Posted in

Niño cayó a VÍAS con tren a 50 metros—Cantinflas tuvo 30 segundos para salvarlo y casi MURIÓ

 Ambiente relajado de tarde dominical. Mario estaba de pie del borde del andén, mirando hacia las vías. podía ver hasta donde las vías desaparecían en curva, aproximadamente 200 m de distancia. A su derecha, familia estaba esperando, madre, padre y dos niños. El mayor tenía quizás 6 años, el menor tal vez cuatro. Ambos niños estaban emocionados, corriendo de un lado a otro del andén.

 “Miguel, Carlitos, no corran tan cerca del borde.” Madre les advirtió. Los niños obedecieron por momento, después volvieron a jugar. A las 3:10 de la tarde, Mario escuchó silvato distante. Miró hacia la curva. Nada todavía visible, pero silvato significaba que tren cerca. Probablemente 5 minutos. Los niños también escucharon el silvato.

 Mamá, el tren. El mayor Miguel gritó con emoción. Sí, mi amor, ya casi llega, pero aléjense del borde. Carlitos, el menor, estaba especialmente emocionado. Tenía pelota pequeña de goma en sus manos. pelota azul del tamaño de naranja. La rebotaba mientras caminaba y entonces sucedió. Carlitos botó la pelota una vez más, pero esta vez pelota rebotó en ángulo extraño.

 Rodó hacia el borde del andén y cayó. Cayó directamente a las vías del tren. “Mi pelota.” Carlitos gritó. Y antes de que alguien pudiera reaccionar, antes de que su madre pudiera agarrarlo, antes de que su padre pudiera decir no, Carlito saltó del andén. Cayó metro y medio hasta las vías, aterrizó torpemente, se levantó, alcanzó su pelota.

 Su madre gritó, “Carlitos, sube ahora.” Pero Carlitos tenía 4 años, no entendía peligro. Tenía su pelota, estaba feliz. Intentó trepar de vuelta al Anden, pero Andén era demasiado alto para niño de 4 años. Sus manos no podían alcanzar el borde. Sus piernas eran demasiado cortas para impulsarse. Su padre se arrodilló, extendió sus brazos. Dame tu mano.

Alcánzame. Carlito saltó. Intentó alcanzar las manos de su padre, pero era demasiado bajo. Las puntas de sus dedos apenas rozaban las manos de su padre. Y entonces Mario escuchó algo que heló su sangre. El silvato del tren, más que o cerca ahora, mucho más cerca, miró hacia la curva. y lo vio.

 La locomotora acababa de aparecer alrededor de la curva. Distancia, estimó Mario, aproximadamente 100 m, tal vez un poco más. La velocidad del tren al entrar a estación era aproximadamente 30 km/h, no rápido para tren campo abierto, pero en estas vías, con distancia de frenado necesaria y con niño pequeño atrapado abajo, era demasiado rápido.

 Mario hizo cálculo instantáneo en su cabeza. 100 m a 30 km/h. Eso era aproximadamente 8 m/s. 100 dividido aproximadamente 12 segundos hasta que tren llegaría donde Carlitos estaba. Pero eso era si tren no frenaba. El conductor probablemente vería al niño y frenaría. Pero incluso con freno de emergencia, tren necesitaba al menos 50 m para detenerse a esa velocidad, lo que significaba 30 a 40 segundos hasta que tren llegara al niño.

 30 a 40 segundos para sacar a Carlitos de las vías. El padre de Carlitos estaba tratando de bajar, pero Andén era alto. Era hombre mayor, quizás 50 años, no atlético. Si bajaba, no estaba seguro de que pudiera volver a subir rápidamente con niño en brazos. Otros hombres en Andén corrieron para ayudar, pero estaban confundidos, gritando instrucciones contradictorias.

Perdiendo segundos preciosos, Mario no pensó. Actuó, corrió al borde del andén, saltó, cayó a las vías, aterrizó en cuclillas para absorber impacto. Se enderezó inmediatamente. Carlitos estaba a 3 m de distancia, todavía sosteniendo su pelota, comenzando a asustarse por todos los gritos.

 Mario corrió hacia él, agarró al niño, lo levantó. Arriba, rápido. Mario gritó al padre de Carlitos. El padre se estiró desde Andén. Mario levantó a Carlitos tan alto como pudo. El padre agarró los brazos del niño, lo jaló hacia arriba. Carlitos estaba seguro, pero Mario no. Miró hacia el tren. Estaba más cerca, mucho más cerca. Tal vez 50 m ahora.

 Conductor había visto lo que estaba pasando. Silvato sonaba continuamente, frenos chirriando, pero Tren no podía detenerse instantáneamente. Mario tenía que salir de las vías. Ahora se volvió hacia el andén, metro y medio de altura. Saltó, trató de alcanzar el borde. Sus dedos rozaron el hormigón, no pudo agarrarse. Cayó de vuelta. El tren estaba a 30 m.

Manos se extendieron desde arriba. Dame tu mano rápido. Mario saltó de nuevo. Esta vez múltiples manos lo agarraron, brazos, muñecas, manos. Lo jalaron hacia arriba, pero era pesado. Los hombres estaban jalando, pero era lento. Sus piernas todavía colgaban sobre las vías. 20 m. Más fuerte. Yalen.

 Sus rodillas golpearon el borde del andén, medio cuerpo arriba ahora, pero sus piernas todavía colgaban. 15 m. Con esfuerzo desesperado, Mario se impulsó con sus brazos, rodó sobre el borde del andén. Los hombres lo jalaron los últimos centímetros. Cayó en el andén seguro. 10 segundos después, Tatrenó rugiendo por el lugar exacto donde Mario había estado parado.

 Si hubiera tomado 5 segundos más, si esos hombres no lo hubieran jalado, el tren lo habría golpeado. Mario yacía en el andén, corazón martillando, respiración pesada. A su alrededor, personas estaban gritando, llorando, hablando todas al mismo tiempo. La madre de Carlito se arrodilló junto a Mario, sosteniendo a su hijo. Estaba llorando tan fuerte que apenas podía hablar.

 Usted, usted salvó a mi bebé. Casi murió. ¿Por qué? ¿Por qué arriesgó su vida? Mario se sentó lentamente, miró a Carlitos, quien ahora estaba llorando, asustado por toda la conmoción, pero vivo, ileso, porque es un niño. Mario dijo simplemente, porque tiene 4 años, porque merece crecer. El tren finalmente se detuvo 100 met más allá de donde había estado.

 El conductor bajó corriendo pálido, temblando. “Vi al niño”, dijo voz quebrándose. Vi cuando cayó. Apliqué freno de emergencia inmediatamente, pero el tren no puede detenerse instantáneamente. Pensé que iba a No pudo terminar la oración. El niño está bien. Uno de los pasajeros le aseguró. Este hombre lo salvó. El conductor miró a Mario.

 Señor, usted tuvo segundos, tal vez 30 segundos. Si hubiera dudado por un momento. Lo sé, Mario dijo, pero no dudé. En los días siguientes, historia se difundió. Periódicos escribieron sobre ello. Héroe salvaniño de tren en estación Buenavista. Radio habló de ello, pero Mario no quería atención. Lo que quería era asegurarse de que esto no volviera a suceder.

Read More