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El Tigre Azcárraga: Su Familia Nunca lo Perdonó Por Esto

El tigre Azcárraga. Su hija decidió terminar con su vida y él tenía el poder de haberlo impedido. Emilio Azcárraga mismo comprendía con exactitud lo que su hija estaba atravesando por dentro. Ese abismo interior, esa angustia profunda, ese amor que otra persona determinó que no tenía derecho a existir, lo comprendía porque a él le habían hecho lo mismo.

 Le habían arrancado a la mujer que amaba por mandato de su propio padre. Y cuando su hija Paulina rogó por el suyo, cuando le vedaron el acceso al hombre que amaba justo en el momento en que más lo necesitaba, él no abrió la boca. El hombre que decidía lo que 90 millones de mexicanos veían en sus pantallas. El hombre que determinaba quién tenía existencia pública y quién desaparecía, que decidía, el hombre que reunió 5000 millones de dólares.

 Ese mismo hombre fue incapaz de pronunciar una sola palabra en defensa de su propia hija y ella encontró otra salida. Pero esa no es la historia completa, porque el patrón que terminó con la vida de Paulina comenzó mucho antes de que ella viniera al mundo. Comenzó con un padre que delante de todos los trabajadores de su empresa llamaba a su hijo el príncipe idiota.

Cuál fue el primer empleo de “El Tigre” Azcárraga - Infobae

 Lo comparó con su cuñado durante años. Lo humilló públicamente cada vez que tuvo oportunidad. Y cuando Emilio Azcárraga Milmo finalmente se hizo cargo del emporio más grande de habla hispana, dedicó el resto de su existencia a demostrar que su padre había estado equivocado. No lo consiguió porque ese hombre, el tigre, el más poderoso de México, murió solo en un yate en Miami, consumido por un cáncer de páncreas, y su propia hermana se negó a acudir a despedirse de él.

 Esa hermana, Laura, recibió llamadas, recibió súplicas. Su otra hermana, Carmela, le imploró que fuera. Le decía que Emilio estaba agonizando, que fuera a despedirse. Laura respondió que no y no cambió de posición. Hoy vas a conocer cuatro cosas que nunca te han contado sobre el tigre Azcárraga. La primera, las palabras precisas que su padre le dirigía frente a los empleados de Televisa, las humillaciones que lo marcaron para siempre.

 lo que ese hombre le hizo a su único hijo varón. La segunda, lo que verdaderamente ocurrió con su hija Paulina. La verdad que México nunca llegó a conocer porque la versión oficial fue una mentira. ¿Y qué papel tuvo el tigre en su muerte? La tercera, la razón exacta por la que su hermana Laura jamás lo perdonó. y por qué se rehusó a verlo mientras se consumía de cáncer en un yate en Miami? Y la cuarta, lo que pronunció en su lecho de muerte.

Las últimas palabras de un hombre que lo tuvo todo referidas a una mujer que había fallecido 60 años antes. Te voy a avisar cuando llegue cada una, pero antes de contarte cómo terminó, necesitas entender cómo empezó, porque esta historia no comienza con el tigre, comienza con el hombre que lo forjó y al mismo tiempo lo destruyó.

 Emilio Azcárraga Vidaurreta, el padre, el fundador, el patriarca, el que puso todo en marcha. Nació en Tampico, Tamaulipas. Si te gusta este contenido, suscríbete para no perderte ninguna historia oculta. El 2 de marzo de 1895, a los 17 años, en plena Revolución Mexicana, mientras el país se desangraba, él vio una oportunidad.

Empezó a vender de todo. Era bueno, muy bueno. Tenía instinto para los negocios y ningún escrúpulo para cerrarlos. De acuerdo con múltiples fuentes históricas, durante la revolución, los hermanos Azcárraga adquirían bienes de familias desesperadas que huían del conflicto para luego revenderlos en Estados Unidos.

 Así se sembró la fortuna. A los 22 años, Emilio Azcárraga Vidaurreta ya contaba con su propia distribuidora, una agencia de autos Ford en Monterrey. Después llegó Víctor Talking Machine, después la radio. En 1930 fundó la XW, la voz de la América Latina desde México, la primera radiodifusora con alcance nacional en el país.

 El día que esa estación comenzó a transmitir, su esposa Laura Milmo Higman, le obsequió algo. Un hijo. El 6 de septiembre de 1930, en un hospital de San Antonio, Texas, nació Emilio Azcárraga Milmo, el heredero. Pero Azcárraga Vidaurreta no quería un heredero, quería un guerrero, y lo que veía en su hijo no le satisfacía.

 El niño era sensible, caprichoso, enamoradizo, no era el tipo de hombre que Azcárraga Vidaurreta respetaba y se lo hizo sentir cada día de todas las maneras posibles. La revista Quién, tras investigar la historia de la dinastía, lo describió así. Su infancia y adolescencia estuvo marcada por una relación complicada con su padre, quien fue sumamente duro con él, y lo trató incluso peor que a sus propios empleados.

 peor que a sus empleados. Los trabajadores recibían un salario, recibían instrucciones, a veces recibían gritos, pero no recibían lo que el joven Emilio recibía. No recibían el desprecio de un padre que no los quería y ese desprecio lo convirtió en lo que fue. Años más tarde, cuando ya era el dueño de Televisa, sus propios colaboradores explicaban su personalidad con frases que helaban la sangre.

Valentín Pimstein, el productor de telenovelas que trabajó con él durante décadas, lo describió así. Le dicen el tigre, porque cuando te abraza te saca sangre. Y su amigo Otón Vélez tenía otra versión. Te da un zarpazo y luego una lamida. Eso era Emilio Azcárraga Milmo, un hombre capaz de dártelo todo y arrebatártelo en el mismo movimiento.

 Un hombre que aprendió de su padre que el amor y la crueldad podían ir de la mano y que lo perfeccionó. Aquí viene lo primero que te prometí. Según el libro El Tigre, Emilio Azcárraga y su Imperio Televisa, escrito por los periodistas Claudia Fernández y Andrew Paxman. Tras 5 años de investigación y más de 200 entrevistas, Azcárraga Vidaurreta tenía un apodo para su hijo.

 Lo llamaba el príncipe idiota, de frente, delante de otros, delante de ejecutivos, delante de empleados. El heredero del emporio más grande de México, llamado Idiota por su propio padre. Pero eso no era todo. Azcárraga Vidaurreta comparaba constantemente a su hijo con otro hombre, Fernando Barroso, el esposo de Laura, la hermana mayor de Emilio.

Barroso era todo lo que Azcárraga Vidaurreta hubiera querido en un sucesor brillante, determinado, sin sentimentalismos. Y el padre se encargaba de que Emilio lo tuviera muy claro. Mira a Fernando, aprende de Fernando. Fernando sí sabe. Cada logro de Barroso era un recordatorio del fracaso de Emilio.

 Cada error de Emilio era una confirmación de lo que su padre siempre había sabido. Y hubo un error que su padre jamás dejó de echarle en cara, el Estadio Azteca. En 1962, Emilio Hijo recibió el encargo de construir el estadio más grande de México, un proyecto monumental, la sede de la Copa del Mundo de 1970. Era su oportunidad de demostrar que podía gestionar proyectos de gran envergadura y fracasó.

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