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El Juego Oscuro de La Habana: Apagones Estratégicos, Cacería de Extranjeros y el Colapso del Diálogo con Estados Unidos

Imagínate por un instante que te despiertas sobresaltado a las tres de la madrugada. El calor en la habitación es asfixiante, pesado, de esos que te pegan la ropa al cuerpo y te roban el aliento. No hay ni la más mínima brisa entrando por la ventana, y para empeorar las cosas, el ventilador está completamente inerte. Intentas encender la luz por instinto, pero el interruptor no responde. Vas al grifo a buscar un poco de agua corriente para refrescarte el rostro, pero las tuberías están secas. Te encuentras sumergido en una oscuridad total, donde el silencio de la noche solo se ve interrumpido por el rugido distante de algunos generadores eléctricos que pertenecen a los pocos afortunados que pueden permitírselos. Esta no es la escena inicial de una película distópica, sino la cruda y dolorosa realidad que millones de ciudadanos cubanos enfrentan cada día y cada noche.

Sin embargo, hay un detalle en esta crisis que resulta profundamente perturbador y que cambia por completo la forma en que debemos entender lo que está ocurriendo en la isla: no toda Cuba está a oscuras. En La Habana, la capital del país y el corazón palpitante del régimen, la historia que se vive es sorprendentemente diferente. Las luces en muchas zonas estratégicas de la ciudad se mantienen encendidas. Los apagones, si es que llegan a ocurrir, son notablemente más cortos o, en ciertos sectores privilegiados, simplemente no existen. Es aquí donde surge una pregunta sumamente incómoda pero necesaria: ¿Por qué algunos tienen el privilegio de la electricidad mientras otros son condenados a la penumbra constante?

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