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JULIO Gómez: de HÉROE de MÉXICO a ALBAÑIL… La PERTURBADORA caída del ÍDOLO de barro

 Lennard terminó su carrera profesional en 2020 jugando con sobrepeso visible en una liga que ni siquiera existe hoy y después cruzó la frontera sin que nadie se diera cuenta. [música] Y lo que vino después nadie te lo contó completo. Hasta hoy, en los próximos minutos, vas a conocer cuatro cosas que la mayoría de la gente que recuerda esa chilena nunca supo del todo.

 cosas que los medios deportivos cubrieron por encima o que el propio Julio solo reveló en entrevistas que pocos rastrearon con cuidado y honestidad. Primera, la oferta de contrato que Pachuca le puso sobre la mesa días después del mundial y que desató una guerra silenciosa que destruyó su carrera antes de que realmente pudiera comenzar.

 [música] Una oferta tan ridícula que todavía cuesta creerla cuando la escuchas con números reales. Segunda, la lesión que le cerró la única puerta que le quedaba para reconquistarlo todo. Y como ese momento en el que todo el mundo miraba hacia otro lado fue el golpe definitivo que hundió lo que quedaba de su trayectoria profesional.

 Tercera, su regreso al fútbol en 2020. irreconocible, conquilos de más en una liga fantasma que terminó debiéndole dinero que él mismo puso de su propio bolsillo para pagar a sus propios compañeros. Cuarta. ¿Dónde está hoy Julio Gómez? ¿Qué hace? ¿Y por qué su historia revela algo sobre el fútbol mexicano que la industria no quiere que nadie entienda demasiado bien ni demasiado tiempo? Te voy a [música] avisar cuando llegue cada una.

 Si te vas antes del final, te pierdes lo más importante. Entender có el fútbol mexicano tomó a un niño de 16 años, lo convirtió en producto comercial, lo usó hasta que ya [música] no vendió y luego cerró las puertas con un portazo que se escuchó desde Tampico hasta Houston sin que nadie firmara nada ni dejara ningún rastro oficial de lo que había hecho.

Pero antes necesitas saber cómo llegó hasta ahí, porque todo empezó en unas canchas de tierra en el puerto de Tampico, Tamaulipas. Y la historia de cómo ese niño llegó a ser campeón del mundo dice exactamente todo sobre lo que el fútbol construye y lo que no se molesta en [música] construir. Tampico no es ciudad de futbolistas célebres, no está en el mapa del fútbol mexicano con el peso histórico de Guadalajara, la Ciudad de México, Monterrey o Torreón.

Es una ciudad industrial portuaria, con una economía históricamente ligada al petróleo, con un calor húmedo que aplasta desde las primeras horas del día y que marca el carácter de la gente que crece ahí de una manera muy particular. La gente de Tampico trabaja duro, no tiene tiempo para grandes romanticismos ni para narrativas [música] elaboradas sobre sus propios logros.

 Las cosas son como son. El trabajo es el trabajo y los sueños se persiguen entre turno y turno. El 13 de agosto de 1994 nació en esa ciudad Julio Enrique Gómez González. No en una familia con recursos para pagar academias de fútbol de élite ni para contratar entrenadores privados que trabajaran con él desde los 8 años.

 No en un entorno donde los padres podían dedicarse de tiempo completo a llevar al hijo a entrenamientos y torneos por todo el país. E nació en el tipo de familia de clase trabajadora donde el fútbol no es un proyecto de inversión familiar, sino simplemente lo que los niños hacen en la calle, en los potreros, en las canchas de tierra, donde el balón rebota diferente y tienes que aprender a controlarlo igual, donde nadie te enseña a ser una chilena correctamente porque nadie tiene un manual.

 La aprendes mirando y probando y cayéndote hasta que te sale. Grábate esto, es importante. La mayoría de los jugadores que llegan a ser campeones del mundo en categorías juveniles no salieron de academias perfectas con pasto sintético, nutriólogos desde los 8 años y psicólogos deportivos especializados. Salieron exactamente del tipo de entorno de donde salió Julio Gómez, de canchas de terracería, donde el instinto se desarrolla por necesidad.

 De hoy en donde no hay un sistema de coaching especializado que te diga exactamente qué movimiento hacer en cada situación donde aprendes a resolver el problema por ti mismo, porque si no lo resuelves, el balón se va con el rival y tus amigos se ríen de ti. Ese entorno produce un tipo específico de futbolista, uno que juega con más instinto [música] que protocolo, que improvisa porque aprendió a improvisar, que tiene una creatividad para el fútbol, que ningún sistema académico te puede enseñar con un manual. Eso era Julio Gómez, un

mediocampista con llegada al área, con olfato goleador genuino, con la capacidad de aparecer exactamente donde el partido lo necesita, en el momento exacto en que lo necesita. No era el más alto ni el más rápido del grupo, pero sabía leer el juego de una manera que los entrenadores identifican de inmediato [música] como algo diferente.

Y cuando llegaba el momento de decidir, decidía bien. En Tampico existía el equipo histórico de los Jaivas Bravas del Tampico Madero, uno de los clubes más antiguos del fútbol mexicano, aunque hoy milite solo en ligas regionales sin el brillo de sus épocas doradas. [música] y había una escuela de fútbol vinculada al correcaminos de la Universidad Autónoma de Tamaulipas.

 Ahí empezó Julio a formarse con más seriedad que en los potreros [música] de la colonia y los equipos grandes del fútbol mexicano tienen sus redes tendidas por todo el país, con visores pagados específicamente para descubrir exactamente [música] ese tipo de talento en ciudades que no tienen la visibilidad ni el glamur de las grandes capitales futbolísticas.

[música] Un visor del Pachuca lo vio jugar y lo que vio fue suficiente para hacer la llamada. A los 14 años, Julio Enrique Gómez González fue reclutado por las fuerzas básicas de los Tuzos del Pachuca. Piensa exactamente en lo que eso significa para un niño de 14 años en Tampico.

 De repente te dicen que te vas a entrenar en uno de los clubes más exitosos de la historia reciente del fútbol [música] mexicano. El equipo que en esa época era un referente continental, el club que había ganado [música] múltiples títulos de Liga MX en poco tiempo y que presumía su sistema de cantera como uno de los mejores del país.

 El Pachuca formó jugadores que después fueron figuras en Europa y en la selección mayor. Irvin Losano pasó por las fuerzas básicas del Pachuca. Eric Gutiérrez también. El sistema era real y daba resultados reales. [música] Para cualquier niño de 14 años, con sueños de ser futbolista profesional, esa llamada lo es todo. Para una familia de clase trabajadora en Tampico, esa llamada es la oportunidad que cambia la historia familiar de manera definitiva.

[música] Julio no llegó al Pachuca como pasatiempo de fin de semana. Llegó como el proyecto de vida de una familia entera que había apostado todo a que había algo especial en ese chavo. Julio llegó a Pachuca a los 14 años. Se adaptó a un entorno completamente diferente al que conocía.

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