Hace apenas una década que el mundo despidió a una de las figuras más emblemáticas y singulares de la música popular: Demis Roussos. Con su voz operística, su estilo extravagante y su innegable carisma, el artista griego-egipcio no solo dominó las listas de éxitos en múltiples idiomas, sino que también protagonizó uno de los capítulos más dramáticos y surrealistas en la historia del espectáculo. Roussos no era solo un cantante; era un fenómeno cultural que logró unir a Europa, América Latina y el Medio Oriente bajo el hechizo de sus baladas. Sin embargo, detrás de las túnicas de seda y los discos de oro, se escondía una historia de supervivencia que casi termina en tragedia nacional.
Artemios Ventouris Roussos nació en 1946 en la cosmopolita Alejandría, Egipto. Rodeado de una mezcla vibrante de culturas, el joven Demis absorbió sonidos que más
tarde definirían su sensibilidad artística. Pero el destino le tenía preparada una prueba temprana: la crisis de Suez a finales de los años 50 obligó a su familia a abandonar Egipto y regresar a Grecia, su patria ancestral, dejando atrás todas sus pertenencias. Fue en Atenas donde su pasión por la música floreció, llevándolo a formar parte de grupos locales hasta que en 1968 alcanzó el estrellato internacional con la banda de rock progresivo
Aphrodite’s Child.
Junto al genio de los sintetizadores, Vangelis, Demis demostró que su voz podía elevarse por encima de cualquier instrumentación. Éxitos como “Rain and Agricultural” y “It’s Five O’Clock” los convirtieron en iconos de la contracultura europea. Sin embargo, el espíritu de Demis era demasiado grande para una banda. Al disolverse el grupo, se lanzó como solista, transformándose en el “Rey de la Balada” con temas inmortales como “Morir al lado de mi amor”, grabada en siete idiomas. Su éxito en español fue particularmente masivo, convirtiéndose en un ídolo absoluto en países como México, Argentina y España.
El Vuelo hacia la Pesadilla
El 14 de junio de 1985, un día antes de cumplir 39 años, Demis Roussos abordó el vuelo 847 de TWA en Atenas con destino a Roma. Lo que debía ser un viaje de rutina con su novia Pamela Smith se transformó en un infierno cuando dos terroristas libaneses tomaron el control de la aeronave. Armados con pistolas y granadas, los secuestradores exigían la liberación de prisioneros en Israel. El mundo entero observó con horror cómo el avión era desviado hacia Beirut y cómo la violencia escalaba con el brutal asesinato de un infante de marina estadounidense a bordo.

En medio de este escenario de muerte y desesperación, ocurrió algo inesperado. Al revisar la lista de pasajeros, los terroristas descubrieron que tenían a bordo a la superestrella Demis Roussos. Lejos de la hostilidad inicial, los captores mostraron una fascinación casi infantil por el cantante. Este reconocimiento le otorgó un estatus diferente, aunque seguía siendo una pieza de ajedrez en un juego político mortal. Mientras el gobierno griego negociaba frenéticamente su liberación, el cantante vivía momentos de una tensión psicológica inimaginable.
El Intercambio y la Polémica
Tras cuatro días de angustia, se llegó a un acuerdo: Grecia liberaría a un terrorista detenido días antes a cambio de la libertad de Roussos y sus acompañantes. El 18 de junio, el cantante fue liberado, pero la sombra del evento lo persiguió. Surgieron rumores de que había cantado para sus captores para ganarse su favor. Con la honestidad brutal que lo caracterizaba, Demis respondió a las críticas: “Me gustaría ver a los periodistas que me criticaron en esa situación, con un arma apuntándoles, para ver qué harían ellos”. Su respuesta no solo fue un acto de defensa, sino un recordatorio de la fragilidad humana ante el terror.
Resiliencia, Túnicas y Pasiones Ocultas

A pesar del trauma del secuestro, Demis Roussos no permitió que el miedo dictara el resto de su vida. Su carrera continuó, aunque con un ritmo más pausado. Luchó batallas personales contra la depresión y la obesidad, temas de los que habló abiertamente, incluso publicando libros para ayudar a otros. Pocos saben que, además de ser un tenor excepcional, era un apasionado de la cocina y un chef talentoso, encontrando en la gastronomía un refugio para su espíritu inquieto.
A lo largo de los años 80 y 90, su imagen de hombre con túnicas fluidas y barba prominente se convirtió en un símbolo de paz y romance. Superó calumnias mediáticas y rumores absurdos, manteniéndose fiel a su esencia hasta su fallecimiento en 2015. Demis Roussos nos dejó un legado de más de 60 millones de discos vendidos y una lección de vida: que incluso en los momentos más oscuros, la voz de la esperanza puede resonar más fuerte que el ruido del miedo. Su historia no es solo la de una estrella del pop, sino la de un hombre que, tras mirar a la muerte a los ojos en el cielo de Beirut, regresó a la tierra para seguir cantándole al amor.