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Porfirio Díaz mocked Madero as a ‘Crazy Spiritualist’, until he was overthrown by his Revolution

El régimen que Díaz construyó durante aquellas décadas combinaba elementos contradictorios que durante años funcionaron mediante un equilibrio frágil, pero efectivo. En el plano económico, ejecutó la modernización más ambiciosa que México había experimentado desde la independencia. construyó miles de kilómetros de ferrocarriles que conectaron por primera vez todas las regiones del país.

Atrajo inversiones extranjeras masivas, particularmente de Estados Unidos y Gran Bretaña. Desarrolló la minería, la industria y la agricultura comercial y consiguió que las exportaciones mexicanas crecieran exponencialmente. Para los observadores europeos del momento, México era el ejemplo paradigmático del progreso latinoamericano bajo dirección autoritaria firme.

En el plano político, sin embargo, aquel progreso se construyó sobre una concentración del poder que durante las décadas siguientes se haría progresivamente más rígida. Díaz se rodeó de un grupo de tecnócratas conocidos como los científicos, encabezados por el ministro de Hacienda, José Ibs Limantur, que articulaban una visión positivista del progreso, según la cual el desarrollo material exigía sacrificar temporalmente la participación política popular.

Los científicos consideraban que el pueblo mexicano no estaba todavía preparado para ejercer la democracia y que la dictadura ilustrada de Díaz era el único marco compatible con la modernización económica. En el plano social, los costos del progreso porfirista recayeron sistemáticamente sobre los sectores populares.

Las leyes de desamortización aplicadas durante el régimen produjeron la concentración de la Tierra en manos de un número reducido de hacendados, particularmente en estados como Morelos, donde las haciendas azucareras expandieron sus territorios a costa de las tierras comunales de los pueblos campesinos.

Los trabajadores rurales y urbanos sufrían condiciones laborales que durante los años finales del porfiriato producirían huelgas masivas como las de Cananea en 1906 y Río Blanco en 1907, ambas reprimidas mediante una violencia que generó indignación nacional considerable. Para 1908, las contradicciones del porfiriato habían acumulado tensiones que ningún observador imparcial podía ignorar.

El propio Díaz tenía 78 años. Sus colaboradores más cercanos habían envejecido junto con él. La camarilla de los científicos estaba progresivamente desconectada de las nuevas generaciones que durante las décadas siguientes reclamarían su participación en la vida pública nacional. Y el problema fundamental de la sucesión sobre el cual el dictador había evitado pronunciarse durante décadas se hacía cada vez más urgente.

Fue en aquel contexto que Díaz concedió en febrero de 1908 la entrevista al periodista James Krillman. La conversación tenía propósitos múltiples convergentes. Para el régimen articulaba una imagen modernizadora del dictador que las cancillerías internacionales podían apreciar. Para Díaz, personalmente, suponía probablemente una declaración decorativa que él podría manipular según las circunstancias.

Pero el efecto político real de aquella entrevista excedería completamente cualquier cálculo previo. La declaración de que México estaba maduro para la democracia, transmitida masivamente a través de la prensa nacional e internacional abriría una compuerta política que el dictador no podría volver a cerrar mediante la represión y produciría la candidatura del hacendado espiritista.

que durante los meses siguientes transformaría su declaración decorativa en revolución armada. Francisco Ignacio Madero González nació el 30 de octubre de 1873 en Parras de la Fuente, Coahuila, en el seno de una de las familias más ricas del norte de México, Los Madero. Propietarios de haciendas, viñedos, minas, fábricas textiles y bancos constituían una de las dinastías económicas más poderosas del país durante el porfiriato.

Su abuelo Evaristo había acumulado durante el siglo XIX una fortuna considerable mediante operaciones comerciales y agrícolas que convertirían a la familia en uno de los principales beneficiarios económicos. del régimen de Díaz. Era paradójicamente un hijo del sistema que durante los años siguientes derribaría.

Sus primeras letras las recibió en casa con tutores privados, costumbre habitual de la aristocracia porfirista. Posteriormente fue enviado a estudiar al colegio jesuíta de San Juan en Saltillo, después a Baltimore en los Estados Unidos y finalmente a Francia, donde estudió administración comercial en la Escuela Superior de Comercio de París entre 1887 y 1892.

Aquellos años europeos serían decisivos para la formación intelectual del joven madero. París, a finales del siglo XIX era el centro mundial de movimientos espirituales que combinaban tradiciones esotéricas con pretensiones de cientificidad moderna. Y el joven coahuilense, intelectualmente inquieto y emocionalmente sensible, entró en contacto con uno de aquellos movimientos, el espiritismo de Allan Kardec.

El espiritismo cardecista, codificado durante las décadas anteriores por el educador francés Hipolit León de Nizar Rivail, bajo el pseudónimo de Alan Kardec, articulaba una doctrina que pretendía conciliar la ciencia con la creencia en la comunicación con los espíritus de los muertos mediante sesiones de mediumnidad.

Para una sensibilidad como la de Madero, formada en el catolicismo familiar, pero abierta a las inquietudes filosóficas de su época, aquella doctrina ofrecía un marco intelectual coherente que combinaba la creencia religiosa con un lenguaje aparentemente científico. se convirtió durante sus años parisinos en un espiritista convencido y mantendría aquella creencia durante el resto de su vida.

A partir de 1901 comenzó a practicar la mediumnidad escrita, técnica espiritista mediante la cual el medium permite que su mano sea guiada por entidades del más allá para escribir mensajes. Las libretas que Madero llenó durante los años siguientes contienen comunicaciones que él atribuía a distintos espíritus, particularmente a su hermano Raúl.

fallecido en la infancia. Aquellas comunicaciones escritas con caligrafías ligeramente distintas a la habitual de Madero articulaban orientaciones morales y políticas que durante los años siguientes el espiritista interpretó como guías para su acción pública. La decisión de involucrarse en la política mexicana fue, según las propias declaraciones de Madero, una respuesta directa a aquellas comunicaciones espirituales.

Regresó definitivamente a México en 1893 para hacerse cargo de las propiedades familiares en Coahuila. Practicó la medicina homeopática gratuitamente entre los campesinos de la región. fundó escuelas y comedores para los trabajadores de las haciendas familiares y aplicó un paternalismo reformista que lo distinguía de los ascendados convencionales del porfiriato.

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