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PERÚ CONSTRUYÓ EL PRIMER AUTO DE SUDAMÉRICA EN 1908 — EL GOBIERNO DIJO “NO”

[música] Mientras sus compañeros de la Escuela Nacional de Ingenieros se divertían en reuniones sociales, Grive pasaba horas en sus talleres rodeado de motores y piezas metálicas [música] dibujando con precisión cada detalle mecánico que imaginaba. Se graduó con honores a los 20 años como ingeniero de minas, pero su verdadera pasión siempre estuvo orientada hacia algo completamente [música] diferente.

La mecánica y la electricidad eran sus dominios. Grieve poseía una habilidad extraordinaria que muy pocas personas tenían. podía unir profundos conocimientos académicos con la precisión de un obrero experto. No solo sabía las teorías, [música] sino que podía construirlas con sus propias manos.

Tenía el don del dibujo mecánico, el talento artístico y la capacidad de materializar en acero y hierro lo que otros solo podían imaginar. Por eso, cuando comenzó a trabajar en la municipalidad de Lima como ingeniero de rodaje y tranvías, todos reconocían que estaban frente a alguien excepcional, alguien que estaba destinado a dejar huella en la historia.

En 1905, Juan Alberto Griv alcanzó lo que sería el primer gran hito de su vida. Ese año, en su taller ubicado en el Girón Washington número 117 del centro de Lima, construyó el primer motor a combustión interna del Perú. No fue un montaje de piezas importadas, no fue un ensamblaje de componentes europeos, fue un motor completamente diseñado y fabricado por él de su propia concepción con sus propios planos.

Para la época esto era algo extraordinario. América Latina no tenía ni la tradición ni la capacidad industrial para producir motores a combustión interna. Ese logro marcó a Griff como una autoridad en la materia, como el mayor experto en combustión interna que tenía el Perú. Pero Griff no se quedó ahí. A su alrededor veía como los automóviles comenzaban a llegar a Lima.

Los primeros vehículos que circulaban por las calles de la ciudad eran principalmente europeos, importados de Francia e Italia. La mayoría de ellos tenían entre seis y ocho caballos de fuerza. Los ingenieros europeos pensaban que eso era suficiente para una ciudad, pero Grive observaba algo que los europeos no comprendían.

Lima, rodeada de montañas, con caminos que se extendían hacia el interior de los Andes, con geografía agreste y desafiante. No era París ni Milán. Los caminos fuera de la capital eran prácticamente inexistentes. Eran caminos accidentados, montañosos, diseñados para las mulas y los caballos, no para esos vehículos débiles que llegaban de Europa.

Gribe comprendió algo fundamental. El Perú necesitaba un automóvil diferente. Necesitaba un vehículo con un motor más potente, capaz de enfrentar la geografía andina, capaz de servir no solo para los paseos urbanos, sino para conectar ciudades, para el turismo, para convertirse en una herramienta útil para un país que todavía se recuperaba de los estragos de la guerra del Pacífico con Chile.

Fue así como en 1906 Juan Alberto Griff fundó el Automobile Club de Lima, una organización que reunía a los entusiastas del automovilismo en la capital. Su participación no fue pasiva. Comenzó a experimentar, a investigar, a estudiar cada detalle de la tecnología automotriz disponible. Dos años después, en 1907, tomó la decisión que definiría su destino.

Construiría su propio automóvil. No lo compraría importado, lo diseñaría, lo construiría con sus propias manos, adaptándolo a las necesidades específicas de su país. Gribe tenía 30 años. dedicó prácticamente cada momento de vigilia a este proyecto obsesivo. Su taller del Girón Washington 117 se transformó en lo que podría describirse como una catedral de la innovación.

Cada componente, absolutamente cada pieza, fue diseñado y fabricado por el mismo. El motor, el chasis, la transmisión, el sistema de frenos, todo salió de ese taller limeño. Los únicos elementos que importó fueron los necesarios, las llantas Micheline de Francia, porque Francia tenía la mejor tecnología de neumáticos de la época, el encendido Bosch de Alemania, porque Bosch era la mejor marca en sistemas de ignición y el carburador.

Todo lo demás era 100% peruano. El motor que diseñó era una obra maestra de la ingeniería. Contaba con cuatro cilindros de saxiados 18 mm. Una característica que mostraba conocimiento profundo de diseño mecánico. Generaba una potencia de 20 caballos de fuerza, alcanzando 1800 revoluciones por minuto. Para la época esto era revolucionario.

Los mejores automóviles europeos, los Renault, los Brasier, que eran considerados lo más avanzado del mundo, no superaban mucho esta potencia. Y Gribe los había igualado. Los había igualado desde un taller en Lima, desde la capital de un país que Europa consideraba periférico. El vehículo tenía cinco asientos, dos en la parte delantera y tres en la trasera, pero GR incorporó un detalle ingenioso.

Los tres asientos traseros eran removibles. Cuando lo sacabas, el automóvil se transformaba en una camioneta, en un vehículo de carga, permitiendo transportar materiales o mercancías. Era un automóvil versátil pensado en las necesidades reales de un país agrícola y montañoso. El chasis era de acero robusto, las ruedas eran de igual tamaño, 815 [música] mm de diámetro, lo que proporcionaba estabilidad en terrenos irregulares.

Cuando el automóvil estuvo listo, a finales de 1908, el impacto fue inmediato. La prensa de la época lo describió como una joya de precisión mecánica. Un periodista amigo de Griff, Octavio Espinoza, que dirigía la revista Cinema, publicó un análisis técnico detallado que elogiaba cada aspecto del vehículo.

Comparaba su desempeño con los Renault y los Brausier, los automóviles más respetados del mundo. La conclusión era clara, el automóvil peruano no tenía nada que envidiarle a los europeos. Pero había algo más que hacía a este vehículo verdaderamente extraordinario, el precio. Grive había cotizado su automóvil en 300 libras esterlinas. Un automóvil europeo de similares características costaba 600 libras.

Era decir, Grive estaba vendiendo su máquina a la mitad del precio de sus competidores europeos. Era más potente, mejor adaptado a las condiciones locales, más barato y completamente diseñado en Perú. En cualquier país del mundo, esto habría sido la chispa para una revolución industrial. En 1908, Juan Alberto Griff decidió dar el paso que aparentemente lo llevaría al éxito.

Visitó al presidente de Perú, Augusto Bernardino Leguía, con una propuesta ambiciosa. Le propuso al presidente que el gobierno lo apoyara financieramente para construir una serie de automóviles. Inicialmente planeaba fabricar [música] tres grifos y tres más para la prefectura, pero la visión era más grande. Con respaldo gubernamental podría manufacturar 20 automóviles adicionales.

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