En la historia de la música latina, pocas agrupaciones han logrado el impacto visual, sonoro y social que alcanzaron Las Chicas del Can. Formada en 1984, esta orquesta no solo fue un fenómeno de ventas y popularidad, sino un estandarte de empoderamiento femenino en un género —el merengue— que hasta entonces estaba férreamente dominado por figuras masculinas. Sin embargo, detrás de los brillos de las lentejuelas, los pasos de baile perfectamente coordinados y los éxitos que aún resuenan en las fiestas, se esconde una cronología marcada por la tragedia y despedidas prematuras que han conmocionado al mundo artístico.
El año 2024 comenzó con noticias devastadoras para los seguidores de la agrupación. En cuestión de semanas, dos pilares fundamentales de la época dorada de los 80 y 90 se despidieron para siempre. Heidy Bello, cuya voz vibrante dio vida a himnos
como “Te daría”, falleció en febrero de 2024 a los 52 años. Heidy no era solo una corista; su carisma y esa habilidad única para conectar con las masas la convirtieron en una de las integrantes más admiradas. Su partida dejó un vacío inmenso en la comunidad musical, recordándonos la fragilidad de la vida incluso para aquellos que parecen eternamente jóvenes sobre el escenario.
Poco antes, en enero de 2024, la banda perdió a su columna vertebral rítmica: Janny Viloria. A los 53 años, la emblemática bajista cerró sus ojos. Viloria fue una pionera absoluta, demostrando que la destreza instrumental no conocía géneros. Como parte del núcleo original, ella fue responsable de ese sonido sólido y contagiante que diferenciaba a “Las Chicas del Can” de cualquier otra orquesta. Su legado como una de las bajistas más importantes de la música tropical sigue vivo en cada grabación, pero su ausencia física es una herida abierta para sus excompañeras.
Eunice Betances: El Brazo Derecho de la Inmortalidad
Si hablamos de lealtad y consistencia, el nombre de Eunice Betances surge de inmediato. Durante décadas, Eunice fue mucho más que una corista; fue el soporte vocal y emocional de Miriam Cruz. Su capacidad para armonizar y crear esas texturas vocales complejas fue lo que definió el sello distintivo del grupo. Eunice estuvo presente desde los cimientos de la banda hasta que una penosa enfermedad apagó su voz en octubre de 2014. Su muerte no solo fue una pérdida profesional para la orquesta, sino un golpe personal devastador para Miriam, quien perdió a su confidente y aliada más cercana en el mundo del espectáculo.

La Soledad de una Estrella: El Final de Verónica Medina
Quizás una de las historias más conmovedoras y tristes es la de Verónica Medina. Poseedora de una voz privilegiada que marcó la primera etapa de la agrupación, Verónica fue la intérprete de temas profundos como “Sin él”. A pesar de haber tocado el cielo con las manos durante los años de mayor popularidad, la vida después de la fama tomó un rumbo inesperado y solitario.
El 22 de noviembre de 2016, el mundo se enteró con asombro de que Verónica había sido hallada sin vida en su residencia en el sector Los Mamelles, en Santo Domingo. A los 55 años, un infarto terminó con su vida en una realidad muy distante a la de las luces de los estadios. Su historia es un recordatorio agridulce de cómo el brillo de la fama puede desvanecerse, dejando a los artistas en una vulnerabilidad que el público rara vez alcanza a comprender.
Belquis Concepción y Miriam Cruz: Guardianas del Legado
A pesar de las pérdidas, el espíritu de la banda sobrevive en sus fundadoras y líderes. Belquis Concepción, la mente maestra que ideó el proyecto y luchó contra los prejuicios de la industria para posicionar a la mujer en la salsa y el merengue, sigue siendo una figura de respeto absoluto a sus 65 años. Ella fue la génesis, la pianista y compositora que demostró que una orquesta femenina podía ser una potencia mundial.
Por otro lado, Miriam Cruz se mantiene como la figura máxima, la voz que personifica la identidad de “Las Chicas del Can”. Con éxitos como “La Loba” y “Juana la Cubana”, Miriam ha logrado lo que pocos: mantenerse vigente y respetada durante más de cuatro décadas. A sus 55 años, continúa recorriendo escenarios, llevando en su voz no solo sus propios triunfos, sino también el recuerdo de aquellas compañeras que ya no pueden cantar junto a ella.
Un Legado que No se Apaga

Llegados al 2026, el legado de esta agrupación trasciende el tiempo. Las nuevas generaciones de artistas femeninas miran hacia atrás y encuentran en estas mujeres el coraje necesario para forjar sus propios caminos. Figuras como Iliana Reynoso, quien representó la renovación del grupo, y Teresa Domínguez, cuyo baile en “Juana la Cubana” se convirtió en un icono visual irreemplazable, completan este mosaico de talento.
“Las Chicas del Can” no fueron solo un grupo de moda; fueron una revolución cultural. Aunque la tragedia ha golpeado sus filas, cada vez que suena una tambora o un saxofón con su ritmo característico, las voces de Heidy, Janny, Eunice y Verónica vuelven a la vida. El tiempo pasa, pero la música y la nostalgia se quedan para siempre en el corazón de un continente que aprendió a bailar bajo su mando.