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Estas fueron las últimas palabras de Ochoa antes de morir — Lo que nunca se supo del fusilamiento.

Imagínalo. Eres el general más condecorado de Cuba, un héroe de guerra con medallas de tres continentes, pero en menos de 30 días pasas de héroe nacional a traidor fusilado. Tus últimas palabras antes de morir no son de arrepentimiento, sino de dignidad.

—Tírenme al pecho, que van a matar a un hombre.

Pero lo que nunca se supo fue lo que sucedió en esas últimas 48 horas. La promesa que Fidel le hizo en Villa Marista, el mensaje secreto que envió a su familia y la razón por la que el propio Fidel, después de ver el video de la ejecución, tuvo que admitir:

—Se portó como todo un hombre.

13 de julio de 1989. Madrugada. Cuartel de La Cabaña, La Habana.

Cuatro hombres son conducidos a un paredón. El primero es el general de división Arnaldo Ochoa Sánchez, 56 años, héroe de la República de Cuba. A su lado, el coronel Antonio de la Guardia Font, el capitán Jorge Martínez Valdés y el mayor Amado Padrón Trujillo.

30 días antes, Ochoa era intocable. Hoy está a punto de morir por órdenes del mismo hombre que le dio la medalla de héroe.

Pero lo más impactante era que en esas últimas 48 horas sucedieron cosas que el régimen intentó borrar de la historia: conversaciones secretas, promesas rotas y unas últimas palabras que resonarían por décadas.

Para entender la magnitud de lo que sucedió el 13 de julio de 1989, primero tienes que entender quién era este hombre.

Arnaldo Ochoa Sánchez no era un oficial cualquiera. Te lo digo claro: era la figura militar más prestigiosa de Cuba después de los hermanos Castro.

Nació en 1930 en Holguín. Se unió a la guerrilla de la Sierra Maestra en 1958, bajo el mando del legendario Camilo Cienfuegos. Estuvo en la batalla de Santa Clara, el golpe final contra Batista.

Con el triunfo de 1959, su ascenso fue meteórico. Combatió en Bahía de Cochinos en 1961. Participó en la crisis de los misiles en 1962. Entrenó guerrilleros en Venezuela.

Pero fue en África donde se convirtió en leyenda.

En 1977 comandó las fuerzas cubanas en Etiopía durante la guerra de Ogadén. Su victoria fue total. Los asesores soviéticos quedaron impresionados.

En 1984, Fidel Castro personalmente le entregó la medalla de héroe de la República de Cuba, la distinción más alta del país.

Su última gran misión fue en Angola, en 1987. Bajo su mando, las tropas cubanas defendieron Cuito Cuanavale, una batalla épica contra el ejército del apartheid sudafricano. Fue un punto de inflexión histórico.

Ochoa medía más de 1.80 m. Tenía voz de mando y una sonrisa cautivadora. Era querido por sus soldados, respetado por sus enemigos.

Para muchos cubanos, Ochoa era el potencial sustituto de Fidel Castro.

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