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Verónica Castro: Su Propio Hijo le DESTROZÓ la Columna y Ella lo ENCUBRIÓ Para Salvarle la Carrera

Le di cuatro cachetadas a mi madre y la agarré del cabello. Eso lo dijo Cristian Castro en televisión nacional, mirando a la cámara sin pestañar. Pero lo que confesó aquella noche no es ni la cuarta parte de lo que se rumora que pasó dentro de aquella casa. 6 horas de quirófano, la columna fracturada, riesgo de muerte y una madre que lo encubrió todo para que su hijo no perdiera la carrera.

Esta es la historia de Verónica Castro, la diva más amada de México,  la mujer que llenó estadios en Italia, que conquistó América Latina, que un país entero llamaba Lavero, y la historia de su hijo, el niño con la voz de oro. el que heredó la fama y según muchos también heredó un dolor que nunca supo nombrar, lo que nadie te ha contado de lo que pasó entre ellos.

Empieza ahora para entender lo que se rumora que pasó esa noche. Hay que entender primero quién era esta mujer. Verónica Judith Sainz Castro nació en la ciudad de México un 19 de octubre de 1952. hija de Fausto Sainz, ingeniero y de Socorro Castro, una mujer que sin saberlo estaba a punto de criar a tres generaciones de su familia.

Verónica no quería ser estrella, quería ser secretaria bilingüe, pero a los 18 años una sola obra de teatro cambió el curso de su vida para siempre. A los 27 ya era lavero, a los 30 ya era leyenda. En 1979, los ricos también lloran. No fue una telenovela, fue un fenómeno mundial. Se transmitió en más de 100 países, Rusia, China, Italia, Francia.

En Moscú las calles se vaciaban cada tarde a la hora del capítulo y luego vino Mala noche, ¿no? El late night show que durante 130 emisiones fue el programa más visto de México. Una noche, Juan Gabriel entró a su set y se quedó cantando 8 horas seguidas, 8 horas. Ningún otro programa de la televisión mexicana ha vuelto a romper ese récord.

Verónica Castro era en aquel momento la mujer más poderosa de la televisión hispanohablante y aún así cargaba un secreto que no se atrevía a contar. A los 21 años, Verónica conoció al hombre que iba a marcar para siempre la vida de su hijo y la vida de su hijo sin que su hijo lo supiera.

Manuel Valdés, conocido como el loco Valdés, hermano de Tin Tan, hermano de Don Ramón, de El Chavo del Ocho, una dinastía cómica entera, una familia que había hecho reír a México durante décadas. Verónica era joven, era guapa, estaba empezando y se enamoró del loco Valdés con la fe ciega de quien todavía no ha aprendido a desconfiar.

Pero cuando le dijo que estaba embarazada, el loco Valdés desapareció. No reconoció al niño, no firmó los papeles, no volvió a llamar. Verónica afrontó el embarazo sola y se rumora que en aquellos meses fue su madre, doña Socorro, quien la sostuvo cuando todos le daban la espalda. El 8 de diciembre de 1974, en un hospital de Ciudad de México, nació Christian Sainz Castro, sin apellido del padre, sin foto del padre, sin la voz del padre, nació cargando un vacío que tardaría 30 años en llenar.

Y se rumora que esa noche, mientras Verónica sostenía a su hijo recién nacido, hizo una promesa silenciosa. Ese niño nunca iba a saber lo que era no tener a alguien. Pero había un problema. Verónica Castro era en aquellos años la mujer más ocupada de la televisión mexicana. Las giras, las telenovelas, las grabaciones, los viajes a Italia, los viajes a Rusia.

Todo era trabajo, todo era escenario y un bebé recién nacido no podía vivir en un set de grabación. Y entonces apareció ella, doña Socorro Castro, la madre de Verónica, la abuela, la mujer que iba a criar al niño, que un día sería Cristian Castro. Mientras Verónica grababa, los ricos también lloran durante 16 horas al día.

Mientras viajaba a Moscú, a Roma, a Buenos Aires, Cristian crecía en casa de su abuela, en la calle Donato Guerra, en la colonia Juárez de Ciudad de México, la misma casa donde Verónica había crecido. Comía con su abuela, dormía con su abuela, aprendía a hablar con su abuela. El propio Cristian lo confesó hace poco en una entrevista con el programa Ventaneando.

Le mostraron una foto de su abuela y se lebró la voz. Estas fueron sus palabras textuales. Fue la presencia más importante de mi vida, mi persona favorita. Le diría que quiero verla. Siempre que cierro los ojos la veo. No dijo eso de su madre, lo dijo de su abuela. Y aquí empieza algo que duele, porque cada vez que Cristian habla de su infancia, cada vez que recuerda los momentos más felices de su vida, no aparece Verónica, aparece Socorro.

Mi niñez fue mi mejor momento que Cristian Castro ha hecho de sí mismo en público. Un hombre adulto que confiesa que no quiere crecer. Un hombre adulto que, según se rumora, seguía durmiendo en casa de su abuela. hasta bien entrados los 30 años. Hay una herida ahí, una herida vieja, una que ningún disco de oro pudo cerrar,  una que ningún Grammy pudo tapar.

Porque mientras el niño cantaba el gallito feliz en programas de radio, mientras a los 6 años ya hacía locuciones profesionales, mientras el público le aplaudía por ser el hijo de Verónica Castro, ese niño estaba esperando que su madre volviera a casa y muchas noches no volvía. Doña Socorro Castro fue durante más de 30 años la verdadera madre emocional de Cristian.

Y cuando murió en abril de 2020, algo se rompió definitivamente dentro del cantante, porque la mujer que lo había sostenido toda su vida ya no estaba. Y la mujer que biológicamente era su madre nunca había estado del todo. A los 6 años Cristian ya cantaba en la radio. A los 9 hacía teatro musical. A los 14 grabó su primer disco profesional.

Y todo, todo lo pagó su madre. Verónica Castro fue quien escogió al productor. Verónica Castro fue quien firmó el cheque. Verónica Castro fue quien movió los hilos en Televisa para que su hijo tuviera la oportunidad que ningún recién llegado conseguía a esa edad. El propio Cristian lo confesó después en televisión.

Te quiero agradecer que me apoyaste tanto. Me hiciste mi primer disco. Sí, con tu dinero, con un productor que tú escogiste. Y Verónica, riendo nerviosa, contestó, sí, fue caro, caro, caro, pero valió la pena. Lo que nadie dijo en esa entrevista es que aquella inversión también selló algo más oscuro, porque a partir de ese momento Cristian Castro no solo era el hijo de la diva, era una empresa, era un proyecto, era el siguiente disco que tenía que vender y se rumora que en algún punto del camino ese niño que solo quería que su madre volviera a casa, empezó a sentir que su

madre no lo veía. ía a él veía un proyecto. En 1992, con apenas 17 años lanzó agua nueva. El disco se convirtió en disco de oro. Le siguió un segundo en el tiempo. Después llegó el camino del alma y luego Mi vida sin tu amor. En total vendió más de 10 millones de discos. Ganó decenas de premios. fue catalogado por Juan Gabriel como el hombre con más facultades para cantar en México.

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