino, el jefe que nunca sale al campo, pero que esa noche necesitaba un mensaje enviado con precisión.

Huesos hizo lo que siempre hacía. Coordinó tres llamadas en menos de 40 minutos a los otros cinco integrantes de la célula. usó un número de prepago nuevo, un chip comprado esa misma tarde en una tienda de conveniencia en la colonia Las Víboras creyó que un número nuevo era un número limpio.

Lo que Huesos no sabía era que dos de los números a los que llamó ya estaban identificados por el sistema de monitoreo de la Secretaría de Marina como pertenecientes a la red CJNG local. Tres llamadas en 40 minutos desde la misma torre de telefonía en la colonia Jardines de Colima. Números marcados.

No sabían que era huesos, pero sabían que algo se estaba activando. Eso explica el error. Lo que sigue explica la magnitud. El tercer error lo cometió esa misma madrugada a las 12:47 de la mañana cuando la célula se preparó para salir sos. Tenía dos vehículos disponibles, el Passad y el Icon. El Passat tenía un problema menor desde una operación anterior.

La tapa del tanque de gasolina había quedado dañada y nunca fue reemplazada. Era un detalle sin importancia. Nadie revisa la tapa del tanque de un vehículo en una persecución nocturna. Era solo un rato. Huesos eligió el Passat como vehículo de comando. Lo que Huesos no sabía era que cuando los dos vehículos huyeron en direcciones opuestas, en la oscuridad de las calles de Colima, los agentes perdieron visualmente a Licón en el primer cruce, pero el pasat era imposible de perder.

En la oscuridad, cada vez que un reflector o un faro lo alcanzaba, la apertura sin tapa del tanque era un punto de referencia visible. Los agentes lo siguieron. El Passat se salió del camino y Huesos descendió disparando. Ese tercer error fue lo último que calculó mal, porque esa madrugada Harfuch ya tenía todo lo que necesitaba.

1:9 de la madrugada, Ciudad de Colima. Alguien marcó el número de emergencias, una voz sin nombre, sin identificación. sin más contexto que el necesario, reportó hombres armados en un motel de la capital del estado. La llamada duró menos de 30 segundos. Lo que ocurrió en el siguiente minuto con 10 segundos es lo que separa un operativo exitoso de una nota de periódico con un muerto diferente.

El plan cuadrante, el nuevo esquema operativo implementado por la SSPS estatal con las patrullas entregadas recientemente por el gobierno de Colima, respondió Sin Sirenas. Sin luces de emergencia encendidas a cuatro calles de distancia. La unidad más cercana a ese cuadrante ya estaba en posición porque ese es el diseño del sistema, no reaccionar desde una central, sino estar ya en el territorio.

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