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El titular que recorrió las redes sociales fue contundente. Ante la insistente narrativa que busca encasillar cualquier reforma social como un paso hacia el comunismo o el socialismo del siglo XXI, Cepeda fue tajante: “Yo no tengo ningún planteamiento público en el que haya hablado de estatizar la economía”.
Su propuesta, según explicó, no es la destrucción del sistema, sino su humanización. Habló de un “capitalism social” o “capitalismo productivo”, alejándose del modelo especulativo y extractivista que, según él, ha imperado en Colombia. La apuesta es clara: convertir al país en una potencia agroalimentaria donde los ricos puedan seguir siendo ricos, pero donde la pobreza sea erradicada mediante una distribución más equitativa de la productividad.
La Revolución Ética: Un ataque frontal a la corrupción
Uno de los momentos más tensos de la entrevista fue el abordaje de los escándalos de corrupción que han salpicado al actual gobierno, específicamente el caso de la UNGRD. Cepeda no esquivó el bulto. Calificó la corrupción no como un evento aislado, sino como un “sistema” arraigado en todas las estructuras del Estado.
Su respuesta a este mal es lo que denomina la Revolución Ética. Propuso la creación de un Sistema Nacional Anticorrupción que articule de manera real a la Fiscalía, la Contraloría y la ciudadanía, rompiendo la desarticulación actual que permite que los delincuentes de cuello blanco se escapen por las grietas de la burocracia. Para Cepeda, el presidente Petro actuó correctamente al pedir perdón y apartar a los responsables, pero el paso siguiente debe ser una reforma legal profunda que incluya la recuperación efectiva de los bienes robados.
Balance de Gobierno: Entre logros y realidades
Cepeda defendió con vehemencia los hitos alcanzados hasta ahora. Mencionó las reformas agraria, laboral y pensional como hechos “formidables” que profundizan el Estado Social de Derecho. Resaltó un dato que a menudo se pierde en el ruido mediático: la vida de millones de personas ha cambiado al pasar de un salario mínimo a uno que él denomina “vital” y la entrega efectiva de tierras a campesinos.
Ante las encuestas que muestran una división en la percepción ciudadana, Cepeda lanzó una crítica a sus oponentes: “No entender que Colombia tiene un gravísimo problema de desigualdad es no entender este país”. Según su visión, los otros candidatos siguen anclados en clichés de seguridad que solo benefician a las élites, ignorando que la prosperidad general solo llega cuando se dinamiza el consumo en los hogares más pobres.
Un Acuerdo Nacional y la sombra de la Constituyente
¿Es necesaria una Asamblea Constituyente? La pregunta obligada obtuvo una respuesta matizada. Cepeda insistió en que su prioridad es un Acuerdo Nacional . Si ese acuerdo requiere una Constituyente como procedimiento, se hará; pero el foco debe estar en el contenido: pacto fiscal, reforma al sistema de regalías y una política de austeridad que redirija fondos a lo social.

Habló también del enorme peso financiero que el gobierno actual ha tenido que cargar: el pago de 120 billones de pesos para sanear el déficit heredado en combustibles y créditos internacionales. Según el senador, este esfuerzo de responsabilidad fiscal es la prueba de que el gobierno no está “derrochando”, sino ordenando la casa.
Paz Total: Un deber, no un capricho
Finalmente, sobre la seguridad y el avance de grupos criminales como el Clan del Golfo, Cepeda fue realista pero firme. Rechazó la idea de que la “Paz Total” haya permitido el crecimiento de estos grupos, argumentando que estos ya se venían expandiendo desde gobiernos anteriores [00:20:15]. “La paz no es una elección caprichosa, es un deber constitucional” [00:19:21], sentenció, asegurando que su eventual gobierno mantendrá la búsqueda de la salida negociada al conflicto como eje central.
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Iván Cepeda se perfila como un líder que busca sofisticar el discurso de la izquierda colombiana. Su capacidad para dialogar con el sector privado, su rechazo a las etiquetas ideológicas extremas y su enfoque sistémico contra la corrupción sugieren que el “cambio” busca una segunda fase más institucional pero igualmente ambiciosa.
La entrevista en Caracol no fue solo una defensa del presente, sino un manifiesto para el futuro. Colombia, dividida y expectante, tiene ahora una nueva propuesta sobre la mesa: un capitalismo que, por primera vez, tenga rostro humano.