El ambiente político en Colombia ha entrado oficialmente en una etapa de ebullición de cara a las elecciones presidenciales de 2026. La reciente consulta interna del Pacto Histórico consolidó al senador Iván Cepeda como el candidato oficial de esta coalición, obteniendo una victoria incontestable con más de 1.540.000 votos frente a los 670.000 alcanzados por su contendiente, la exministra Carolina Corcho. Sin embargo, lo que se perfilaba como una entrevista de felicitación y balance en los micrófonos de la emisora La FM se transformó rápidamente en un escenario de confrontación verbal, interrupciones mutuas y un profundo debate ideológico sobre el rumbo económico, social y de seguridad del país.
El diálogo comenzó con un tono cordial. Cepeda calificó la jornada electoral como un “resultado ampliamente exitoso y favorable”, argumentando que movilizar a 2.700.000 ciudadanos en una consulta independiente —fuera de un calendario electoral oficial— representó un esfuerzo titánico. No obstante, el candidato no tardó en lanzar los primeros dardos institucionales, manifestando severas críticas hacia el Consejo Nacional Electoral por presuntos obstáculos en el proceso y cuestionando al Ministerio de Defensa por el traslado de puestos de votación en zonas rurales, una
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medida que, según él, privó a miles de campesinos de ejercer su derecho al voto.
La calma inicial se rompió definitivamente cuando los periodistas pusieron sobre la mesa las contradicciones éticas del proyecto político. Se le recordó al senador su discurso de victoria, donde enfatizó tres banderas principales: no agredir a los contradictores políticos, no derrochar dineros públicos en las campañas y no realizar alianzas con las casas políticas tradicionales ni con clanes cuestionados en las regiones. Frente a esto, los comunicadores cuestionaron de forma directa si estas promesas no chocaban con la realidad de la campaña presidencial de 2022, señalando la fuerte influencia actual de figuras polémicas como el clan de los Torres en la región Caribe.
Cepeda se defendió de manera tajante, asegurando que él predica con el ejemplo y que sus cuentas de campaña son totalmente transparentes e irrisorias en términos de gastos. “Yo tengo claras diferencias con esos sectores y las he hecho públicas. En toda colectividad hay debates internos”, afirmó el candidato, marcando una distancia prudente pero reconociendo la compleja realidad de las alianzas dentro de su coalición. Asimismo, admitió con inusual franqueza que en el actual gobierno de Gustavo Petro “se han infiltrado personajes de la tradición política tradicional y eso ha significado que haya corrupción”, un costo que, según sus palabras, la izquierda ha tenido que pagar.
El punto álgido del encuentro llegó al abordar la agenda económica del país, un tema que genera profunda incertidumbre en los mercados y en la opinión pública. El periodista Fernando Quijano, del diario La República, increpó al candidato sobre el alarmante déficit fiscal que afronta la nación, el polémico presupuesto histórico de 546 billones de pesos y la constante rotación en la dirección de la Dirección de Impuestos y Aduanas Nacionales (DIAN). Cuando el periodista intentó profundizar en las asimetrías del sector salud y energético, Cepeda lo interrumpió reclamando su espacio para argumentar.
“Usted también me entendería que es tiempo de dar mis argumentos, para eso es que usted me llama”, reclamó con firmeza el senador al aire, evidenciando la creciente tensión en la cabina. Cepeda defendió la gestión del actual gobierno, destacando indicadores como el control de la inflación, la reducción del desempleo y el crecimiento histórico de los sectores agropecuario y turístico. A pesar de los halagos a la gestión gubernamental, el candidato presidencial reconoció que la crisis fiscal es innegable y adelantó una realidad inevitable: de ganar la presidencia, tendrá que apelar a nuevas reformas tributarias estructurales para administrar el déficit. “Sería demagógico no decir esto. Todo gobierno lo hace”, sentenció.
La discusión sobre la seguridad y el modelo de la “Paz Total” terminó por encender los ánimos de manera definitiva. Los periodistas calificaron la política de paz de la administración actual como uno de los mayores fracasos del periodo presidencial, denunciando ante los oyentes que la presencia guerrillera se ha multiplicado en los territorios, el control de los grupos armados ilegales se ha consolidado y las hectáreas de cultivos ilícitos han alcanzado cifras récord.
Frente al constante bombardeo de datos sobre orden público, Cepeda mostró su faceta más defensiva y conflictiva con los comunicadores, asegurando que la realidad no se puede analizar bajo visiones “planas” ni absolutistas. El candidato defendió que el actual gobierno es el que más tierras ha entregado al campesinado en la historia reciente, superando las 700.000 hectáreas, lo cual considera un avance estructural incontrastable para la paz. Sin embargo, al ser acorralado con el auge del narcotráfico, el senador replicó visiblemente molesto por la falta de espacio para explayarse: “Es muy difícil avanzar en un diálogo sin la posibilidad de hablar”.
Cepeda argumentó que el crecimiento de los cultivos de coca no es responsabilidad exclusiva de una administración, sino el reflejo de una expansión global de los mercados del narcotráfico. En su intervención, hizo un llamado a replantear por completo el paradigma de la guerra contra las drogas, calificándolo como “la historia del mayor fracaso de nuestro país”. Según el candidato del Pacto Histórico, culpar de forma simplista a un gobierno por este flagelo es evadir un debate de dimensiones globales que requiere una transformación total del modelo económico e institucional.
Hacia el cierre de la entrevista, y buscando calmar las aguas de un debate que amenazaba con salirse de control, el director del espacio radial dio por terminada la intervención, reconociendo que el buzón de la emisora se encontraba colapsado por las inmediatas reacciones y preguntas de los oyentes. Esta entrevista deja claro que el camino de Iván Cepeda hacia la primera vuelta presidencial no será un camino de rosas, sino una constante batalla dialéctica donde deberá defender con vehemencia el legado del petrismo mientras intenta proyectar una imagen de respeto, diálogo nacional y concertación con los grandes sectores productivos y empresariales del país. La carrera por el Palacio de Nariño en 2026 ya ha comenzado, y la polarización promete ser la gran protagonista del debate nacional.