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10 ERRORES que cometemos al COMULGAR ¿Estás cometiendo un SACRILEGIO?

¿Sabías que muchos católicos cometen errores graves al comulgar que podrían considerarse una falta de respeto al Señor? Peor aún, ¿sabías que podrías estar tirando partículas reales del cuerpo de Cristo al suelo sin darte cuenta? Hoy vamos a ir directo al grano. Vamos a revelar los 10 errores más comunes con ejemplos reales para que tu encuentro con Jesús sea perfecto.

Quédate hasta el final. Porque el error número cinco es algo que casi todos hacemos por descuido. San Juan Pablo Segund decía que la iglesia vive de la Eucaristía. Y si la Eucaristía es el corazón de nuestra fe, ¿cómo es que a veces la tratamos con tanta ligereza? Imagina que recibes la noticia de que el Papa o un gran líder que admiras visitará tu casa.

Seguramente limpiarías hasta el último rincón, usarías tu mejor ropa y cuidarías cada  palabra. Pues bien, en cada misa, quien viene a visitarte no es un hombre, sino el Rey de Reyes. El error más grande no es un gesto físico, sino el olvido de quién está ahí. Muchos católicos, por falta de catequesis, han convertido la fila de la comunión en una fila más, como la del supermercado o el banco.

Vamos a desglosar los errores que están mermando tu encuentro con el Señor, integrando ejemplos que todos hemos visto o vivido. Si quieres que tu vida espiritual pase a otro nivel, este video es para ti. Primer error, el ayuno eucarístico mal entendido. El código de derecho canónico pide una hora de ayuno.

¿Pero por qué? No es un castigo. Es una forma de decirle al cuerpo, “Hoy mi prioridad no es el pan material, sino el pan de vida.” Imagina a una persona que va a la misa de 10 de la mañana, se levanta tarde, toma un café rápido y se come una tostada a las 9:30 mientras sale de casa. llega a la iglesia y comulga a las 10:40.

Técnicamente solo han pasado 70 minutos desde que terminó de comer. El error aquí es la falta de intención. El ayuno debe ser un sacrificio consciente. Si terminas de desayunar justo antes de entrar a la iglesia, tu mente y tu cuerpo todavía están en proceso de digestión material, no espiritual.  Segundo error, la comunión automática en pecado grave.

Este es el punto más delicado. Existe la idea errónea de que la comunión perdona todo. Si bien la Eucaristía borra los pecados beniales, el pecado mortal requiere el sacramento de la reconciliación. Un joven que lleva meses sin confesarse, que quizás ha caído en vicios o ha faltado a misa por pereza. varios domingos llega a una boda, ve que todos sus amigos se levantan y por no sentirse excluido se levanta también.

Comulgar en pecado mortal es como llevar a un gran invitado a una casa llena de basura y suciedad. Es un acto de presunción. Es mucho más valioso y humilde quedarse en la banca, hacer un acto de contrición y decir, “Señor, no soy digno, pero ayúdame a confesarme pronto.” La Iglesia ha permitido la comunión en la mano por indulto, pero con esto viene una responsabilidad gigante que muchos olvidan.

Tercerr, el arrebato o el gesto de la pinza. Muchos fieles tienen miedo de que la  caiga y por ese miedo intentan asegurarla usando los dedos. El sacerdote levanta la y dice,  “El cuerpo de Cristo.” El fiel, en lugar de esperar,  estira los dedos índice y pulgar para pinchar la  y quitársela al sacerdote.

Santo Tomás de Aquino explica que Cristo se nos da como don. Un regalo no se arrebata, se recibe. La mano debe estar totalmente plana, como un altar de carne. Cuarto error, caminar con el Señor sin consumirlo. Este error es visualmente muy doloroso en las parroquias grandes. Ves a una persona que toma la se da la vuelta y mientras camina de regreso a su lugar va sorteando gente, esquivando niños y en medio de ese movimiento se mete la a la boca.

Hemos visto videos de hostias que caen al suelo porque alguien tropezó al fiel. El protocolo es, recibes, das un paso lateral para no bloquear la fila, te detienes frente al altar, consumes y luego caminas. Quinto error, el descuido de las partículas milimétricas. Si tuviéramos ojos espirituales, veríamos ángeles rodeando cada fragmento que cae.

Alguien comulga en la mano, se limpia las manos en el pantalón y sigue su camino. En la santa, Cristo está presente sustancialmente. Si en tu mano queda un rastro de polvo blanco, eso es Cristo. Ignorar esos fragmentos es dejar que el Señor sea pisoteado más tarde cuando la gente camine por ese pasillo.

Revisa tus manos con la devoción de quien busca oro puro. Recibir la comunión en la boca expresa corporalmente la actitud  del alma que se deja alimentar por Dios como un hijo recibe el pan de su padre. Sexto error, la falta de apertura. La boca de buzón. El fiel abre la boca solo un poco, como si tuviera miedo. El sacerdote tiene que intentar atinar en un espacio muy pequeño.

Debes abrir la boca con naturalidad y generosidad. No es un gesto estético, es un gesto de apertura del alma. Inclina la cabeza ligeramente hacia atrás. Esto facilita que la gravedad ayude a que la descanse en tu lengua. Séptimo error. La lengua retraída o escondida. La persona abre mucho la boca, pero deja la lengua pegada al paladar o detrás de los dientes inferiores.

El sacerdote no tiene donde apoyar la Si la suelta, la  resbala por la barbilla o cae al suelo. Saca la lengua un poquito, lo suficiente para que cubra tus dientes inferiores. Así creas una alfombra roja para que el Rey de Reyes descanse antes de entrar en ti. Vamos ahora a los errores de etiqueta espiritual. Octavo error, el amén.

Mudo o equivocado. El amén es tu Sí, yo creo. Es tu firma en el contrato de la salvación. Alguien llega al sacerdote, este dice, “Cuerpo de Cristo.” Y el fiel responde, “Gracias, Padre.” O peor, asiente con la cabeza en silencio, sin un amén sonoro y claro. El ministro no tiene la certeza de que estás consciente de lo que recibes.

Ese amén debe salir del corazón, no solo de los labios. Noveno error. Persignarse con la en la mano. Este es un error de piedad popular que se ha colado en la liturgia. El fiel recibe la y antes de comerla hace la señal de la cruz con ella frente a su rostro. La señal de la cruz es una bendición, pero la Eucaristía es el centro de todas las bendiciones.

No necesitas bendecirte con la El acto de consumirla es la mayor unión y bendición posible. Evita gestos que no están en el misal. Llegamos al punto donde fallan hasta los más devotos. El tiempo de intimidad. Décimo error, la salida prematura, el escape. Comulgas, regresas a la banca, recoges tus llaves y sales de la iglesia antes de que el sacerdote de la bendición final.

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