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Alito Moreno acusa de corrupción a Harfuch en TV… ¡y termina destruido con una sola prueba!

Aquella noche del jueves, mientras millones de mexicanos cenaban frente al televisor, un hombre encendió un fósforo y lo arrojó sobre lo que creyó un barril de pólvora, pero nadie le dijo que el barril estaba lleno de papel y que al fondo una grabadora llevaba 8 meses encendida. 72 horas después, su nombre dejaría de pesar igual en la política nacional.

Antes de continuar, suscríbete al canal ahora, deja tu like y comenta desde dónde nos estás viendo. Tu apoyo es muy importante. A las 7 de la noche, las luces del foro de televisión sobre Avenida Basco de Quiroga ardían como pequeños soles encerrados. Adentro del set, los técnicos terminaban de ajustar las cámaras, los micrófonos y la iluminación principal.

El conductor, un periodista de corbata azul marino y casi tres décadas frente a las pantallas nacionales, revisaba sus notas con los lentes a media nariz. Era jueves, jueves de Prime Time y esa noche había una entrevista que llevaba semanas anunciándose en cada corte comercial del canal. Rafael Alejandro Moreno Cárdenas, Alito, presidente nacional del PRI, terminó de arreglarse el saco frente al espejo de un pequeño camerino.

51 años recién cumplidos. Complexión robusta, cabello recortado y oscuro. Esa mirada inquieta que la cámara conocía desde hacía años. Se acomodó el cuello de la camisa blanca con un gesto rápido. La corbata vinotinto perfecta. Detrás de él, dos asesores leían en voz baja un guion de puntos clave, mientras una asistente le retocaba el polvo en la frente para evitar el brillo de los reflectores.

Una de sus operadoras políticas más cercanas, abogada de toda su confianza, le pasó una carpeta delgada de cuero negro. Aquí está todo, presidente. El primer documento al minuto 10, el segundo al minuto 20. Si presiona, suelta el tercero, pero no antes. Es importante el ritmo. Tranquila, Aleja. Sé manejar una entrevista.

Respondió Alito con una sonrisa breve, pasando los dedos por las hojas como quien acaricia una carta ganadora. Esta noche le ponemos punto final al cuento. Ya viste cómo se han pasado promoviéndolo en redes? Que si el superpicía, que si el héroe nacional, que si el próximo presidente de México, pues que se sienten todos saber de qué manera está hecho su ídolo.

Presidente, una pregunta, dijo el otro asesor, un hombre canoso de saco gris perla que servía como vocero del partido. La fuente está 100% blindada. Nadie la conoce, ni siquiera nuestro equipo de comunicación. La trabajamos por afuera como tiene que ser, por canales que no dejan rastro. Bien, si nos tropezamos con eso, perdemos el sexenio.

Alito se volteó hacia él, levantó la barbilla. No nos vamos a tropezar. Yo conozco al señor que nos pasó esto. Lleva años en el sistema. Sabe dónde están los huecos. Sabe a quién hay que tocar. Y nosotros sabemos quién es. Yo sé. Aléja, sabe, y un par más. Eso basta. Esta noche se acaba la luna de miel del señor secretario.

Una voz en la puerta interrumpió. Presidente, lo necesitan en 5 minutos. Ya se está encendiendo el set. A 12 km de ese estudio, en el séptimo piso de un edificio sobre avenida Constituyentes, otro hombre veía a través del ventanal como las luces de la Ciudad de México se encendían una a una, formando esa constelación inmensa que se desparramaba hacia los volcanes.

Omar Hamid García Jarfuch, secretario de Seguridad y Protección Ciudadana del Gobierno de México, no había salido de su oficina desde las 7 de la mañana. 44 años, traje gris pizarra. corbata oscura, esa expresión serena de quien ha aprendido a guardar todo el ruido por dentro.

La pantalla del televisor estaba en silencio, pero el rostro de Alito Moreno ya aparecía en una promo del programa que comenzaría en menos de 40 minutos. Esta noche, denuncia exclusiva, lo que el gobierno no quiere que sepas. Los gráficos giraban con música tensa, fondos rojos, tipografías agresivas. Detrás del escritorio entró su jefe de oficina, Eduardo Mendiola, hombre delgado, de 40 y pico, lentes de armazón plateado y rostro apretado.

Llevaba años con él, desde antes del atentado del 26 de junio de 2020 sobre Paseo de la Reforma, cuando la vida de Omar se partió en dos pedazos, el antes y el después, de despertar con los 14 balazos en el cuerpo, el dolor en la espalda y la noticia terrible de los dos compañeros que no volvieron. Secretario, ya está confirmado.

Va a salir en 15 minutos. La nota la van a colgar en cuanto termine el programa. Tres portales nacionales ya tienen el material precargado. ¿Y los medios afines a la oposición?, preguntó Omar sin voltear, los ojos todavía fijos en la ciudad. Ya tienen luz verde para retomar. Mañana abren con la denuncia en cinco portales nacionales y dos cadenas internacionales.

Reuters y AFP están sobre aviso. El país mandó corresponsal a la sede del PRI desde la mañana. Omar asintió despacio, sacó del cajón inferior de su escritorio un pequeño expediente azul con tres folders dentro. Lo dejó sobre el escritorio. No lo abrió. Apenas lo miró. ¿Cuánto tiempo lleva esto en la nevera, Eduardo? 8 meses, secretario.

Desde la primera vez que detectamos al operador en una bodega del norte del Estado de México. Tres semanas después confirmamos a la red completa. Llevamos 6 meses con cámaras y dos micros internos. La grabadora que pediste hace 4 meses está en el escritorio del operador principal. Lo registra todo. Llamadas, reuniones, instrucciones. Omar volteó.

Por primera vez en la noche, una sonrisa diminuta cruzó por sus labios. apenas perceptible, casi como un reflejo, que hable, que hable mucho, mientras más diga, más se va a hundir. Y el otro, el político, mientras más afirme, más fácil va a ser el desplome. Confirma que respondemos hasta el lunes. Hasta el lunes. Conferencia a las 8 en punto.

Sala grande de Bucarelli. Que estén todos. Reuters, AP, AFP, F, Bloomberg, Univisión. Los cinco principales noticieros nacionales, los corresponsales extranjeros, todos y la presidenta. Omar caminó hasta el ventanal. La torre del centro brillaba a lo lejos. La avenida abajo seguía llena de luces rojas y blancas que se cruzaban como venas de la ciudad.

Le hablo en 5 minutos. Pásame el directo a palacio. Eduardo asintió y salió. Omar se quedó solo, se acomodó la corbata, se sentó frente a su escritorio y abrió el expediente azul. Adentro había fotografías a color, capturas de pantalla, registros bancarios, una transcripción mecanográfica de 42 páginas y al final una memoria USB protegida con una banda elástica.

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