Posted in

Lo que REALMENTE Pasa en los Días Después de que Muere un Papa

Cuando un papa muere, el mundo se entera en minutos. Las cadenas de noticias interrumpen su programación. Los líderes mundiales emiten comunicados y 1000 millones de católicos se detienen a procesar la noticia. Pero lo que casi nadie sabe es lo que ocurre detrás de las puertas del Vaticano en las horas, los días y las semanas que siguen, porque ahí adentro se activa un mecanismo de sucesión tan antiguo, tan elaborado y tan extraño, que hace parecer a cualquier transición de poder moderna como un trámite de oficina.

Esto es lo que realmente pasa cuando muere un papa. Y cuando conozcas el proceso completo, vas a entender por qué esta institución ha sobrevivido 2,000 años mientras imperios enteros desaparecían. Antes de empezar, si te interesa conocer lo que realmente ocurre dentro del Vaticano y los secretos que rodean a cada Papa desde el momento en que es elegido hasta el día en que muere, dale al botón de suscribirse y activa la campanita.

 Y compártelo con alguien de tu familia que también ame la historia de nuestra iglesia. Número uno, el cuerpo del Papa se prepara según ritual antiguo. El cadáver es lavado y vestido según protocolo que no admite preferencias personales. Le colocan casulla blanca, roquete, museta roja, estola roja y mitra blanca, un rosario en las manos, zapatos rojos en los pies.

 No importa si en vida rechazó esos zapatos, como hizo Francisco con los de Benedicto. El ritual manda. El cuerpo es trasladado en procesión solemne a la capilla del Palacio Apostólico para un velatorio privado reservado a los más cercanos. Después viene el velatorio público en la Basílica de San Pedro. Cuando Juan Pablo Segund murió en 2005, aproximadamente 4 millones de personas viajaron a Roma en 5 días.

 Las filas para ver el cuerpo llegaban a durar 24 horas. fue una de las concentraciones humanas más grandes de la historia moderna por un solo individuo. Pero mientras el mundo hacía fila afuera, adentro del Vaticano, algo mucho más estructural estaba ocurriendo. Número dos, el Vaticano queda en pausa. Con la muerte confirmada, la iglesia entra en lo que se llama sede vacante, literalmente la silla vacía.

 Y esto no es una metáfora poética, es un estado institucional formal donde casi toda la gobernanza de la Iglesia Católica se suspende de golpe. El camarlengo asume un rol administrativo extremadamente limitado. No puede nombrar ni remover funcionarios. No puede tomar ninguna decisión que le corresponda a un papa, no puede reformar, no puede legislar, no puede alterar nada sustancial.

¿Qué pasa cuando muere un papa?

 La mayoría de los altos cargos de la curia romana pierden automáticamente sus puestos. Se acuñan monedas especiales y se imprimen estampillas con el emblema de la sede vacante, las llaves cruzadas de San Pedro bajo una sombrilla papal, pero sin tiara, porque no hay nadie que la lleve. Es en todo sentido una institución de 1300 millones de miembros distribuidos en todos los continentes del planeta, funcionando en piloto automático, sin capitán, sin rumbo definido, esperando la organización religiosa más grande del mundo,

paralizada voluntariamente por sus propias reglas. Y lo que esperan es algo que tiene normas tan estrictas que harían sonrojar a cualquier democracia moderna. Número tres, el Papa es enterrado en tres ataúdes sanidados. Ni siquiera en la muerte el protocolo se relaja. El entierro papal tradicional usa tres ataúdes, uno dentro del otro, como muñecas rusas fúnebres.

 El más interno es de madera de ciprés, un material asociado con la muerte y el duelo desde la antigüedad mediterránea, utilizado por griegos y romanos en sus ritos funerarios. Dentro de ese ataúd se colocan monedas acuñadas durante el pontificado, una especie de registro numismático de su papado y un documento llamado rojito.

 El rojito es un texto redactado en latín que resume los logros, las decisiones y los eventos principales del pontificado, sellado dentro de un tubo metálico para que sobreviva al paso de los siglos. Es literalmente la versión oficial de la historia de ese papa encerrada para siempre junto a su cuerpo. El segundo ataúd plomo soldado herméticamente, diseñado específicamente para preservar los restos en caso de que algún día el cuerpo necesite ser exumado para un proceso de beatificación o canonización, algo que puede ocurrir décadas o incluso

siglos después de la muerte. El tercer ataúd, el externo, es de Olmo o Nogal y es el único que el público ve durante el funeral. Tres capas de protección, tres materiales distintos, cada uno con un propósito específico que lleva siglos sin cambiar. Número cuatro, la capilla Sixtina se transforma completamente y aquí es donde todo se vuelve verdaderamente extraordinario.

 La capilla Sixtina, esa obra maestra del Renacimiento que millones de turistas visitan cada año para admirar el techo pintado por Miguel Ángel. Se transforma por completo en una sala de votación blindada. Se instala un piso temporal elevado sobre el suelo original. Se colocan mesas largas cubiertas con tela verde en dos filas paralelas con un pasillo central.

 Cada cardenal elector recibe un lugar asignado con un pequeño dosel de madera sobre su asiento. Y aquí viene uno de los momentos más cinematográficos de todo el proceso. Cuando se elige al nuevo Papa, todos los dóeles se bajan simultáneamente, excepto el del elegido. Acto seguido, se instala una estufa de leña temporal conectada a una chimenea visible desde la plaza de San Pedro para quemar las boletas de votación.

 El sistema de comunicación con el exterior es simple. Humo negro significa que no hay papa. Humo blanco significa que sí. Sin pantallas, sin comunicados, sin redes sociales, solo humo. Número cinco. Solo los cardenales menores de 80 años pueden votar. No cualquier cardenal puede entrar a esa capilla. Solo los menores de 80 años tienen derecho a voto.

El funeral del papa Francisco se celebrará el sábado, con capilla ardiente desde el miércoles - Los Angeles Times

 Esta restricción fue introducida en 1970 por Pablo VI, quien argumentó que las exigencias físicas y cognitivas del proceso requerían electores en plena capacidad. Los cardenales mayores de 80 pueden participar en las congregaciones generales previas al cónclave. Esas reuniones diarias intensivas donde se discuten los grandes temas que definirán la elección, donde se forman alianzas, donde se evalúan candidatos y donde la política real del Vaticano se ejerce sin cámaras ni micrófonos.

 Pero una vez que las puertas de la Sixtina se sellan, los mayores de 80 no pueden entrar, se quedan afuera, pueden influir en la conversación, pero no pueden emitir voto. Y esto crea una dinámica fascinante, porque la composición del Colegio de Electores, de qué países vienen, qué papa los nombró, qué corrientes teológicas representan, es una de las formas principales en que cada Papa moldea la elección de su propio sucesor sin poder controlarla directamente.

 Cada cardenal que un Papa nombra durante su pontificado es, en cierto sentido, un voto diferido que solo se activará cuando ese Papa ya esté muerto. Es una herencia silenciosa que se manifiesta únicamente cuando el Papa ya no puede hacer nada al respecto. Número seis, el ritual para confirmar que el Papa murió. Antes de que cualquier cámara lo confirme, antes de que cualquier vocero emita una declaración, el cardenal camarlengo, el chambelán oficial de la Santa Iglesia Romana, debe verificar la muerte mediante un procedimiento con raíces

medievales. Históricamente, el camarlengo se acercaba al cuerpo. Llamaba al Papa tres veces por su nombre de bautismo, no por su nombre papal, por su nombre real, el nombre que recibió al nacer. Y entre cada llamado golpeaba su frente con un martillo de plata. Tres llamados, tres golpes. Si no había respuesta, la muerte quedaba confirmada.

Read More